Mapa del Tratado de Versalles

El tratado de paz firmado en el palacio de Versalles el 28 de junio de 1919, entre Alemania y los aliados europeos supuso el final de la Primera Guerra Mundial. El texto de Versalles modeló el desarrollo de la posguerra inmediata y fue punto de referencia de los vencedores, para justificar sus esperanzas en un mundo diferente, y de los vencidos para alimentar su rencor contra el sometimiento al resto de potencias. Para Alemania supuso la aniquilación: perdida de territorios metropolitanos y de la totalidad de las colonias, desmilitarización y ocupación de una gran parte de su territorio, enormes deudas en concepto de reparaciones a los países aliados, discriminación económica, etc.

Consecuencias para Alemania del Tratado de Versalles, 1919

Y a pesar de las abusivas claúsulas impuestas, Francia lo consideró insuficiente. Pronto se mostraría inaplicable y en breves años sería violado sistemáticamente por Alemania, dando lugar a la Segunda Guerra Mundial.

Fuente: Apuntes de Geografía, 13 de mayo de 2011

#alemania, #cartografia

Las consecuencias psicológicas y personales de la guerra

Cartel de la película

“No puede comprenderse que encima de unos cuerpos tan destrozados se sostengan todavía rostros humanos en los que la vida siga su curso cotidiano. Y éste es tan sólo uno de los innumerables centros sanitarios, es un solo hospital. Los hay a miles en Alemania: a miles en Francia, a miles en Rusia. ¡Qué inútil debe ser todo lo que se ha escrito, hecho o pensado en el mundo, cuando todavía es posible una cosa así!. Forzosamente, todo ha de ser mentira e insignificancia cuando la cultura de miles de años no ha podido impedir que se derramaran estos torrentes de sangre ni que existieran esas cárceles del dolor y el sufrimiento. Tan solo el hospital da un auténtico testimonio de lo que es la guerra.

Soy joven, tengo veinte años, pero no conozco de la vida más que la desesperación y la muerte, la angustia y el tránsito de una existencia llena de la más estúpida superficialidad a un abismo de dolor. Veo que los pueblos son lanzados los unos contra los otros, y se matan sin rechistar, sin saber nada, locamente, dócilmente, inocentemente. Veo cómo los más ilustres cerebros inventan armas y frases para hacer posible todo esto durante más tiempo y con mayor refinamiento. Y como yo, lo ven todos los hombres de mi edad, aquí y entre los otros, en todo el mundo; conmigo lo está viviendo toda mi generación. ¿Qué harán nuestros padres si un día nos levantamos y les exigimos cuentas? ¿Qué esperan de nosotros cuando la guerra haya terminado? Durante años enteros, nuestra ocupación ha sido matar; ha sido el primer oficio de nuestra vida. Nuestro conocimiento de la vida se reduce a la muerte. ¿Qué puede, pues, suceder después de esto? ¿Qué podrán hacer de nosotros?” […]

Nuestros pensamientos son como barro que el paso del tiempo va moldeando: buenos cuando estamos en las barracas e inexistentes mientras permanecemos bajo el fuego. Hay embudos en los campos y en nuestros espíritus.

Todos son así, no sólo nosotros. No existe el pasado, nadie sabe a ciencia cierta cómo era. Las diferencias creadas por la cultura y la instrucción casi se han borrado, apenas son perceptibles. A veces proporcionan algunas ventajas para sacar mejor partido de una situación; pero a menudo ocasionan inconvenientes, pues suscitan escrúpulos que ya tenían que haber desaparecido. Es como si antes todos hubiéramos sido monedas de distintos países; las han fundido, y ahora todas llevan el mismo cuño. Si se quieren encontrar diferencias ha de acudirse a la primera materia. Somos soldados, y tan sólo después, extraña y vergonzosamente, nos consideramos individuos. Hay entre nosotros una gran fraternidad que, de una manera singular, reúne un reflejo de la camaradería de las canciones populares, algo del sentimiento solidario de los presidiarios y el desesperado auxilio mutuo de los condenados a muerte; una fraternidad que lo funde todo y lo sitúa en un plano de nuestra existencia, donde incluso en medio del peligro, sobresale de la angustia y la desesperación de la muerte y se apodera rápidamente de las horas rescatadas para la vida, sin que en todo ello encuentre lugar el patetismo. Si quisiéramos definirla, diríamos que es heroísmo y trivialidad al mismo tiempo; pero, ¿quién se preocupa de esto?

Es a causa de ese estado de ánimo que cuando se anuncia un ataque enemigo, Tjaden traga a toda prisa su sopa de guisantes con tocino, porque ignora si dentro de una hora seguirá vivo. Hemos discutido mucho a propósito de si esto está bien o mal hecho. Kat lo desaprueba diciendo que es preciso contar con la eventualidad de recibir una bala en el vientre, cosa que es mucho más peligrosa si el estómago está lleno que si está vacío.

Erich María Remarque

Estos son nuestros problemas; nos los tomamos muy en serio y no podría ser de otro modo. La vida, aquí en la frontera de la muerte, tiene una línea de extraordinaria simplicidad, se limita a lo estrictamente necesario; el resto está profundamente dormido. Esto es nuestro primitivismo y nuestra salvación. Si nos comportáramos de otro modo, haría tiempo ya que habríamos enloquecido, desertado o muerto. Es como una expedición a las regiones polares; toda manifestación vital ha de aplicarse, tan sólo, a conservar la existencia y debe forzosamente orientarse en este sentido, el resto está de más,ya que consumiría inútilmente energías.

Es el único modo de salvarnos, y a menudo, yo me considero un extraño cuando en las horas de tranquilidad, el reflejo misterioso de otros tiempos me revela, como en un espejo empañado, el contorno de mi actual existencia; entonces me admira que esa inefable actividad que conocemos por vida haya podido adaptarse incluso a esta forma. Todas las demás manifestaciones están sumidas en un sueño invernal; la vida es tan sólo un constante estar alerta contra la amenaza de la muerte; nos ha convertido en bestias pensantes para entregarnos el arma del instinto; ha embotado nuestra sensibilidad para que no desfallezcamos ante el horror que, con la conciencia clara, nos aniquilaría; ha despertado en nosotros el sentido de camaradería para librarnos del abismo del aislamiento; nos ha prestado la indiferencia de los salvajes para que, a pesar de todo, podamos encontrar siempre el elemento positivo y nos sea posible conservarlo como defensa contra los ataques de la nada; vivimos así una existencia cerrada y dura, puramente superficial y sólo de vez en cuando, un acontecimiento hace saltar algunas chispas de nuestro interior. Entonces, sin embargo, se levanta en nosotros una enorme llamarada, pesada y terrible, de anhelo.

Estos son los momentos peligrosos que nos demuestran que, no obstante, la adaptación es sólo artificial; que no es verdadera calma, sino únicamente una potente tendencia a la calma. Por lo que respecta a las formas exteriores de vida, no se diferencian apenas de aquellas que detentan los negros de la selva; pero mientras ellos pueden permanecer siempre así porque es su estado natural y seguirán desarrollándose tan sólo por el esfuerzo de sus facultades, en nosotros sucede lo contrario; nuestras fuerzas interiores están obligadas, no a un desarrollo, sino a una regresión. Ellos son libremente normales; nosotros forzosamente artificiales.

Y es con espanto que por la noche, al despertar de un sueño y a la merced del encantador torrente de visiones que nos inunda, sentimos la fragilidad del soporte y la debilidad del muro que nos separa de las tinieblas. Somos llamitas ligeramente protegidas por delgadas pantallas contra la desatada tempestad del aniquilamiento y de la locura, a causa de la que oscilamos y algunas veces casi nos extinguimos. Después, el sordo rumor de la lucha es como un anillo que nos rodea; nos acurrucamos en nosotros mismos, y con los ojos muy abiertos, contemplamos la noche. Tenemos como único consuelo el jadeo de los camaradas que duermen, y así esperamos el amanecer.

Cada día y cada hora, cada granada y cada muerte, van royendo este frágil soporte, y los años lo liman rápidamente. Me doy cuenta de que, poco a poco, va desmoronándose a mi alrededor.”

Erich María Remarque: Sin novedad en el frente, 1929.

#alemania, #literatura

Las consecuencias económicas de la paz

Caricatura de John Maynard Keynes (1883-1946)

«Llegue, por tanto, a la conclusión final de que, admitiendo todos los procedimientos de pago, riqueza inmediatamente transferible, propiedades cedidas y tributo anual, 2.000 millones de libras es la cifra máxima exacta de la capacidad de Alemania para pagar.

La oferta, tal y como se ha hecho, no parece que tenga en cuenta el problema de la capacidad de Alemania para pagar […]. Si lo que nos proponemos es que, por lo menos durante una generación Alemania no pueda adquirir siquiera una mediana prosperidad; si creemos que todos nuestros recientes aliados son ángeles puros y todos nuestros recientes enemigos, alemanes, austriacos, húngaros y los demás son hijos de del demonio; si deseamos que, año tras año, Alemania sea empobrecida y sus hijos se mueran de hambre y enfermen, y que esté rodeada de enemigos, entonces rechacemos todas las proposiciones generosas, y particularmente las que puedan ayudar a Alemania a recuperar una parte de su antigua prosperidad material. […].

Si tal modo de estimar a las naciones y las relaciones de unas con otras fuera adoptado por las democracias de la Europa occidental, entonces, ¡que el Cielo nos salve a todos¡ Si nosotros aspiramos deliberadamente al empobrecimiento de la Europa central, la venganza, no dudo en predecirlo, no tardará. […]. Si las negociaciones prometidas se llevan realmente por estos caminos, no es probable que sen fructíferas. No será mucho más fácil llegar a una cifra convenida antes de fines de 1919 que lo eran en el momento de la Conferencia […].

La política de reducir a Alemania a la servidumbre durante una generación, de envilecer la vida de millones de seres humanos y de privar a toda una nación de felicidad, sería odiosa y detestable, aunque fuera posible, aunque nos enriqueciera a nosotros, aunque no sembrara la decadencia de toda la vida civilizada de Europa. Algunos la predican en nombre de la justicia. En los grandes acontecimientos de la historia del hombre, en el desarrollo del destino complejo de las naciones, la justicia no es tan elemental. Y si lo fuera, las naciones no están autorizadas por la religión ni por la moral natural a castigar en los hijos de sus enemigos los crímenes de sus padres o de sus jefes […].

El Tratado no incluye ninguna disposición para lograr la rehabilitación económica de Europa; nada para colocar a los Imperios centrales, derrotados, entre buenos vecinos; nada para dar estabilidad a los nuevos Estados de Europa; nada para levantar a Rusia, ni promueve en forma alguna la solidaridad económica estrecha entre los mismos aliados. En París no se logró ningún arreglo para restaurar la desorganizada Hacienda de Francia e Italia, ni para concordar los sistemas del Viejo y el Nuevo Mundo.[…]

Los caracteres que expresan la situación inmediata se pueden agrupar bajo tres epígrafes: 1º. El hundimiento absoluto para el porvenir de la productividad interior de Europa; 2º. La ruina del transporte y del cambio que servían para enviar los productos cuándo y dónde más se necesitaban; 3º. La incapacidad de Europa para adquirir sus provisiones de Ultramar.

[…] Es un hecho sorprendente que, teniendo el problema económico fundamental de una Europa hambrienta y deshecha ante sus ojos, fuera ésta la única cuestión sobre la cual fue imposible despertar el interés de los Cuatro. Las reparaciones eran una única incursión en el campo económico, y la resolvieron como un problema de teología, de política, de táctica electoral, desde todos los puntos de vista, excepto el del porvenir económico de los Estados cuyos destinos tenían en sus manos […].

Europa es el núcleo más denso de población conocido en la historia del mundo. Esta población está acostumbrada a un tipo de vida relativamente elevado, que aún hoy muchos de sus elementos esperan mejorar y no empeorar. Comparada con otros continentes, Europa no se basta a sí misma; especialmente, no puede alimentarse a sí misma. La población no está distribuida con igualdad, sino que gran parte de ella está acumulada en un número relativamente pequeño de centros industriales muy densos. Esta población había asegurado su propia vida antes de la guerra, sin gran margen de excedente, mediante una organización delicada e inmensamente complicada, cuyas bases eran el carbón, el hierro, los transportes y una provisión ininterrumpida de alimentos y materias primas importados de otros continentes. La destrucción de esta organización y la interrupción de la corriente de aprovisionamientos privan a una parte de esta población de sus medios de vida.

[…] Todas estas influencias se combinan no sólo para impedir a Europa que inicie inmediatamente una corriente de exportaciones lo bastante grande para pagar las mercancías que necesita importar, sino para quitarle el crédito necesario para obtener el capital requerido para el restablecimiento del cambio, apartando también las fuerzas de la ley económica aún más de su equilibrio en lugar de acercarlas a él, favoreciendo la continuación de las circunstancias presentes, en lugar de curarse de ellas. Estamos ante una Europa improductiva, sin trabajo y desorganizada, desorganizada por querellas intestinas y por el odio internacional, luchando, muriéndose de hambre, robando y mintiendo.»

John M. Keynes, Las consecuencias económicas de la paz, 1919

#alemania

Pacto de la Sociedad de Naciones, 1919

Panorámica del Palacio de las Naciones en Ginebra

«Las Altas Partes Contratantes: Considerando que para fomentar la cooperación entre las naciones y para garantizarles la paz y la seguridad, importa:

Aceptar ciertos compromisos de no recurrir a la guerra;

Mantener a la luz del día relaciones internacionales, fundadas sobre la justicia y el honor;

Observar rigurosamente las prescripciones del Derecho Internacional, reconocidas de aquí en adelante como regla de conducta efectiva de los gobiernos;

Hacer que reine la justicia y respetar escrupulosamente todas las obligaciones de los Tratados en las relaciones mutuas de los pueblos organizados;

Adoptan el presente Pacto, que constituye la Sociedad de las Naciones;

adoptan el presente pacto, que instituye la Sociedad de Naciones.

Artículo 1.

1. Son miembros originarios de la Sociedad de las Naciones, aquellos signatarios cuyos nombres figuran en el anexo al presente pacto, como asimismo los Estados igualmente nombrados en el anexo que hubieran adherido al presente pacto sin ninguna reserva por una declaración depositada en la secretaría dentro de los dos meses de la entrada en vigor del pacto y cuya notificación se hará a los demás miembros de la sociedad.

2. Todo Estado, Dominio o Colonia que se gobierne libremente y que no está designado en el anexo, puede llegar a ser miembro de la sociedad si su admisión es acordada por los dos tercios de la asamblea, siempre que dé garantías efectivas de su intención sincera de observar sus compromisos internacionales y que acepte el reglamento establecido por la sociedad en lo concerniente a sus fuerzas y a sus armamentos militares, navales y aéreos.

3. Todo miembro de la sociedad puede retirarse de la sociedad previo aviso de dos años, a condición de que hasta ese momento haya cumplido todas sus obligaciones internacionales, inclusive las del presente pacto.

Artículo 2.

La acción de la sociedad, tal como está definida en el presente pacto, se ejerce por medio de una asamblea y de un consejo, secundadas por una secretaría permanente.

Artículo 3.

1. La asamblea se compone de representantes de los miembros de la sociedad.

2. Ella se reúne en épocas determinadas y en cualquier otro momento, si las circunstancias lo requieren, en la sede de la sociedad o en cualquier otro lugar que pueda ser designado.

3. La asamblea entiende en toda cuestión que entre en la esfera de acción de la sociedad o que afecte la paz del mundo.

4. Cada miembro de la sociedad no puede tener más de tres representantes en la asamblea y sólo dispone de un voto.

Caricatura norteamericana criticando la Sociedad de Naciones. Wilson dirige la canción de la "Paz Perpetua", pero cada potencia, excepto EE.UU. por supuesto, esconde aspiraciones ocultas

Artículo 4

1. El consejo se compone de representantes de las principales Potencias Aliadas y asociadas, así como de representantes de otros cuatro miembros de la sociedad. Estos cuatro miembros de la sociedad serán designados libremente por la asamblea y en las épocas que crea conveniente. Hasta la primera designación por la asamblea, serán miembros del consejo los representantes de Bélgica, Brasil, España y Grecia.

2. Con aprobación de la mayoría de la asamblea el consejo puede designar otros miembros de la sociedad cuya representación en lo futuro será permanente en el consejo. Con igual aprobación puede aumentar el número de los miembros de la sociedad a elegir por la asamblea para ser representados en el consejo.

2 bis. La asamblea por mayoría de dos tercios determina las reglas concernientes a las elecciones de los miembros no permanentes del consejo y, en particular, las relativas a la duración de su mandato y las condiciones de reelegibilidad.

3. El consejo se reúne cuando las circunstancias lo exigen, y por lo menos una ve zpor año, en la sede de la sociedad o en cualquier otro lugar que se designe.

4. El consejo entiende en toda cuestión que entre en la esfera de acción de la sociedad o que afecte la paz del mundo

La Sociedad de Naciones es establecida en 1919 para prevenir conflictos internacionales.

Artículo 5.

1. Salvo disposición expresa en contrario del presente pacto, las decisiones de la Asamblea o del Consejo se tomarán por unanimidad de los miembros representantes en la reunión…

Artículo 6.

1. La Secretaría permanente estará establecida en el lugar de residencia de la Sociedad. Se compondrá de un secretario general y de los secretarios y personal que sean necesarios.

2. El primer secretario general será designado en el anexo. En lo sucesivo, el secretario general será nombrado por el Consejo con la aprobación de la mayoría de la Asamblea […].

4. El secretario general de la Sociedad es de derecho secretario de la Asamblea y del Consejo.

5. Los gastos de la Sociedad serán sufragados por los miembros de la Sociedad en la proporción que decida la Asamblea.

Alemania se une la Sociedad de Naciones en 1926.

Artículo 7.

1. La residencia de la Sociedad se establecerá en Ginebra.

2. El Consejo podrá acordar en cualquier momento establecerla en otro lugar.

Artículo 8.

1. Los miembros de la Sociedad reconocen que el mantenimiento de la paz exige la reducción de los armamentos nacionales al mínimum compatible con la seguridad nacional y con la ejecución de las obligaciones impuestas por una acción común.

2. El Consejo, teniendo en cuenta la situación geográfica y las condiciones especiales de cada Estado, preparará los planes de esta reducción para su examen y decisión por los diversos Gobiernos.

3. Estos planes deberán ser objeto de nuevo examen y revisión cada diez años, por lo menos.

4. Una vez aceptados dichos planes por los diversos Gobiernos, no se podrá pasar del límite de los armamentos así fijados sin el consentimiento del Consejo…

6. Los miembros de la Sociedad se comprometen a intercambiar, de la manera más franca y completa, toda clase de datos relativos a la escala de sus armamentos, de sus programas militares…, susceptibles de ser utilizados para la guerra…

Artículo 10.

Los miembros de la Sociedad se comprometen a respetar y mantener contra toda agresión exterior la integridad territorial y la independencia política presente de todos los  miembros de la Sociedad. En caso de agresión, amenaza de peligro de agresión, el Consejo determinará los medios para asegurar el cumplimiento de esta obligación.

Alemania y Japón dejan la Sociedad de Naciones en 1933.

Artículo 11.

1. Se declara expresamente que toda guerra o amenaza de guerra, afecte o no directamente a alguno de los miembros de la Sociedad, interesa a la Sociedad entera, la cual deberá tomar las medidas necesarias para garantizar eficazmente la paz de las naciones. En tales casos, el secretario general convocará inmediatamente el Consejo, a petición de cualquier miembro de la Sociedad (…).

2. Se declara, asimismo, que todo miembro de la sociedad tiene derecho, a título amistoso, de llamar la atención de la asamblea o del consejo sobre cualquier circunstancia de naturaleza que pudiese afectar las relaciones internacionales y que amenazara perturbar en adelante la paz o la buena inteligencia entre las naciones dela cual depende la paz.

Artículo 12.

1. Todos los miembros de la sociedad convienen en que, si surgiera entre ellos una divergencia susceptible de provocar una ruptura, la someterán al procedimiento del arbitraje o a un arreglo judicial, o al examen del consejo. Convienen además que, en caso alguno, deben recurrir a la guerra antes de la expiración de un plazo de 3 meses desde el fallo arbitral o judicial, o el informe del consejo.

2. En todos los casos previstos por el presente artículo, la decisión debe producirse dentro de un plazo prudencial y el informe del consejo debe expedirse dentro de los 6 meses de haberle sido sometida la divergencia.

Artículo 13

1. Los miembros de la sociedad convienen en que si surgiera entre ellos una divergencia susceptible, a su juicio, de una solución arbitral o judicial, y si esta divergencia no pudiese solucionarse satisfactoriamente por la vía diplomática, la cuestión será sometida integralmente a un arreglo arbitral o judicial.

2. Entre las que generalmente son susceptibles de una solución arbitral o judicial, se declararan tales las divergencias relativas a la interpretación de un tratado, a todo punto de derecho internacional, a la realidad de todo hecho que, si fuera comprobado, constituiría la ruptura de un compromiso internacional o a la extensión o naturaleza dela reparación debida por tal ruptura.

3. La causa será sometida a la Corte Permanente de Justicia Internacional o a toda jurisdicción o Corte designada por las partes o previstas en sus convenciones anteriores.

4. Los miembros de la sociedad se comprometen a cumplir de buena fe las sentencias pronunciadas y a no recurrir a la guerra contra todo miembro de la sociedad que se conformara a las mismas. En caso de falta de cumplimiento de las sentencias, el consejo propondrá las medidas necesarias para asegurar su efecto.

Artículo 14.

El consejo queda encargado de preparar un proyecto de Corte Permanente de Justicia Internacional y de someterlo a los miembros de la sociedad. Esta Corte entenderá en todas las divergencias de carácter internacional que le fueran sometidas por las partes. Emitirá también opiniones consultivas sobre toda divergencia o cualquier otro punto que fueran sometidos por el consejo a la asamblea.

Artículo 15.

1. Si entre los miembros de la sociedad surgiera una divergencia susceptible de provocar una ruptura y si esta divergencia no fuera sometida al procedimiento de arbitraje o a un arreglo judicial previsto en el artículo 13, los miembros de la sociedad convienen en someterla al consejo. A tal efecto, basta que uno de ellos informe de esa divergencia al secretario general, quien tomará todas las disposiciones tendientes a una encuesta y a un examen completos.

2. A la brevedad posible las partes deben comunicarle la exposición de su causa con todos los hechos pertinentes y los documentos justificativos. El consejo puede ordenar su publicación inmediata.

3. El consejo se esfuerza en asegurar el arreglo de la divergencia. Si tiene éxito, publica, dentro de la medida que juzgara útil, una exposición relatando los hechos, las explicaciones que comportan y los términos de ese arreglo.

4. Si la divergencia no ha podido arreglarse, el consejo redacta y publica un informe, votado sea por unanimidad o por mayoría de votos, para hacer conocer las circunstancias de la divergencia y las soluciones que recomienda como las más equitativas y mejor apropiadas para el caso.

5. Todo miembro de la sociedad representado en el consejo, puede igualmente, publicar una exposición de los hechos de la divergencia y sus propias conclusiones.

6. Si el informe del consejo es aceptado por unanimidad, no contando para el cálculo de esa unanimidad el voto de los representantes de las partes, los miembros de la sociedad se comprometen a no recurrir a la guerra contra ninguna parte que se conforme a las conclusiones del informe.

7. En el caso en que el consejo no consiguiera hacer aceptar su informe por todos los miembros, fuera de los representantes de toda parte en la divergencia, los miembros de la sociedad se reservan el derecho de proceder como lo juzgaran necesario para el mantenimiento del derecho y de la justicia

8. Si una de las partes pretende y si el consejo reconoce que la divergencia se refiere a una cuestión que el derecho internacional deja a la competencia exclusiva de esta parte, el consejo lo constatará en un informe, pero sin recomendar solución alguna.

9. El consejo puede, en todos los casos previstos en el presente artículo, someter la divergencia a la asamblea. A ésta deberá igualmente someterse la divergencia a requerimiento de una de las partes; este requerimiento debe ser presentado dentro delos 14 días a partir del momento en que la divergencia fuera sometida al consejo.

10. En todo asunto sometido a la asamblea, las disposiciones del presente artículo y del artículo 12 relativas a la acción y a las facultades del consejo, se aplican igualmente a la acción y a las facultades de la asamblea. Queda entendido que un informe expedido por la asamblea con aprobación de los representantes de los miembros de la sociedad representados en el consejo y de una mayoría de los otros miembros de la sociedad, con exclusión, en cada caso, de los representantes de las partes, tiene el mismo efecto que un informe del consejo por unanimidad de sus miembros, fuera de los representantes de las partes.

Artículo 16.

1. Si un miembro de la sociedad recurre a la guerra, contrariamente a los compromisos contraídos en los artículos 12, 13 ó 15, es “ipso facto” considerado como habiendo cometido un acto de guerra contra todos los demás miembros de la sociedad. Estos se comprometen a romper inmediatamente con él todas las relaciones comerciales o financieras, a prohibir todas las relaciones entre sus nacionales y los del Estado en ruptura del Pacto y a hacer cesar todas las comunicaciones financieras, comerciales o personales entre los nacionales de este Estado y los de cualquier otro Estado, miembro o no de la sociedad.

2. En este caso, el consejo tiene el deber de recomendar a los diversos gobiernos interesados los efectivos militares, navales o aéreos con los cuales los miembros de la sociedad contribuirán respectivamente a las fuerzas armadas destinadas a hacer respetar los compromisos de la sociedad.

3. Los miembros de la sociedad convienen, además, en prestarse mutuo apoyo en la aplicación de las medidas económicas y financieras a adoptarse en virtud del presente artículo a fin de reducir al mínimum las pérdidas y los inconvenientes que de ellas pudieran resultar. Se prestarán igualmente mutuo apoyo para resistir a toda medida especial dirigida contra uno de ellos por el Estado en ruptura de pacto. Adoptarán las disposiciones necesarias para facilitar el tránsito a través de su territorio, de las fuerzas de todo miembro de la sociedad que participe en una acción común para hacer respetar los compromisos de la sociedad.

4. Puede ser excluido de la sociedad todo miembro que se hubiera hecho culpable de la violación de algunos de los compromisos resultantes del pacto. La exclusión se pronunciará por el voto de todos los demás miembros de la sociedad representados en el consejo.

Artículo 17.

1. En caso de divergencia entre dos Estados, de los cuales uno sólo sea miembro de la sociedad o de la cual ninguno participara, el Estado o los Estados ajenos a la sociedad serán invitados a someterse a las obligaciones que se imponen a sus miembros a los fines del arreglo de la divergencia, en las condiciones estimadas justas por el consejo. Si esta invitación fuera aceptada, las disposiciones de los artículos 12 a16 se aplicarán bajo reserva de las modificaciones juzgadas necesarias por el consejo.

2. Una vez formulada esta invitación, el consejo abrirá una encuesta sobre las circunstancias de la divergencia y propondrá la medida que le pareciera mejor y más eficaz en ese caso particular.

3. Si el Estado invitado, rehusando aceptar las obligaciones de miembro de la sociedad a los efectos del arreglo de la divergencia, recurriera a la guerra contra un miembro de la sociedad, le serán aplicables las disposiciones del artículo 16.

4. Si las dos partes invitadas rehusaran aceptar las obligaciones de miembro de la sociedad a los efectos del arreglo de la divergencia, el conejo podrá adoptar todas las medidas y hacer todas las proposiciones conducentes a prevenir las hostilidades y llevar a la solución del conflicto.

Artículo 18.

Todo tratado o compromiso internacional celebrado en lo futuro por un miembro de las ociedad deberá ser inmediatamente registrado por la secretaría y publicado por ella a la brevedad posible. Ninguno de esos tratados o compromisos internacionales será obligatorio antes de haber sido registrado.

Artículo 19.

La asamblea puede, de tiempo en tiempo, invitar a los miembros de la sociedad a proceder a un nuevo examen de los tratados que hubieran llegado a ser inaplicables, así como de las situaciones internacionales cuyo mantenimiento podría poner en peligro la paz del mundo.

Artículo 23.

Bajo la reserva y de conformidad con las disposiciones de las convenciones internacionales actualmente existentes o que se celebraran ulteriormente, los miembros de la sociedad:

a) Se esforzarán en asegurar y mantener condiciones de trabajo equitativas y humanas para el hombre, la mujer y el niño, tanto en sus propios territorios como en todos los países a los que se extendieran sus relaciones comerciales e industriales, estableciendo con ese objeto y manteniendo las organizaciones internacionales necesarias;

b) Se comprometen a asegurar un tratamiento equitativo a las poblaciones indígenas en los territorios sometidos a su administración;

c) Confían a la sociedad el contralor general de los acuerdos relativos a la trata de mujeres y niños, así como al tráfico del opio y otras drogas nocivas;

d) Confían a la sociedad el contralor general del comercio de armas y municiones con los países en que el contralor de dicho comercio fuera indispensable en interés común;

e) Adoptarán las disposiciones necesarias para asegurar la garantía y el mantenimiento de la libertad de las comunicaciones y del tránsito, así como un tratamiento equitativo del comercio de todos los miembros de la sociedad, quedando entendido que se tendrán en cuenta las necesidades especiales de las regiones devastadas durante la guerra 1914-1918;

f) Se esforzarán en adoptar medidas de orden internacional para prevenir y combatir las enfermedades».

Pacto de la Sociedad de Naciones, firmado en Versalles, 28 de junio de 1919 y teniendo su entrada en vigor, el 10 de enero de 1920; su fecha de extinción se sitúa el 18 de abril de 1946

Los objetivos bélicos de Alemania, 1917

Ludendorff expone las ventajas estratégicas que implica la posición central, las económicas -con especial preocupación por el autoabastecimiento-  las políticas.

Erich Friedrich Wilhelm Ludendorff (llamado erróneamente Erich von Ludendorff) (9 de abril de 1865 – 20 de diciembre de 1937, Tutzing, Baviera, Alemania)

«[…] Nuestra situación militar es más favorable que las de la Entente. Nuestras alianzas son más seguras. Las dificultades internas están menos agravadas en nuestro país que en los de la Entente. No obstante, pienso también que es aconsejable conseguir la paz antes del invierno, a condición de que nos conceda las ventajas indispensables que necesitamos para asegurar el futuro de nuestro desarrollo económico, y que nos pondrán en una situación militar y económica que nos permita encarar sin temor una nueva guerra.

Las fuentes de nuestro poderío militar y económico residen, aparte del ejército y la flota, en la agricultura, los recursos mineros y el alto desarrollo de nuestra industria.

Sin poseer Rumania y otros territorios ocupados, estaríamos en una situación crítica en cuanto a nuestros abastecimientos. Incluso con Rumania, esta situación es bastante difícil. Todavía se agravaría más si tuviéramos que abastecer a Bélgica, como esperamos tener que hacerlo más tarde. Por ahora, no podemos. Por ello debemos obtener el engrandecimiento de nuestro territorio. Lo tenemos en Curlandia y Lituania, que presentan magnificas disponibilidades agrícolas. Respecto a Polonia, tenemos que ampliar la Prusia Oriental y la Occidental… por motivos militares. Sólo así podremos proteger a Prusia. Aparte de ello, en varios puntos de la provincia de Posnania, nuestra frontera es demasiado vulnerable, hablando militarmente. ¿Tendremos que ejercer nuestra fuerza de atracción sobre los demás países bálticos a partir de Curlandia? Hay que remitirse al desarrollo político ulterior.

Basta con evocar aquí qué influencia favorable en nuestras relaciones con los Estados neutrales supondría una mejora de la situación de nuestro abastecimiento. El trigo y las patatas son elementos generadores de potencia, como el carbón y el hierro.

Nuestros recursos mineros y nuestra industria están situados en las fronteras del Reich de la forma más desfavorable posible. El Gobierno y el Reichstag, reconociendo ya antes de la guerra la difícil posición del distrito carbonífero de la Alta Silesia, habían reforzado y aumento sus puntos fortificados. Esto sólo no basta. Debemos proteger la Alta Silesia también mediante una extensión de nuestro territorio. Su realización quedaría facilitada por una eliminación de las empresas que se hallen en este lugar en manos del enemigo, que se deberían reconquistar y poner de nuevo en manos alemanas. En el oeste tenemos dos grandes regiones mineras: Lorena, Luxemburgo y el Sarre, por una parte, y la zona industrial de la Baja Renania y Westfalia por otra, cuya explotación se avanzará siempre m´s hacia la frontera con Bélgica y Holanda. Durante esta guerra, estas regiones no se han visto amenazadas puesto que hemos prevenido con nuestra ofensiva, una acción de la Entente. Aparte de ello, la importancia de las regiones industriales no se había reconocido adecuadamente en un principio. En la actualidad no existe duda alguna sobre ese aspecto y hay que esperar que nuestros enemigos, en una guerra futura empleen todos sus esfuerzos en el ataque a estas regiones. Si esto se llevara a término, no estaríamos en condiciones de aguantar una guerra, ya que estaríamos totalmente dominados económicamente. No necesito evocar cuáles serían las consecuencias en el plano interior. Una protección eficaz de estas dos regiones es algo vital para nosotros. Debemos conseguir en este aspecto todo lo que podamos y lo que nos permita nuestra situación. Si no conseguiremos nada, nuestra situación será realmente peligrosa; sería preferible en este caso proseguir la guerra y no pensar ya en la paz. Debemos ver con toda claridad que lo que no obtengamos deberá ser compensado, una vez que haya llegado la paz, por medio de grandes gastos militares (defensa antiaérea, mantenimiento de una aviación de combate, poderosas fortificaciones en la frontera), en la medida en que verdaderamente puedan ser compensados.

El distrito minero lorenés reclama una ampliación de nuestro territorio hacia el oeste. Cuanto mayor sea, más fácil será la defensa… Por otra parte, existen también minas en las regiones que se anexionen. Estas anexiones permitirían la explotación de nuestras propias minas con mayor ahorro. Dado que los recursos mineros de Alemania son muy limitados, este punto no carece de importancia. Pero ante todo, estas anexiones asegurarían que las minas que actualmente se hallan en posesión de Alemania disfrutarían en adelante de una protección militar directa y podrían trabajar hasta en tiempo de guerra. Naturalmente, la región permanecería, con todo, amenazada peligrosamente por la artillería y la aviación, lo que hará necesario la toma de poderosas medidas de protección, puesto que no podemos ampliar nuestra frontera con Francia hasta el Mosa.

Asimismo, es importantísimo mantener protegido nuestro territorio renano-westfaliano. El interés que presenta la costa flamenca para llevar a cabo un ataque aéreo contra Inglaterra es realmente considerable; la línea del Mosa, cerca de Lieja, presenta una importancia aún mayor para este distrito industrial. Debemos trata por todos los medios de dominar sólidamente las dos riberas del Mosa hasta Saint-Vith hacia el sur. Para conseguirlo, sólo veo factible su anexión al imperio alemán […].

La posesión de la línea del Mosa no es, con todo, suficiente para asegurar a nuestra zona industrial la protección necesaria. Debemos rechazar a un ejército anglo-belga-francés todavía mucho más lejos. Esto sólo es posible si Bélgica se une a nosotros económicamente, de una forma tan estrecha que tengan que unirse a nosotros también políticamente. Esta inclusión económica no se podrá realizar sino a base de una fuerte presión militar (ocupación por lago tiempo) y con la anexión de Lieja. La neutralidad belga es una auténtica engañifa que apenas se debe tener en cuenta en la práctica.

No estaremos totalmente protegidos, dado que la construcción del túnel Dover-Calais se convertirá en una realidad, a no ser de que ocupemos militarmente toda Bélgica y nos apoderemos de la costa flamenca. A pesar de todas las dificultades que Inglaterra está padeciendo, no podremos obtenerla. Se trata, pues, de saber si debemos proseguir la guerra para realizar este objetivo. Según mi parecer, ello debería llevarse a cabo si Inglaterra ocupara un territorio en Francia (Calais). Si no lo hace, la posesión de la costa flamenca no sería para nosotros un motivo para continuar la guerra más  allá del invierno.

Pero debemos llegar a obtener, más tarde, de forma indirecta, medios de acción sobre Inglaterra a partir de la costa flamenca. Creo que esto es posible si Bélgica, unida económicamente de forma estrecha al imperio alemán, dividida en un Estado valón y un Estado flamenco, toma a la larga a su cargo la defensa de su propio territorio contra Francia e Inglaterra, y, una vez que se haya puesto fin a la ocupación, mantiene un ejército y una flota.

Una vez unida Bélgica a Alemania, Holanda, consecuentemente, se verá fuertemente atraída hacia nosotros, dadas las necesidades de su política, especialmente si su territorio colonial se viera garantizado por un Japón aliado nuestro. Conseguiremos de esta forma llegar a la costa que enfrenta Inglaterra y llevaremos a cabo el fin que la marina persigue por su cuenta, con pleno conocimiento de toda su importancia. Obtendremos ante la nación inglesa una posición que nos permitirá conservar nuestro comercio en una próxima guerra. Este es el tercer gran objetivo que debe ser también objeto de nuestra preocupación.

Ello implica, aparte de Rusia, buscar salidas en ultramar, especialmente en América del Sur, un dominio colonial en África y puntos de apoyo para la flota dentro y fuera de nuestro dominio colonial. Si renunciamos por ahora a la costa flamenca, la Marina tiene pleno derecho a reclamar como compensación puntos de apoyo que le permitan conservar, en una próxima guerra, el libre acceso de Alemania a todos los mares del Globo y con ello las importaciones alemanas al extranjero, cuanto más lejos permanezcamos de  este objetivo, mayores serán los stocks de materias primas con que deberemos contar, sin provecho, en Alemania.

Bástenos con recordar finalmente que una Dinamarca que estuviera unida estrechamente a nosotros por medio de una serie de acuerdos comerciales preferenciales reforzaría en gran manera nuestra posición marítima y nuestra libertad comercial».

Informe Ludendorff, 14 de septiembre de 1917, recogido en Guillén: El imperio alemán, 1871-1918, Vicens Vives, Barcelona, 1973, pp. 287-291

#alemania

Los catorce puntos de Wilson, 1918

Antes de que el final de la guerra se viera Cercano, el presidente norteamericano Woodrow Wilson había formulado algunas bases posibles para la paz a través de sus archiconocidos 14 puntos; serían la inspiración de los tratados que regularon las relacion es internacionales tras la contienda, el más importante de los cuales fue el de Versalles, donde se recogía la idea de fundación de una sociedad internacional y se fijaban las condiciones de paz a Alemania. Recogemos los puntos esenciales de ambos documentos.

Thomas Woodrow Wilson (Staunton, 28 de diciembre de 1856 – Washington, D.C., 3 de febrero de 1924)

«Nosotros hemos entrado en esta guerra porque el Derecho ha sido quebrado en una forma que nos ha herido profundamente. A nuestro pueblo se le ha hecho la vida imposible mientras el Derecho no esté restablecido, mientras el mundo no esté asegurado contra tales quebrantamientos del Derechos.

Lo que nosotros pedimos en esta guerra no es, pues, ningún provecho que nos beneficie a nosotros solos. El mundo debe ordenarse de manera que la vida en él esté asegurada; particularmente queremos que los pueblos que, como nosotros, aman la paz y quieren vivir su propia vida y desean decidir por si mismo su propia constitución, permanezcan intactos y puedan esperar de los otros pueblos justicia y respeto. Esos pueblos tiene que estar asegurados contra agresiones violentas y egoístas. Todos los pueblos del mundo tienen el mismo interés que nosotros en esta reclamación. Por lo que a nosotros se refiere, vemos claramente que mientras no se haga justicia a los demás pueblos, no podrá hacérsenos justicia tampoco a nosotros. Nuestro programa es pues el programa de la paz mundial, que a nuestro juicio es la única posible, y se compone de los siguientes puntos:

1. Todos los tratados de paz son públicos y se conciertan públicamente, y después de esos tratados no pueden concertarse ningunos acuerdos internacionales secretos de ninguna especie. La diplomacia debe ser siempre abierta y llevarse ante la publicidad del mundo entero.

2. Completa libertad de navegación en el mar fuera de las aguas territoriales, y tanto en paz como en guerra, con excepción de aquellos mares que, en todo o en parte, se hayan cerrado por acuerdo internacional con el fin de ejecutar tratados internacionales.

3. La mayor eliminación posible de todas las barreras económicas y el establecimiento de la igualdad en las relaciones comerciales entre aquellas naciones que se adhieran a la paz y se unan para su mantenimiento.

4. Garantías mutuas adecuadas para reducir los armamentos de cada país al mínimo compatible con la seguridad interior.

5. Libre, magnánima y absolutamente imparcial renuncia a todas las pretensiones coloniales. Esta renuncia se fundará en el estricto respeto al principio de que, al resolver sobre tales cuestiones de soberanía, los intereses de los pueblos alcanzados tendrán igual peso e importancia que las justificadas pretensiones de los gobiernos cuya pretensión jurídica se trate de fijar.

6. Evacuación de todo el territorio ruso y regulación de todas las cuestiones referentes a Rusia, de tal modo que asegure la mejor y más libre colaboración de los restantes pueblos de la tierra para dar a Rusia la posibilidad de lograr, sin obstáculos y sin errores, una resolución independiente sobre su propia evolución política y nacional y para asegurar a Rusia una recepción sincera en la Sociedad de las Naciones libres, con instituciones políticas elegidas por ella misma; y además toda clase de apoyos que necesite y desee. El trato que Rusia reciba por parte de las naciones hermanas en los meses venideros, será la piedra de toque que aquilate su voluntad, su comprensión para las necesidades rusas, por diferentes que éstas sean de las que sienten las demás naciones; será también testimonio de su simpatía comprensiva y altruista.

7. Bélgica debe -y en esto, coincide el mundo entero- ser evacuada y restaurada, sin que nunca se Intente por nadie limitar su soberanía, de la que disfruta por igual modo que todas las demás naciones libres. Ningún acto contribuirá tanto como éste a restablecer entre los pueblos la confianza en las leyes, que ellos mismos se han dado para regular sus mutuas relaciones. Si esta restauración no se llevase a cabo, quedaría menoscabado para siempre el vínculo del Derecho internacional.

8. Toda la región francesa debe ser evacuada, y las partes que han sufrido la guerra deben ser restauradas. La injusticia que Prusia cometió en el año 1871 para con la nación francesa en lo referente a Alsacia y Lorena, esa injusticia que desde hace casi cincuenta años ha puesto en peligro la paz del mundo, debe ser reparada para que pueda restaurarse la paz en el interés de todos.

9. La rectificación de las fronteras italianas debe acometerse según las líneas de separación que claramente circunscriben las nacionalidades.

10. A los pueblos de Austria-Hungría, cuyo puesto deseamos asegurar entre las demás naciones, debe dárseles la primera ocasión favorable para su desenvolvimiento autonómico.

11. Rumanía, Servia y Montenegro deben ser evacuados y las regiones ocupadas deben ser restauradas. Servia debe recibir un acceso libre y seguro al mar; las relaciones mutuas entre los Estados Balcánicos deben determinarse por tráfico amistoso, conformemente a las líneas fundamentales históricas de común pertenencia y nacionalidad; garantías internacionales deben ser creadas para la independencia política y económica y para la intangibilidad territorial de los distintos Estados Balcánicos.

12. Para las partes turcas del actual imperio osmanlí debe asegurarse una independencia absoluta; pero las otras nacionalidades que actualmente se hallan bajo la dominación turca deben tener su vida absolutamente asegurada y debe permitírsele un desarrollo completo autonómico, sin el menor obstáculo. Los Dardanelos deben abrirse permanentemente al Ubre paso bajo garantías internacionales para los barcos mercantes de todas las naciones.

13. Debe crearse un Estado polaco independiente que comprenda todas las regiones habitadas por población indiscutiblemente polaca; debe proporcionársele libre y seguro acceso al mar; por tratado internacional quedará garantizada la independencia política y económica y la intangibilidad territorial del nuevo Estado.

14. Debe crearse por conciertos particulares una unión general de las naciones, de suerte que se establezca una seguridad mutua para la independencia política y la intangibilidad territorial de las naciones grandes y pequeñas.»

Mensaje del presidente Wilson al Congreso, 8 de enero de 1918

#ee-uu

La postura británica ante el Tratado de Versalles

David Lloyd George (Mánchester, 17 de enero de 1863 - Tŷ Newydd, Llanystumdwy, (Gales), 26 de marzo de 1945)

Las oposiciones de los antiguos aliados ante las condiciones que se debían aplicar a los vencidos después de la guerra fueron muy diferentes. Mientras Francia exigía un trato duro a Alemania, Estados Unidos y el Reino Unido adoptaron posturas menos drásticas. El documento muestra la postura del primer ministro británico.

«[…] En la situación presente, el mayor peligro que yo percibo es que Alemania puede asociar su destino al bolchevismo y poner sus recursos y su amplia potencia de organización a disposición de revolucionarios fanáticos, cuyo sueño es conquistar el mundo para el bolchevismo por la fuerza de las armas. Este peligro, actualmente, no tiene nada de quimérico. El actual gobierno alemán es débil, no tiene prestigio y su autoridad es contestada: si aún se mantiene es simplemente porque no hay otra alternativa que los espartaquistas y porque Alemania no está aún madura para el espartaquismo […].

Si somos prudentes, ofreceremos a Alemania una paz que, además de justa, sea, para toda persona sensata, una alternativa preferible al bolchevismo. Yo quisiera, pues, colocar en el frontispicio de la paz la idea siguiente: desde el momento en que Alemania acepte nuestras condiciones, especialmente la de las reparaciones, nosotros le abriremos el acceso a las materias primas y a los mercados de todo el mundo en plano de igualdad con nosotros y haremos todo lo que esté en nuestra mano para que el pueblo alemán pueda ser capaz de ponerse de nuevo en pie. Lo que no podemos hacer es destruirlo y esperar encima que nos pague. A fin de cuentas, hemos de proponer unas condiciones tales que un gobierno alemán consciente de sus responsabilidades pueda considerarse capaz de ejecutarlas. Si nosotros presentamos a Alemania unas condiciones injustas o excesivamente onerosas, ningún gobierno consciente de sus responsabilidades querrá firmarlas […].

Por consiguiente, mírese por donde se mire, me parece que hemos de esforzarnos por establecer el reglamento de la paz como si nosotros fuéramos unos árbitros imparciales, olvidados ya de las pasiones de la guerra. Este reglamento deberá tener tres objetivos: ante todo, debe hacer justicia a los Aliados teniendo en cuenta la responsabilidad de Alemania en los orígenes de la guerra y en los métodos bélicos que ha empleado; a continuación, ha de ser tal que un gobierno alemán consciente de sus responsabilidades puede firmarla estimando que podrá cumplir las obligaciones que suscribe; finalmente, ese reglamento no deberá encerrar cláusula alguna que puede provocar nuevas guerras y deberá ofrecer una alternativa al bolchevismo, presentándose ante la opinión de las personas razonables como una solución equitativa al problema europeo.

Creo, finalmente, que hasta que la autoridad y eficacia de la Sociedad de Naciones hayan sido demostradas, el Imperio Británico y los Estados Unidos deberían dar a Francia una garantía contra la posibilidad de una nueva agresión alemana. Francia tiene razones particulares para pedir esta garantía: en medio siglo ha sido dos veces atacada e invadida por Alemania. Y ha sido atacada porque era la principal defensora de la civilización liberal y democrática en el continente europeo, frente a la Europa central autocrática. Es, pues, justo que las restantes grandes democracias occidentales se pongan de acuerdo para darle la seguridad de que estarán a su lado, cuando ella quería, para protegerla de la invasión en caso de que Alemania la amenazase de nuevo y hasta que la Sociedad de Naciones haya demostrado ser capaz de preservar la paz y la libertad en el mundo».

Memorándum de Lloyd George (25 de marzo de 1919), recogido en Renouvin, El Tratado de Versalles, pp. 120-122

#reino-unido