Ultimátums a Alemania, tras invadir Polonia, 1939

El ultimátum francés a Alemania, 3 de septiembre de 1939

Tropas alemanas pasan la frontera polaca

“Excelentísimo Señor:

No habiendo recibido el 3 de septiembre a las 12 horas del mediodía, ninguna respuesta satisfactoria del gobierno del Reich al escrito que entregué a V.E. el 1 de Septiembre, a las 22 horas, tengo el honor de comunicarle, por encargo de mi gobierno, lo siguiente:

El gobierno de la República Francesa considera su deber recordar, por última vez, la grave responsabilidad que ha tomado sobre sí el gobierno del Reich al haber abierto las hostilidades contra Polonia sin declaración de guerra y no haber aceptado la proposición de los gobiernos de la República Francesa y de Su Majestad británica de suspender toda acción de ataque contra Polonia y declararse dispuesto a una retirada inmediata de sus tropas de territorio polaco.

El gobierno de la República tiene por ello el honor de poner en conocimiento del gobierno del Reich que se ve obligado desde hoy 3 de Septiembre, a las 17 horas, a cumplir las obligaciones contraídas por Francia con Polonia en el Tratado Franco-Polaco y que el gobierno alemán conoce”.

Coulondre, Embajador de Francia en Berlín

El ultimátum británico a Alemania, 3 de septiembre de 1939

“Excelentísimo Señor:

En el comunicado que tuve el honor de dar a conocer a V.E. el 1 de Septiembre, informaba a V.E, siguiendo las instrucciones del Secretario para Asuntos Exteriores de Su Majestad, que el gobierno de Su Majestad del Reino Unido cumplirá sin demora sus obligaciones con Polonia, si el gobierno alemán no está dispuesto a dar al gobierno de Su Majestad del Reino Unido seguridades satisfactorias de que el gobierno alemán suspende toda acción de ataque contra Polonia y está dispuesto a retirar inmediatamente sus tropas de territorio polaco.

Aunque este comunicado fue dado a conocer hace más de veinticuatro horas, no ha obtenido ninguna respuesta habiendo, por el contrario continuado y aumentado los ataques alemanes contra Polonia. Por ello, tengo el honor de informar a V.E. que, en el caso de que hasta las 11 horas de la mañana (hora de verano británica) de hoy, 3 de Septiembre, no sea dada una seguridad satisfactoria en el sentido antes mencionado, por el gobierno alemán y llegue a Londres a manos del gobierno de Su Majestad, existirá, desde ese momento, un estado de guerra entre los dos países”.

Neville Henderson, Embajador del Reino Unido en Berlín

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#francia, #reino-unido

La Conferencia de Teherán, 1943

A finales de noviembre de 1943, Roosevelt y Churchill viajaron a Teheran para mantener su primer encuentro con Stallin. El presidente y el Primer Ministro ya habían aprobado una plan para lanzar una ofensiva cruzando el canal. Roosevelt estaba completamente a favor de llevar a cabo el proyecto a principios de 1944, tan pronto como las condiciones atmosféricas lo permitieran. Durante la Conferencia de Teherán, Churchill objetó que consideraba prioritaria la situación de Italia y las posibles nuevas compañas en los Balcanes y el sur de Francia, pero perdió la votación frente a Rooseelt y Stalin. La operación Overload fue fijada para mayo de 1944. Una vez concluida las conversaciones, el Estado Mayor conjunto convocó a Elsenhower, que se encontraban en el Mediterráneo, para asignarle el mando del cuartel general supremo de las fuerzas expedicionarias aliadas con el fin de que organizara y llevara a cabo la invasión a través del canal. La conferencia de Teherán marco el apogeo de la alianza entre el este y el oeste en tiempo de guerra.

Los ‘Tres Grandes’ en Teherán (Irán) De izquierda a derecha, el líder soviético Iósiv Stalin, el presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt y el primer ministro británico sir Winston Churchill, reunidos en Teherán (Irán) en 1943 para elaborar la estrategia militar y la política europea de la posguerra.

(A) Declaración de los Tres Poderes, 1 de diciembre, 1943

Nosotros, el Presidente de los Estados Unidos, el Primer Ministro de Gran Bretaña, y el Premier de la Unión Soviética, se han reunido esos cuatro días anteriores, en esta, la Capital de nuestro aliado, Irán, y han dado forma y confirma nuestra política común.

Expresamos nuestra determinación de que nuestras naciones deberán trabajar juntos en la guerra y en la a la paz que seguirá.

En cuanto a la guerra, nuestro personal militar se han unido en nuestra mesa redonda de discusiones, y hemos concertado nuestros planes para la destrucción de las fuerzas alemanas. Hemos llegado a un acuerdo total en cuanto al alcance y el calendario de las operaciones que se realizarán desde el este, el oeste y el sur.

El entendimiento común que hemos alcanzado aquí garantías que la victoria será nuestra.

Y la paz – estamos seguros de que nuestra concordia se ganará una paz duradera. Reconocemos plenamente la responsabilidad suprema de descanso a todos nosotros y las Naciones Aliadas a hacer una paz que cuente con la buena voluntad de la inmensa masa de los pueblos del mundo y desterrar el flagelo de la guerra y el terror para muchas generaciones.

Con nuestros asesores Diplomáticos hemos estudiado los problemas del futuro. Vamos a buscar la cooperación y la participación activa de todas las naciones, grandes y pequeñas, cuyos pueblos en el corazón y la mente se dedican, al igual que nuestros propios pueblos, a la eliminación de la esclavitud y la tiranía, la opresión y la intolerancia. Le daremos la bienvenida, ya que pueden optar a entrar, en la Familia de las Nacionales Aliadas, en un mundo Democrático.

Ningún poder sobre la tierra puede impedir la destrucción de ejércitos alemanes por tierra, sus U Boats por mar, y sus plantas de maquinaria para la guerra desde el aire.

Nuestro ataque será incesante y cada vez mayor.

Que salgan de estas conferencias cordiales las naciones, esperamos con confianza en el día en que todos los pueblos del mundo puedan vivir libres , al margen de la tiranía, y de acuerdo con sus diferentes deseos y sus propias conciencias.

Hemos venido aquí con esperanza y determinación. Dejamos aquí, amigos, de hecho, en espíritu y en fin.

ROOSEVELT, CHURCHILL y STALIN

Firmado en Teherán, 1 de diciembre, 1943

(B), Declaración de los Tres Poderes en cuanto a Irán, el 1 de diciembre de 1943

El Presidente de los Estados Unidos, el Primer Ministro de la URSS. y el Primer Ministro del Reino Unido, después de haber celebrado consultas, y con el Primer Ministro de Irán, el deseo de declarar el acuerdo mutuo de sus tres Los gobiernos con respecto a sus relaciones con Irán.

Los Gobiernos de los Estados Unidos, la URSS., y el Reino Unido reconocen la ayuda que Irán ha prestado en la persecución de la guerra contra el enemigo común, en particular por facilitar el transporte de suministros desde el extranjero a la Unión Soviética.

Los tres gobiernos se dan cuenta de que la guerra ha causado dificultades económicas para Irán, y ellos están de acuerdo en que se sigan poniendo a disposición del Gobierno de Irán ayudas tales como la asistencia económica pueda ser posible, teniendo en cuenta las grandes exigencias formuladas a los mismos por sus operaciones militares en todo el mundo , y que termine en todo el mundo la escasez de transporte, materias primas y suministros para el consumo civil.

Con respecto a la posguerra, los gobiernos de los Estados Unidos, la URSS y el Reino Unido están de acuerdo con el Gobierno de Irán en que los problemas económicos que enfrenta Irán al término de las hostilidades deberán recibir plena consideración, junto con los de otros miembros de las Naciones Aliadas, en las conferencias o de los organismos internacionales celebrados o creados para ocuparse de las cuestiones económicas internacionales.

Los Gobiernos de los Estados Unidos, la URSS y el Reino Unido están en concordancia con el Gobierno de Irán en su deseo para el mantenimiento de la independencia, la soberanía y la integridad territorial de Irán y contar con la participación De Irán, junto con todas las demás naciones amantes de la paz, en el establecimiento de la paz, la seguridad y la prosperidad después de la guerra, de conformidad con los principios de la Carta del Atlántico, a la que los cuatro gobiernos se han suscrito.

S. WINSTON CHURCHILL
J. STALIN
FRANKLIN D. ROOSEVELT

(C) del Personal de Conclusiones de la Conferencia de Teherán

La Conferencia:

1. Convino en que los partisanos en Yugoslavia deben recibir el apoyo de los suministros y el equipo en la mayor medida posible, y también por las operaciones de comando:

2. Convino en que, desde el punto de vista militar, es más deseable que Turquía debería entrar en la guerra al lado de los Aliados antes de fin de año:

3. Tomó nota del Mariscal Stalin en el sentido de que si Turquía se encontrase por fin en guerra con Alemania, y como resultado Bulgaria declarase la guerra a Turquía o ésta fuese atacada por ella, la Unión soviética podrá inmediatamente declararse en guerra con Bulgaria. La Conferencia tomó nota además de que este hecho podría incidir explícitamente en las próximas negociaciones para que Turquía entre en la guerra:

4. Tomó nota de que la Operación OVERLORD se iniciría en mayo de 1944 [futuro desembarco de Normandía], en relación con una operación contra el sur de Francia. Esta última operación se llevaría a cabo en una fuerza tan grande como la disponibilidad de aterrizaje – las embarcaciones permitidas. La Conferencia tomó nota además de Mariscal Stalin en el sentido de que las fuerzas soviéticas pondrán en marcha una ofensiva casi al mismo tiempo con el objeto de impedir la transferencia de las fuerzas alemanas de la zona oriental a la occidental del Frente:

5. Convino en que el personal militar de las tres potencias en adelante debería mantener un estrecho contacto entre sí en lo que se refiere a las inminentes operaciones en Europa. En particular, se acordó un plan de cobertura para desmistificar y engañar al enemigo en lo que respecta a estas operaciones debiendo ser concertadas entre el personal en cuestión.

FRANKLIN D. ROOSEVELT
JOSEPH V. STALIN
S. WINSTON CHURCHILL

TEHRAN, 1 de diciembre de 1943

#churchill, #ee-uu, #reino-unido, #roosevelt, #stalin, #urss

Churchill: Sangre, Esfuerzo, Lagrimas y Sudor, 1940

Gobierno inglés, mayo de 1940, con W. Churchill como Primer Ministro

El viernes por la noche recibí de Su Majestad la misión de formar un nuevo gobierno. Era la evidente voluntad del Parlamento y de la nación el que fuera concebido sobre unas bases lo más amplias posibles y que incluyera a todos los partidos. Ya he completado la parte más importante de esta tarea. Se ha formado un gabinete de guerra de cinco miembros, representando, con la oposición Laborista y los Liberales, la unión de la nación. Fue necesario hacerlo en un día debido a la extrema urgencia y rigor de los eventos. Otras posiciones claves fueron cubiertas ayer. Esta noche le presento al rey una lista más amplia. Espero poder completar el nombramiento de los principales ministros en el día de mañana.

Normalmente, el nombramiento de ministros lleva mayor tiempo. Confío en que cuando el Parlamento se reúna de nuevo concluya esta parte de mi tarea y que el gobierno se halle, en todos sus aspectos, completo. Consideré útil para el bien público el sugerirle al Presidente que el Parlamento se debería reunir hoy. Al final de los procedimientos de la jornada, se propondrá el cese del parlamento hasta 21 de mayo, hecha la previsión de reuniones previas si fueran necesarias, en cuyo caso se notificará a los miembros del Parlamento lo más pronto posible. Ahora, invito al Parlamento a que, con una resolución, archive la aprobación de los pasos que se han tomado y declare su confianza en el gobierno. Ahora, invito al Parlamento que con una resolución archive la aprobación de los pasos que han tomado y declare su confianza en el gobierno.

Sir Winston Churchill sentado tras su escritorio en el número 10 de Downing Street. Londres. Mayo de 1940

La resolución “Este Parlamento le da la bienvenida a la formación de un gobierno que represente la unida e inflexible resolución de la nación de proseguir la guerra con Alemania hasta su victoriosa conclusión”. Formar un gobierno de esta complejidad y en esta escala es una responsabilidad seria en si misma. Pero nos hallamos en las fase preliminar de una de las más grandes batallas de la historia. Estamos actuando en muchos lugares de Noruega y Holanda, y debemos estar preparados en el Mediterráneo. La batalla aérea continúa, y se deben realizar muchos preparativos aquí y en el exterior. En esta crisis, espero que pueda perdonárseme si no me extiendo mucho al dirigirme a la Cámara hoy. Espero que cualquiera de mis amigos y colegas, o antiguos colegas, que están preocupados por la reconstrucción política, se harán cargo, y plenamente, de la falta total de ceremonial con la que ha sido necesario actuar. Yo diría a la Cámara, como dije a todos los que se han incorporado a este Gobierno: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor».

Tenemos ante nosotros una prueba de la más penosa naturaleza. Tenemos ante nosotros muchos, muchos, largos meses de combate y sufrimiento. Me preguntáis: ¿Cuál es nuestra política?. Os lo diré: Hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y lamentable catálogo de crímenes humanos. Esta es nuestra política.

Me preguntáis; ¿Cuál es nuestra aspiración?. Puedo responder con una palabra: Victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror; victoria por largo y duro que pueda ser su camino; porque, sin victoria, no hay supervivencia. Tened esto por cierto; no habrá supervivencia para todo aquello que el Imperio Británico ha defendido, no habrá supervivencia para el estímulo y el impulso de todas las generaciones, para que la humanidad avance hacia su objetivo. Pero yo asumo mi tarea con ánimo y esperanza.

Estoy seguro de que no se tolerará que nuestra causa se malogre en medio de los hombres. En este tiempo me siento autorizado para reclamar la ayuda de todas las personas y decir: «Venid, pues, y vayamos juntos adelante con nuestras fuerzas unidas.»

Discurso de Winston Churchill a la Cámara de los Comunes, 13 de mayo de 1940

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Propuesta de Unión franco-británica, 1940

Jean Monnet (Cognac, 9 de noviembre de 1888 - Yvelines, 16 de marzo de 1979)

En este momento sumamente fatal de la historia del mundo moderno, los Gobiernos del Reino Unido y de la República francesa hacen esta declaración de unión indisoluble e inflexible resolución en la defensa común de la justicia y la libertad contra el sometimiento a un sistema que reduce la Humanidad a una vida de robots y esclavos.

Los dos Gobiernos declaran que Francia y Gran Bretaña no serán en adelante ya dos naciones, sino una Unión franco-británica.

La constitución de la Unión instituirá organismos comunes para la defensa, la política exterior, la hacienda y la economía.

Todo ciudadano francés gozará inmediatamente de la ciudadanía británica; todo súbdito británico se convertirá en ciudadano francés.

Los dos países compartirán la responsabilidad de la reparación de los daños de la guerra, dondequiera que se produzcan en sus territorios, y los recursos de ambos, puestos en común, se aplicarán por igual a este fin.

Durante la guerra, habrá un solo gabinete de Guerra, y todas las fuerzas de Gran Bretaña y de Francia, en tierra, mar y aire, se pondrán bajo su dirección. Gobernará desde el lugar donde mejor pueda hacerlo. Los dos Parlamentos quedarán formal mente asociados. Las naciones del Imperio británico están formando ya nuevos ejércitos. Francia mantendrá las fuerzas adecuadas en tierra, mar y aire. La Unión hace un llamamiento a los Estados Unidos para que fortalezcan los recursos económicos de los Aliados y presten su poderosa ayuda material a la causa común.

La Unión concentrará toda su energía contra el poder del enemigo, dondequiera que la batalla pueda darse. Y así venceremos.

Propuesta redactada por Jean Monnet con la colaboración de consejeros británicos, entre ellos John Maynard Keynes, 16 de junio de 1940

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Resultados de la Conferencia de Stressa, 1935

Pierre Laval, Benito Mussolin, MacDonald en la Conferencia de Stressa, 1935

El Frente de Stresa fue un acuerdo tomado en abril de 1935 por el ministro de asuntos exteriores francés Pierre Laval, el primer ministro británico Ramsay MacDonald y el líder italiano Benito Mussolini. Su objetivo era reafirmar los Tratados de Locarno y declarar que la independencia de Austria “seguiría inspirando su política común”. También se acordó la oposición a cualquier intento de Alemania para tratar de cambiar las condiciones del Tratado de Versalles. El tratado fue negociado en una conferencia celebrada en Stresa, en Italia, de donde toma su nombre. Véamos un artículo de la prensa de este momento:

Stresa, 15, 10 mañana.— A las doce y veinte de la tarde de ayer, terminó la conferencia de las Tres Potencias, representadas aquí por sus presidentes del Consejo y sus ministros de Negocios Extranjeros. Sobre los resultados de la Conferencia se ha facilitado la siguiente referencia:

“Los representantes de los Gobiernos de Italia, Francia y el Reino Unido, han examinado la situación general de Europa después de los cambios de puntos de vista sostenidos durante las últimas semanas acerca de la decisión tomada el día 16 de marzopor el Gobierno alemán. Se llegó a un completo acuerdo sobre varios asuntos examinados, que son:

Decisión sobre cuatro puntos

Primero: Las potencias acuerdan seguir la línea común de conducta acerca del memorándum francés a la Sociedad de Naciones.

Segundo: La información que ellas recibieron confirma sus puntos de vista en sentido de que las negociaciones deben desarrollarse en forma que constituyan la seguridad de la Europa del Este.

Tercero: Reafirmar la necesidad de mantener la independencia e integridad de Austria, que debe continuar siendo una aspiración de política común. Los representantes de los Gobiernos en el Pacto de Roma, también deben reunirse en fecha próxima para llegar a un acuerdo central europeo.

Cuarto: Acuerdan continuar el estudio de un pacto aéreo para la Europa del Oeste y “de acuerdos bilaterales que puedan acompañarlo”.

Contra el gesto unilateral del Reich

Quinto. Lamentan tener que reconocer que la repudiación unilateral por Alemania de las cláusulas militares del Tratado de Versalles, ha socavado la confianza pública en ia seguridad del mantenimiento de la paz. También la magnitud del rearme alemán ha invalido los supuestos sobre los que se basaban los esfuerzos para el desarme. “No obstante, las tres potencias reafirman, su decisión de sostener la paz por el medio de establecer un sentido de seguridad.”

Sexto. Las tres potencias declaran que otros Estados interesados deben informarse del deseo de Austria, Hungría y Bulgaria de rearmarse.

Una declaración posterior de las delegaciones italiana y británica, reafirma las obligaciones dimanantes del Pacto de Locarno con el deseo de “cumplirlas fielmente, si la necesidad lo exige”.

El comunicado agrega que la declaración final de las tres potencias, cuyo objetivo es el mantenimiento colectivo de la paz dentro de la Sociedad de Naciones, es un completo acuerdo, en oponerse por los medios prácticos a cualquier réplica unilateral de los Tratados, que pueda poner en peligro la paz de Europa y reitera que actuarán en colaboración estrecha y cordial con este propósito. — United Press.

Fuente: ABC, 16 de abril de 1935, p. 25

El frente no tuvo demasiado éxito en la práctica. Dos meses después, en junio de 1935, Inglaterra y la Alemania Nazi firmaban el acuerdo naval anglo-alemán, que violaba implícitamente el Tratado de Versalles, permitiendo a Alemania el incremento de su fuerza naval hasta el 35% de la Marina Real, y la posibilidad de construir submarinos. El frente llegó a su fin con la invasión italiana de Abisinia y la consiguiente condena del hecho por parte de Francia e Inglaterra en la Sociedad de Naciones.

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Los Pactos de Locarno, 1925

Los Tratados de Locarno fueron siete los acuerdos negociados en Locarno, Suiza, entre el 5 octubre y el 16 octubre de 1925 y formalmente firmados en Londres el 1 de diciembre del mismo año, en el que la Primera Guerra Mundial, Europa occidental las potencias aliadas y los nuevos estados de Europa central y oriental, se solicitó la después de la guerra arreglo territorial, a cambio de normalizar las relaciones con la Alemania derrotada (que era, en ese momento, la República de Weimar). Uno de estos acuerdos fue el Tratado de Garantía Mutua entre Alemania, Bélgica, Francia, Gran Bretaña e Italia, 16 de octubre de 1925 (a menudo denominado como “El Pacto de Locarno”)

De izquierda a derecha: Gustav Stresemann, Joseph Austen Chamberlain, Aristide Briand

«El Presidente del Reich Alemán, Su Majestad el Rey de los Belgas, el Presidente de la República Francesa, Su Majestad el Rey del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y los Dominios Británicos allende los mares, Emperador de la India, y su SM el Rey de Italia;

Ansiosos de satisfacer el deseo de seguridad y protección que anima a los pueblos sobre los cuales cayó el flagelo de la guerra de 1914-1918;

Tomando nota de la abrogación de los tratados para la neutralización de Bélgica, y consciente de la necesidad de asegurar la paz en el área que ha sido con frecuencia el escenario de los conflictos europeos;

Animado también con el sincero deseo de dar a todas las potencias signatarias se trate garantías suplementarias en el marco del Pacto de la Liga de las Naciones Unidas y los tratados en vigor entre ellos;

Han decidido celebrar un tratado con estos objetos, y han nombrado como plenipotenciarios:

[Los nombres de los Plenipotenciarios han sido omitido]

Quienes, habiéndose comunicado sus plenos poderes, hallados en buena y debida forma, han convenido en lo siguiente:

Artículo 1

Las altas partes contratantes garantizan individual y colectivamente, como se estipula en los artículos que siguen, el mantenimiento del statu-quo territorial, resultante de las fronteras entre Alemania y Bélgica, y entre Alemania y Francia, y la inviolabilidad de dichas fronteras tales como han sido fijadas por o en ejecución del Tratado de paz firmado en Versalles el 28 de junio de 1919, así como la observación de las disposiciones de los artículos 42 y 43 de dicho Tratado, concernientes a la zona desmilitarizada.

Artículo 2

Alemania y Bélgica y también Alemania y Francia se comprometen recíprocamente a no entregarse de una u otra parte a ningún ataque o invasión, y a no recurrir de una u otra parre en ningún caso a la guerra. Sin embargo, esta estipulación no se aplica, si se trata:

1) del ejercicio del derecho de legítima defensa, es decir, de oponerse a una violación del compromiso del párrafo precedente, o de una contravención flagrante de los artículos 42 ó 43 del citado Tratado de Versalles, cuando una tal contravención constituya un acto no provocado de agresión y que en razón de la concentración de las fuerzas armadas en la zona desmilitarizada una acción inmediata sea necesaria;

2) de una acción en aplicación del artículo 16 del Pacto de la Sociedad de Naciones;

3) de una acción en razón de una decisión tomada por la Asamblea o por el Consejo de la Sociedad de Naciones, o en aplicación del artículo 15, párrafo 7, del Pacto de la Sociedad de Naciones, siempre que en este último caso esta acción sea dirigida contra un Estado que en primer lugar se haya entregado a un ataque.

Artículo 3

Tomando en consideración los compromisos respectivamente adquiridos en el artículo 2 del presente Tratado, Alemania y Bélgica, y Alemania y Francia se comprometen a arreglar por vía pacífica y de la manera siguiente todas las cuestiones, de cualquier naturaleza que sean, que vengan a dividirlas y que no hayan podido ser resueltas por los procedimientos diplomáticos ordinarios […].

Artículo 4

1) Si una de las altas partes contratantes estima que ha sido o es cometida una violación del artículo 2 del presente Tratado o una contravención de los artículos 42 ó 43 del Tratado de Versalles, llevará inmediatamente la cuestión ante el Consejo de la Sociedad de Naciones.

2) En cuanto el Consejo de la Sociedad de Naciones haya constatado que una tal violación o contravención ha sido cometida, dará sin demora aviso a las potencias signatarias del presente Tratado, y cada una de ellas se compromete a prestar, en semejante caso, inmediatamente su asistencia a la potencia contra la cual el acto incriminado haya sido dirigido.

3) En caso de violación flagrante del artículo 2 del presente Tratado o de contravención flagrante de los artículos 42 ó 43 del Tratado de Versalles por una de las altas partes contratantes, cada una de las otras potencias contratantes se compromete, desde el presente, a prestar inmediatamente su asistencia a la parte contra la cual una tal violación o contravención haya sido dirigida desde que la dicha potencia haya podido constatar que esta violación constituye un acto no provocado de agresión y que en razón sea del paso de la frontera, sea de la apertura de las hostilidades o de la concentración de las fuerzas armadas en la zona desmilitarizada, una acción inmediata es necesaria. Sin embargo, el Consejo de la Sociedad de Naciones, sometida la cuestión conforme al primer párrafo del presente artículo, hará conocer el resultado de sus constataciones. Las altas partes contratantes se comprometen en semejante caso a actuar en conformidad con las recomendaciones del Consejo que habrán recogido la unanimidad de los votos, con exclusión de los votos de los representantes de las partes comprometidas en las hostilidades». […]

Artículo 10

El presente Tratado será ratificado y las ratificaciones serán depositadas en Ginebra en los archivos de la Liga de las Naciones Unidas tan pronto como sea posible.

El presente Acuerdo entrará en vigor tan pronto como todas las ratificaciones se han depositado y Alemania se ha convertido en un miembro de la Sociedad de Naciones.

El presente Tratado, hecho en un solo ejemplar, será depositado en los archivos de la Sociedad de Naciones, y el Secretario General le solicitará que remita copias certificadas de cada una de las Altas Partes Contratantes.

En fe de lo cual los Plenipotenciarios arriba mencionados han firmado el presente Tratado.

Stresemann, A.Chamberlain, B.Mussolini, Briand y Vandervelde

Firmado en Lucerna el 16 de octubre de 1925.

El documento fue publicado en el Libro de comandos británicos Parlamentaria 2525 en el año 1925 de acuerdo a la revista American Journal of International Law, vol. 20, No. 1, Suplemento: Archivo de Documentos (enero, 1926), pp 21-33.

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Juicio de Churchill sobre el Pacto de Munich, 1938

Winston Leonard Spencer-Churchill (Palacio de Blenheim, 30 de noviembre de 1874 – Londres, 24 de enero de 1965)

«Verdaderamente no tenemos tiempo que perder después de este largo debate sobre los diferentes resultados obtenidos en Berchtesgaden, en Godesberg y en Munich. Pueden ser resumidos de forma muy simple si la Cámara quiere permitirse modificar la metáfora. El dictador ha reclamado primero una libra esterlina “con la pistola en la mano”. Cuando se le había dado, reclamó dos libras esterlinas “con la pistola en la mano”. Finalmente, ha querido contentarse con tomar una libra, 17 chelines y 6 peniques y el sueldo, con promesas de buena voluntad para el porvenir.

Nadie ha luchado jamás para salvaguardar la paz, con más resolución y empeño que el primer ministro. Cada cual lo sabe. Jamás he sido testigo de esfuerzos tan obstinados y tan intrépidos, con vistas a mantener y preservar la paz. Sin embargo, no veo muy bien que Gran Bretaña y Francia hayan corrido en esta ocasión, tan gran peligro de ser arrastadas a la guerra, puesto que, de hecho, siempre habían estado decididas a sacrificar a Checoslovaquia

Todo está consumado. Silenciosa, lúgubre, abandonada, rota Checoslovaquia se hunde en la sombra. Ha soportado desde todos los puntos de vista sus lazos de asociación con esta Francia que le servía de guía y de la que ella ha seguido tan largo tiempo su política.

No puedo admitir que nuestro país pueda caer bajo el poder de la Alemania nazi y bajo su influencia, que pueda ser arrastada a su órbita y que nuestra existencia dependa un día de su voluntad y de su capricho… Y no vayáis a creer que esto sea un final. No, esto no es más que el comienzo del ajuste de cuentas. No es más que el primer sorbo, el sabor anticipado de una copa amarga que se nos tenderá año tras año, a menos que, recobrando por un supremo esfuerzo nuestra salud moral y nuestra fuerza militar, nos pongamos en pie para defender la libertad como en otros tiempos».

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“Lo máximo que ha sido capaz de lograr… [le interrumpe gran parte de la cámara, gritando “es la paz”] (…) Lo máximo que ha sido capaz de conseguir para Checoslovaquia y en las cuestiones sobre las cuales todavía no se había llegado a ningún acuerdo ha sido que el dictador alemán, en lugar de agarrar la comida de la mesa, se conformase con hacer que se los sirvieran plato por plato (…) No puede existir nunca la certeza de que habrá una lucha, si una de las partes está decidida a ceder por completo (…) Después de la toma de Austria, en marzo, nos enfrentamos a ese problema en nuestros debates. Me aventuré a pedir al gobierno que fuera un poco más allá de lo que había ido el primer ministro y prometiera que, junto con Francia y otras potencias, garantizaría la seguridad de Checoslovaquia (…) No creo que sea justo acusar a los que deseaban que se siguiera ese camino (…) de haber deseado una guerra inmediata. Entre la sumisión y la guerra inmediata, había una tercera alternativa, que daba una esperanza no sólo de paz, sino también de justicia (…)

Se acabó todo. En silencio, triste, abandonada, destrozada, Checoslovaquia se hunde en la oscuridad (…) Los mineros de los Sudetes, que son todos checos y cuyas familias han vivido en esa región durante siglos, ahora deben huir a una zona en la que casi no quedan minas donde puedan trabajar. Es una tragedia (…) Verán que, en un período que tal vez se calcule por años, pero que tal vez se calcule sólo por meses, Checoslovaquia quedará envuelta por el régimen nazi.

En lo que respecta a este país [Reino Unido], la responsabilidad debe recaer en los que ejercen un control indiscutible sobre nuestros asuntos políticos, que ni evitaron que Alemania se rearmara, ni se rearmaron a su vez a tiempo. (…)

Y no supongan que aquí acaba todo. La hora de la verdad no ha hecho más que comenzar. Esto no es más que el primer sorbo, el primer anticipo de una copa amarga que nos ofrecerán año tras año, a menos que, mediante una recuperación suprema de la salud moral y el vigor marcial, volvamos a levantarnos y a adoptar nuestra posición a favor de la libertad, como en los viejos tiempos”.

Discurso de W. S. Churchill en la Cámara de los Comunes, con motivo del debate sobre los acuerdos de Munich, 1938

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