¿Qué es el Tercer Estado?

El abate Emmanuel-Joseph Sieyès (1748-1836), , por Jacques-Louis David

“El plan de este escrito es bastante simple. Tenemos que plantearnos tres cuestiones:

1.a ¿Qué es el Tercer estado? Todo.

2.a ¿Qué ha sido hasta ahora en el orden político? Nada.

3.a ¿Qué pide? Llegar a ser algo.

Se verá que las respuestas son justas, Examinaremos después los medios que se han intentado y los que deben emprenderse, a fin de que el Tercer estado llegue a ser, en efecto, algo. Así diremos:

1.° Lo que los ministros han intentado y lo que los privilegiados proponen en su favor.

2.° Lo que hubiera debido hacerse.

3.° En fin, lo que resta por hacer al Tercer estado para ocupar el puesto que le es debido.

¿Qué es necesario para que una nación subsista y prospere? Trabajos particulares y funciones públicas.

Todos los trabajos particulares pueden reducirse a cuatro clases: 1. como la tierra y el agua suministran la materia prima de las necesidades del hombre, la primera clase en el orden de las ideas será la de todas las familias aplicadas a los trabajos del campo. 2. Desde la primera venta de las materias hasta llegar a su consumo o uso, una nueva mano de obra, más o menos multiplicada, añade a estas materias un segundo valor más o menos compuesto. La industria humana alcanza así a perfeccionar los beneficios de la naturaleza, y el producto bruto a doblar, decuplicar, centuplicar su valor. Tales son los trabajos de la segunda clase. 3. Entre la producción y el consumo, así como entre los diferentes grados de la producción, se establece una multitud de agentes intermediarios, útiles tanto a los productores como a los consumidores; son los comerciantes y los negociantes. Los negociantes, que comparan sin cesar las necesidades de los lugares y de los tiempos, especulan sobre el provecho de la guarda y del transporte; los comerciantes se encargan en último término del despacho, sea al por mayor, sea al por menor. Este género de utilidad designa a la tercera clase. 4. Además de esas tres clases de ciudadanos laboriosos y útiles que se ocupan del objeto propio del consumo y del uso, se necesitan todavía en una sociedad multitud de trabajos particulares y de cuidados directamente útiles o agradables a la persona. Esta cuarta clase abarca desde las profesiones científicas y liberales más distinguidas hasta los servicios domésticos menos estimados. Tales son las obras que sostienen a la sociedad. ¿Sobre quién recaen? Sobre el Tercer estado. […]

Basta aquí con haber hecho sentir que la pretendida utilidad de un orden privilegiado para el servicio público no es más que una quimera; que sin él, todo lo que hay de penoso en ese servicio es desempeñado por el Tercero; que sin él, las plazas superiores serían infinitamente mejor desempeñadas; que deberían ser naturalmente el lote y la recompensa de los talentos y de los servicios reconocidos; y que si los privilegiados han llegado a usurpar todos los puestos lucrativos y honoríficos, es al mismo tiempo una iniquidad odiosa para la generalidad de los ciudadanos y una traición para la cosa pública. ¿Quién osaría, pues, decir que el Tercer estado no tiene en sí todo lo necesario para formar una nación completa? Es el hombre fuerte y robusto, uno de cuyos brazos está todavía encadenado. Si se suprimiera el orden privilegiado, la nación no sería menos en nada, sino algo más. Así, ¿qué es el Tercero? Todo, pero un todo trabado y oprimido. ¿Qué sería sin el orden privilegiado? Todo, pero un todo libre y floreciente. Nada puede marchar sin él, y todo iría infinitamente mejor sin los otros. No basta haber mostrado que los privilegiados, lejos de ser útiles a la nación, no pueden sino debilitarla y dañarla; hay que probar ahora que el orden noble no entra en la organización social; que podrá ser una carga para la nación, pero que no forma parte de ella. […]

Los estados privilegiados marcan su poder sobre el pueblo.

¿Qué es una nación? Un cuerpo de asociados que viven bajo una ley común y representados por la misma legislatura. ¿No es muy cierto que el orden noble tiene privilegios, dispensas, aun derechos separados de los derechos del gran cuerpo de los ciudadanos? Sale por eso del orden común, de la ley común. Así, sus derechos civiles hacen de él ya un pueblo aparte en la gran nación. Es realmente imperium in imperio.

Respecto de sus derechos políticos, también los ejerce aparte. Tiene sus representantes propios, que para nada se han encargado de la procuración de los pueblos. El cuerpo de sus diputados se reúne aparte; y aun cuando se reuniera en una misma sala con los diputados de los simples ciudadanos, no sería menos cierto que su representación es esencialmente distinta y separada: es extraño a la nación por su principio, puesto que su misión no viene del pueblo, y por su objeto, puesto que consiste en defender no el interés general, sino el interés particular.

El Tercero abraza, pues, todo lo que pertenece a la nación; y todo lo que no es el Tercero no puede ser mirado como de la nación. ¿Qué es el Tercero? Todo.

Página inicial, en francés, de este panfleto revolucionario. Enero de 1789

[…] Hay que entender por el Tercer estado el conjunto de los ciudadanos que pertenecen al orden común. Todo lo que es privilegiado por la ley, de cualquier manera que sea, sale del orden común, constituye una excepción a la ley común y, por consiguiente, no pertenece al Tercer estado. Ya lo hemos dicho: una ley común y una representación común es lo que hace una nación. No es sino demasiado cierto que no se es nada en Francia cuando no se tiene para sí más que la protección de la ley común; si no se puede invocar ningún privilegio hay que resolverse a soportar el desprecio, la injuria y vejaciones de toda especie. Para evitar ser aplastado por completo no le queda al desdichado no privilegiado otro recurso que agregarse mediante toda clase de bajezas a un grande; a este solo precio compra la facultad de poder, llegado el momento, invocar a alguien.

Pero vamos a considerar aquí el orden del Tercer estado menos en su estado civil que en sus relaciones con la Constitución. Veamos lo que él es en los Estados generales.

¿Quiénes han sido sus pretendidos representantes? Ennoblecidos o privilegiados a plazo. Y ni siquiera esos falsos diputados han sido obra de la libre elección de los pueblos. Algunas veces en los Estados generales, y casi generalmente en los Estados provinciales, la representación del pueblo es considerada como un derecho de ciertos cargos u oficios.

La antigua nobleza no puede soportar a los nuevos nobles; no les permite reunirse con ella en sesión sino cuando pueden probar, según se dice, cuatro generaciones y cien años. Así, los rechaza al orden del Tercer estado, al que con toda evidencia han dejado de pertenecer. Sin embargo, a los ojos de la ley todos los nobles son iguales, tanto el de ayer como el que consigue bien o mal ocultar su origen o su usurpación. Todos tienen los mismos privilegios. Solo la opinión los distingue. Pero si el Tercer estado está obligado a soportar un prejuicio consagrado por la ley, no hay razón para que se someta a un prejuicio contra el texto de la ley.

Que hagan todos los nuevos nobles que quieran; es seguro que desde el instante en que un ciudadano adquiere privilegios contrarios al derecho común, ya no es del orden común. Su nuevo interés es opuesto al interés general; es inhábil para votar por el pueblo.

Este principio incontestable descarta de manera semejante de la representación del orden del Tercero a los simples privilegiados a plazo. Su interés es también más o menos enemigo del interés común, y aun cuando la opinión los coloque en el Tercer estado y la ley permanezca muda a su respecto, la naturaleza de las cosas, más fuerte que la opinión y la ley, los coloca indiscutiblemente fuera del orden común. […]

No se pueden apreciar las verdaderas peticiones del Tercer Estado más que por las reclamaciones auténticas
que las grandes municipalidades del reino han dirigido al gobierno. ¿Qué se ve en ellas? Que el pueblo quiere llegar a ser algo, aunque sólo sea el mínimo. Quiere tener verdaderos representantes en los Estados
Generales, es decir, diputados sacados de su clase, que sean aptos para ser los intérpretes de sus deseos y los
defensores de sus intereses. Pero, ¿de qué le serviría asistir a los Estados Generales, si allí predomina un
interés contrario al suyo? No haría más que consagrar con su presencia la opresión de que es eterna víctima.
Así, el Tercer Estado está bien seguro de que no puede venir a votar en los Estados Generales si no tiene en
ellos una influencia al menos igual a la de los privilegiados, y pide un número de representantes al menos igual a la de las otras dos clases juntas. En fin, esta igualdad de representación llegaría a ser perfectamente
ilusoria si cada cámara tuviese su voto separado. El Tercer Estado pide, pues, que los votos sean por cabeza
yno por clase. He aquí a lo que se reducen sus reclamaciones, que han llenado de alarma a los prívilegiados, porque han creído que por eso sólo se haría indispensable la reforma de los abusos. La verdadera intención del Tercer Estado es tener en los Estados Generales una influencia igual a la de los privilegiados. ¿Puede pedirse, repito, menos? ¿No está claro que, si su influencia está muy por bajo de la igualdad, no puede esperarse que
salga de su nulidad política y llegue a ser algo? […]

SIEYES, Emmanuel. J.: ¿Qué es el Estado llano?, Enero de 1789.

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Plan de la Independencia de México

Duque Bersain: Retrato de Agustín de Iturbide

Duque Bersain: Retrato de Agustín de Iturbide

«Americanos bajo cuyo nombre comprendo no sólo a los nacidos en América, sino a los europeos, africanos y asiáticos que en ella residen: tened la bondad de oírme. Las naciones que se llaman grandes en la extensión del globo, fueron dominadas por otras; y hasta que sus luces no les permitieron fijar su propia opinión, no se emanciparon. Las europeas, que llegaron a la mayor ilustración y policía, fueron esclavas de la Romana, y este Imperio, el mayor que reconoce la historia, asemejó al padre de familias que en su ancianidad mira separarse de su casa a los hijos y los nietos por estar ya en edad de formar otras, y fijarse por sí, conservándole todo el respeto, veneración y amor, como a su primitivo origen.

Trescientos años hace la América septentrional de estar bajo la tutela de la nación más católica y piadosa, heroica y magnánima. La España la educó y engrandeció, formando esas ciudades opulentas, esos pueblos hermosos, esas provincias y reinos dilatados, que en la historia del universo van a ocupar lugar muy distinguido. Aumentadas la población y las luces conocidos todos los ramos de la natural opulencia del suelo; su riqueza metálica, las ventajas de su situación topográfica; los daños que origina la distancia del centro de su unidad, y que ya la rama es casi igual al tronco; la opinión pública, y la general de todos los pueblos es la de la Independencia absoluta de la España, y de toda otra nación. Así piensa el europeo, y así los americanos de todo origen.

Esta misma voz que resonó en el pueblo de los Dolores el año de 1810, y que tantas desgracias originó al bello país de las delicias, por el desorden, el abandono y otra multitud de vicios, fijó también la opinión pública de que la unión general entre europeos y americanos, indios e indígenas es la única base sólida en que puede descansar nuestra común felicidad. ¿Y quien pondrá duda en que después de la experiencia horrorosa de tantos desastres no haya uno siquiera que deje de presentarse a la unión para conseguir tanto bien? Españoles europeos: vuestra patria es la América, porque en ella vivís; en ella tenéis a vuestras amadas mujeres, a vuestros tiernos hijos, vuestras haciendas, comercio y bienes. Americanos: ¿quién de vosotros puede decir que no desciende de español? Ved la cadena dulcísima que nos une: añadid los otros lazos de la amistad, la dependencia de intereses, la educación e idioma, y la conformidad de sentimientos, y veréis son tan estrechos y tan poderosos que la felicidad común del reino es necesario la hagan todos, reunidos en una sola opinión, y en una sola voz.

Es llegado el momento en que manifestéis la uniformidad de sentimientos, y que nuestra unión sea la mano poderosa que emancipe a la América sin necesidad de auxilios extraños. A la frente de un ejército valiente y resuelto, he proclamado la Independencia de la América septentrional. Es ya libre; es ya señora de sí misma, ya no reconoce, ni depende de la España, ni de otra nación alguna. Saludadla todos como Independiente, y sean nuestros corazones bizarros los que sostengan esta dulce voz, unidos con las tropas que han resuelto morir antes que separarse de tan heroica empresa.

Reproducción del texto del Plan de Iguala, tal como aparecen en el Archivo General de la Nación. México

No le anima otro deseo al ejército que el conservar pura la santa religión que profesamos, y hacer la felicidad general. Oíd, escuchad las bases sólidas en que funda su resolución.

1º La religión de la Nueva España es y será la católica, apostólica romana, sin tolerancia de otra alguna.

2º La Nueva España es Independiente de la antigua y de toda otra potencia, aun de nuestro Continente.

3º Su gobierno será Monarquía moderada, con arreglo a la Constitución peculiar y adaptable del reino.

4º Será su Emperador el Sr. D. Fernando Séptimo, y no presentándose personalmente en México dentro del término que las Cortes señalaren a prestar el juramento, serán llamados en su caso, el serenísimo Sr. Infante D. Carlos, el Sr. D. Francisco de Paula, el Archiduque Carlos u otro individuo de Casa reinante, que estime más conveniente el Congreso.

5º Ínterin las Cortes se reúnen, habrá una Junta que tendrá por objeto tal reunión, y hacer que se cumpla con el plan en toda su extensión.

6º Dicha Junta, que se denominará gubernativa, debe componerse de los vocales de que habla la carta oficial del Excmo. Sr. Virrey.

7º Ínterin el Sr. D. Fernando Séptimo se presenta en México y hace el juramento, gobernará la Junta, o la Regencia, a nombre de S. M. en virtud del juramento de fidelidad que le tiene prestado la Nación; sin embargo de que se suspenderán todas las órdenes que diere ínterin no haya prestado dicho juramento.

8º Si el Sr. D. Fernando Séptimo no se dignare venir a México, ínterin se resuelve el Emperador que deba coronarse, la Junta o la Regencia mandará en nombre de la Nación.

9º Este gobierno será sostenido por el ejército de las tres garantías, de que se hablará después.

10º Las Cortes resolverán la continuación de la Junta, o si debe substituirla una Regencia, ínterin llega la persona que deba coronarse.

11º Las cortes establecerán en seguida la Constitución del Imperio Mexicano.

12º Todos los habitantes de la Nueva España, sin distinción alguna de europeos, africanos, ni indios son ciudadanos de esta Monarquía con opción a todo empleo, según su mérito y virtudes.

13º Las personas de todo ciudadano, y sus propiedades, serán respetadas y protegidas por el gobierno.

14º El clero secular y regular será conservado en todos sus fueros y preeminencias.

15º La Junta cuidará de que todos los ramos del estado queden sin alteración alguna, y todos los empleados políticos, eclesiásticos, civiles y militares en el estado mismo en que existen en el día. Sólo serán removidos los que manifiesten no entrar en el plan, substituyendo en su lugar los que más se distingan en adhesión, virtud y mérito.

16º Se formará un ejército protector que se denominará de las tres garantías, porque bajo su protección tomará lo primero, la conservación de la Religión católica, apostólica, romana, cooperando de todos los modos que estén a su alcance para que no haya mezcla alguna de otra secta, y se ataquen oportunamente los enemigos que puedan dañarla: lo segundo, la independencia bajo el sistema manifestado: lo tercero, la unión íntima de americanos y europeos, pues garantiendo bases tan fundamentales de la felicidad de Nueva España, antes que consentir la infracción de ellas se sacrificará dando la vida del primero al último de sus individuos.

17º Las tropas del ejército observarán la más exacta disciplina a la letra de las ordenanzas, y los jefes y oficialidad continuarán bajo el pié en que están hoy: es decir, en sus respectivas clases, con opción a los empleos vacantes, y que vacaren por los que no quisieren seguir sus banderas, o cualquiera otra causa, y con opción a los que se consideren de necesidad o conveniencia.

18º Las tropas de dicho ejército se considerarán como de línea.

19º Lo mismo sucederá con las que sigan luego este plan. Las que lo difieran; las del anterior sistema de la independencia, que se unan inmediatamente a dicho ejército; y los paisanos que intenten alistarse, se considerarán como tropas de milicia nacional, y la forma de todas para la seguridad interior y exterior del reino, la dictarán las Cortes.

20º Los empleos se concederán al verdadero mérito, a virtud de informe de los respectivos jefes, y en nombre de la nación provisionalmente.

21º Ínterin las Cortes se establecen, se procederá en los delitos con total arreglo a la Constitución española.

22º En el de conspiración contra la independencia se procederá a prisión sin pasar a otra cosa hasta que las Cortes decidan la pena al mayor de los delitos, después del de lesa Majestad divina.

23º Se vigilará sobre los que intenten fomentar la desunión y se reputan como conspiradores contra la independencia.

24º Como las Cortes que van a instalarse han de ser constituyentes, se hace necesario que reciban los diputados los poderes bastantes para el efecto; y como a mayor abundamiento, es de mucha importancia que los electores sepan que sus representantes han de ser para el Congreso de México, y no de Madrid, la Junta prescribirá las reglas justas para las elecciones, y señalará el tiempo necesario para ellas y para la apertura del Congreso. Ya que no puedan verificarse en marzo, se estrechará cuanto sea posible el término.= Iguala 24 de febrero de 1821.

Americanos: he aquí el establecimiento y la creación de un nuevo imperio. He aquí lo que ha jurado el ejército de las tres garantías, cuya voz lleva el que tiene el honor de dirigírosla. He aquí el objeto para cuya cooperación os invita. No se os pide otra cosa que la que vosotros mismos debéis pedir y apetecer. Unión, fraternidad, orden, quietud interior, vigilancia y horror a cualquiera movimiento turbulento. Estos guerreros no quieren otra cosa que la felicidad común. Uníos con su valor para llevar adelante una empresa que por todos aspectos (si no es por la pequeña parte que en ella he tenido) debo llamar heroica. No teniendo enemigos que batir, confiemos en el Dios de los ejércitos, que lo es también de la paz, que cuantos componemos este cuerpo de fuerzas combinadas de europeos y americanos, de disidentes y realistas seremos unos meros protectores, unos simples espectadores de la obra grande, que hoy ha trazado y que retocarán y perfeccionarán los Padres de la patria. Asombrad a las naciones de la culta Europa: vean que la América septentrional se emancipó sin derramar una sola gota de sangre. En el transporte de vuestro júbilo decid: viva la Religión santa que profesamos: viva la América septentrional independiente de todas las naciones del globo: viva la Unión que hizo nuestra felicidad.= Iguala 24 de febrero de 1821.= Agustín de Itúrbide.

Lista de los señores que deben componer la Junta Gubernativa, propuesta en el preinserto plan.

Presidente.

Conde del Venadito

Vice-Presidente.

D. Miguel de Bataller, Regente de la Audiencia de México.
Dr. D. Miguel Guridi y Alcocér, Cura de la Parroquia del Sagrario.
Conde de la Cortina, Prior del Tribunal del Consulado.
D. Juan Bautista Lobo, Diputado provincial por Veracruz.
P. Dr. D. Matías Monteagudo, Prepósito del Oratorio de S. Felipe Neri, y Canónigo de la santa Iglesia Metropolitana.
D. Isidro Yañez, Oidor de dicha Audiencia.
D. José María Fagoaga, Oidor honorario.
D. Juan Espinosa de los Monteros, Agente Fiscal de lo civil.
Lic. D. Juan Francisco Azcárate, Síndico segundo del Ayuntamiento constitucional de México.
Dr. D. Rafael Suárez Pereda. Juez de letras.

Suplentes.

D. Francisco Sánchez de Tagle, Regidor constitucional.
D. Ramón Osés, Oidor.
D. Juan José Pastor Morales, Diputado provincial por Valladolid.

Nota. Si por enfermedad u otra causa faltase alguno de los sres. vocales nombrados en primer lugar, sea americano o europeo, se substituirá por los suplentes por el mismo orden en que se hallan.= Otra. La Junta misma nombrará dos secretarios, ya sea de los mismos individuos que la compongan, ya de los suplentes u otros de fuera, si lo estimasen conveniente, y en ningún caso tendrán voto. Tal vez los dos sres. suplentes nombrados en primer lugar convendrá que desempeñen tal cargo importantísimo.= Iguala 24 de febrero de 1821.= Agustín de Itúrbide

México: 1822. En la Imprenta imperial de Don Alejandro Valdés.

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La abolición del Régimen Feudal, 4 de agosto de 1789

Artículo 1. La Asamblea Nacional suprime enteramente el régimen feudal y decreta que los derechos y deberes, tanto feudales como censales, los que se refieren a la mano muerta real o personal y a la servidumbre personal y los que los representan, son abolidos sin indemnización, y todos los demás declarados redimibles, y que el precio y el modo de la redención serán fijados por la Asamblea Nacional. Aquellos de los dichos derechos que no sean suprimidos por este decreto continuarán, sin embargo, siendo percibidos hasta su reembolso.

Artículo 2. El derecho exclusivo de palomares pequeños y grandes es abolido; las palomas serán encerradas en épocas fijas por las comunidades, y durante ese tiempo serán consideradas como caza y cada uno tendrá el derecho de matarlas s6bre el terreno.

Artículo 3. El derecho de caza y de coto abierto queda de igual forma abolido; y todo propietario tendrá el derecho de destruir y hacer destruir, en sus posesiones exclusivamente, toda clase de caza, salvo en lo que se refiera a las leyes de policía que pudieran ser hechas relativas a la seguridad pública. Todas las capitanías, incluso reales, y todas las reservas de caza, bajo cualquier denominación que sea, son igualmente abolidas, y se proveerá por los medios compatibles, con el respeto debido a los propietarios y a la libertad, la conservación de los placeres personales del Rey. El Sr. Presidente será el encargado de pedir al Rey la vuelta de los galeotes y de los proscritos por simple hecho de caza, la liberación de los prisioneros actualmente detenidos y la abolición de los procedimientos existentes a este respecto.

Artículo 4. Todas las justicias señoriales son suprimidas sin ninguna indemnización; pero, sin embargo, los oficiales de estas justicias continuarán sus funciones hasta que sea provisto; por la Asamblea Nacional el establecimiento de un nuevo orden judicial.

Artículo 5. Los diezmos de cualquier tipo y los censos a que dieren lugar bajo cualquier denominación con que sean conocidas y percibidas, incluso por abono, poseídos por los cuerpos regulares y seculares como sus beneficiarios, los edificios y todo tipo de manos muertas, incluso de la orden de Malta y otras órdenes religiosas y militares, incluso las que hubiesen sido abandonadas a los laicos en reemplazo y por opción de porción congrua, serán abolidos. cuando se encuentren los medios de auxiliar de otra manera al gasto del culto divino, al mantenimiento de los ministros del altar, al consuelo de los pobres, a las reparaciones y reconstrucciones de iglesias y presbiterios y a todos los demás establecimientos, seminarios, escuelas, colegios, hospitales, comunidades y demás al mantenimiento de las cuales están actualmente asignadas [ … ].

Artículo 6. Todas las rentas raíces perpetuas, sea en especie, sea en dinero, de cualquier clase que sean, cualquiera que sea su origen, a cualesquiera personas a que sean debidas, gentes de manos muertas, dominios dotados, orden de Malta, serán redimibles; las siembras de cualquier tipo y bajo cualquier denominación lo serán igualmente cuando la tasa sea fijada por la Asamblea. Se prohibe en el futuro crear ningún censo no redimible.

Artículo 7. La venalidad de los oficios de la judicatura y de la municipalidad quedan suprimidos desde este instante. La justicia se volverá gratuita; y, sin embargo, los oficiales provistos de estos oficios continuarán ejerciendo sus funciones y recibiendo sus emolumentos hasta que se hayan provisto por la Asamblea los medios de procurar su reembolso.

Artículo 8. Los derechos fortuitos de los curas rurales quedan suprimidos, y cesarán de ser pagados tan pronto como se haya previsto al aumento de las porciones congruas y a la pensión de los vicarios; se hará un reglamento para fijar la suerte de los curas de las ciudades.

Artículo 9. Los privilegios pecuniarios personales o reales en materia de subsidios son abolidos vara siempre. La percepción se hará sobre todos los ciudadanos y sobre todos los bienes, de igual manera y en la misma forma […]

Artículo 11. Todos los ciudadanos, sin distinción de nacimiento, podrán ser admitidos a todos los empleos y dignidades eclesiásticas, civiles y militares. y ninguna profesión útil reportará deshonra.

Alejandro Fernández Durán

1ºde Bachillerato “D´´

La Unión aduanera en Alemania

S. M. el Rey de Prusia, S. A. el Príncipe electoral y coregente de Hesse-Cassel y S.A.R. el Gran Duque de Hesse-Darmstadt, de una parte, y S. M. el Rey de Baviera y S. M. el Rey de Wurtemberg, de otra, de acuerdo en su deseo de favorecer la libertad de comercio y las relaciones comerciales entre sus Estados, y toda Alemania en general …han abierto negociaciones para las cuales han dado plenos poderes.

Por estos plenipotenciarios, la Convención ha llegado a las conclusiones siguientes, bajo reserva de ratificación:

  • 1. Las uniones de aduanas, existentes actualmente entre los Estados nombrados más arriba, formarán en el futuro una unión general, ligada por un sistema común de aduanas y que abarcará a todos los Estados aquí comprendidos.
  • 2. En los territorios de los Estados contratantes serán establecidas leyes uniformes sobre los derechos de entrada, de salida y de tránsito, salvo las modificaciones que, sin perjudicar al fin común resulten necesariamente ya de la legislación particular que rige cada Estado contratante, ya de intereses locales.
  • 4. En los territorios de los Estados contratantes serán establecidas leyes uniformes sobre los derechos de entrada, de salida y de tránsito, salvo las modificaciones que, sin perjudicar al fin común, resulten ya necesariamente de la legislación particular que rige cada Estado contratante, ya de intereses locales.
  • 14. Los gobiernos contratantes convienen en unir sus esfuerzos para introducir en sus Estados un sistema uniforme de monedas, pesas y medidas .Desde el presente, las monedas de oro y de plata de todos los Estados contratantes, con excepción de la pequeña moneda, serán recibidas en todas las oficinas de percepción de la asociación y serán publicadas a este efecto tablas de evaluación.
  • 18. Desde la fecha de la puesta en vigor del presente contrato, los individuos de uno de los Estados contratantes que hagan el comercio o busquen trabajo en el territorio de otro de estos Estados, no estarán sujetos a ningún impuesto que no pese igualmente sobre el originario del propio Estado que se encuentre en el mismo caso.
  • 19. Los puertos de mar prusianos estarán abiertos al comercio de los individuos de todos los Estados de la unión mediante el pago de derechos total-mente iguales a los que pagan los propios prusianos.
  • 33. Habrá todos los años, en los primeros días de Junio, una asamblea de plenipotenciarios de los gobiernos de la unión encargados de deliberar en común, y cada Estado podrá enviar un apoderado.
  • 35. Si en el curso del año, fuera del tiempo de la reunión de los plenipotenciarios, sobrevinieran sucesos extraordinarios que hiciesen necesarias medidas y disposiciones rápidas por parte de los Estados de la unión, las partes con-tratantes se concertarán a este respecto por la vía diplomática o provocarán una asamblea extraordinaria de sus plenipotenciarios.
  • 38. En el caso de que otros Estados alemanes manifestaran el deseo de ser recibidos en la unión formada por el presente tratado, las altas partes contratantes se declaran prestas a acceder a este deseo por tratados especiales, en tanto, sin embargo, que este acceso se conciliara con los intereses particulares de los miembros de la unión.
  • 41. El término de este tratado, que será puesto en ejecución en 1 de enero de 1834, se fija provisionalmente en 1 de enero de 1842.

Si no es denunciado durante este lapso de tiempo, y lo más tarde dos años antes de su expiración, será considerado como prolongado por la duración de doce años, y así en lo sucesivo, de doce en doce años.

FUENTE: El Zollverein, 22 de marzo de 1833, en Archives Diplomatiques, París, 1862, T. IV.

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Proclamación de la Independencia de México

Agustín de Itúrbide (Valladolid, México, 27 de septiembre de 1783 - Padilla, Tamaulipas, 19 de julio de 1824)

“Americanos bajo cuyo nombre comprendo no sólo a los nacidos en América, sino a los europeos, africanos y asiáticos que en ella residen: tened la bondad de oírme. Las naciones que se llaman grandes en la extensión del globo, fueron dominadas por otras; y hasta que sus luces no les permitieron fijar su propia opinión, no se emanciparon. Las europeas, que llegaron a la mayor ilustración y policía, fueron esclavas de la Romana, y este Imperio, el mayor que reconoce la historia, asemejó al padre de familias que en su ancianidad mira separarse de su casa a los hijos y los nietos por estar ya en edad de formar otras, y fijarse por sí, conservándole todo el respeto, veneración y amor, como a su primitivo origen.

Trescientos años hace la América septentrional de estar bajo la tutela de la nación más católica y piadosa, heroica y magnánima. La España la educó y engrandeció, formando esas ciudades opulentas, esos pueblos hermosos, esas provincias y reinos dilatados, que en la historia del universo van a ocupar lugar muy distinguido. Aumentadas la población y las luces conocidos todos los ramos de la natural opulencia del suelo; su riqueza metálica, las ventajas de su situación topográfica; los daños que origina la distancia del centro de su unidad, y que ya la rama es casi igual al tronco; la opinión pública, y la general de todos los pueblos es la de la Independencia absoluta de la España, y de toda otra nación. Así piensa el europeo, y así los americanos de todo origen.

Esta misma voz que resonó en el pueblo de los Dolores el año de 1810, y que tantas desgracias originó al bello país de las delicias, por el desorden, el abandono y otra multitud de vicios, fijó también la opinión pública de que la unión general entre europeos y americanos, indios e indígenas es la única base sólida en que puede descansar nuestra común felicidad. ¿Y quien pondrá duda en que después de la experiencia horrorosa de tantos desastres no haya uno siquiera que deje de presentarse a la unión para conseguir tanto bien? Españoles europeos: vuestra patria es la América, porque en ella vivís; en ella tenéis a vuestras amadas mujeres, a vuestros tiernos hijos, vuestras haciendas, comercio y bienes. Americanos: ¿quién de vosotros puede decir que no desciende de español? Ved la cadena dulcísima que nos une: añadid los otros lazos de la amistad, la dependencia de intereses, la educación e idioma, y la conformidad de sentimientos, y veréis son tan estrechos y tan poderosos que la felicidad común del reino es necesario la hagan todos, reunidos en una sola opinión, y en una sola voz.

Es llegado el momento en que manifestéis la uniformidad de sentimientos, y que nuestra unión sea la mano poderosa que emancipe a la América sin necesidad de auxilios extraños. A la frente de un ejército valiente y resuelto, he proclamado la Independencia de la América septentrional. Es ya libre; es ya señora de sí misma, ya no reconoce, ni depende de la España, ni de otra nación alguna. Saludadla todos como Independiente, y sean nuestros corazones bizarros los que sostengan esta dulce voz, unidos con las tropas que han resuelto morir antes que separarse de tan heroica empresa.

No le anima otro deseo al ejército que el conservar pura la santa religión que profesamos, y hacer la felicidad general. Oíd, escuchad las bases sólidas en que funda su resolución.

1º La religión de la Nueva España es y será la católica, apostólica romana, sin tolerancia de otra alguna.

2º La Nueva España es Independiente de la antigua y de toda otra potencia, aun de nuestro Continente.

3º Su gobierno será Monarquía moderada, con arreglo a la Constitución peculiar y adaptable del reino.

4º Será su Emperador el Sr. D. Fernando Séptimo, y no presentándose personalmente en México dentro del término que las Cortes señalaren a prestar el juramento, serán llamados en su caso, el serenísimo Sr. Infante D. Carlos, el Sr. D. Francisco de Paula, el Archiduque Carlos u otro individuo de Casa reinante, que estime más conveniente el Congreso.

5º Ínterin las Cortes se reúnen, habrá una Junta que tendrá por objeto tal reunión, y hacer que se cumpla con el plan en toda su extensión.

6º Dicha Junta, que se denominará gubernativa, debe componerse de los vocales de que habla la carta oficial del Excmo. Sr. Virrey.

7º Ínterin el Sr. D. Fernando Séptimo se presenta en México y hace el juramento, gobernará la Junta, o la Regencia, a nombre de S. M. en virtud del juramento de fidelidad que le tiene prestado la Nación; sin embargo de que se suspenderán todas las órdenes que diere ínterin no haya prestado dicho juramento.

8º Si el Sr. D. Fernando Séptimo no se dignare venir a México, ínterin se resuelve el Emperador que deba coronarse, la Junta o la Regencia mandará en nombre de la Nación.

9º Este gobierno será sostenido por el ejército de las tres garantías, de que se hablará después.

Plan de Iguala, 24 de febrero de 1821

10º Las Cortes resolverán la continuación de la Junta, o si debe substituirla una Regencia, ínterin llega la persona que deba coronarse.

11º Las cortes establecerán en seguida la Constitución del Imperio Mexicano.

12º Todos los habitantes de la Nueva España, sin distinción alguna de europeos, africanos, ni indios son ciudadanos de esta Monarquía con opción a todo empleo, según su mérito y virtudes.

13º Las personas de todo ciudadano, y sus propiedades, serán respetadas y protegidas por el gobierno.

14º El clero secular y regular será conservado en todos sus fueros y preeminencias.

15º La Junta cuidará de que todos los ramos del estado queden sin alteración alguna, y todos los empleados políticos, eclesiásticos, civiles y militares en el estado mismo en que existen en el día. Sólo serán removidos los que manifiesten no entrar en el plan, substituyendo en su lugar los que más se distingan en adhesión, virtud y mérito.

16º Se formará un ejército protector que se denominará de las tres garantías, porque bajo su protección tomará lo primero, la conservación de la Religión católica, apostólica, romana, cooperando de todos los modos que estén a su alcance para que no haya mezcla alguna de otra secta, y se ataquen oportunamente los enemigos que puedan dañarla: lo segundo, la independencia bajo el sistema manifestado: lo tercero, la unión íntima de americanos y europeos, pues garantiendo bases tan fundamentales de la felicidad de Nueva España, antes que consentir la infracción de ellas se sacrificará dando la vida del primero al último de sus individuos.

17º Las tropas del ejército observarán la más exacta disciplina a la letra de las ordenanzas, y los jefes y oficialidad continuarán bajo el pié en que están hoy: es decir, en sus respectivas clases, con opción a los empleos vacantes, y que vacaren por los que no quisieren seguir sus banderas, o cualquiera otra causa, y con opción a los que se consideren de necesidad o conveniencia.

18º Las tropas de dicho ejército se considerarán como de línea.

19º Lo mismo sucederá con las que sigan luego este plan. Las que lo difieran; las del anterior sistema de la independencia, que se unan inmediatamente a dicho ejército; y los paisanos que intenten alistarse, se considerarán como tropas de milicia nacional, y la forma de todas para la seguridad interior y exterior del reino, la dictarán las Cortes.

20º Los empleos se concederán al verdadero mérito, a virtud de informe de los respectivos jefes, y en nombre de la nación provisionalmente.

21º Ínterin las Cortes se establecen, se procederá en los delitos con total arreglo a la Constitución española.

22º En el de conspiración contra la independencia se procederá a prisión sin pasar a otra cosa hasta que las Cortes decidan la pena al mayor de los delitos, después del de lesa Majestad divina.

23º Se vigilará sobre los que intenten fomentar la desunión y se reputan como conspiradores contra la independencia.

24º Como las Cortes que van a instalarse han de ser constituyentes, se hace necesario que reciban los diputados los poderes bastantes para el efecto; y como a mayor abundamiento, es de mucha importancia que los electores sepan que sus representantes han de ser para el Congreso de México, y no de Madrid, la Junta prescribirá las reglas justas para las elecciones, y señalará el tiempo necesario para ellas y para la apertura del Congreso. Ya que no puedan verificarse en marzo, se estrechará cuanto sea posible el término.= Iguala 24 de febrero de 1821.

Americanos: he aquí el establecimiento y la creación de un nuevo imperio. He aquí lo que ha jurado el ejército de las tres garantías, cuya voz lleva el que tiene el honor de dirigírosla. He aquí el objeto para cuya cooperación os invita. No se os pide otra cosa que la que vosotros mismos debéis pedir y apetecer. Unión, fraternidad, orden, quietud interior, vigilancia y horror a cualquiera movimiento turbulento. Estos guerreros no quieren otra cosa que la felicidad común. Uníos con su valor para llevar adelante una empresa que por todos aspectos (si no es por la pequeña parte que en ella he tenido) debo llamar heroica. No teniendo enemigos que batir, confiemos en el Dios de los ejércitos, que lo es también de la paz, que cuantos componemos este cuerpo de fuerzas combinadas de europeos y americanos, de disidentes y realistas seremos unos meros protectores, unos simples espectadores de la obra grande, que hoy ha trazado y que retocarán y perfeccionarán los Padres de la patria. Asombrad a las naciones de la culta Europa: vean que la América septentrional se emancipó sin derramar una sola gota de sangre. En el transporte de vuestro júbilo decid: viva la Religión santa que profesamos: viva la América septentrional independiente de todas las naciones del globo: viva la Unión que hizo nuestra felicidad.= Iguala 24 de febrero de 1821.= Agustín de Itúrbide.

Lista de los señores que deben componer la Junta Gubernativa, propuesta en el preinserto plan.

Presidente.

Conde del Venadito

Vice-Presidente.

D. Miguel de Bataller, Regente de la Audiencia de México.
Dr. D. Miguel Guridi y Alcocér, Cura de la Parroquia del Sagrario.
Conde de la Cortina, Prior del Tribunal del Consulado.
D. Juan Bautista Lobo, Diputado provincial por Veracruz.
P. Dr. D. Matías Monteagudo, Prepósito del Oratorio de S. Felipe Neri, y Canónigo de la santa Iglesia Metropolitana.
D. Isidro Yañez, Oidor de dicha Audiencia.
D. José María Fagoaga, Oidor honorario.
D. Juan Espinosa de los Monteros, Agente Fiscal de lo civil.
Lic. D. Juan Francisco Azcárate, Síndico segundo del Ayuntamiento constitucional de México.
Dr. D. Rafael Suárez Pereda. Juez de letras.

Suplentes.

D. Francisco Sánchez de Tagle, Regidor constitucional.
D. Ramón Osés, Oidor.
D. Juan José Pastor Morales, Diputado provincial por Valladolid.

Nota. Si por enfermedad u otra causa faltase alguno de los sres. vocales nombrados en primer lugar, sea americano o europeo, se substituirá por los suplentes por el mismo orden en que se hallan.= Otra. La Junta misma nombrará dos secretarios, ya sea de los mismos individuos que la compongan, ya de los suplentes u otros de fuera, si lo estimasen conveniente, y en ningún caso tendrán voto. Tal vez los dos sres. suplentes nombrados en primer lugar convendrá que desempeñen tal cargo importantísimo.= Iguala 24 de febrero de 1821.= Agustín de Itúrbide.”

La independencia fue proclamada y jurada en el Pueblo de Iguala en los días 1 y 2 de marzo de 1821 por el Serenísimo Sr. D. Agustín de Itúrbide, Generalísimo Almirante, y Presidente de la Regencia Gobernadora interina del Imperio.

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El Derecho, como expresión del carácter nacional

Friedrich Karl von Savigny fue un jurista alemán, nacido en Fráncfort del Meno el 21 de febrero de 1779 y fallecido en Berlín el 25 de octubre de 1861, fundador de la escuela histórica del derecho alemana.

“Preguntaremos ante todo a la historia cómo se ha desenvuelto realmente el derecho entre los pueblos primitivos, con el fin de procurar ver y juzgar qué es lo que hay en ese desenvolvimiento de necesario, de útil y de censurable.

En todas las naciones, cuya historia no ofrece duda, vemos al derecho civil revestir un carácter determinado, peculiar de aquel pueblo, del propio modo que su lengua y sus costumbres. Todas estas manifestaciones no tienen, en verdad, una existencia aparte, sino que son otras tantas fuerzas y actividades del pueblo, indisolublemente ligadas, y que sólo aparentemente se revelan a nuestra observación como elementos separados”.

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“En muchos países de Alemania se ha sentido en estos últimos tiempos el deseo de una mejor organización de la justicia civil; y este deseo, después de haber pasado inadvertido durante largo período para nuestros gobiernos, ha llegado al fin a ser secundado por el común consejo de los hombres de Estado y de las gentes doctas. Un motivo, sin embargo, más noble que la mera necesidad,  ha provocado esta adhesión; tal es el sentimiento de que, en virtud de la pasada opresión de la nacionalidad alemana, se ha producido en todos los ánimos no perezosos el deseo de mostrarse dignos de la época actual. Por eso no es una vana presunción, sino cosa justa y laudable, que quien sienta en su alma la vocación del siglo, lo proclame altamente, y que en esto los legistas se esfuercen, por no ser los últimos. Precisamente en el Derecho civil es donde la diferencia entre la edad pasada y la actual se ofrece más palmaria.

De las dos opiniones de que tengo noticia acerca de la ordenación  del Derecho civil, la una tiende a restablecer las antiguas condiciones, y la otra quiere la formación de un Código común para toda la Confederación Germánica. Para esclarecer la segunda, es menester hacer aquí algunas reflexiones, toda vez que suele ser considerada históricamente desde un doble punto de vista. Ante todo, se la encuentra estrechamente relacionada con muchas opiniones e investigaciones semejantes, de la última mitad del siglo XVIII. En aquel  tiempo surgiera en Europa un ciego ardor por la organización: se había perdido todo sentimiento y todo amor por cuanto había de característico y de grande en los demás siglos, al par que por el natural desenvolvimiento de los pueblos y de las instituciones, es decir, por todo aquello que la historia produce de más saludable y provechoso, fijando exageradamente la atención en la época actual, que se creía destinada nada menos que a la efectiva realización de una perfección absoluta. Este movimiento se manifestó en todas direcciones: es notorio cuánto por el se ha perdido en religión y en política, no pudiendo por lo demás desconocerse cómo por una natural reacción, hubo de provocarse en todas partes una nueva y más vigorosa tendencia. Semejante movimiento no dejó de obrar también en el Derecho civil. En su virtud se pedían nuevos Códigos, los cuales, con sus perfecciones, debían garantir una mecánica exactitud en la administración de la justicia; de modo que el magistrado, dispensado de todo juicio  propio,  debía  limitarse  a  una  simple  aplicación  literal  de la ley. Debían, además, estos Códigos estar completamente libres de toda histórica influencia, y por obra de una solemne y extraña, abstracción, debían adaptarse a todos los pueblos y a todos los tiempos. Sería, en verdad, injusto atribuir a meros e infatuados sofistas semejantes tendencias y aspiraciones sólo:  había entre sus mantenedoras no pocas excepciones honrosas,  que traducían fielmente el pensamiento del pueblo; no estando, por lo demás, en manos de los gobiernos impedir todas las aplicaciones, siendo bastante si se conseguía templar y restringir tan fogosa tendencia”.

F. C. Savigny: De la vocación de nuestro siglo para la legislación y la jurisprundencia, 1814

De la influencia divina en las Constituciones políticas, en Maistre

Joseph de Maistre (Chambéry, 1 de abril de 1753 - Turín, 26 de febrero de 1821)

«[…] Todas las Constituciones libres conocidas en el Universo se han formado de una de estas dos maneras. Unas veces han germinado, por decirlo así, de una manera insensible, por la reunión de una multitud de circunstancias de esas que llamamos fortuitas, y algunas otras veces tienen un autor único que de improviso aparece y se hace obedecer.

En ambos casos se ve cómo Dios nos recuerda nuestra debilidad y el derecho que El mismo se ha reservado en el gobierno de los pueblos.

1. Ninguna Constitución es el resultado de una deliberación: los derechos de los pueblos no están nunca escritos, o al menos, las actas constituyentes o los derechos fundamentales escritos son sólo títulos declaratorios de derechos anteriores, de los que no puede decirse otra cosa sino que existen porque existen.

2. Ya que Dios no ha juzgado conveniente emplear en este orden de cosas medios sobrenaturales, circunscribe al menos la acción humana hasta el punto que, en la formación de Constituciones, las circunstancias lo son todo y los hombres no son mas que circunstancias […]

3. Los derechos del pueblo propiamente dicho parten muy a menudo de las concesiones de los soberanos y, en este caso, pueden constar históricamente; pero los derechos de los soberanos y de la aristocracia, al menos los derechos esenciales constitutivos y radicales, si se permite la expresión no tienen ni fecha ni autor. […]

7. Ninguna nación puede darse la libertad si no la tiene. Cuando comienza a reflexionar sobre sí misma va tiene filadas sus leyes. La influencia humana no se extiendo más allá del desarrollo de los derechos ya existentes, pero que eran despreciados o discutidos […]. De aquí resulta la necesidad de no hacer innovaciones sino raramente, v siempre con mesura y con temor.

8. Cuando la Providencia ha decretado la formación mas rápida de una Constitución política, aparece un hombre revestido de un poder indefinible; habla y es obedecido. Tal vez estos hombres maravillosos sólo pertenecen al mundo antiguo y a la juventud de las naciones; pero sea como quiera, puede señalarse una característica distinta de tales legisladores por excelencia; eran reyes o pertenecían a la alta nobleza.

9. Estos mismos legisladores, con todo su extraordinario poder, no hacen más que reunir elementos preexistentes en las costumbres y en el carácter de los pueblos; pero esta unión, esta formación rápida, que tiene algo de creación, sólo se ejecuta en nombre de la divinidad. La política y la religión se interpenetran, apenas se distingue al legislador del sacerdote, y las instituciones públicas consisten principalmente en ceremonias y cultos religiosos.

10. La libertad en cierto Sentido, fue siempre un don de los reyes, porque todas las naciones libres fueron instituidas por reyes […]

11. Jamás existió una Nación libre que no tuviera en su Constitución natural gérmenes de libertad tan antiguos como ella misma, y ninguna Nación ha logrado desarrollar, por medio de leyes fundamentales escritas, otros derechos que los existentes en su Constitución natural […]».

J. De Maistre, Consideraciones sobre Francia, 1796

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