¿Tiene un futuro la socialdemocracia?

¿Tiene un futuro la socialdemocracia? En las últimas décadas del siglo XX se convirtió en un lugar común sugerir que la razón por la que el consenso socialdemócrata de la generación anterior había empezado a desmoronarse fue su incapacidad para desarrollar una visión, y mucho menos instituciones prácticas, que trascendieran al Estado nacional. Si el mundo se estaba haciendo más pequeño y los estados más marginales para el funcionamiento diario de las economías internacionales ¿Qué podría ofrecer la socialdemocracia?

Esta preocupación se agudizó en 1981, cuando el último presidente socialista de Francia fue elegido con la promesa de que ignoraría los acuerdos y regulaciones de ámbito europeo e inauguraría un futuro autónomo (socialista) para su país. Al cabo de dos años F. Mitterrand había dado un giro a su política, de forma muy parecida a como lo haría después el Partido Laborista británico, y aceptó lo que parecía inevitable: no puede haber unas políticas (ni tributación, redistribución o propiedad pública) nacionales de carácter socialdemócrata si chocan con los acuerdos internacionales. Incluso en Escandinavia, donde las instituciones socialdemócratas estaban mucho más consolidadas culturalmente, la pertenencia a la Unión Europea, -o incluso la participación en la Organización Internacional del Comercio y otras instituciones internacionales, parecía imponer limitaciones sobre la legislación promovida localmente. En suma, daba la impresión de que la socialdemocracia estaba condenada por esa misma internacionalización que sus primeros teóricos habían anunciado con tanto entusiasmo como el futuro del capitalismo.

Desde esa perspectiva, la socialdemocracia, como el liberalismo, fue un subproducto del auge del Estado-Nación europeo: una idea política vinculada a los desafíos sociales de la industrialización en las sociedades desarrollada […]. Además de confinarse a un continente privilegiado, la socialdemocracia parecía ser un producto de unas circunstancias históricas únicas. Pero cuando las circunstancias cambian, también deberían cambiar las opiniones. Pasará algún tiempo antes de que volvamos a saber algo de los ideólogos del dogma del mercado libra […]. Si vamos a tener Estados y estos van a influir significativamente en los asuntos humanos, la herencia socialdemócrata conserva toda su vigencia […]. Los socialdemócratas tienen que volver a aprender a pensar más allá de sus fronteras; hay algo profundamente incoherente en una política radical que descansa en aspiraciones de igualdad o justicia social y que es sorda a desafíos éticos más amplios y a los ideales humanitarios. George Orwell observó una vez que lo que atrae a las personas corrientes hacia el socialismo y hace que estén dispuestas a arriesgar la vida por el es la mística de la igualdad. Esto sigue siendo válido así y hoy. Es la creciente desigualdad en y entre las sociedades lo que genera tantas patologías sociales. Las sociedades con desigualdades grotescas también son inestables: generan divisiones internas y, más pronto o más tarde, luchas intestinas cuyo desenlace no suele ser democrático […]. Como ciudadanos de una sociedad libre tenemos el deber de mirar críticamente a nuestro mundo. Si pensamos que algo está mal, debemos actuar en congruencia con ese conocimiento. Como sentencia la famosa frase, hasta ahora los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversas formas; de lo que se trata es de transformarlo”

Tony Judt, “Algo va mal”, Madrid, Taurus, 2010, pp. 214-220 (reelab.)

#socialdemocracia

Hobsbawm y el tiempo histórico

Hobsbawm y la voluntad popular
Artículo de Eric Hobsbawm publicado en el suplemento CASH del diario argentino Página 12, sobre los gobiernos, la opinión pública y la actual crisis internacional. Un par de citas para que les pique y lo lean entero:
En resumen, la “voluntad del pueblo”, o como quiera llamársela, no puede determinar las tareas específicas de gobierno. Como apropiadamente observaron Sidney y Beatrice Webb respecto de los sindicatos, la “voluntad del pueblo” no puede juzgar proyectos, sólo resultados. Es inconmensurablemente mejor votando en contra que a favor. Cuando consigue uno de sus principales triunfos negativos, como derrocar los regímenes corruptos de 50 años de posguerra en Italia y Japón, es incapaz por sí mismo de ofrecer una alternativa.

Y aun así, el gobierno es para la gente. Sus efectos son juzgados por lo que afecta a la gente. Por más desinformada, ignorante o aun estúpida que sea la “voluntad del pueblo”, y por muy inadecuados que sean los métodos para descubrirla, es indispensable. ¿De qué otra forma podríamos definir la manera en que las soluciones técnico-políticas, por más expertas y técnicamente satisfactorias que sean en otros aspectos, afectan a las vidas de los seres humanos concretos? Los sistemas soviéticos fallaron porque no existió una retroalimentación de información entre aquellos que tomaban las decisiones “en nombre del interés del pueblo” y aquellos a quienes se imponían esas decisiones. La globalización del laissez faire de los últimos 20 años ha incurrido en el mismo error.”

Jorge Luis Valdez Morgan: La demografica y el pueblo (Eric Hobsbawm), La bitacora de Hobsbawm, 10 de enero de 2009

En el Prefacio y agradecimientos de su libro Historia del siglo XX:

Nadie puede escribir acerca de la historia del siglo XX como escribiría sobre la de cualquier otro período, aunque sólo sea porque nadie puede escribir sobre su propio período vital como puede (y debe) hacerlo sobre cualquier otro que conoce desde fuera, de segunda o tercera mano, ya sea a partir de fuentes del período o de los trabajos de historiadores posteriores. Mi vida coincide con la mayor parte de la época que se estudia en este libro y durante la mayor parte de ella, desde mis primeros años de adolescencia hasta el presente, he tenido conciencia de los asuntos públicos, es decir, he acumulado puntos de vista y prejuicios en mi condición de contemporáneo más que de estudioso. Esta es una de las razones por las que durante la mayor parte de mi carrera me he negado a trabajar como historiador profesional sobre la época que se inicia en 1914, aunque he escrito sobre ella por otros conceptos. Como se dice en la jerga del oficio, «el período al que me dedico» es el siglo XIX. Creo que en este momento es posible considerar con una cierta perspectiva histórica el siglo XX corto, desde 1914 hasta el fin de la era soviética, pero me apresto a analizarlo sin estar familiarizado con la bibliografía especializada y conociendo tan sólo una ínfima parte de las fuentes de archivo que ha acumulado el ingente número de historiadores que se dedican a estudiar el siglo XX.

Es de todo punto imposible que una persona conozca la historiografía del presente siglo, ni siquiera la escrita en un solo idioma, como el historiador de la antigüedad clásica o del imperio bizantino conoce lo que se escribió durante esos largos períodos o lo que se ha escrito después sobre los mismos. Por otra parte, he de decir que en el campo de la historia contemporánea mis conocimientos son superficiales y fragmentarios, incluso según los criterios de la erudición histórica. Todo lo que he sido capaz de hacer es profundizar lo suficiente en la bibliografía de algunos temas espinosos y controvertidos —por ejemplo, la historia de la guerra fría o la de los años treinta— como para tener la convicción de que los juicios expresados en este libro no son incompatibles con los resultados de la investigación especializada. Naturalmente, es imposible que mis esfuerzos hayan tenido pleno éxito y debe haber una serie de temas en los que mi desconocimiento es patente y sobre los cuales he expresado puntos de vista discutibles…”

 

Eric Hobswanm: Historia del siglo XX, Crítica, Buenos Aries,1999, pp. 7-8

#hobsbawm

Declaración de Laeken sobre el futuro de la Unión Europea

[…] El nuevo papel de Europa en un entorno

Asistentes a la Cumbre de Laeken, diciembre de 2001

Fuera de sus fronteras, la Unión Europea se enfrenta asimismo a un entorno mundializado en rápida mutación. Tras la caída del Muro de Berlín, por un momento pareció que podríamos vivir por largo tiempo en un orden mundial estable, sin conflictos, basada en los derechos humanos. Pero apenas unos años más tarde desapareció esa seguridad. El 11 de septiembre nos ha abierto brutalmente los ojos. Las fuerzas contrarias no han desaparecido. El fanatismo religioso, el nacionalismo étnico, el racismo y el terrorismo se intensifican y siguen siendo alimentados por los conflictos regionales, la pobreza y el subdesarrollo.

¿Cuál es el papel de Europa en este mundo transformado? ¿No debería Europa, ahora por fin unificada, desempeñar un papel de liderazgo en un nuevo orden planetario, el de una potencia a la vez capaz de desempeñar una función estabilizadora a nivel mundial y de ser punto de referencia para numerosos países y pueblos? Europa como el continente de los valores humanistas, la Carta Magna, el Bill of Rights, la Revolución francesa, la caída del Muro de Berlín. El continente de la libertad, de la solidaridad y, sobre todo, de la diversidad, lo que implica el respeto de las lenguas, culturas y tradiciones de los demás. La única frontera que establece la Unión Europea es la de la democracia y los derechos humanos. La Unión sólo está abierta a países que respetan valores fundamentales tales como las elecciones libres, el respeto de las minorías y el Estado de Derecho.

Ahora que ha terminado la guerra fría y que vivimos en un mundo a la vez mundializado y atomizado, Europa debe asumir su responsabilidad en la gobernanza de la globalización. El papel que debe desempeñar es el de una potencia que lucha decididamente contra cualquier violencia, terror y fanatismo, pero que tampoco cierra los ojos ante las injusticias flagrantes que existen en el mundo. En resumen, una potencia que quiere hacer evolucionar las relaciones en el mundo de manera que no sólo beneficien a los países ricos sino también a los más pobres. Una potencia que quiere enmarcar éticamente la mundialización, es decir, ligarla a la solidaridad y al desarrollo sostenible.

Las expectativas del ciudadano europeo

La imagen de una Europa democrática y comprometida en el mundo concuerda perfectamente con lo que desea el ciudadano, que muchas veces ha dado a entender que desea un papel más importante de la Unión en asuntos de justicia y seguridad, de lucha contra la delincuencia transfronteriza, control de los flujos migratorios, de acogida a los solicitantes de asilo y a los refugiados provenientes de zonas de conflicto periféricas. También pide resultados en el ámbito del empleo y la lucha contra la pobreza y la exclusión social, así como en el ámbito de la cohesión económica y social. Exige un enfoque común con respecto a la contaminación, el cambio climático y la seguridad alimentaria. En resumen, todos los asuntos transfronterizos que, de modo instintivo, el ciudadano siente que sólo pueden abordarse mediante la cooperación. Del mismo modo, también desea más Europa en los asuntos exteriores, de seguridad y de defensa; con otras palabras, pide más acción y mejor coordinada para luchar contra los focos de conflicto en Europa, a su alrededor y en el resto del mundo.

Simultáneamente, ese mismo ciudadano considera que la Unión va demasiado lejos y actúa de modo demasiado burocrático en otros muchos ámbitos. A la hora de coordinar el entorno económico, financiero o fiscal, la piedra angular habrá de ser siempre el correcto funcionamiento del mercado interior y de la moneda única, sin poner en peligro las especificidades de los Estados miembros. Las diferencias nacionales y regionales a menudo son fruto de la historia o de la tradición, y pueden resultar enriquecedoras. Con otras palabras, lo que el ciudadano entiende por la “buena gestión de los asuntos públicos” es la creación de nuevas oportunidades, no de nuevas rigideces. Lo que espera es más resultados, mejores respuestas a preguntas concretas y no un superestado europeo o unas instituciones europeas que se inmiscuyan en todo.

En resumen, el ciudadano pide un enfoque comunitario claro, transparente, eficaz y conducido democráticamente un enfoque que haga de Europa un faro para el futuro del mundo, un enfoque que consiga resultados concretos en términos de más empleo, mayor calidad de vida, menos delincuencia, una educación de calidad y mejores servicios sanitarios. Para ello, Europa debe indudablemente buscar renovadas fuentes de inspiración y reformarse. […]

Declaración común de los Jefes de Estado o Gobierno de la Unión Europea, Cumbre de Laeken, 15 de diciembre de 2001

#union-europea

Poderes del Presidente de la República en la constitución estadounidense

La Constitución de los Estados Unidos es la ley suprema de los Estados Unidos de América. Fue adoptada en su forma original el 17 de septiembre de 1787 por la Convención Constitucional de Filadelfia, Pensilvania y luego ratificada por el pueblo en convenciones en cada estado en el nombre de «Nosotros el Pueblo» (We the People). La Constitución tiene un lugar central en el derecho y la cultura política estadounidense. La Constitución de los Estados Unidos es la constitución federal más antigua que se encuentra en vigor actualmente en el mundo.

Artículo Dos

Primera Sección

  1. Se deposita el poder ejecutivo en un Presidente de los Estados Unidos. Desempeñara su encargo durante un término de cuatro años y, juntamente con el Vicepresidente designado para el mismo período, será elegido como sigue:
  2. Cada Estado nombrará, del modo que su legislatura disponga, un número de electores igual al total de los senadores y representantes a que el Estado tenga derecho en el Congreso, pero ningún senador, ni representante, ni persona que ocupe un empleo honorífico o remunerado de los Estado Unidos podrá ser designado como elector.
  3. El Congreso podrá fijar la época de designación de los electores, así como el día en que deberan emitir sus votos, el cual deberá ser el mismo en todos los Estados Unidos.
  4. Solo las personas que sean ciudadanos por nacimiento o que hayan sido ciudadanos de los Estados Unidos al tiempo de adoptarse esta Constitución, serán elegibles para el cargo de Presidente; tampoco será elegible una persona que no haya cumplido 35 años de edad y que no haya residido 14 años en los Estados Unidos.
  5. En caso de que el Presidente sea separado de su puesto, de que muera, renuncie o se incapacite para dar cumplimiento a los poderes y deberes del referido cargo, este pasará al Vicepresidente y el Congreso podrá preveer por medio de una ley el caso de separación, muerte, renuncia o incapacidad, tanto del Presidente como del Vicepresidente, y declarar que funcionario fungirá como Presidente hasta que desaparezca la causa de incapacidad o se elija un Presidente.
  6. El Presidente recibirá una remuneración por sus servicios, en las épocas que se determinarán, la cual no podrá ser aumentada ni disminuida durante el período para el cual haya sido designado y no podrá recibir durante ese tiempo ningún otro emolumento de parte de los Estados Unidos o de cualquiera de estos.
  7. Antes de entrar a desempeñar su cargo prestará el siguiente juramento o protesta: “Juro (o protesto) solemnemente que desempeñaré legalmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos y que sostendré, protegeré y defenderé la Constitución de los Estados Unidos, empleando en ello el máximo de mis facultades”.

    División de poderes en la Constitución española de 1978

Segunda Sección

  1. El Presidente será comandante en jefe del ejercito y la marina de los Estados Unidos y de la milicia de los diversos Estados cuando se la llame al servicio activo de los Estados Unidos; podrá solicitar la opinión por escrito del funcionario principal de cada uno de los departamentos administrativos con relación a cualquier asunto que se relacione con los deberes de sus respectivos empleos, y estará facultado para suspender la ejecución de las sentencias y para conceder indultos tratándose de delitos contra los Estados Unidos, excepto en los casos de acusación por responsabilidades oficiales.
  2. Tendrá facultad, con el consejo y consentimiento del Senado, para celebrar tratados, con tal de que den su anuencia dos tercios de los senadores presentes, y propondrá y, con el consejo y sentimiento del Senado, nombrará a los embajadores, los demás ministros públicos y los cónsules, los magistrados del Tribunal Supremo y a todos los demás funcionarios de los Estados Unidos a cuya designación no provea este documento en otra forma y que hayan sido establecidos por ley. Pero el Congreso podrá atribuir el nombramiento de los funcionarios inferiores que considere convenientes, por medio de una ley, al Presidente solo, a los tribunales judiciales o a los jefes de los departamentos.
  3. El Presidente tendrá el derecho de cubrir todas las vacantes que ocurrán durante el receso del Senado, extendiendo nombramientos provisionales que terminarán al final del siguiente período de sesiones.

Tercera Sección

Periódicamente deberá proporcionar al Congreso informes sobre el estado de la Unión, recomendando a su consideración las medidas que estime necesarias y oportunas; en ocasiones de carácter extraordinario podrá convocar a ambas Cámaras o a cualquiera de ellas, y en el supuesto de que discrepen en cuanto a la fecha en que deban entrar en receso, podrá suspender sus sesiones, fijandoles para que las reanuden la fecha que considere conveniente; recibirá a los embajadores y otros ministros públicos; cuidará de que las leyes se ejecuten puntualmente y extenderá los despachos de todos los funcionarios de los Estados Unidos.

Cuarta Sección

El Presidente, el Vicepresidente y todos los funcionarios civiles de los Estados Unidos serán separados de sus puestos al ser acusados y declarados culpables de traición, cohecho u otros delitos y faltas graves.

#constitucion, #ee-uu

Renuncia e indulto de Richard Nixon, 1974

Nixon dimite: Los reporteros Carl Bernstein y Bob Woodward descubrieron una red de conspiración que rodeaban el incidente de Watergate, basándose en información filtrada de una fuente conocida como "Garganta Profunda". El 9 de agosto de 1974, tras una serie de audiencias en el Senado se habían reunido pruebas que implicaban a Nixon que se convirtió en el primer presidente de EE.UU. en renunciar a su cargo. (Fotografía: Bettmann/Corbis)

WASHINGTON 9. (Crónica recibida por télex.) Las aguas del escándalo más grande que se ha conocido en este país comenzaban a aquietarse con la renuncia de Nixon y parecía que la normalidad ya estaba reinando en el panorama nacional, aunque en el mismo se mantuviese, vigente, y cada día más amenazador, el grave proceso de inflación y el de la crisis económica en general. Pero no, Watergate ha vuelto a ponerse sobre el tapete y surge de nuevo el temporal político destructor después de que el presidente Ford concediera ayer a Nixon un «completo y absoluto indulto» de todos los delitos federales que «cometió o pudo haber cometido» durante el tiempo que desempeñó el cargo de presidente de los Estados Unidos. Inmediatamente después del trascendental e inesperado anuncio de Ford, el ex presidente Nixon hizo unas declaraciones desde su casa de California aceptando el perdón y admitiendo que había cometido algunos errores, pero sin reconocer que hubiese cometido ningún delito.

Nixon no ha sido acusado formalmente de ningún delito federal, pero el consejero del presidente Ford, Philip W. Buchen, dijo a los periodistas que buscábamos las últimas noticias en la Casa Blanca, que lo más probable era que el ex primer mandatario de la nación hubiese sido acusado y procesado sin el «perdón por anticipado» otorgado por Ford en la mañana de ayer domingo. Un gran Jurado Federal había acusado ya a Mr. Nixon hace algunos meses, cuando aún era presidente, de conspirador no procesado en cuanto al encubrimiento del escándalo de Watergate, y en aquellos momentos existían menos pruebas que hoy de su implicación en el caso.

Portada del The New York Times: Nixon dimite, 9 de agosto de 1974

El objeto de la determinación de Gerald Ford no ha sido otro que el de ofrecer a Nixon una total inmunidad en cuanto a un procesamiento de tipo federal «por todos los delitos cometidos en contra de la nación» durante los casi seis años que ocupó el cargo de presidente. Ford, en su declaración formal de perdón, expresó que había dado ese paso porque se ponía en peligro la tranquilidad nacional que ya se había logrado, de acuerdo con los acontecimientos de las últimas semanas, «si se llevaba a juicio al ex presidente de los Estados Unidos». Un proceso éste que duraría un año o más y que causaría un largo y dividido debate en todo el país. Y, ante las cámaras de la televisión, en una sentida declaración final, con un pequeño grupo de reporteros que le escuchaban en su oficina de la Casa Blanca, el primer magistrado de la nación dijo: «Creo que Richard Nixon y su familia han sufrido bastante, y seguirán sufriendo a pesar de lo que yo haga.»

La reacción que se produjo ayer desde que se supo la indulgente noticia procedente de la Casa Blanca fue de crítica acerva hacia Ford por una parte y de grandes elogios por otra. Aparecía de nuevo, repetimos, la tormenta política. Las pasiones, el odio, la revancha partidista se hacían sentir una vez más en las páginas de los periódicos, en las pantallas de la televisión, en los micrófonos de la radio, etc. Los demócratas desenfundaban sus «armas» para reiniciar una guerra que creían haber ganado con la renuncia de Nixon y su próximo enjuiciamiento y condena, y los republicanos hacían lo mismo por su parte, aunque con otras miras y por otras razones: Ford habla hecho bien no sólo por una cuestión de humanidad, sino por razones de seguridad política para el partido. El caso de Nixon había que «echarle tierra» hasta que quedase todo bien tapado, aunque el ex presidente no hubiese cometido ningún delito. La causa de la victoria electoral de 1976 va por encima de todas las cosas…

Sin duda, el domingo 8 de septiembre estallaba de nuevo la guerra de Watergate, y nadie sabe a estas horas si será esta vez tan corta como la guerra de los siete días de los judíos o tan larga como la misma de Watergate que se había iniciado hace algo más de dos años con el allanamiento de las oficinas del partido demócrata y que parecía haber terminado hace un mes con la renuncia de Nixon. La primera baja que se ha producido bajo el fuego del ataque, por un lado, es de la defensa, por otro, al presidente Ford por su repentina y polémica decisión ha sido la del secretario de Prensa de la Casa Blanca, J. F. Terhorst, quien renunció ayer como protesta porque no «podía defender la actitud del presidente Ford en torno al perdón otorgado a Nixon». Terhorst declaró después de haber renunciado a su cargo que «cuando el presidente tomó su decisión de buena fe me sentí obligado, de buena fe también, hacerle saber que como vocero de la Casa Blanca no podía defender de manera sincera su posición», y agregó entre otras cosas que creía que la misericordia, al igual que la Justicia, «debe ser imparcial».

Claro que además de la misericordia o compasión que siente Ford por Nixon —como la sienten también millones de personas de éste y otros países del mundo— existen, creemos nosotros, otros motivos poderosos que quizás fueron los que aceleraron el estudiado plan del perdón presidencial. Uno de ellos, el más probable, es que el antecedente de este indulto sirva de base a los abogados de los que fían de ser enjuiciados ahora por el famoso escándalo para que se les exonere de todas las culpas.

Se ha producido, en el día de ayer y en el de hoy, muchas declaraciones y reacciones favorables y contrarias al presidente Ford por su actitud compasiva ante la situación de Nixon que de acuerdo con el criterio de muchos tiene que ser tratada dentro de un marco exclusivamente legal. Posiblemente la reacción más importante de todas ha sido la del fiscal especial de Watergate, León Jaworski, quien dijo a la Prensa que no se le había consultado sobre «el manto de perdón» concedido al ex presidente Nixon. «Esto es un asunto que ha decidido el presidente de acuerdo con la autoridad que le confiere la Constitución», dijo Jaworski. «Ha sido una cosa en la que yo no he tenido participación». No obstante, Jaworski duda que esta decisión de Ford llegue a producir algún impacto sobre el juicio relacionado con el encubrimiento de Watergate y que espera iniciarlo el mismo día 30 de septiembre como se había planeado.

El escándalo de Watergate, repetimos, ha comenzado de nuevo. Ofreceremos mañana una información más completa de todas las operaciones realizadas en el nuevo campo de batalla por los amigos y por los enemigos del ex presidente en desgracia. Nuestra opinión, nuestro análisis lo haremos al mismo tiempo, pues ahora, como antes, parece que ha de haber mucha tela por donde cortar para el comentario. —

José I. Rivero: El perdón otorgado a Nixon por Ford levanta una tempestad en el país, ABC, 10 de septiembre de 1974, pp. 21-22.

#democracia, #ee-uu, #nixon

Rusia reanuda los vuelos de bombarderos estratégicos suspendidos tras la guerra fría

Putin ordena el despegue de 14 aviones con capacidad para llevar armas nucleares

Hu Jintao y Vladímir Putin- EFE

Rusia anunció ayer la reanudación de los vuelos estratégicos de larga distancia de sus bombarderos después de 15 años de interrupción, lo que significa que los aviones estratégicos de la OTAN y de Estados Unidos se encontrarán ahora con frecuencia con sus colegas rusos. La decisión la tomó el presidente Vladímir Putin, quien hizo el anuncio oficial en Chebarkul, localidad de los Urales donde ayer terminaron las maniobras militares de los países miembros de la Organización de Cooperación de Shanghai, entre los que se incluye China.

La medida se encuadra en la política de Putin, que ha lanzado un rearme y una modernización militar sin precedentes para recuperar el papel de gran potencia global que desempeñaba la desaparecida URSS. A las cero horas de ayer, 14 aviones estratégicos, interceptores y cisternas despegaron de siete aeródromos ubicados en diferentes partes de Rusia para permanecer en el aire 20 horas, señaló Putin, quien subrayó que de ahora en adelante “la guardia de combate [de los aviones estratégicos] se realizará de forma regular en la zona económica marítima de Rusia y en las regiones de intensa navegación”.

Al anunciar su decisión, Putin hizo notar que Rusia cesó unilateralmente el patrullaje de su aviación estratégica a las zonas alejadas en 1992 y se lamentó de que no todos los países hubieran seguido este ejemplo. “Los vuelos de la aviación estratégica de otros Estados continúan y esto crea determinados problemas para garantizar la seguridad de la Federación Rusa”, recalcó, y manifestó su esperanza de que “este paso de Rusia sea comprendido”.

La reacción de EE UU se limitó a unas declaraciones de Sean McCormack, portavoz del Departamento de Estado, quien calificó de “interesante” la decisión rusa,  al tiempo que no pudo evitar decir que los aviones rusos son “viejos”.

Es verdad que Rusia había cesado sus vuelos estratégicos, pero más que por razones pacifistas lo había hecho por razones económicas. La Fuerza Aérea rusa no tenía dinero ni siquiera para combustible. De ahí que Putin se mostrara seguro de que los aviadores “estarán muy contentos con esta decisión”. “Nuestros pilotos han pasado demasiado tiempo en tierra; había aviones pero no había vuelos”, señaló. La aviación estratégica está equipada con misiles nucleares y es capaz de cubrir distancias de más de 10.000 kilómetros y de repostar combustible en el aire.

El jueves de la semana pasada, dos bombarderos estratégicos Tu-95 realizaron un vuelo de reconocimiento sobre la base norteamericana de la isla de Guam, en el Pacífico. En esa ocasión, como solía ocurrir en los tiempos soviéticos, los pilotos rusos encontraron a pilotos de cazas norteamericanos, con los que, como era tradición, intercambiaron sonrisas antes de volver a sus bases.

Los planes de rearme aprobados por Putin contemplan un ambicioso programa de aquí a 2015 en el marco del cual la Fuerza Aérea rusa será dotada de 60 bombarderos estratégicos de largo alcance Tu-160 y Tu-95MC (modernización del modelo clásico de la época soviética). El programa también contempla la modernización de los misiles balísticos intercontinentales: los militares recibirán 36 Tópol-M en silos y 66 en plataformas móviles. Este tipo de misiles con ojiva divisible es capaz, se jactan los rusos, de penetrar cualquier escudo nuclear, incluido el que está creando EE UU. Los submarinos nucleares tendrán los misiles Bulava-M, una modificación del Tópol diseñado especialmente para ser lanzado desde el agua.

Alianza militar

No es casual que Putin anunciara la decisión de reanudar los vuelos durante las maniobras de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). El líder ruso tiene intenciones de crear en el marco de la OCS una alianza militar como contrapeso a EE UU, apuntan algunos observadores. El objetivo no es crear una alianza de carácter global como la OTAN, sino una con tareas de carácter regional: “El cinturón de seguridad antiterrorista”  deberá, en realidad, impedir que EE UU utilice Asia Central como una plataforma militar contra China y Rusia, y también desplazar a los norteamericanos de esa región.

Para muchos está claro que Rusia desea dar un carácter antiestadounidense a la OCS y de ahí que sea partidaria de que Irán se convierta en miembro pleno de la organización. Esta semana, la OCS ofreció su tribuna al presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, quien la aprovechó para atacar a Washington por sus planes de emplazar elementos de su escudo nuclear en Europa.

Rodrigo Fernández, Moscú: Rusia reanuda los vuelos de bombarderos estratégicos suspendidos tras la guerra fría, EL PAÍS, 18 de agosto de 2007

#rusia

Estados Unidos, una larga lucha por delante

Norman Birnbaum

El compromiso alcanzado entre demócratas y republicanos en el reciente debate presupuestario se consiguió al precio de reducir todo tipo de programas que hacen de Estados Unidos una nación más civilizada. El drama se va a intensificar. ¿En qué tipo de país se convertirá Estados Unidos: uno en el que haya un mínimo decente de igualdad económica, o uno en el que los ciudadanos tengan que sobrevivir sin instituciones de solidaridad? Los dos partidos tendrán pronto que ponerse de acuerdo en un presupuesto para 2012 y en elevar el límite de la deuda gubernamental. Varios legisladores republicanos están dispuestos a permitir que la nación vaya a la quiebra si no se satisfacen sus demandas. Forman un frente con propuestas para eliminar el Estado de bienestar norteamericano, reducir el peso del Gobierno y garantizar al capital estadounidense un amplio margen de libertad respecto de regulaciones e impuestos.

Tal vez estén forzando al presidente a redescubrir su anterior identidad bienestarista. Tal vez este haya pensado que los déficits sociales del país (en educación, atención sanitaria, infraestructuras, ciencia y tecnología, y protección medioambiental) requieren más atención que su deuda monetaria. De ser así, se ha abstenido de decirlo en voz alta. Ha preferido evocar el potencial dinamismo de la economía de mercado norteamericana, a pesar de la evidencia de que haya perdido su capacidad de proporcionar empleo y prosperidad. Se ha quedado mudo, de forma bien audible, acerca de las tradiciones de su partido sobre planificación, cooperación entre el sector público y el privado, y ciudadanía económica y social. La mayoría de sus funcionarios, tecnócratas carentes de pasión, se sienten incómodos ante las grandes ideas de renovación social.

No obstante, tanto las ideas de renovación como las de reacción animan el debate nacional, si bien de modos convencionalmente retóricos e implícitos. Los republicanos están divididos entre quienes creen que el Estado es incapaz de administrar el mercado y quienes temen que sea más que competente para hacerlo. La sistemática negación de las funciones positivas de un sector público amplio en la economía (y en la regulación) es el resultado de una muy persistente campaña ideológica. La transformación, desde el keynesianismo al neoclasicismo, de la economía académica sin duda que no es un ejemplo del progreso de la investigación desinteresada. Las universidades siguen siendo el lugar de la indagación crítica, aunque engendran demandas de inmovilismo político. La doctrina de la soberanía de los mercados es considerada por muchos ciudadanos como un necesario axioma de fe nacional. La ignorancia ayuda: en los Estados que votan regularmente a los republicanos un flujo neto de fondos federales sostiene su economía, pero pocos son conscientes de ello.

El odio racial y xenófobo del que es objeto el presidente (expresado en la creencia de que no nació en Hawai o de que es extranjero) se extiende a la política económica. Muchos ciudadanos creen que pagan impuestos para subsidiar a los inmigrantes o a grupos étnicos y raciales que les disgustan. Franklin D. Roosevelt ganó la aprobación de los legisladores sureños a la Seguridad Social (las pensiones de jubilación que ahora están al alcance de todos los ciudadanos) excluyendo de ella a los trabajadores agrícolas y domésticos. Por entonces, la mayoría de los afroamericanos sureños ocupaban esos empleos. El prejuicio contra los inmigrantes asiáticos y latinos en extensas áreas de Estados Unidos sigue esa innoble línea de sucesión. La resistencia a proyectos de seguros sociales es, igualmente, el producto de un encallecido espíritu individualista. Refleja un creciente sentido de vulnerabilidad en un periodo de incertidumbre económica. La ira, incluso el fanatismo, del Tea Party es una evidencia de lo profundo de esa perturbación.

Sin embargo, los sondeos de opinión demuestran que la gente está más preocupada por el empleo (y por los servicios públicos como la educación y la asistencia sanitaria) que por el déficit. Las mayorías siguen teniéndole apego a Medicare (seguro de atención sanitaria para los jubilados) y a la Seguridad Social. Ello es especialmente cierto para aquellos grupos (jóvenes, mujeres, latinos y afroamericanos, los de mayor nivel de educación y trabajadores sindicados) cuya abstención en las elecciones de 2010 permitió a los republicanos obtener tan buenos resultados. A pesar de que aún no hay un candidato republicano sólido, la contienda presidencial de 2012 ya ha comenzado. El presidente cree que puede ganar con solo hacer incursiones entre los “independientes”, que, supuestamente, son ideológicamente neutros. La cuestión es si eso puede lograrse apartándose de las ideas sobre la economía y la sociedad que les impulsarían a votar a un convincente candidato republicano. El éxito del presidente en 2008 al movilizar al electorado no fue seguido por la concesión de una mayor voz en la configuración de su política a sus partidarios más comprometidos. En vez de a ellos escuchó a sus donantes del mundo de las finanzas y de la industria.

Quizá las protestas que han tenido lugar en Wisconsin ante los intentos de destruir los sindicatos de funcionarios, elementos indispensables en la política del Partido Demócrata, sean el comienzo de una movilización nacional de los defensores del progresismo norteamericano. Ello podría inducir al presidente a establecer menos compromisos con los defensores de un poder sin freno para el mercado.

Los herederos del New Deal, de la Nueva Frontera y de la Gran Sociedad, están de acuerdo sobre un programa a la defensiva (para preservar la Seguridad y Medicare), pero aún no sobre un nuevo proyecto social. Es llamativa la similitud con la situación de los partidos socialistas y socialdemócratas europeos. Algunos (léase Krugman, Reich, Stiglitz) han elaborado proyectos de renovación que no han llegado todavía al público en general. En Estados Unidos la oposición intelectual no está en la cárcel pero tampoco está en la televisión nacional muy a menudo. El presidente claramente ha decidido que no puede confiar en una coalición reformista todavía sin vigor o no formada del todo. Si prefiere desempeñar el papel de un monarca constitucional, tendrá que conformarse con un consuelo de monarca: puede que tenga influencia pero no poder.

Cualquiera que sea el resultado de la pugna presidencial, los muy agudos conflictos actuales proseguirán. Los demócratas pasarán muchos apuros para retener su reducida mayoría en el Senado, y sus actuales posibilidades de reconquistar el Congreso son un tanto inciertas. Estados Unidos ya no disfruta del privilegio de manejar sus asuntos independientemente del resto del mundo. El tipo de interrogantes que constituyen la agenda del G-8 y del G-20 no puede ser respondido en inglés americano. La gobernadora Palin no es una pensadora política que destaque por su perspicacia, pero cuando acusó al presidente de pensar en un mundo “posamericano” le pagó un involuntario tributo. Es inquietante que un presidente que contempla tantas nuevas posibilidades internacionales tenga una visión restringida de la capacidad de cambio de su propio país.

Norman Birnbaum, catedrático emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown: Una larga lucha por delante, EL PAÍS, 25 de abril de 2011 (traducción de Juan Ramón Azaola).

#democracia, #ee-uu