Declaración de Laeken sobre el futuro de la Unión Europea

[…] El nuevo papel de Europa en un entorno

Asistentes a la Cumbre de Laeken, diciembre de 2001

Fuera de sus fronteras, la Unión Europea se enfrenta asimismo a un entorno mundializado en rápida mutación. Tras la caída del Muro de Berlín, por un momento pareció que podríamos vivir por largo tiempo en un orden mundial estable, sin conflictos, basada en los derechos humanos. Pero apenas unos años más tarde desapareció esa seguridad. El 11 de septiembre nos ha abierto brutalmente los ojos. Las fuerzas contrarias no han desaparecido. El fanatismo religioso, el nacionalismo étnico, el racismo y el terrorismo se intensifican y siguen siendo alimentados por los conflictos regionales, la pobreza y el subdesarrollo.

¿Cuál es el papel de Europa en este mundo transformado? ¿No debería Europa, ahora por fin unificada, desempeñar un papel de liderazgo en un nuevo orden planetario, el de una potencia a la vez capaz de desempeñar una función estabilizadora a nivel mundial y de ser punto de referencia para numerosos países y pueblos? Europa como el continente de los valores humanistas, la Carta Magna, el Bill of Rights, la Revolución francesa, la caída del Muro de Berlín. El continente de la libertad, de la solidaridad y, sobre todo, de la diversidad, lo que implica el respeto de las lenguas, culturas y tradiciones de los demás. La única frontera que establece la Unión Europea es la de la democracia y los derechos humanos. La Unión sólo está abierta a países que respetan valores fundamentales tales como las elecciones libres, el respeto de las minorías y el Estado de Derecho.

Ahora que ha terminado la guerra fría y que vivimos en un mundo a la vez mundializado y atomizado, Europa debe asumir su responsabilidad en la gobernanza de la globalización. El papel que debe desempeñar es el de una potencia que lucha decididamente contra cualquier violencia, terror y fanatismo, pero que tampoco cierra los ojos ante las injusticias flagrantes que existen en el mundo. En resumen, una potencia que quiere hacer evolucionar las relaciones en el mundo de manera que no sólo beneficien a los países ricos sino también a los más pobres. Una potencia que quiere enmarcar éticamente la mundialización, es decir, ligarla a la solidaridad y al desarrollo sostenible.

Las expectativas del ciudadano europeo

La imagen de una Europa democrática y comprometida en el mundo concuerda perfectamente con lo que desea el ciudadano, que muchas veces ha dado a entender que desea un papel más importante de la Unión en asuntos de justicia y seguridad, de lucha contra la delincuencia transfronteriza, control de los flujos migratorios, de acogida a los solicitantes de asilo y a los refugiados provenientes de zonas de conflicto periféricas. También pide resultados en el ámbito del empleo y la lucha contra la pobreza y la exclusión social, así como en el ámbito de la cohesión económica y social. Exige un enfoque común con respecto a la contaminación, el cambio climático y la seguridad alimentaria. En resumen, todos los asuntos transfronterizos que, de modo instintivo, el ciudadano siente que sólo pueden abordarse mediante la cooperación. Del mismo modo, también desea más Europa en los asuntos exteriores, de seguridad y de defensa; con otras palabras, pide más acción y mejor coordinada para luchar contra los focos de conflicto en Europa, a su alrededor y en el resto del mundo.

Simultáneamente, ese mismo ciudadano considera que la Unión va demasiado lejos y actúa de modo demasiado burocrático en otros muchos ámbitos. A la hora de coordinar el entorno económico, financiero o fiscal, la piedra angular habrá de ser siempre el correcto funcionamiento del mercado interior y de la moneda única, sin poner en peligro las especificidades de los Estados miembros. Las diferencias nacionales y regionales a menudo son fruto de la historia o de la tradición, y pueden resultar enriquecedoras. Con otras palabras, lo que el ciudadano entiende por la “buena gestión de los asuntos públicos” es la creación de nuevas oportunidades, no de nuevas rigideces. Lo que espera es más resultados, mejores respuestas a preguntas concretas y no un superestado europeo o unas instituciones europeas que se inmiscuyan en todo.

En resumen, el ciudadano pide un enfoque comunitario claro, transparente, eficaz y conducido democráticamente un enfoque que haga de Europa un faro para el futuro del mundo, un enfoque que consiga resultados concretos en términos de más empleo, mayor calidad de vida, menos delincuencia, una educación de calidad y mejores servicios sanitarios. Para ello, Europa debe indudablemente buscar renovadas fuentes de inspiración y reformarse. […]

Declaración común de los Jefes de Estado o Gobierno de la Unión Europea, Cumbre de Laeken, 15 de diciembre de 2001

#union-europea

El europeísmo ingenuo

El proyecto de la Europa unida no ha empezado a fracasar con la crisis del euro y de la deuda soberana. Tampoco con la última ampliación, cuyo resultado principal fue devolver a la Europa del Este la condición de Europa Central negada durante la Guerra fría y su caprichosa reordenación geográfica del mundo. Ni siquiera con el rechazo de la Constitución Europea por parte de franceses y holandeses, del que poco después surgiría el vigente Tratado de Lisboa. En realidad, la incapacidad del proyecto de la Europa unida para resolver problemas como los que hoy amenazan su continuidad estaba latente en el núcleo de ideas políticas que ha propiciado algunos de sus más recientes logros. Ese núcleo de ideas políticas, ese fundamento último que inspiró el establecimiento de una moneda única, la incorporación de los países que quedaron bajo la órbita soviética o el intento de dotar a la Unión de una Carta Magna, presentaba invariablemente dos caras, por más que un cierto europeísmo, un europeísmo a la vez ingenuo y declarativo, se obstinase en ignorar una de ellas.

Via Scoop.itHistoria del Mundo Contemporáneo, sociedad.elpais.com

Incremento de la desigualdad económica en la Union Europea

El Banco de España vincula el retroceso con el cambio tecnológico y la flexibilidad laboral

La creciente pérdida de peso de los salarios frente a las rentas empresariales es uno de los asuntos que más polémica han generado en los últimos meses. Un debate en el que entró ayer el Banco de España con un estudio que concluye que el retroceso ha sido generalizado en la zona euro, con una caída del 13% en el último cuarto de siglo. El informe refleja que la caída de la participación de las rentas del trabajo en la riqueza nacional se ha intensificado en España en los últimos seis años. Y relaciona esta situación global con el cambio tecnológico y la desregulación del mercado laboral.

Las desigualdades sociales por la crisis económica

La participación de las rentas del trabajo en la riqueza de los países desarrollados ha tomado una cuesta abajo, prolongada y pronunciada, que tiene pocos precedentes históricos. Éste es el punto de partida del estudio incluido en el último boletín económico del Banco de España, que constata la dimensión del fenómeno en la zona euro.

En España, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística reflejan que la parte de la riqueza nacional correspondiente a la remuneración de asalariados alcanzó en 2006 su mínimo histórico, con un 46,4% del PIB. El estudio del Banco de España se centra en la zona euro, hace la comparación con el valor añadido de estos países y utiliza otra estadística (una base de datos financiada por la UE). Pero la conclusión es la misma: la renta de los asalariados de las ocho principales economías de la eurozona, que acumulan más del 90% de la producción del área, se come la menor porción de la tarta de la riqueza desde que se comenzó a recoger datos, en 1970.

La pérdida de cuota de los salarios en estas últimas tres décadas y media no ha sido lineal. De hecho, las rentas del trabajo en estos ocho países ganaron terreno en la década de los setenta (ver gráfico). Pero desde 1980, la caída ha sido generalizada y significativa. El artículo del Banco de España, elaborado por Esther Moral (del servicio de estudios de este organismo) y Véronique Genre (del Banco Central Europeo), muestra que desde 1980 la pérdida de peso de los salarios en la renta de estos países rozó el 13%. Con respecto a ese año, las mayores pérdidas se registraron en Austria y Alemania, que por la dimensión de su economía es determinante en la evolución de la zona euro.

Según este análisis, España sería el país en el que la participación de los salarios sufrió un retroceso menor respecto al año de referencia (1980), apenas un 3%. Sin embargo, estaría entre las economías con un deterioro más rápido de la posición de las rentas salariales entre 2000 y 2006. Un deterioro que también refleja Eurostat, el servicio estadístico de la UE, cuyos datos fueron uno de los combustibles de la polémica política que se encendió a principios de verano.

Al analizar esta pérdida de peso por sectores, el estudio del Banco de España se encuentra con los primeros indicios de la influencia de la globalización: “La caída de la participación salarial ha sido más pronunciada en los sectores más abiertos a la competencia, y especialmente en aquellos en los que las nuevas economías en el comercio internacional muestran mayor ventaja comparativa”. Como ejemplos, las analistas citan la fabricación de material de oficina, de equipos informáticos o de material eléctrico. El artículo señala el cambio de la estructura económica de los países de la zona euro como otro factor explicativo: la industria, con remuneraciones más altas, ha perdido protagonismo en favor de los servicios, donde el peso salarial es inferior a la media de estas economías.

El artículo del Banco de España da especial relevancia al cambio generado por las nuevas tecnologías de la información. Los ordenadores y los nuevos sistemas de comunicación “tenderán a incrementar la productividad relativa del capital” en las principales economías europeas, y el traslado de estas ganancias a los excedentes empresariales “reducirá la participación del trabajo en la riqueza”. Una hipótesis que las analistas confirman mediante un modelo estadístico.

Estrategia sindical

El informe constata la importancia de otro factor: el efecto de la globalización en la flexibilización de los mercados laborales. Los gobiernos europeos desarrollaron en este tiempo reformas para rebajar la protección del empleo y facilitar así la incorporación de personas paradas. Eso, y la competencia de países con salarios mucho más bajos, contribuyeron a “un cambio en la estrategia de los sindicatos”, que se centraron menos en reivindicar subidas de salarios, y más “en la creación de empleo y en la defensa de puestos de trabajo”. El estudio también comprueba de forma estadística esta relación.

El aumento de la inmigración por ser “trabajadores que suelen ocupar puestos de baja cualificación” (un fenómeno especialmente significativo en España), o los amplios procesos de privatización de empresas públicas -“las empresas privadas tienden a mostrar una mayor eficiencia productiva que las públicas”-, son otras cuestiones apuntadas en el estudio para explicar la pérdida generalizada de peso de las rentas del trabajo frente a los excedentes empresariales.

Alejandro Bolaños, Madrid: “El peso de los salarios en la riqueza de la zona euro cae un 13% desde 1980“, El País, 7 de agosto de 2007, pág. 62.

#union-europea

Propuesta de Unión franco-británica, 1940

Jean Monnet (Cognac, 9 de noviembre de 1888 - Yvelines, 16 de marzo de 1979)

En este momento sumamente fatal de la historia del mundo moderno, los Gobiernos del Reino Unido y de la República francesa hacen esta declaración de unión indisoluble e inflexible resolución en la defensa común de la justicia y la libertad contra el sometimiento a un sistema que reduce la Humanidad a una vida de robots y esclavos.

Los dos Gobiernos declaran que Francia y Gran Bretaña no serán en adelante ya dos naciones, sino una Unión franco-británica.

La constitución de la Unión instituirá organismos comunes para la defensa, la política exterior, la hacienda y la economía.

Todo ciudadano francés gozará inmediatamente de la ciudadanía británica; todo súbdito británico se convertirá en ciudadano francés.

Los dos países compartirán la responsabilidad de la reparación de los daños de la guerra, dondequiera que se produzcan en sus territorios, y los recursos de ambos, puestos en común, se aplicarán por igual a este fin.

Durante la guerra, habrá un solo gabinete de Guerra, y todas las fuerzas de Gran Bretaña y de Francia, en tierra, mar y aire, se pondrán bajo su dirección. Gobernará desde el lugar donde mejor pueda hacerlo. Los dos Parlamentos quedarán formal mente asociados. Las naciones del Imperio británico están formando ya nuevos ejércitos. Francia mantendrá las fuerzas adecuadas en tierra, mar y aire. La Unión hace un llamamiento a los Estados Unidos para que fortalezcan los recursos económicos de los Aliados y presten su poderosa ayuda material a la causa común.

La Unión concentrará toda su energía contra el poder del enemigo, dondequiera que la batalla pueda darse. Y así venceremos.

Propuesta redactada por Jean Monnet con la colaboración de consejeros británicos, entre ellos John Maynard Keynes, 16 de junio de 1940

#francia, #reino-unido

La Declaración Schuman, 9 de mayo de 1950

Robert Schuman, 1951

Robert Schuman, 1951

El primer paso en la creación de la Comunidad Europea lo va a dar el Ministro de Asuntos Exteriores francés, Robert Schuman. El 9 de Mayo de 1950, va a proponer un plan, diseñado por Jean Monnet, para integrar y gestionar en común la producción franco-alemana de carbón y acero. Esta medida de integración económica buscaba desarrollar el acercamiento entre Francia y Alemania, alejando definitivamente el espectro de la guerra en Europa. Este documento dice así:

La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan.

La contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas. Francia, defensora desde hace más de veinte años de una Europa unida, ha tenido siempre como objetivo esencial servir a la paz. Europa no se construyó y hubo la guerra.

Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho. La agrupación de las naciones europeas exige que la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada, por lo que la acción emprendida debe afectar en primer lugar a Francia y Alemania.

Con este fin, el Gobierno francés propone actuar de inmediato sobre un punto limitado, pero decisivo:

«El Gobierno francés propone que se someta el conjunto de la producción franco-alemana de carbón y de acero a una Alta Autoridad común, en una organización abierta a los demás países de Europa.»

La puesta en común de las producciones de carbón y de acero garantizará inmediatamente la creación de bases comunes de desarrollo económico, primera etapa de la federación europea, y cambiará el destino de esas regiones, que durante tanto tiempo se han dedicado a la fabricación de armas, de las que ellas mismas han sido las primeras víctimas. La solidaridad de producción que así se cree pondrá de manifiesto que cualquier guerra entre Francia y Alemania no sólo resulta impensable, sino materialmente imposible. La creación de esa potente unidad de producción, abierta a todos los países que deseen participar en ella, proporcionará a todos los países a los que agrupe los elementos fundamentales de la producción industrial en las mismas condiciones y sentará los cimientos reales de su unificación económica.

Dicha producción se ofrecerá a todo el mundo sin distinción ni exclusión, para contribuir al aumento del nivel de vida y al progreso de las obras de paz. Europa podrá, con mayores medios, proseguir la realización de una de sus tareas esenciales: el desarrollo del continente africano.

De este modo se llevará a cabo la fusión de intereses indispensables para la creación de una comunidad económica y se introducirá el fermento de una comunidad más amplia y más profunda entre países que durante tanto tiempo se han enfrentado en divisiones sangrientas.

Mediante la puesta en común de las producciones básicas y la creación de una Alta Autoridad de nuevo cuño, cuyas decisiones obligarán a Francia, Alemania y los países que se adhieran, esta propuesta sentará las primeras bases concretas de una federación europea indispensable para la preservación de la paz.

Para proseguir la realización de tales objetivos, el Gobierno francés está dispuesto a iniciar negociaciones según las siguientes bases.La misión encomendada a la Alta Autoridad común consistirá en garantizar, en el plazo más breve posible, la modernización de la producción y la mejora de su calidad; el suministro, en condiciones idénticas, del carbón y del acero en el mercado francés y en el mercado alemán, así como en los de los países adherentes; el desarrollo de la exportación común hacia los demás países; la equiparación y mejora de las condiciones de vida de los trabajadores de esas industrias.

Para alcanzar estos objetivos a partir de las dispares condiciones en que se encuentran actualmente las producciones de los países adherentes, deberán aplicarse con carácter transitorio determinadas disposiciones que establezcan la aplicación de un plan de producción y de inversiones, la creación de mecanismos de estabilidad de los precios y la creación de un fondo de reconversión que facilite la racionalización de la producción. La circulación del carbón y del acero entre los países adherentes quedará liberada inmediatamente de cualquier derecho de aduanas y no podrá verse afectada por tarifas de transporte diferenciales. Progresivamente se irán estableciendo las condiciones que garanticen espontáneamente una distribución más racional de la producción y el nivel de productividad más elevado.

La organización proyectada, al contrario que un cártel internacional tendente a la distribución y a la explotación de los mercados mediante prácticas restrictivas y el mantenimiento de grandes beneficios, garantizará la fusión de los mercados y la expansión de la producción.

Presentación del plan Schuman, 9 de mayo de 1950: Salon de l'Horloge del Quai d'Orsay, Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia. Frente al micrófono, Robert Schuman; a su derecha, Jean Monnet.

Presentación del plan Schuman, 9 de mayo de 1950: Salon de l'Horloge del Quai d'Orsay, Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia. Frente al micrófono, Robert Schuman; a su derecha, Jean Monnet.

Los principios y compromisos esenciales anteriormente expuestos serán objeto de un tratado firmado entre los Estados. Las negociaciones indispensables para precisar las normas de aplicación se llevarán a cabo con ayuda de un árbitro designado de común acuerdo, cuya misión consistirá en velar por que los acuerdos

se ajusten a los principios y, en caso de desacuerdo insalvable, decidirá la solución que deba adoptarse. La Alta Autoridad común, encargada del funcionamiento de todo el sistema, estará compuesta por personalidades independientes designadas sobre bases paritarias por los Gobiernos, quienes elegirán de común acuerdo un presidente. Las decisiones de la Alta Autoridad serán ejecutivas en Francia, en Alemania y en los demás países adherentes. Se adoptarán las disposiciones adecuadas para garantizar las vías de recurso necesarias contra las decisiones de la Alta Autoridad. Un representante de las Naciones Unidas ante dicha autoridad se encargará de hacer, dos veces al año, un informe público a la ONU sobre el funcionamiento del nuevo organismo, en particular por lo que se refiere a la salvaguardia de sus fines pacíficos.

La creación de la Alta Autoridad no prejuzga en absoluto el régimen de propiedad de las empresas. En el ejercicio de su misión, la Alta Autoridad común tendrá en cuenta las facultades otorgadas a la autoridad internacional del Ruhr y las obligaciones de todo tipo impuestas a Alemania, mientras éstas subsistan.

 Fuente: http://ec.europa.eu/publications/booklets/eu_documentation/04/txt07_es.htm#declaration

Para profundizar en el conocimiento de este documento podemos consultar la siguiente fuente.

#cee

Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea, 1957

SU MAJESTAD EL REY DE LOS BELGAS, EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA FEDERAL DE ALEMANIA, EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA FRANCESA, EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ITALIANA, SU ALTEZA REAL LA GRAN DUQUESA DE LUXEMBURGO, SU MAJESTAD LA REINA DE LOS PAÍSES BAJOS

Firma del Tratado de Roma, 1957

RESUELTOS a sentar las bases de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos,

DECIDIDOS a asegurar, mediante una acción común, el progreso económico y social de sus respectivos países, eliminando las barreras que dividen Europa,

FIJANDO como fin esencial de sus esfuerzos la constante mejora de las condiciones de vida y de trabajo de sus pueblos,

RECONOCIENDO que la eliminación de los obstáculos existentes exige una acción concertada para garantizar un desarrollo económico estable, un intercambio comercial equilibrado y una competencia leal,

PREOCUPADOS por reforzar la unidad de sus economías y asegurar su desarrollo armonioso, reduciendo las diferencias entre las diversas regiones y el retraso de las menos favorecidas,

DESEOSOS de contribuir, mediante una política comercial común, a la progresiva supresión de las restricciones a los intercambios internacionales,

PRETENDIENDO reforzar la solidaridad de Europa con los países de Ultramar y deseando asegurar el desarrollo de su prosperidad, de conformidad con los principios de la Carta de las Naciones Unidas,

RESUELTOS a consolidar, mediante la constitución de este conjunto de recursos, la defensa de la paz y la libertad e invitando a los demás pueblos de Europa que participan de dicho ideal a asociarse a su esfuerzo,

DECIDIDOS a promover el desarrollo del nivel de conocimiento más elevado posible para sus pueblos mediante un amplio acceso a la educación y mediante su continua actualización,

HAN DECIDIDO crear una COMUNIDAD EUROPEA y han designado con tal fin como plenipotenciarios:

QUIENES, después de haber intercambiado sus plenos poderes, reconocidos en buena y debida forma, HAN CONVENIDO las disposiciones siguientes:

Artículo 1. Por el presente Tratado, las ALTAS PARTES CONTRATANTES constituyen entre sí una COMUNIDAD EUROPEA.

Artículo 2. La Comunidad tendrá por misión promover, mediante el establecimiento de un mercado común y de una unión económica y monetaria y mediante la realización de las políticas o acciones comunes contempladas en los artículos 3 y 3 A, un desarrollo  armonioso y equilibrado de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, un crecimiento sostenible y no inflacionista que respete el medio ambiente, un alto grado de convergencia de los resultados económicos, un alto nivel de empleo y de protección social, la elevación del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros.

Artículo 3.

1. Para alcanzar los fines enunciados en el artículo 2, la acción de la Comunidad implicará, en las condiciones y según el ritmo previstos en el presente Tratado:

  • a) la prohibición, entre los Estados miembros, de derechos de aduana y de restricciones cuantitativas a la entrada y salida de las mercancías, así como de cualesquiera otras medidas de efecto equivalente
  • b) una política comercial común,
  • c) un mercado interior caracterizado por la supresión, entre los Estados miembros, de los obstáculos a la libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales,
  • d) medidas relativas a la entrada y circulación de personas en el mercado interior,….
  • e) una política común en los ámbitos de la agricultura y de la pesca,
  • f) una política común en el ámbito de los transportes;
  • g) un régimen que garantice que la competencia no será falseada en el mercado interior;
  • h) la aproximación de las legislaciones nacionales en la medida necesaria para el funcionamiento del mercado común;
  • i) el fomento de la coordinación entre las políticas en materia de empleo de los Estados miembros, con vistas a aumentar su eficacia mediante el desarrollo de una estrategia coordinada para el empleo;
  • j) la política en el ámbito social que incluya un Fondo Social Europeo;
  • k) el fortalecimiento de la cohesión económica y social;
  • l) una política en el ámbito del medio ambiente;
  • m) el fortalecimiento de la competitividad de la industria de la Comunidad;
  • n) el fomento de la investigación y del desarrollo tecnológico;
  • o) el fomento de la creación y del desarrollo de redes transeuropeas;
  • p) una contribución al logro de un alto nivel de protección de la salud;
  • q) una contribución a una enseñanza y a una formación de calidad, así como al desarrollo de las culturas de los Estados miembros;
  • r) una política en el ámbito de la cooperación al desarrollo;
  • s) la asociación de los países y territorios de Ultramar, a fin de incrementar los intercambios y continuar en común el esfuerzo por el desarrollo económico y social;
  • t) una contribución al fortalecimiento de la protección de los consumidores;
  • u) medidas en los ámbitos de la energía, de la protección civil y del turismo.

2. En todas las actividades contempladas en el presente artículo, la Comunidad se fijará el objetivo de eliminar las desigualdades entre el hombre y la mujer y promover su igualdad.

Artículo 4.

1. Para alcanzar los fines enunciados en el artículo 2, la acción de los Estados miembros y de la Comunidad incluirá, en las condiciones y según el ritmo previsto en el presente Tratado, la adopción de una política económica que se basará en la estrecha coordinación de las políticas económicas de los Estados miembros, en el mercado interior y en la definición de objetivos comunes, y que se llevará a cabo de conformidad con el respeto al principio de una economía de mercado abierta y de libre competencia.

2. Paralelamente, en las condiciones y según el ritmo y procedimientos previstos en el presente Tratado, dicha acción implicará la fijación irrevocable de tipos de cambio con vistas al establecimiento de una moneda única, el ecu, la definición y la aplicación de una política monetaria y de tipos de cambio única cuyo objetivo primordial sea mantener la estabilidad de precios y, sin perjuicio de dicho objetivo, el apoyo a la política económica general de la Comunidad, de conformidad con los principios de una economía de mercado abierta y de
libre competencia.

3. Dichas acciones de los Estados miembros y de la Comunidad implican el respeto de los siguientes principios rectores: precios estables, finanzas públicas y condiciones monetarias sólidas y balanza de pagos estable.

Artículo 5. La Comunidad actuará dentro de los límites de las competencias que le atribuye el presente Tratado y de los objetivos que éste le asigna.

En los ámbitos que no sean de su competencia exclusiva, la Comunidad intervendrá, conforme al principio de subsidiariedad, sólo en la medida en que los objetivos de la acción pretendida no puedan ser alcanzados de manera suficiente por los Estados miembros, y, por consiguiente, puedan lograrse mejor, debido a la dimensión o a los efectos de la acción contemplada, a nivel comunitario. Ninguna acción de la Comunidad excederá de lo necesario para alcanzar los objetivos del presente Tratado.

Artículo 6. Las exigencias de la protección del medio ambiente deberán integrarse en la definición y en la realización de las políticas y acciones de la Comunidad a que se refiere el artículo 3, en particular con objeto de fomentar un desarrollo sostenible.

Artículo 10. Los Estados miembros adoptarán todas las medidas generales o particulares apropiadas para asegurar el cumplimiento de las obligaciones derivadas del presente Tratado o resultantes de los actos de las instituciones de la Comunidad. Facilitarán a esta última el cumplimiento de su misión.

Los Estados miembros se abstendrán de todas aquellas medidas que puedan poner en peligro la realización de los fines del presente Tratado.

TRATADO CONSTITUTIVO DE LA COMUNIDAD EUROPEA. ROMA. 25 DE MARZO DE 1957

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