“Vientos de cambio”, en el proceso descolonizador, 1960

Los procesos de independencia de África alcanzan un impulso notable a partir de dos acontecimientos: El primero es el presente discurso del Primer Ministro británico (Conservador) pronunciado en Ciudad del Cabo, donde señaló que su país no se opondría a procesos semejantes que estaban creciendo en la mayoría de países africanos; de allí su trascendencia histórica y la causa del porque lo publicamos. El otro es la Declaración de la independencia del Congo de Patrice Lumumba, donde rechazando la apología del colonialismo y la defensa del Rey Leopoldo II que hiciera Balduino, denuncia las humillaciones y sufrimientos inflingidos al pueblo congoleño durante el colonialismo.

Harold MacMillan (Londres, 10 de febrero de 1894 – 29 de diciembre de 1986)

Es un privilegio especial, como he dicho, estar aquí en 1960, cuando ustedes están celebrando lo que podríamos llamar las bodas de oro de la Unión. En este momento es natural y correcto que deban hacer una pausa para examinar su posición, mirando hacia atrás en lo que han logrado, y mirar hacia lo que está por delante. En los cincuenta años de su nación el pueblo de Sudáfrica ha construido una economía fuerte, fundada en una agricultura saludable e industrias prósperas y resistentes.

Nadie podría dejar de sentirse impresionado con el progreso material inmenso que se ha logrado. Todo esto se ha logrado en tan poco tiempo, que es un testimonio impresionante de la habilidad, la energía y la iniciativa de su pueblo. Nosotros en Gran Bretaña nos sentimos orgullosos de la contribución que hemos han hecho a este notable logro. Gran parte de ello ha sido financiado por el capital británico…

Como he viajado por toda la Unión he encontrado en todas partes, como esperaba, una profunda preocupación con lo que está sucediendo en el resto del continente africano. Entiendo y simpatizo con su participación en estos sucesos y su ansiedad acerca de ellos.
Desde la ruptura de la Imperio Romano uno los hechos constantes de la vida política en Europa ha sido el surgimiento de naciones independientes. Han venido a la existencia durante siglos en formas diferentes, con distintas clases de gobierno, pero todas inspiradas por un sentimiento profundo, entusiasta de nacionalismo, que ha crecido como las naciones han crecido.

En el siglo XX, y sobre todo desde el final de la guerra, los procesos que dieron origen a los Estados nacionales de Europa se han repetido en todo el mundo. Hemos visto el despertar de la conciencia nacional en los pueblos que han vivido durante siglos en la dependencia de otro poder. Hace quince años atrás, este movimiento se extendió por Asia. Muchos países allí, de diferentes razas y civilizaciones, presionaron reclamando una vida nacional independiente.

Hoy está sucediendo lo mismo en África, y lo más llamativo de todas las impresiones que he formado desde que salí de Londres hace un mes, es la fuerza de esta conciencia nacional africana. En lugares diferentes toma formas diferentes, pero está sucediendo en todas partes.

Vientos de cambio soplan en este continente, y tanto si nos gusta como si no, el crecimiento de la conciencia nacional es un hecho. Debemos aceptarlo, y nuestras políticas nacionales deben tenerlo en cuenta.

Bueno ustedes entienden esto mejor que nadie, que provienen de Europa, la casa del nacionalismo, y aquí en África han creado una nación libre. Una nueva nación. De hecho, en la historia de nuestros tiempos los suyos serán registrados como el primero de los nacionalistas africanos. Esta marea de conciencia nacional, que está aumentando en África, es un hecho, del cual tanto ustedes como nosotros, y las otras naciones del mundo occidental somos en última instancia los responsables.

Pero sus causas se encuentran en:los logros de la civilización occidental, el empuje hacia delante de las fronteras del conocimiento, la aplicación de la ciencia al servicio de las necesidades humanas, la ampliación de la producción de alimentos, en la aceleración y multiplicación de los medios de comunicación, y quizás por encima de todo y más que cualquier otra cosa en la difusión de la educación.

Como ya he dicho, el crecimiento de la conciencia nacional en África es un hecho político, y debemos aceptarlo como tal. Esto quiere decir, que yo juzgaría, que tenemos que llegar a un acuerdo con ello. Sinceramente creo que si no podemos hacer lo que, podemos poner en peligro el precario equilibrio entre el Este y el Oeste en el que la paz del mundo depende.

El mundo actual está dividido en tres grupos principales. En primer lugar están lo que llamamos las potencias occidentales. Ustedes en Sudáfrica y nosotros en Gran Bretaña pertenecemos a este grupo, junto con nuestros amigos y aliados en otras partes del Commonwealth. En los Estados Unidos de América y en Europa lo llamamos el Mundo Libre.

En segundo lugar están los comunistas – Rusia y sus satélites en Europa y China, cuya población se elevará hacia el final de los próximos diez años al total asombroso de 800 millones.

En tercer lugar, están otras partes del mundo cuyo pueblo no esta la actualidad comprometido al comunismo o a nuestras ideas occidentales. En este contexto, pensamos primero en Asia y luego en África.

A mi modo de ver el gran tema de esta segunda mitad del siglo XX es si los pueblos no comprometidos de Asia y África se volverán hacia el Este o al Oeste. ¿Serán cooptados en el campo comunista? ¿O los grandes experimentos en el autonomía que se están realizando en Asia y África, especialmente en la Commonwealth, demuestran tanto éxito, y por su ejemplo tan convincente, mantendrán el equilibrio en favor de la libertad, el orden y la justicia? La lucha une, y esta es una lucha por las mentes de los hombres. Lo que ahora está en juicio es mucho más que nuestra fuerza militar o de nuestra habilidad diplomática y administrativa. Es nuestra forma de vida. Las naciones no comprometidas querrán ver antes de escoger.

(MAURICE) HAROLD MACMILLAN, Discurso del Primier inglés ante el Parlamento sudafricano, 3 de febero de 1960.

Fuente: http://constitucionweb.blogspot.com/2011/01/vientos-de-cambio-discurso-del-primer.html
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Declaración de la independencia del Congo

Patrice Lumumba

Vuestra Majestad, 

Excelencias, señoras y señores, hombres y mujeres congoleses,  luchadores de la independencia, que hoy sois victoriosos,  os saludo en nombre del gobierno congolés.

Os pido a todos, amigos míos que habéis luchado incesantemente a nuestro lado, que este trece de junio de 1960 sea conservado como una fecha grabada indeleblemente en vuestros corazones, una fecha cuyo significado enseñaréis con orgullo a vuestros hijos, para que ellos, a su vez, transmitan a sus hijos y a sus nietos la historia gloriosa de nuestra lucha por la libertad.

Porque si bien la independencia del Congo es celebrada hoy con el acuerdo de Bélgica, una nación amiga con la cual estamos en pie de igualdad, ningún congolés digno de ese nombre podrá olvidar jamás que fue con la lucha que ganamos la independencia, con una continua y prolongada, ardiente e idealista lucha, en la cual no ahorramos nuestra fuerza ni nuestras privaciones, nuestros sufrimientos ni nuestra sangre.

De esta lucha de lágrimas, fuego y sangre estamos orgullosos hasta las raíces más profundas de nuestro ser porque fue una lucha noble y justa, absolutamente necesaria para acabar con la infamante esclavitud que nos fue impuesta por la fuerza.

Este fue nuestro destino durante los ochenta años de gobierno colonial; nuestras heridas están aún demasiado frescas y son todavía muy dolorosas para permitirnos borrarlas de nuestra memoria.

Conocimos el trabajo deslomador que se nos exigía la cambio de salarios que no nos permitían satisfacer nuestra hambre, vestirnos o alojamos decentemente, ni criar a nuestros niños como las amadas criaturas que son.

Conocimos la burla, los insultos, los golpes, sometidos mañana, tarde y noche, porque éramos negros. ¿Quién olvidará que a un negro se le dirigía la palabra con términos familiares no por cierto como a un amigo, sino porque las formas más corteses estaban reservadas a los blancos?

Conocimos la expoliación de nuestras tierras en nombre de supuestos textos legales que en realidad solo reconocían el derecho del más fuerte.

Conocimos que la ley no era nunca la misma, se tratase de un blanco o de un negro; que era benévola con uno, cruel e inhumana con el otro.

Conocimos el atroz sufrimiento de aquellos que fueron encarcelados por sus opiniones políticas o sus creencias religiosas; exiliados en su propio país, su destino fue peor que la misma muerte.

Conocimos que en las ciudades donde había magnificas casas para los blancos y chozas destartaladas para los negros, que los negros no eran admitidos en los cines o restaurantes, que no podían entrar en los negocios llamados “europeos”, que, cuando un negro viajaba, era en la bodega más baja del barco, a los pies del blanco acomodado en su cabina de lujo.

Y, finalmente, ¿quién olvidará los ahorcamientos, o las escuadras incendiarias, por las que perecieron tantos de nuestros hermanos, o las celdas donde eran brutalmente arrojados aquellos que escapaban de las balas de los soldados, esos soldados que los colonialistas convirtieron en instrumento de su dominación?

Todo esto, hermanos, nos ha hecho sufrir profundamente.

Pero todo esto, sin embargo, nosotros, que por el voto de vuestros representantes electos debemos guiar a nuestro amado país, nosotros que sufrimos en nuestra carne y en nuestro corazón la opresión colonialista nosotros os decimos: todo esto ha terminado desde hoy.

La República del Congo ha sido proclamada y nuestro amado país está ahora en manos de sus propios hijos.

Juntos, hermanos míos, comenzaremos otra lucha una lucha sublime, que llevará a nuestro país a la paz, a la prosperidad y la grandeza.

Juntos estableceremos la justicia social y aseguraremos a cada hombre la justa remuneración por su trabajo.

Enseñaremos al mundo lo que el negro puede hacer cuando trabaja en libertad, y convertiremos al Congo el centro de África.

Vigilaremos que las tierras de nuestra nación beneficien realmente a los hijos de nuestra nación.

Reexaminaremos las leyes anteriores, y haremos otras, justas y nobles.

Terminaremos con la supresión del libre pensamiento, y haremos que todos los ciudadanos puedan disfrutar totalmente de las libertades fundamentales establecidas en la Declaración de los Derechos del Hombre.

Suprimiremos la discriminación -cualquiera sea- y otorgaremos a cada individuo el justo lugar a que le da derecho su dignidad humana, su trabajo y su devoción hacia su país.

Y para todo esto, amados compatriotas, podéis estar seguros de que contaremos, no solo con nuestras enormes fuerzas e inmensas riquezas, sino también con la asistencia de numerosos países extranjeros cuya colaboración aceptaremos mientras sea honesta y no intente imponernos ningún sistema político, cualquiera que sea éste.

En este terreno, aun Bélgica, que comprendiendo finalmente el sentido y dirección de la historia cesó de oponerse a nuestra independencia, está dispuesta a brindarnos su ayuda y amistad; hemos firmado, a este efecto, un tratado como dos países iguales e independientes. Estoy seguro de que esta cooperación será provechosa para ambos países. Por nuestra parte, y aun cuando sigamos vigilando, sabremos cómo respetar los compromisos contraídos libremente.

Así, en los asuntos internos como en los exteriores, el nuevo Congo que mi gobierno creará será un país rico, libre y próspero. Pero para llegar pronto a este objetivo, os pediré, legisladores y ciudadanos congoleses, que me ayudéis con todas vuestras posibilidades.

Os pido que olvidéis vuestras disputas tribales que consumen nuestras energías, y que arriesgan convertirnos en el objeto de desprecio de las demás naciones.

Pido a la minoría parlamentaria que ayude a mi gobierno mediante una oposición constructiva, y que permanezca dentro de los límites estrictos de la legalidad y la democracia.

Os pido a todos que no exijáis de un día para otro aumentos desconsiderados de salarios, antes de que pueda poner en marcha un plan general mediante el cual espero asegurar la prosperidad de la nación.

Os pido que no evitéis ningún sacrificio para asegurar el triunfo de nuestra magnífica empresa.

Os pido, por fin, que respetéis incondicionalmente la vida y la propiedad de vuestros conciudadanos, y la de los extranjeros establecidos en nuestro país. Si el comportamiento de estos extranjeros dejara a veces algo que desear, nuestra justicia se apresurará a echarlos del territorio de la República; si, por el contrario, su conducta es satisfactoria, no se los molestará porque también trabajan para la prosperidad de nuestro país.

Y esto, mis hermanos de raza, mis hermanos en el conflicto, mis compatriotas, es lo que yo quería decimos en nombre del gobierno, en este magnífico día de nuestra independencia soberana y completa.

Nuestro gobierno -fuerte, nacional, popular- será la salvación de este país.

¡Honremos a los Campeones de la Libertad Nacional! ¡ Viva el Congo Independiente y Soberano!

Discurso del primer ministro del Congo independiente, Patrice Émery Lumumba, 30 de  junio de 1960.  Fue pronunciado en la ceremonia de independencia del Congo, 1960, en presencia del rey de Bélgica. Según se dice, supuso la sentencia de muerte para Lumumba, que fue asesinado en 1961.

#congo