Impresión de una fábrica durante el siglo XIX

Industria madrileña. Taller principal de la fábrica plateria modelo de L. Espuñes. Ilustracion Española y Americana. 1885

Industria madrileña. Taller principal de la fábrica plateria modelo de L. Espuñes. Ilustracion Española y Americana. 1885

“La condujo a la derecha a otro cobertizo, donde su patrón instalaba toda una fabricación mecánica. En el umbral vaciló, sobrecogida de un miedo instintivo. El inmenso local, sacudido por las máquinas, tembla­ba; y se veían flotar grandes sombras manchabas de fuego rojo. Pero él la tranquilizó, sonriente, jurando que no había nada que temer; únicamente debía tener cuidado de no acercar demasiado sus faldas a los engranajes. Echó a andar delante, y ella le siguió en medio de aquel es­truendo ensordecedor en donde toda clase de ruidos silbaban y roncaban, envueltos en humaredas pobladas de seres fantásticos, de hombres negros, atareados y de máquinas agitando sus brazos. De tal modo que la plan­chadora no diferenciaba unas de otros. Los pasos eran estrechísimos y resultaba necesario saltar sobre los obstáculos, evitar los agujeros y apartarse para resguardarse de un carretón. No se oía hablar. Gervasia nada distinguía aún, todo danzaba a su alrededor. Después, como experimentara por encima de su cabeza la sensación de un gran batir de alas, levantó los ojos y se entretuvo en mirar las correas, las largas cintas que tendían en el techo una gigantesca tela de araña, cada uno de cuyos hilos se devanaba en un extre­mo, detrás de un pequeño muro de ladrillos; las correas parecían hilar por sí mismas y traer el movimiento desde el fondo de la sombra, con su resbalar continuo, regular, dulce como el vuelo de un ave nocturna”.

E. ZOLA, La taberna, 1877

El anarquismo agrario español, segun Hobsbawn

Distribución de los movimientos anarquistas y socialistas, en el último cuarto del siglo XIX

Distribución de los movimientos anarquistas y socialistas, en el último cuarto del siglo XIX

“El anarquismo agrario español es, quizás, el caso más impresionante de un movimiento de masas moderno milenario o casi. Por esta razón sus ventajas y desventajas políticas se analizan con mucha facilidad. Las ventajas estribaban en que expresaba el modo de sentir del campesinado de manera, seguramente, más fiel y sensible que cualquier otro movimiento social moderno; y a la vez podía llegar a una unanimidad en la acción casi espontánea, lograda sin esfuerzo, que deja profundamente impresionado al espectador. Pero las desventajas eran fatales. Precisamente por llegar la agitación social moderna al campesinado andaluz bajo una forma que dejó totalmente de enseñarle la necesidad de una organización, de una estrategia, de una táctica y de paciencia, derrochó sus energías revolucionarias casi por completo. Un descontento como el suyo mantenido unos setenta años, con brotes espontáneos cada diez años aproximadamente que afectaban dilatadas áreas, tenía que haber bastado para derrocar regímenes varias veces más fuertes que los carcomidos gobiernos españoles de la época. Sin embargo, el anarquismo español, como apunta Brenan, no presentó a las autoridades en ningún momento problemas más serios que los de la mera rutina policiaca […]. La substitución del anarquismo quintaesenciado por el anarcosindicalismo, que hacía posible una dirección y una política sindicales, por muy rudimentarias que fueran, implico ya una reconsideración de las premisas anteriores y el consiguiente paso hacia la organización, la estrategia y la táctica, lo que sin embargo, no era bastante para infundir disciplina, ni para convencer a sus seguidores de la necesidad de obrar bajo una dirección en un movimiento como aquel, edificado sobre el supuesto básico de que ninguna de ambas eran aconsejables ni necesarias […].

El anarquismo clásico es una forma de movimiento campesino casi incapaz de una adaptación práctica a condiciones modernas, a pesar de ser fruto de ellas. Si una ideología distinta hubiera penetrado en el campo andaluz en los años setenta del siglo XIX, podía haber transformado la rebeldía espontánea e inestable de los campesinos en algo muchos más temible […].”

E.J. Hobsbawm, “Rebeldes Primitivos”, Ariel, Barcelona, 1967, pp. 112-124

El manifiesto comunista, 1848

La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.

Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra, opresores y oprimidos, se enfrentaron siempre; mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras francas y abierta (…)

La moderna sociedad burguesa, que se ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas.

Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.

Karl Mars y Friedrich Engels: Manifiesto comunista, 1848.

Alba Mª Luna 1ºD

#marxismo, #socialismo-cientifico

Las ideas anarquistas en Bakunin

Miljail Bakunin en 1863

Nuestro programa socialista exige y debe exigir irrenunciablemente:

1. La igualdad política, económica y social de todas las clases y todos los pueblos de la tierra.
2. La abolición de la propiedad hereditaria.
3. La apropiación de la tierra por las asociaciones agrícolas, y del capital y de todos los medios de producción por las asociaciones industriales.
4. La abolición del ordenamiento jurídico de la familia patriarcal, basado exclusivamente en el derecho a heredar la propiedad, así como la equiparación de los derechos políticos, económicos y sociales del hombre y de la mujer.
5. La crianza y educación de los niños de ambos sexos hasta su mayoría de edad, entendiéndose que la formación científica y técnica, en la que se incluyen los niveles más altos de formación, será igual y obligatoria para todos. La escuela reemplazará a la iglesia y hará innecesarios los códigos penales, los policías, los castigos, la prisión y los verdugos.

M. Bakunin. Los fundamentos económicos y sociales del anarquismo.

“El Estado es la autoridad, es la fuerza, es la ostentación y la infatuación de la fuerza. No se insinúa, no trata de convertir: y siempre que lo intenta lo hace con muy mala pata; pues su naturaleza no consiste en persuadir, sino en imponerse, en forzar. Se esfuerza poco en enmascarar su naturaleza de violador legal de la voluntad de los hombres, de negación permanente de su libertad. Incluso cuando ordena el bien, lo perjudica y echa a perder, precisamente porque lo ordena, y que toda orden provoca y suscita las rebeldías legítimas de la libertad; (….) La libertad, la moralidad y dignidad humana del hombre consisten precisamente en eso, en que hace el bien no porque se le ordena sino porque lo concibe, lo quiere y lo ama”.

Bakunin. La Libertad.

En otro escrito he puesto al desnudo los absurdos verdaderamente repulsivos a que se es llevado fatalmente por esa imaginación de un Dios, sea personal, sea creador y ordenador de los mundos; sea impersonal y considerado como una especie de alma divina difundida en todo el universo, del que constituiría el principio eterno; o bien como idea indefinida y divina, siempre presente y activa en el mundo y manifestada siempre por la totalidad de seres materiales y finitos. Aquí me limitaré a hacer resaltar un solo punto.

Se concibe perfectamente el desenvolvimiento sucesivo del mundo material, tanto como de la vida orgánica, animal, y de la inteligencia históricamente progresiva, individual y social, del hombre en ese mundo. Es un movimiento por completo natural de lo simple a lo compuesto, de abajo arriba o de lo inferior a lo superior; un movimiento conforme a todas nuestras experiencias diarias, y, por consiguiente, conforme también a nuestra lógica natural, a las propias leyes de nuestro espíritu, que, no conformándose nunca y no pudiendo desarrollarse más que con la ayuda de esas mismas experiencias, no es, por decirlo así, más que la reproducción mental, cerebral, o su resumen reflexivo.

El sistema de los idealistas nos presenta completamente lo contrario. Es el trastorno absoluto de todas experiencias humanas y de ese buen sentido universal y común que es condición esencial de toda entente humana y que, elevándose de esa verdad tan simple tan unánimemente reconocida de que dos más dos son cuatro, hasta las consideraciones científicas más sublimes y más complicadas, no admitiendo por otra parte nunca nada que no sea severamente confirmado por la experiencia o por la observación de las cosas o de los hechos, constituye la única base seria de los conocimientos humanos.

En lugar de seguir la vía natural de abajo arriba, e lo inferior a lo superior y de lo relativamente simple a lo lo complicado; en lugar de acompañar prudente, racionalmente, el movimiento progresivo y real del mundo llamado inorgánico al mundo orgánico, vegetal, después animal, y después específicamente humano; de la materia química o del ser químico a la materia viva o al ser vivo, y del ser vivo al ser pensante, los idealistas, obsesionados, cegados e impulsados por el fantasma divino que han heredado de la teología, toman el camino absolutamente contrario. Proceden de arriba a abajo, de lo superior a lo inferior, de lo complicado a lo simple. Comienzan por Dios, sea como persona, sea como sustancia o idea divina, y el primer paso que dan es una terrible voltereta de las alturas sublimes del eterno ideal al fango del mundo material; de la perfección absoluta a la imperfección absoluta; del pensamiento al Ser, o más bien del Ser supremo a la Nada. Cuándo, cómo y por qué el ser divino, etemo, infinito, lo Perfecto absoluto, probablemente hastiado de sí mismo, se ha decidido al salto mortale desesperado; he ahí lo que ningún idealista, ni teólogo, ni metafísico, ni poeta ha sabido comprender jamás él mismo ni explicar a los profanos. Todas las religiones pasadas y presentes y todos los sistemas de filosofía transcendentes ruedan sobre ese único o inicuo misterio. Santos hombres, legisladores inspirados, profetas, Mesías, buscaron en él la vida y no hallaron más que la tortura y la muerte. Como la esfinge antigua, los ha devorado, porque no han sabido explicarlo. Grandes filósofos, desde Heráclito y Platón hasta Descartes, Spinoza, Leibnitz, Kant, Fichte, Schelling y Hegel, sin hablar de los filósofos hindúes, han escrito montones de volúmenes y han creado sistemas tan ingeniosos como sublimes, en los cuales dijeron de paso muchas bellas y grandes cosas y descubrieron verdades inmortales, pero han dejado ese misterio, objeto principal de sus investigaciones trascendentes, tan insondable como lo había sido antes de ellos. Pero puesto que los esfuerzos gigantes -como de los más admirables genios que el mundo conoce y que durante treinta siglos al menos han emprendido siempre de nuevo ese trabajo de Sísifo- no han culminado sino en la mayor incomprensión aún de ese misterio, ¿podremos esperar que nos será descubierto hoy por las especulaciones rutinarias de algún discípulo pedante de una metafísica artificiosamente recalentadas y eso en una época en que todos los espíritus vivientes y serios se han desviado de esa ciencia explicable, surgida de una transacción, históricamente explicable sin duda, entre la irracionalidad de la fe y la sana razón científica?.

Bakunin: Dios y el Estado.

El himno de la Internacional Comunista

dibujo de l'internationalePottier murió en la miseria, mas dejó levantado a su memoria un monumento imperecedero. Fue uno de los más grandes propagandistas por medio de la canción. V.I. Lenin, “Pravda” No. 2, 3 de enero de 1913.

Fue hace 125 años cuando por primera vez, parafraseando a Carlos Marx, el proletariado “tomó el cielo por asalto”, dicho acontecimiento de central importancia fue objeto de un homenaje igualmente digno. En 1871, durante los 72 días que duró el primer gobierno obrero, días que a los trabajadores nos costaron sangre y sufrimiento, pero que nos dejaron la lección invaluable acerca de la tarea histórica de nuestra clase (es decir, la emancipación del hombre traspasando las estrechas y pútridas barreras del sistema capitalista, pues “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines” [Prólogo de Marx y Engels en 1872 al Manifiesto del Partido Comunista]) fue cuando se forjó el himno que expresaría de manera genial esta tarea: el Himno de la Internacional Comunista.

Los autores

Eugène Pottier (1816-1887) fue empacador, dependiente de una papelería y diseñador de tejidos, pero sobre todo fue un revolucionario consecuente, participó en la revolución francesa de 1848 y en 1871 fue elegido prácticamente por unanimidad para formar parte del consejo de la Comuna de París. Siempre vivió pobre, como viven los explotados, y estas condiciones en las que vivía junto con su ardiente y comprometida personalidad y su talento innato para la poesía se reflejaron felizmente en 1871, durante el gobierno de la Comuna de París cuando compuso la letra del que a la postre sería el himno de la clase trabajadora.

Pierre Degeytier (1848-1932) quien fuera tornero belga, en 1888 musicalizó la letra del poema de Pottier por encargo de Delory, alcalde de Lille y miembro de la Liga de los Trabajadores.

l'internationaleDesde que fue cantada por primera vez en 1888, en una reunión de la Junta Sindical de vendedores de periódicos, jamás abandonó el terreno del movimiento de los trabajadores. En 1892 fue adoptada como himno por la Segunda Internacional. En 1919, nuevamente es elegido como himno en la Tercera Internacional y fue el de la URSS hasta 1944, cuando Stalin, reflejando una vez más su carácter de burócrata socialchovinista, lo sustituyó por uno que eliminaba el carácter internacional y proletario de este bello himno por uno en el que se enaltecía el sentimiento de gran ruso (el Himno Nacional de la Unión Soviética, en el cual por cierto, en su versión original, había una estrofa en la que Stalin ostentaba el culto a su funesta personalidad), el cual Lenin siempre combatió.

Al paso del tiempo, La Internacional se consagró como el himno de la clase trabajadora en todo el mundo, en cuyo proceso se tradujo a un gran número de idiomas, de manera que al día de hoy, lo está en casi todos. En muchos casos, hay más de una versión en cada idioma, en el caso mismo del español, son varias: la internacional socialista, la internacional anarquista, la latinoamericana, la cubana, etc. La traducción que más se apega a la versión original francesa es aquella que en su primer verso dice:

Arriba, parias de la Tierra.
En pie, famélica legión.
Atruena la razón en marcha,
es el fin de la opresión.
Del pasado hay que hacer añicos,
legión esclava en pie a vencer,
el mundo va a cambiar de base,
los nada de hoy todo han de ser.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.
Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor.
Para hacer que el tirano caiga
y el mundo siervo liberar,
soplemos la potente fragua
que el hombre libre ha de forjar.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.
La ley nos burla y el Estado
oprime y sangra al productor.
Nos da derechos irrisorios,
no hay deberes del señor.
Basta ya de tutela odiosa,
que la igualdad ley ha de ser,
no más deberes sin derechos,
ningún derecho sin deber.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.

Fuente: Leonardo Cruz: El Himno de la Internacional Comunista, http://www.militante.org, 9 de mayo de 2006

Bakunin opina sobre la dictadura del proletariado en Marx

Bakunin contra Marx

«Marx es un comunista autoritario y centralista. Quiere lo que nosotros queremos: el triunfo de la igualdad económica y social, pero en el Estado y por la fuerza del Estado; por la dictadura de un gobierno provisional, poderoso y, por decirlo así, despótico, esto es, por la negación de la libertad. Su ideal económico es el Estado convertido en el único propietario de la tierra y de todos los capitales, cultivando la primera por medio de asociaciones agrícolas bien retribuidas y dirigidas por sus ingenieros civiles, y comanditando los segundos mediante asociaciones industriales y comerciales.

Nosotros queremos ese mismo triunfo de la igualdad económica y social por la abolición del Estado y de todo cuanto se llame derecho jurídico que, según nosotros, es la negación permanente del derecho humano. Queremos la reconstitución de la sociedad y la constitución de la unidad humana, no de arriba abajo por la vía de cualquier autoridad, sino de abajo arriba, por la libre federación de las asociaciones obreras de toda clase, emancipadas del yugo del Estado.

Hay otra diferencia, esta vez muy personal, entre él y nosotros. Enemigos de todo absolutismo, tanto doctrinario como práctico, nosotros nos inclinamos con respeto no ante las teorías que no podemos aceptar como verdaderas, sino ante el derecho de cada cual a seguir y propagar las suyas… No es éste el talante de Marx. Es tan absoluto en sus teorías, cuando puede, como en la práctica. A su inteligencia, verdaderamente eminente, une dos detestables defectos: es vanidoso y celoso. Le repelía Proudhon, tan sólo porque este gran nombre y su reputación tan legítima le hacían sombra. Marx ha escrito contra él las cosas más nefandas. Es personal hasta la demencia. Dice “mis ideas”, no queriendo comprender que las ideas no pertenecen a nadie, y que si uno busca bien encontrará que precisamente las mejores, las más grandes ideas, han sido siempre el producto del trabajo instintivo de todo el mundo lo que pertenece al individuo no es más que la expresión, la forma.»

Bakunin: Carta a Rubicone Nabruzzi, 23 de julio de 1872.

#anarquismo

Las reivindicaciones del proletariado

Es la décima novela escrita por Charles Dickens. Se publicó por primera vez en 1853 y transcurre en Inglaterra durante la primera industrialización. La acción no transcurre ni en Londres ni en sus alrededores, algo inusual en Dickens. Transcurre en Coketo

(Portsmouth, Inglaterra, 7 de febrero de 1812 – Gads Hill Place, Inglaterra, 9 de junio de 1870)

En, una ciudad ficticia del norte de la Inglaterra victoriana. Se considera que su descripción está basada, al menos parcialmente, en la ciudad de Preston. Se nos da una perspectiva del momento desde dos puntos de vista muy diferentes: el de la clase proletaria, que cree que el trabajo es su único modelo de vida, («además de resultarles necesario para subsistir»), y el de la clase alta, que controla las fábricas y mantiene en condiciones pésimas a sus obreros. También se nos muestra otro tipo de vida: el de la gente del circo, que se apartan completamente de la que llevan los dos grupos anteriormente nombrados. Dickens nos muestra todo esto con un trasfondo irónico, sin hacer una crítica clara de la sociedad de su época hasta las últimas páginas de la obra.

«- ¿De qué os quejáis de un modo general vosotros, los trabajadores? -repitió el señor Bounderby, cruzándose de brazos. Esteban lo miró un momento algo indeciso; pero de pronto pareció tomar una resolución.

– Señor, aunque yo he tenido mi parte de sufrimientos, nunca tuve habilidad para exponerlos. Señor, vivimos metidos en un embrollo. Fijaos en nuestra ciudad…, con todo lo rica que es…, y ved la gran cantidad de personas que han tenido la idea de reunirse aquí para tejer, para cardar y para ganarse la vida, todos con el mismo oficio, de un modo u otro, desde que nacen hasta que los entierran. Fijaos en cómo vivimos, en dónde vivimos, en qué apiñamiento y con qué uniformidad todos. Fijaos en cómo las fábricas funcionan siempre, sin que con ello nos acerquen más a ninguna meta determinada y distante.., como no sea a la muerte. Fijaos en el concepto en que nos tenéis, en lo que escribís acerca de nosotros, en lo que decís de nosotros, en las comisiones que enviáis a los ministros con quejas de nosotros y en que siempre tenéis razón y jamás la tuvimos nosotros en todos los días de nuestra vida. Fijaos en cómo todas estas cosas han ido creciendo y creciendo, haciéndose más voluminosas, adquiriendo mayor amplitud, endureciéndose más y más, de año en año, de generación en generación. ¿Quién que se fije con atención en todo esto no dirá, si es sincero, que es un embrollo?”

– ¡Naturalmente -exclamó el señor Bounderby-. Y después de todo esto quizá tengáis a bien explicarle a este caballero cóm pondríais vos en orden este emborllo, como os gusta llamarlo.

Instalaciones fabriles en Inglaterra

– Señor yo soy hombre de pocos conocimientos y de maneras ordinarias para que pueda indicar a este caballero el modo de mejorar todo esto…, aunque hay en esta ciudad trabajadores de más talento que yo y podrían hacerlo… pero sí que puedo decirle qué es lo que no mejorará jamás la situación. La mano dura no la mejorará. Con vencer y triunfar en los conflictos no se mejorará. Poniéndose de acuerdo para dar siempre, contra naturaleza, la razón a una de las partes, y quitársela siempre, contra toda lógica, a la otra parte, jamás, jamás se mejorará. Mientras se aísle a millares y millares de personas que viven todas de la misma manera, metidas siempre en idéntico embrollo, por fuerza han de ser como un solo hombre, y vosotros seréis como otro solo hombre, con un mundo negro e imposible de salvar entre unos y otros, mientras subsista esta situación desdichada, sea poco o sea mucho tiempo. No se mejorará la situación ni en todo el tiempo que ha de transcurrir hasta que el Sol se vuelva hielo, si se persiste en no acercarse a los trabajadores con simpatía, paciencia y métodos cariñosos como hacen ellos unos con otros en sus muchas tribulaciones, acudiendo al socorro de sus compañeros necesitados con lo que a ellos mismos les está haciendo falta… No lo hacen mejor, esa es mi humilde opinión, los trabajadores de ninguno de los países por donde ha viajado el caballero. Sobre todo valorándolos como tanta o cuánta mano de obra y moviéndolos como números en una suma, o como máquinas, igual que si ellos no tuviesen amores y gustos, recuerdos e inclinaciones, ni almas que pueden entristecerse, ni almas capaces de esperar… ; menospreciándolos como si para nada contasen ellos, cuando están tranquilos, y echándoles en cara la falta de sentimientos humanos en sus tratos con vosotros, cuando ellos se desasosiegan…; de ese modo, señor, no se mejorará la situación mientras el mundo sea mundo y no vuelva a la nada de que Dios lo sacó.»

Charles Dickens, Tiempos difíciles, 1854.