Refugiados y violencia de género

Una mujer congoleña desplazada organiza la leña que ha recolectado. Las mujeres son expuestas al riesgo de violencia sexual al recoger la leña necesaria para el hogar.

El ACNUR se ocupa de unos 20 millones de personas, entre refugiados y desplazados internos, aunque se calcula que en el mundo hay cerca de 50 millones. El 80% de la población de refugiados lo componen mujeres y niños. Cerca de 1,2 millones de niños y niñas son víctimas de trata anualmente.

El 80% de las personas con las que se trafica anualmente son mujeres y niñas. Más de 300.000 menores de edad han sido reclutados forzosamente en conflictos armados y cerca de la mitad son niñas que, en su mayoría, son empleadas también como esclavas sexuales. La Mutilación Genital Femenina afecta a 3 millones de niñas anualmente en 28 países de África, Asia y Oriente Medio. Una de cada tres mujeres en el mundo ha sido golpeada, maltratada u obligada a mantener relaciones sexuales. Entre los 15 y los 44 años de edad, se produce el mismo número de muertes de mujeres por actos de violencia que por cáncer.

Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Francia, Nueva Zelanda, Reino Unido y España están entre el número cada vez mayor de países que han concedido el estatuto de refugiado sobre la base de la persecución por motivos de género.

ACNUR, Historias con rostro, 2007

Para conocer y profundizar más en estos contenidos, puede utilizarse los siguientes recursos:

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La multiplicidad de la sociedad humana actual

El siguiente documento reproduce la conferencia que el Doctor Estanislao Zuleta presentó en el acto mediante el cual la Universidad del Valle (Cali, Colombia) le otorgó el titulo Honoris Causa en Psicología:

Caricatura de Estanislao Zulueta

La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiesta de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y, por tanto, también sin carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.

Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen el modelo de nuestros anhelos en la vida práctica.

Aquí mismo en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada; de las reconciliaciones totales; de las soluciones definitivas.

Puede decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos: que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal.

En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor, y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida.

En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido.

Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.

Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la Antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia –por la desgracia– de alguna revelación. El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro la idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta y el terror de los medios que procurarán su conquista. Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atreverían a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos, no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos.

En lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro –y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo–, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo, está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de la acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a la “causa” absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión.

Ahora sabemos, por una amarga experiencia, que este abismo de la acción, con sus guerras santas y sus orgías de fraternidad no es una característica exclusiva de ciertas épocas del pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico; que puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran capacidad de inventiva y una eficacia macabra. Sabemos que ningún origen filosóficamente elevado o supuestamente divino, inmuniza a una doctrina contra el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma un discurso particular –todos lo son– como la designación misma de la realidad y los otros como ceguera o mentira. […]

Estanislao Zuleta: Elogio de la dificultad, 1980

#filosofia, #hombre

Las grandes fortunas de la crisis económica de 2008

Una nueva élite de hiperricos sale a flote en plena crisis económica. Pero ellos achacan su fortuna al trabajo duro y la meritocracia. ¿Quiénes son estos nuevos millonarios?

Portada del suplemento ES del 3 de septiembre del 2011

La austeridad está de moda en Occidente. Pero no para los HNWIs. Y menos aún para los ultra HNWIs. Son los acrónimos utilizados por los departamentos de gestión de activos de los bancos para denominar la cada vez más numerosa élite global de ricos y superricos cuyas fortunas se mantienen más o menos intactas tras la crisis. Los High Net Worth Individuals –con patrimonio neto de un millón de dólares (700.000 euros), sin incluir la vivienda mansión, el Porsche Cayenne y otros bienes de consumo– crecen como la espuma en la actual economía de depresión. Según el último informe del banco Merrill Lynch y la consultora Capgemini publicado en junio, ya son 10 millones, el 8,3% más que en el 2010 y un 26% más que en el 2008. Y, más arriba aún, la riqueza de los 103.000 ultrarricos (es decir, cuyo patrimonio rebasa los 30 millones de dólares, 21 millones de euros) subió el 11,5% en el 2010 y el 21,5% en el 2009.

“Se han recuperado de forma espectacular tras la crisis”, explica Alan Walker, vicepresidente de Capgemini en su despacho londinense, visiblemente impresionado por la resistencia económica de los ricos en tiempos de ajustes. “Ya superan los niveles de riqueza anteriores al 2008 en todas las partes del mundo”, dice Walker. La mayoría son residentes en EE.UU., pero Suiza –con su secreto bancario– tiene la mayor concentración de ultrarricachones por metro cuadrado.

“Hace tres años, cuando estalló la crisis, los expertos pronosticaron que se apretarían las tuercas a los superricos. Más impuestos, quizás. O, en todo caso, que entrarían en una fase de opulencia más discreta, menos ostentosa. En los años treinta, por ejemplo, Franklin D. Roosevelt puso un tope de 25.000 dólares anuales (de entonces) como límite retributivo a la clase empresarial (Carl Swebelius, presidente de un holding militar cobraba 243.000). “Después del crac del 1929, el consumo ostentoso y la riqueza financiera se convirtieron en un tabú y eso duró tres décadas”, recuerda Doug Henwood, editor de Left Business Observer en Nueva York.

Pero Walker no ve indicios de moderación en esta crisis. “Hemos detectado un aumento del apetito por lo que llamamos inversiones en pasión”, señala. ¿Inversiones en pasión? “Automóviles de lujo, yates, aviones privados”, responde. Las ventas de Ferrari han subido el 50% en el último año, principalmente en China. Obras de arte también. En ese último año de ajustes se han batido dos marcas: un Giacometti por 74 millones de euros y un Picasso por 86 millones.

Los nuevos ricos parecen ser los que menos ahorran. Según Moodys Analytics, el 5% de estadounidenses con más renta disponible ahora son responsables del 36% del gasto en bienes de consumo y presentan la tasa de ahorro más baja del país. “La vieja riqueza se caracterizaba por su modestia, tradición, servicio público, caridad y ocio sofisticado (…) La nueva, en cambio, se basa en una ética de clase media, fortunas hechas por sí mismas y con mucho gasto”, advierte Robert Frank, del The Wall Street Journal. Su blog (blogs.wsj.com/wealth/) es una crónica imprescindible del estilo de vida cotidiana de los superricos globales, con comentarios que van desde los últimos precios de un avión privado Cessna o el lenguaje corporal de la nueva clase de mayordomos, hasta una bibliografía idónea para leer en la playa privada (recomienda una biografía de Cleopatra y un manual para vivir más años, titulado Proyecto longevidad).

Hasta los símbolos de estatus ya no son los que eran. A principios del siglo XX, un magnate como Randolph Hearst (Ciudadano Kane) “buscaba influencia mediante la compra de un periódico”, dice Walker. “Ahora, prefiere un capricho como un club de fútbol”. Los ultrarricos de la oligarquía rusa son los que más caen en esta tentación. El magnate Alisher Usmanov, por ejemplo, acaba de comprar una participación de control en el Arsenal, siguiendo los pasos de Roman Abramovich, propietario del Chelsea. Ambos magnates rusos se califican como hechos a sí mismos, pese a que se enriquecieron gracias a la nada transparente privatización de la industria de gas soviética.

El deseo de hacerse con un club de fútbol quizás se deba a que el nuevo superrico está convencido de que, al igual que Cristiano Ronaldo o Wayne Rooney, ha alcanzado la flor y nata únicamente gracias a su talento. Según Forbes, 689 de las 1.001 personas con más de 1.000 millones de dólares (700 millones de euros) han hecho sus fortunas sin proceder de familias ricas. La estadística, de alguna manera, lo confirma: el 60% de los estadounidenses más ricos son ejecutivos o profesionales que viven del trabajo remunerado, frente al 20% de 1916.

Quién es quién

Alisher Usmanov (Rusia) Siderurgia. Patrimonio:
12.000 millones de euros

Li Ka Shing (Hong Kong) Telecomunicaciones. Patrimonio: 18.000 millones de euros

Leonard Lauder (EE.UU.) Cosmética. Patrimonio:  2.500 millones de euros

Jamie Dimon (EE.UU.) JP Morgan, finanzas. Salario anual: 14 millones de euros

Roman Abramovich (Rusia) Petróleo. Patrimonio: 9.000 millones de euros

Larry Ellison (EE.UU.) Tecnología. Patrimonio: 27.000 millones de euros

Steve Jobs (EE.UU.) Tecnología. Patrimonio:3.800
millones de euros

Douglas Flint HSBC, finanzas. Salario anual: 3,5
millones de euros

Entre las historias más conmovedoras, según Forbes, destaca la del chino de Hong Kong Li Ka Shing, que empezó en un orfanato y acabó a la cabeza de un conglomerado, con un patrimonio superior a 20.000 millones de dólares (14.000 millones de euros). Leonardo del Vecchio es otro huérfano que hizo una fortuna de 7.000 millones de euros gracias a la venta de gafas de sol. Steve Jobs (Apple) y Larry Ellison (Oracle) también proceden de familias
desestructuradas. Sin olvidar a Abramovich, cuyos padres murieron cuando tenía cuatro añitos. Ahora Ellison es propietario del yate Rising Sun –138 metros de eslora; precio 139 millones de euros– y Abramovich, de Eclipse –169 metros y 350 millones– con submarino y su propio sistema antimisil.

Aunque los superricos están repartidos por todo el mundo, con una presencia cada vez más importante en Asia, son una comunidad global muy homogénea –el 80% son hombres mayores de 45 años– que aglutina a sus miembros más que ningún otro estado-nación. “Los ricos han formado su propio país virtual; el 1% de los norteamericanos, con más de 900 millones de euros de ingresos al año, tienen un PIB más grande que Francia”, explica Frank. Y hasta forman una nueva nación: Richistan. Los richistanis tienen su propio sistema de sanidad (médico personal); su propia red de transporte (aviones privados); su propias guarderías especializadas en Finanzas; su propio idioma (los jardineros se llaman arbolistas personales ; los mayordomos, gerentes de hogares); su propio circuito de conferencias VIP, desde Davos a Sun Valley, pasando por el Foro Boao en la isla china de Hainan.

Walker los defiende. Insiste en que “son emprendedores que crean riqueza y la riqueza se percola hacia bajo”. Pero pocos ciudadanos de la clases corrientes creen que ese maná se vaya repartiendo hacia los sustratos más bajos de la sociedad. Lógicamente. Desde hace tres décadas se produce un aumento constante de la concentración del dinero. En EE.UU. el 1% de la población ahora tiene el 46% de la riqueza, dos veces más que en 1968. Y dos terceras partes del crecimiento de la renta en los últimos diez años ha ido a parar a los bolsillos de los más ricos.

A título de ejemplo, en 2009, mientras los salarios de la clase media caían en picado, 25 gestores de fondos de alto riesgo ingresaron 700.000 millones de euros por barba. Puede ser verdad, como sostiene Frank, que “Richistan es la prueba tangible de que cualquier persona en cualquier lugar tiene la capacidad para hacerse rico”. Pero –reconoce– “simboliza también la enorme brecha entre los ricos y los demás”.

Quizás sea por eso (aunque la nueva élite no conoce complejos de culpa) que en las últimas cumbres del circuito global, este colectivo ha dedicado horas valiosas de su tiempo (escaso) para explicar exactamente quiénes son, por qué existen y por qué, en el fondo, son necesarios.

En el Foro Económico Mundial en Davos en enero, el artículo más citado fue El auge de la nueva élite global de Chrystia Freeland, publicado en la prestigiosa revista estadounidense The Atlantic. Freeland anunció la llegada de una nueva clase global, “una superélite cuyos integrantes son meritócratas trotamundos que tienen muchos estudios y trabajan mucho”. Freeland hasta dio la vuelta a la expresión working poor (es decir, quienes en EE.UU. no salen de la pobreza ni trabajando 40 horas a la semana), y calificó a ese grupo como los working rich. “Se han beneficiado de la revolución de las tecnologías de la información y de la liberalización del comercio mundial”, argumentaba.  A diferencia de aquellas antiguas fortunas heredadas (los que “se hacen ricos mientras duermen”, según la célebre frase de John Stuart Mill), esta nueva élite ni duerme en sus interminables vuelos transcontinentales.

Los nuevos ricos jamás se separan de sus Blackberries o iPads. Larry Brin, de Google, hasta prefiere vuelos con escala en Nueva York cuando viaja desde Silicon Valley a Europa para poder consultar su correo electrónico. La creciente riqueza de los ultra HNWIs sería, según su tesis, una consecuencia inevitable de sus extraordinarias dotes personales. “Conforme las empresas se hacen más grandes, el entorno global más competitivo, el ritmo de innovación tecnológica más acelerado, crece la importancia para los accionistas de atraer a los mejores consejeros delegados posibles”, sostenía Freeland. Eso, por supuesto, era justo lo que querían oír los hombres de Davos en las pistas de la estación de esquí suizo. ¿Como quiénes? Por ejemplo, gente como Stephen Schwarzmann, presidente del fondo Black-water, un financiero hecho a sí mismo famoso por devorar cangrejos caribeños a 140 euros la pinza en su mansión de Palm Beach (Florida).

La defensa del derecho a ser superrico siguió en el ultrasecreto foro de Bilderberg el pasado mes de junio. Bilderberg es aún más selecto que Davos y está considerado por los forofos de las teorías de conspiración un gobierno mundial en la sombra. Celebrado este año en Saint Moritz, sin presencia de medios, dio la oportunidad a ejecutivos como Douglas
Flint, presidente de HSBC (salario: 4,5 millones de euros en el 2010), para convencer a políticos como George Osborne, el ministro de Economía británico –otro asiduo de Bilderberg y vástago de una familia aristócrata angloirlandesa–, de que los sobresueldos desorbitados en la City londinense son necesarios y justificados. En esta meritocracia global –según la banca británica– hay que fichar a los mejores rematadores, al igual que el Chelsea de Abramovich. Si no, estos aprovecharán la movilidad global y se marcharán desde la City a Wall Street (curiosamente, Jamie Dimon, de JP Morgan, advirtió que podría ocurrir lo opuesto, desde Wall Street a la City).

Por cierto: HSBC ha diseñado un mensaje subliminal de marketing en defensa de este colectivo en sus anuncios en los aeropuertos. “Dos terceras partes de los billonarios del mundo hicieron sus fortunas a partir de cero”, reza el lema junto una foto de una niña que vende sus juguetes en la calle. “Nosotros le ayudaremos a ver las oportunidades”.

Luego, a primeros de julio en la pintoresca comunidad de Aspen en Colorado, donde los ultrarricos controlan sus negocios globales desde el móvil durante caminatas por las Montañas Rocosas rodeados de bisontes, se celebró el festival Aspen Ideas. Participaron en el debate figuras como Dexter Crown, propietario de las estaciones de esquí de la zona y de la multinacional de armas tecnológicas General Dynamics; Leonard Lauder, patriarca de la perfumería mundial Estée Lauder; o el mismísimo Roman Abramovich, que tiene una casa de 11 dormitorios en Aspen que le costó 25 millones de euros. “Yo conozco a la gente de Aspen; cuando una mujer aquí da a luz empieza enseguida a sacar chuletas para preparar a su hijo para el examen en entrada en Harvard”, dijo David Brooks, astuto comentarista conservador, autor del libro Bobos in paradise. The new upper class and how they got there.

Aunque nadie pone en duda el declive de la importancia de la riqueza heredada, hay quienes cuestionan la tesis de que el auge de los nuevos superricos se produce gracias a la combinación de trabajo, globalización, tecnología y dotes naturales. Es cierto que esta clase “no son los rentistas de los años treinta”, dice Doug Henwood. “Pero es difícil ver pruebas de que su talento valga tanto; ellos dirán que su cotización en el mercado global demuestra que valen lo que cobran pero ese es un argumento circular”. En EE.UU. todo indica que el rápido enriquecimiento de la nueva élite puede tener que ver con relaciones endogámicas y clientelistas entre inversores, financieros y altos ejecutivos.

Los desorbitados paquetes de remuneración de los HNWIs “son la consecuencia de un sistema amañado en el cual los consejeros sobornan a los accionistas para que aprueben salarios millonarios a cambio de dividendos y subidas de precios bursátiles a corto plazo”, explicó el economista surcoreano de la Universidad de Cambridge Ha-Joon Chang, en una entrevista mantenida en Londres. “Existe una perversa dinámica en la que los ejecutivos y los accionistas se apremian los unos a los otros”, dijo. Prueba de que la tesis meritocrática no explica toda la historia del auge de la nueva élite global, es que los consejeros delegados estadounidenses son de lejos los que más cobran. “Sus paquetes de remuneración son cuatro o cinco veces más grandes que sus homólogos asiáticos, pero sus empresas, salvo el sector internet , son peores”, dice Chang. El auge de la nueva élite y la desigualdad que ha dejado crea problemas a todos los niveles.

Zakaria Fareed, director de Time, advirtió durante el foro de Davos que “la desigualdad ya no es sólo un problema político o moral, sino económico, ya que los más ricos invierten en mercados de activos como la bolsa o el sector inmobiliario; y esto crea burbujas”. Los ultra HNWIs ya tienen el 36% de la riqueza mundial con sólo el 0,9% de la población. Pese a ello, aflora un cierto resentimiento. Dos de cada tres millonarios se quejan de que los ultrarricos están elevando los precios de los productos de lujo. “La gente que gana entre 5 y 10 millones al año ahora no cree que gana mucho dinero”, comenta Freeland. Y sólo la mitad de los ricos considera que la riqueza les ha hecho más felices. Pero esa es otra historia.

Andy Robinson: Las grandes fortunas de las crisis, La Vanguardia, 2 de septiembre de 2011

#globalizacion

La violencia contra las mujeres

Violencia de genero. Forges, 2009

«Volvió llorando. Nos dijo que la habían violado tres o cuatro soldados. Estuvo llorando mucho tiempo. Nos preguntó por qué mentíamos, porque dijo que sabía que también nos había pasado a nosotras.»  Una mujer de Suva Reka, Kosovo, 1999.

«Me pusieron una esponja mojada en la nuca e hicieron que me recostara sobre un banco eléctrico. Me dieron descargas eléctricas durante varias horas […] Después me pusieron sobre otra mesa […] Y trajeron una porra. Me dijeron: “Arrodíllate” y me metieron lentamente la porra en el ano. De pronto me empujaron y me obligaron a sentarme encima de la porra. Empecé a sangrar […] uno de ellos se subió sobre mí y me violó.» Los policías turcos que presuntamente torturaron a Zeynep Avci a finales de 1996 no fueron procesados.

Cuando tenía 15 años, los padres de G la vendieron como esposa a un vecino a cambio de que éste les ayudara a pagar la hipoteca que gravaba su granja. El esposo de G la violaba y le daba palizas habitualmente, lo que le causó lesiones que requirieron hospitalización. G acudió a la policía en busca de protección, pero le dijeron que no podían hacer nada porque era un asunto personal. A los 20 años huyó con sus dos hijos, pero sus padres y su esposo la encontraron, y su madre la sujetó mientras su esposo la pegaba con un palo. Después el hombre se llevó a los niños, a quienes G no ha vuelto a ver. G huyó a Estados Unidos y pidió asilo. En el 2000, un juez de inmigración comunicó al abogado de G que iba a ordena r su devolución a El Salvador.

Una mujer de un pueblo europeo destrozado por la guerra, una joven kurda bajo custodia de la policía turca, una madre maltratada de Centroamérica que pide asilo en Estados Unidos. A primera vista, no tienen en común más que su condición de mujeres y el sufrimiento, pues ellas proceden de países diferentes y de comunidades dispares, y los hombres que las agredieron, de entornos muy distintos.

El hilo que une estos casos es que las tres mujeres han sido víctimas de la tortura. Las tres han tenido que padecer no sólo malos tratos físicos violentos, sino también el silencio o la indiferencia de las autoridades. En los tres casos, los hombres que abusaron de ellas cometieron sus crímenes con impunidad. En ninguno de los tres casos el Estado adoptó las medidas básicas necesarias para proteger a las mujeres de los malos tratos físicos y de los abusos sexuales. Por tanto, el Estado tiene parte de la responsabilidad del sufrimiento de estas mujeres, con independencia de si el torturador fue un soldado, un policía o un esposo violento.

La tortura que se inflige a la mujer tiene sus raíces en una cultura global que niega a la mujer los mismos derechos que el hombre y que legitima la apropiación violenta del cuerpo de la mujer para satisfacer deseos individuales o para alcanzar fines políticos. Las organizaciones de mujeres y otros activistas de derechos humanos de todo el mundo han luchado con valentía en los últimos decenios para prevenir y combatir los abusos y lograr más igualdad para la mujer. En muchos países han conseguido enormes avances y, en el ámbito internacional, han modificado de forma irreversible los términos en que se plantea el debate sobre los derechos humanos. Sin embargo, pese a todo lo que las mujeres del mundo han logrado para hacer valer sus derechos, la mujer sigue ganando menos que el hombre, tiene menos propiedades que el hombre y su acceso a la educación, al empleo y a la asistencia médica es también menor. La discriminación sigue prevaleciendo y negando a la mujer la plena igualdad política y económica con el hombre.

La violencia contra la mujer se alimenta de esta discriminación y sirve, a su vez, para reforzarla. Cuando se maltrata a una mujer detenida, cuando las fuerzas armadas violan a las mujeres como si fueran «botines de guerra», cuando una mujer sufre el terror de la violencia doméstica, lo que se manifiesta y se impone es una relación de poder desigual entre hombres y mujeres. Por otro lado, la violencia contra la mujer es agravada por la discriminación por razones de raza, etnia, orientación sexual, posición social, clase y edad. Esta discriminación múltiple limita aún más las opciones de la mujer, aumenta su vulnerabilidad ante la violencia y dificulta más todavía las posibilidades de obtener una reparación.

A veces los autores de estos actos de violencia son agentes del Estado como policías, guardias penitenciarios o soldados. En otras ocasiones son miembros de grupos armados que se oponen al gobierno. Sin embargo, los autores de gran parte de la violencia que sufren las mujeres en su vida cotidiana son las personas con quienes comparten su vida, ya sea por ser miembros de su familia o de su comunidad, o por ser sus empleadores. Lo que las mujeres padecen a manos de los hombres que ejercen control sobre ellas es toda una gama de violencia sin solución de continuidad.

Amnistía Internacional ha documentado innumerables casos de mujeres torturadas bajo custodia. La organización ha denunciado el uso sistemático de la violencia sexual como arma de guerra en los conflictos armados. Desde 1997, investiga asimismo abusos que cometen ciudadanos particulares. Para combatir la violencia contra la mujer Amnistía Internacional la inserta en el marco de los derechos humanos y hace hincapié en que, en virtud de las normas internacionales de derechos humanos, los Estados tienen la responsabilidad de proteger a la mujer frente a la violencia, con independencia de que los actos de violencia sean cometidos por funcionarios públicos o a instigación suya, o por ciudadanos particulares. El presente informe explora las circunstancias en las que la violencia contra la mujer, ya sea bajo custodia o en el hogar, constituye tortura. Como parte de su campaña para erradicar la tortura, Amnistía Internacional pide a los Estados que rindan cuentas de todos los actos de tortura que se cometan contra mujeres, con independencia de su contexto y del autor.  […]

K, de la Repúb lica Democrática del Congo (ex Zaire), estaba casada con un oficial del ejército que la torturaba regularmente con palizas y patadas, muchas veces en presencia de sus hijos. Su esposo la violó en varias ocasiones y le contagió enfermedades de transmisión sexual. También la amenazaba de muerte a menudo con una pistola. Durante uno de estos incidentes, le hizo saltar un diente, le dislocó la mandíbula y le propinó un puñetazo tan fuerte en el ojo que necesitó puntos de sutura y tuvo problemas continuos en la nariz, el cuello, la cabeza, la columna, la cadera y un pie. K, que finalmente pidió asilo en Estados Unidos, dijo que era inútil acudir a la policía, en parte debido a las relaciones de su esposo con la familia gobernante, y en parte porque «las mujeres no son nada en el Congo». Un juez de inmigración estadounidense calificó de «atrocidades» los abusos que había sufrido, pero denegó su solicitud de asilo, resolución que confirmó el tribunal de apelación de inmigración.

En el pasado, la violencia contra la mujer en el hogar se consideraba un asunto privado, y no una cuestión de derechos civiles y políticos. Actualmente, la comunidad internacional reconoce expresamente que la violencia contra la mujer es una cuestión de derechos humanos que implica la responsabilidad del Estado.

Según datos del Banco Mundial, al menos el 20 por ciento de las mujeres del mundo han sufrido malos tratos físicos o agresiones sexuales. Los informes oficiales de Estados Unidos dicen que cada 15 segundos hay una mujer que sufre malos t ratos, y que 700.000 mujeres son violadas al año. En la India, unos estudios han concluido que más del 40 por ciento de las mujeres casadas dicen haber sufrido patadas, bofetones o abusos sexuales por el descontento de su esposo con la comida o la limpieza, por celos, y diversos motivos más.v En Kenia, al menos 60 mujeres perdieron la vida debido a la vio lencia doméstica entre 1998 y 1999, y el 35 por cie nto de las mujeres de Egipto afirman haber sufrido palizas a manos de sus esposos.vi Para millones de mujeres, el hogar no es un refugio, sino un lugar de terror.

La violencia doméstica es una violación del derecho de la mujer a la integridad física. A veces dura años y aumenta con el tiempo. Puede causar problemas graves de salud a largo plazo, más allá de las lesiones inmediatas; las consecuencias físicas y psicológicas parecen ser acumulativas y pueden persistir incluso cuando la violencia ha cesado. La violencia en el hogar intimida, degrada y humilla, y destruye la autoestima. […]

En la India, la ley aplicable a las pruebas en los casos de violación establece que «cuando un hombre es enjuiciado por violación o intento de violación, podrá mostrar que la denunciante tenía una reputación general de inmoralidad».xi Sin embargo, podrá no tenerse en cuenta la reputación del acusado.xii Esta disposición hace casi imposible que las mujeres que ejercen la prostitución obtengan resarcimiento por una violación. Además, la ley india no exige que la policía remita a las mujeres que denuncian una violación a ser sometidas a un reconocimiento médico inmediato, por lo que a menudo se pierden pruebas médicas.

En Pakistán existen obstáculos legal es específicos para denunciar abusos sexuales. La ley relativa a la violación está formulada de tal forma que si la víctima no prueba la ausencia de consentimiento, podría ser acusada a su vez de zina (fornicación), delito castigado con la muerte por lapidación o la flagelación pública. Las organizaciones de mujeres luchan, infructuosamente por el momento, para que se modifique la ley, a fin de que las mujeres violadas puedan denunciar el delito sin correr peligro. En estas circunstancias, Amnistía Internacional considera que el gobierno es cómplice de la tortura que se inflige a las mujeres. […]

Las restricciones a la libertad de circulación, a las iniciativas y a los derechos legales de la mujer pueden obstaculizar aún más el acceso a la justicia de las víctimas de la violencia.

En Arabia Saudí, las mujeres que salen de su casa para pedir ayuda a la policía corren el riesgo de ser detenidas por estar en un lugar público sin ir acompañadas de un familiar varón, como un hermano o un tío, y por lo general son devueltas a la misma situación de la que tratan de huir. En Pakistán, las mujeres del medio rural casi no saben cómo desenvolverse en el mundo exterior, más allá de las tierras de la familia, no tienen acceso al dinero y suscitarían sospechas al instante si caminaran fuera de su pueblo o tomaran un autobús.

En algunos países, las mujeres no pueden acudir personalmente a los tribunales: sus familiares varones se ocupan de representar sus intereses. Por ejemplo, en Arabia Saudí se considera vergonzoso que una mujer comparezca ante un tribunal para reclamar sus derechos.

Extractos de la Declaración de Amnistía Internacional, 6 de marzo de 2002

#amnistia-internacional, #violencia-de-genero

Los pobres también necesitan medicamentos

Medicinas caras en un mundo injusto

Las enfermedades infecciosas se cobran la vida de 14 millones de personas cada año, de las que más del 90% viven en países en vías de desarrollo. En África, Asia, y América Latina –zonas del planeta donde viven las cuatro quintas partes de la población– las principales causas de enferme dad y muerte son el sida, infecciones respiratorias, malaria y tuberculosis.

La magnitud de una pandemia como la del sida ha evidenciado que millones de personas en los países no desarrollados no tienen acceso a los medicamentos que necesitan para tratar las enfermedades o afecciones que padecen. En estos países mueren diariamente 8.000 personas víctimas del sida. Las razones que explican esta falta de acceso a medicamentos esenciales son muchas, pero una de las principales se debe a los elevados precios de los fármacos, lo que supone una barrera infranqueable para conseguirlos. Y es que un gran número de medicamentos vitales para la supervivencia de millones de personas resultan demasiado caros para la mayo ría de los habitantes de los países pobres.

Otro problema importante es la escasa inversión en investigación y desarrollo sobre las necesidades sanitarias de estos países. El 80% de la humanidad asentada en estos dispone de menos del 20% del mercado farmacéutico global. El descubrimiento y el desarrollo de medicamentos para tratar enfermedades parasitarias e infecciosas en los países pobres se han detenido casi por completo. De los 1.393 nuevos fármacos comercializa dos entre 1975 y 1999, menos del 1% iba destinado al tratamiento de enfermedades tropicales.

Además, se teme que el acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (Adpic) eleve el precio de estos medicamentos. El incremento de la protección de la propiedad intelectual no supone un aumento en la investigación de medicamentos para enfermedades tropicales, y sin embargo, a menudo, los prohibitivos precios de algunos medicamentos son el resultado de una fuerte protección de la propiedad intelectual.

Cuando los gobiernos de los países pobres intentan rebajar el precio de los medicamentos se ven presiona dos por los países industrializados y la industria farmacéutica multinacional. Otros factores que también influyen en la disponibilidad de medicamentos son los problemas del suministro y almacenamiento, la baja calidad de los fármacos o una selección irracional de estos, así como las prescripciones innecesarias y la utilización errónea de los medicamentos prescritos.

Las industrias farmacéuticas multinacionales y los gobiernos del Primer Mundo deberían atender a las necesidades de toda la población y no sólo a las de aquellos que tienen poder adquisitivo. Queda mucho por hacer. El Foro Social Mundial de Porto Alegre es una buena ocasión para que las ONG, las asociaciones de lucha contra el sida y otros grupos de presión trabajemos unidos por el derecho a la salud.

MICHEL LOTROWSKA: Los pobres también necesitan medicamentos, La Vanguadia, 3 de febrero de 2002, p. 6

#salud

Hacia la igualdad entre hombre y mujer

El adelanto de la mujer y el logro de la igualdad entre la mujer y el hombre son una cuestión de derechos humanos y una condición para la justicia social y no deben encararse aisladamente como un problema de la mujer. Únicamente después de alcanzados esos objetivos se podrá instaurar una sociedad viable, justa y desarrollada. La potenciación del papel de la mujer y la igualdad entre la mujer y el hombre son condiciones indispensables para lograr la seguridad política, social, económica, cultural y ecológica entre todos los pueblos.

La mayoría de los objetivos establecidos en las Estrategias de Nairobi orientadas hacia el futuro para el adelanto de la mujer no se han alcanzado. Siguen existiendo barreras que se oponen a la potenciación de la mujer, pese a los esfuerzos de gobiernos, organizaciones no gubernamentales y mujeres y hombres de todas partes. Persisten en muchas partes del mundo vastas crisis políticas, económicas y ecológicas. Entre ellas cabe señalar las guerras de agresión, los conflictos armados, la dominación colonial y otras formas de dominación u ocupación extranjeras, las guerras civiles y el terrorismo. Estas situaciones, unidas a la discriminación sistemática o de hecho, a las violaciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todas las mujeres y sus derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales, inclusive el derecho al desarrollo, y al hecho de que no se protejan esos derechos y libertades, y los arraigados prejuicios respecto de las mujeres y las jóvenes son apenas algunos de los obstáculos con que se ha tropezado desde la celebración en 1985 de la Conferencia Mundial para el Examen y la Evaluación de los Logros del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer: Igualdad, Desarrollo y Paz.

Al examinar los progresos alcanzados desde la Conferencia de Nairobi se ponen de manifiesto preocupaciones especiales, esferas que requieren medidas especialmente urgentes y que se destacan como prioridades para la acción. Todas las partes que trabajan para el adelanto de la mujer deben centrar la atención y los recursos en los objetivos estratégicos de las esferas de especial preocupación que, necesariamente, están relacionadas entre sí, son independientes y tienen igual prioridad. Es necesario que esas partes elaboren y apliquen mecanismos para determinar la responsabilidad en todas esas esferas.

Para lograr este fin, se exhorta a los gobiernos, a la comunidad internacional y a la sociedad civil, inclusive las organizaciones no gubernamentales y el sector privado, a que adopten medidas estratégicas en las siguientes esferas decisivas de especial preocupación:

– Persistente y creciente carga de la pobreza que afecta a la mujer

– Disparidades e insuficiencias y desigualdad de acceso en materia de educación y capacitación

– Disparidades e insuficiencias y desigualdad de acceso en materia de atención de la salud y servicios conexos

– Violencia contra la mujer

– Consecuencias de los conflictos armados y de otro tipo en las mujeres, incluidas las que viven bajo ocupación extranjera

– Desigualdad en las estructuras y políticas económicas, en todas las formas de actividades productivas y en el acceso a los recursos

– Desigualdad entre la mujer y el hombre en el ejercicio del poder y en la adopción de decisiones a todos los niveles

– Falta de mecanismos suficientes a todos los niveles para promover el adelanto de la mujer

– Falta de respeto y promoción y protección insuficientes de los derechos humanos de la mujer

– Estereotipos sobre la mujer y desigualdad de acceso y participación de la mujer en todos los sistemas de comunicación, especialmente en los medios de difusión

– Desigualdades basadas en el género en la gestión de los recursos naturales y la protección del medio ambiente

– Persistencia de la discriminación contra la niña y violación de sus derechos

Informe de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, Beijing, 4 a 15 de septiembre de 1995 (Nueva York, 1996), pp. 22-23

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Manifiesto de “Estudiantes por una Sociedad Democrática”, 1965

Cartel revolucionario juvenil firmado por la SDS

En nombre de la libertad, EE.UU. mutila a Vietnam. En nombre de la paz, EE.UU. transforma ese país fértil en un país desolado. En nombre de la democracia, EE.UU. entierra sus propios sueños y ahoga su propio potencial.

Los norteamericanos que pueden comprender porque los negros de Watts (barrio de Los Ángeles) pueden rebelarse deberían comprender también porque los vietnamitas pueden rebelarse. Y los que conocen el sur de EE.UU. y la pobreza opresiva de nuestras ciudades del norte deberían comprender que nuestros verdaderos problemas no se encuentran en Vietnam sino en nuestro país, que la lucha que nosotros buscamos no es contra el comunismo sino contra la desesperanza social que hace que los hombres buenos se hagan violentos, aquí y en el extranjero (…)

Manifiesto de “Estudiantes por una Sociedad Democrática” (Students for a Democratic Society), 27 de noviembre de 1965

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