Churchill y el telón de acero

Estoy contento de haber venido al Westminister College esta tarde, y también de que me hagan el honor de concederme el doctorado […]

Hoy los Estados Unidos se encuentran en el pináculo de la torre del poder. Es un momento solemne para la Democracia americana. Porque esa primacía de poder está acompañada de una impresionante responsabilidad de futuro. Si miran a su alrededor, no sólo deberán tener el sentimiento del deber cumplido, sino que habrán de sentir el temor de no alcanzar todo lo que se han propuesto… es necesario que el espíritu constante, el propósito inmutable y la gran sencillez en las decisiones guíen y gobiernen en la paz como e la guerra, la conducta de los pueblos que hablan en inglés. En esta obligación debemos demostrar que somos iguales, y creo que lo vamos a hacer.

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El primer ministro británico prouncia su famoso discurso sobre el “Telón de acero” (Fotografía de George Skadding/The LIFE Pictura Collection(Getty Images)

Tengo una propuesta práctica y concreta que hacer. Se pueden nombrar tribunales y jueces, pero no pueden funcionar sin sheriff ni policías. La Organización de la Naciones Unidas debe empezar inmediatamente a proveerse de un ejército internacional… propongo que se invite a todas las potencias y a todos los Estados a que deleguen un número determinado de sus escuadrones aéreos para e servicio de la Organización mundial… se podría empezar a escala modesta, para que creciera a medida que lo hiciera la confianza. Querría haber visto que se hacía cuando terminó la Primera Guerra Mundial, y confío de todo corazón que se pueda hacer inmediatamente.

No obstante, sería un error y una imprudencia confiar los conocimientos secretos o la experiencia de la bomba atómica, que hoy comparten los Estados Unidos, Gan Bretaña y Canadá, a la Organización Internacional mientras esta se encuentre en su infancia… Nadie de ningún país ha dormido peor en su cama porque estos conocimientos, esos métodos y las materias primas que hay que utilizar, en su mayoría se encuentren hoy en manos de los americanos. No creo que todos nosotros hubiéramos dormido con tanta placidez si la situación hubiese sido la opuesta o si algún estado comunista o neofascista hubiese monopolizado hasta hoy estos temibles recursos. Dios ha querido que no ocurra así y disponemos al menos de un tiempo para respirar y poner la casa en orden antes de enfrentarnos a este peligro; e incluso entonces, si no se ahorran esfuerzos seguiremos poseyendo una superioridad tan formidable que bastará para disuadir de forma efectiva de que los utilicen o amenacen con hacerlo.

[…] y ahora hablaré del segundo peligro de estos maleantes que amenazan la finca, la casa y a la gente corriente; es decir, la tiranía. No podemos estar ciegos ante el hecho de que las libertades de que goza cada uno de los ciudadanos de todo el Imperio Británico no existen en número considerable de países, algunos de los cuales son grandes potencias. En estos Estados se controla a la gente corriente mediante diferentes tipos de gobiernos policiales que lo abarcan todo […]

Hoy, cuando las dificultades son tantas, no es obligación nuestra intervenir a la fuerza en los asuntos internos de los países que no hemos conquistado en la guerra. Pero nunca debemos dejar de proclamar sin miedo los grandes principios de la libertad y los derechos del hombre, que son la herencia común del mundo de habla inglesa que, a través de la Carta Magna, la Carta de Derechos, el Habeas Corpus, el juicio y el jurado, y el derecho Común Inglés, tienen su más famosa expresión en la Declaración de Independencia Americana.

Todo esto significa que las personas de cualquier país tienen derecho, y deberían tener la capacidad reconocida por la Constitución de elegir o cambiar, mediante elecciones libres, sin restricciones y secretas el carácter o la forma de gobierno por el que se rijan; que debe imperar la libertada de expresión y de pensamiento; que los tribunales de justicia, independientes del poder ejecutivo y de cualquier partido apliquen las leyes que hayan recibido el consentimiento amplio de la mayoría o estén consagradas por el tiempo y la costumbre. Ello representa el título de propiedad de la libertad que debe existir en todos los hogares. Ahí está el mensaje que los pueblos americanos e ingles dirigen a la humanidad.

No se podrá evitar la guerra de forma segura ni podrá progresar de forma continuada la Organización Mundial sin lo que he denominado la asociación fraterna de los pueblos de habla inglesa… la asociación fraterna no solo exige el desarrollo de la amistad y la comprensión mutua de nuestros dos sistemas de sociedad, muy amplios, pero similares, sino la continuidad de relación estrecha entre nuestros asesores militares, que conduzca al estudio común de los posibles peligros, la semejanza de las armas y los manuales de instrucción y al intercambio de oficiales y cadetes en los centros de formación.

Una sombra se cierne sobre los escenarios que hasta hoy alumbraba la luz de la victoria de los aliados. Nadie sabe que pretende hacer la Rusia Soviética y su organización Comunista Internacional en el futuro inmediato, ni cuales son los límites si existe alguno, a su tendencia expansiva y proselitista. Siento una gran admiración y tengo una gran estima al valeroso pueblo ruso y al que fue mi camarada en la guerra, el Mariscal Stalin. En Gran Bretaña (y no dudo que también en Estados Unidos) existe una profunda simpatía y buena voluntad hacia todos los pueblos de Rusia y una disposición a perseverar, a partir de las muchas diferencias y los muchos desaires, en el establecimiento de una amistad duradera. Comprendemos la necesidad que tiene Rusia de asegurar sus fronteras occidentales para alejar cualquier posibilidad de agresión por parte de los alemanes. Damos la bienvenida a Rusia al lugar que le corresponde entre las principales naciones del mundo. Damos la bienvenida a su bandera e los mares. Y sobre todo nos alegramos de los contactos constantes, frecuentes y cada vez más numerosos entre el pueblo ruso y nuestro propio pueblo de ambos lados del Atlántico. Sin embargo s mi obligación, porque estoy seguro que desean que les diga las cosas como las veo, exponerles algunos hechos sobre la posición actual de Europa.

Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de hierro. Tras él se encuentran todas las capitales de los antiguos Estados de Europa central y Oriental. Varsovia, Berlín, Praga, Viena, Budapest, Belgrado, Bucarest y Sofía, todas estas famosas ciudades y sus poblaciones y los países en torno a ellas se encuentran en lo que debo llamar la esfera soviética, y todos están sometidos, de una manera u otra, no sólo a la influencia soviética, sino a una altísima y, en muchos casos, creciente medida de control por parte de Moscú, muy fuertes, y en algunos casos, cada vez más estrictas. Únicamente Atenas es libre de elegir su futro en unas elecciones bajo la supervisión de Ingleses, americanos y franceses. El gobierno polaco, dominado por Rusia, ha sido empujado a hacer incursiones enormes e injustas en Alemania, y hoy se está produciendo la expulsión en masa de millones de alemanes a una escala inimaginable y de extrema gravedad. Los partidos Comunistas que eran muy reducidos en los Estados Orientales de Europa, han sido situados en lugares preeminentes, se les ha otorgado un poder muy superior a lo que representan y procuran hacerse con un control totalitario en todas partes. Los gobiernos policiales prevalecen en casi todos los casos y, de momento, salvo en Checoslovaquia no existe una autentica democracia.

La seguridad del mundo exige una nueva unidad de Europa, de la que ninguna nación esté excluida de forma permanente. Las guerras de las que hemos sido testigo o las que ocurrieron en tiempos anteriores, nacieron de las disputas entre pueblos a los que unen fuertes vínculos… dos veces Estados Unidos ha tenido que enviar a la guerra al otro lado del Atlántico a varios millones de sus jóvenes; y hoy la guerra puede sorprender a cualquier nación de cualquier lugar entre oriente y Occidente. No hay duda de que debemos trabajar en la pacificación de toda Europa, dentro de la estructura de Naciones Unidas y de acuerdo con su carta.

[…] en un gran número de países, lejos de las fronteras rusas y por todo el mundo, se establecen quintas columnas comunistas que trabajan en perfecta Unión y total obediencia a las directrices que reciben del centro comunista.

Pesé que tenía la obligación de mostrar la sombra que, tanto en oriente como en occidente, se cierne sobre el mundo. Era alto ministro en tiempos del Tratado de Versalles y amigo íntimo del Señor Lloyd George, que fue el jefe de la delegación Británica en Versalles. Yo no estaba de acuerdo en muchas cosas que se hicieron, pero tengo muy grabada en la mente aquella situación y me duele tenerla que cotejar con lo que ocurre hoy. En aquellos días se tenia mucha esperanza y una confianza sin límites en que las guerras se habían terminado y en que la Liga de Naciones sería todopoderosa. En el enfermizo mundo de hoy no veo ni siento la misma confianza, ni siquiera las mismas esperanzas.

Por otro lado, rechazo la idea de que es inevitable una nueva guerra, y mucho más la de que sea inminente. Estoy seguro de que nuestros destinos siguen en nuestras manos… por eso me siento obligado a hablar ahora que tengo la oportunidad de hacerlo. No creo que la Rusia Soviética desee la guerra. Lo que quieren son los frutos de la guerra y la expansión indefinida de su poder y de sus doctrinas. Pero lo que debemos considerar hoy aquí mientras hay tiempo es la prevención permanente de la guerra y el establecimiento de las condiciones de liberad y democracias lo antes posible en todos los países… las dificultades y peligros no desaparecerán porque cerremos los ojos…

Por ‘cuanto he visto de nuestros amigos los rusos durante la guerra, estoy convencido de que nada admiran más que la fuerza y nada respetan menos que la debilidad especialmente la debilidad militar. Por esta razón la vieja doctrina del equilibrio de poder es perjudicial. Si las naciones occidentales se mantienen juntas en el respeto estricto de la Carta de las Naciones Unidas, su influencia en el fomento de esos principios será inmensa (…)

La última vez vi que se aproximaba todo esto y lo proclamé a mis paisanos y al mundo, pero nadie prestó atención. Hasta 1933 e incluso 1935 se hubiera podido salvar a Alemania del terrible destino en que ha caído y todos nos podríamos haber evitado todas las calamidades que Hitler permitió que cayeran sobre la Humanidad. Nunca en a historia hubo una guerra tan fácil de prevenir mediante una acción oportuna como la guerra que acaba de asolar grandes zonas del globo… pero nadie quiso escuchar, y el terrible torbellino nos engulló a uno después de otro. Es evidente que no debemos permitir que vuelva a ocurrir.

Y esto sólo se puede conseguir si hoy en 1946, alcanzamos un buen acuerdo con Rusia en todas las cuestiones bajo la autoridad general de la Organización de las Naciones Unidas y con el mantenimiento de ese acuerdo a lo largo de muchos años de paz mediante este instrumento mundial apoyado por todas las fuerzas del mundo de habla inglesa y todos los países relacionados con él. Ahí esta la solución que con todo respeto les propongo en esta Alocución a la que he dado el título de “Los Pilares de la Paz”.

Westminster College, Fulton, Missouri. 5 de marzo de 1946

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La Conferencia de Teherán, 1943

A finales de noviembre de 1943, Roosevelt y Churchill viajaron a Teheran para mantener su primer encuentro con Stallin. El presidente y el Primer Ministro ya habían aprobado una plan para lanzar una ofensiva cruzando el canal. Roosevelt estaba completamente a favor de llevar a cabo el proyecto a principios de 1944, tan pronto como las condiciones atmosféricas lo permitieran. Durante la Conferencia de Teherán, Churchill objetó que consideraba prioritaria la situación de Italia y las posibles nuevas compañas en los Balcanes y el sur de Francia, pero perdió la votación frente a Rooseelt y Stalin. La operación Overload fue fijada para mayo de 1944. Una vez concluida las conversaciones, el Estado Mayor conjunto convocó a Elsenhower, que se encontraban en el Mediterráneo, para asignarle el mando del cuartel general supremo de las fuerzas expedicionarias aliadas con el fin de que organizara y llevara a cabo la invasión a través del canal. La conferencia de Teherán marco el apogeo de la alianza entre el este y el oeste en tiempo de guerra.

Los ‘Tres Grandes’ en Teherán (Irán) De izquierda a derecha, el líder soviético Iósiv Stalin, el presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt y el primer ministro británico sir Winston Churchill, reunidos en Teherán (Irán) en 1943 para elaborar la estrategia militar y la política europea de la posguerra.

(A) Declaración de los Tres Poderes, 1 de diciembre, 1943

Nosotros, el Presidente de los Estados Unidos, el Primer Ministro de Gran Bretaña, y el Premier de la Unión Soviética, se han reunido esos cuatro días anteriores, en esta, la Capital de nuestro aliado, Irán, y han dado forma y confirma nuestra política común.

Expresamos nuestra determinación de que nuestras naciones deberán trabajar juntos en la guerra y en la a la paz que seguirá.

En cuanto a la guerra, nuestro personal militar se han unido en nuestra mesa redonda de discusiones, y hemos concertado nuestros planes para la destrucción de las fuerzas alemanas. Hemos llegado a un acuerdo total en cuanto al alcance y el calendario de las operaciones que se realizarán desde el este, el oeste y el sur.

El entendimiento común que hemos alcanzado aquí garantías que la victoria será nuestra.

Y la paz – estamos seguros de que nuestra concordia se ganará una paz duradera. Reconocemos plenamente la responsabilidad suprema de descanso a todos nosotros y las Naciones Aliadas a hacer una paz que cuente con la buena voluntad de la inmensa masa de los pueblos del mundo y desterrar el flagelo de la guerra y el terror para muchas generaciones.

Con nuestros asesores Diplomáticos hemos estudiado los problemas del futuro. Vamos a buscar la cooperación y la participación activa de todas las naciones, grandes y pequeñas, cuyos pueblos en el corazón y la mente se dedican, al igual que nuestros propios pueblos, a la eliminación de la esclavitud y la tiranía, la opresión y la intolerancia. Le daremos la bienvenida, ya que pueden optar a entrar, en la Familia de las Nacionales Aliadas, en un mundo Democrático.

Ningún poder sobre la tierra puede impedir la destrucción de ejércitos alemanes por tierra, sus U Boats por mar, y sus plantas de maquinaria para la guerra desde el aire.

Nuestro ataque será incesante y cada vez mayor.

Que salgan de estas conferencias cordiales las naciones, esperamos con confianza en el día en que todos los pueblos del mundo puedan vivir libres , al margen de la tiranía, y de acuerdo con sus diferentes deseos y sus propias conciencias.

Hemos venido aquí con esperanza y determinación. Dejamos aquí, amigos, de hecho, en espíritu y en fin.

ROOSEVELT, CHURCHILL y STALIN

Firmado en Teherán, 1 de diciembre, 1943

(B), Declaración de los Tres Poderes en cuanto a Irán, el 1 de diciembre de 1943

El Presidente de los Estados Unidos, el Primer Ministro de la URSS. y el Primer Ministro del Reino Unido, después de haber celebrado consultas, y con el Primer Ministro de Irán, el deseo de declarar el acuerdo mutuo de sus tres Los gobiernos con respecto a sus relaciones con Irán.

Los Gobiernos de los Estados Unidos, la URSS., y el Reino Unido reconocen la ayuda que Irán ha prestado en la persecución de la guerra contra el enemigo común, en particular por facilitar el transporte de suministros desde el extranjero a la Unión Soviética.

Los tres gobiernos se dan cuenta de que la guerra ha causado dificultades económicas para Irán, y ellos están de acuerdo en que se sigan poniendo a disposición del Gobierno de Irán ayudas tales como la asistencia económica pueda ser posible, teniendo en cuenta las grandes exigencias formuladas a los mismos por sus operaciones militares en todo el mundo , y que termine en todo el mundo la escasez de transporte, materias primas y suministros para el consumo civil.

Con respecto a la posguerra, los gobiernos de los Estados Unidos, la URSS y el Reino Unido están de acuerdo con el Gobierno de Irán en que los problemas económicos que enfrenta Irán al término de las hostilidades deberán recibir plena consideración, junto con los de otros miembros de las Naciones Aliadas, en las conferencias o de los organismos internacionales celebrados o creados para ocuparse de las cuestiones económicas internacionales.

Los Gobiernos de los Estados Unidos, la URSS y el Reino Unido están en concordancia con el Gobierno de Irán en su deseo para el mantenimiento de la independencia, la soberanía y la integridad territorial de Irán y contar con la participación De Irán, junto con todas las demás naciones amantes de la paz, en el establecimiento de la paz, la seguridad y la prosperidad después de la guerra, de conformidad con los principios de la Carta del Atlántico, a la que los cuatro gobiernos se han suscrito.

S. WINSTON CHURCHILL
J. STALIN
FRANKLIN D. ROOSEVELT

(C) del Personal de Conclusiones de la Conferencia de Teherán

La Conferencia:

1. Convino en que los partisanos en Yugoslavia deben recibir el apoyo de los suministros y el equipo en la mayor medida posible, y también por las operaciones de comando:

2. Convino en que, desde el punto de vista militar, es más deseable que Turquía debería entrar en la guerra al lado de los Aliados antes de fin de año:

3. Tomó nota del Mariscal Stalin en el sentido de que si Turquía se encontrase por fin en guerra con Alemania, y como resultado Bulgaria declarase la guerra a Turquía o ésta fuese atacada por ella, la Unión soviética podrá inmediatamente declararse en guerra con Bulgaria. La Conferencia tomó nota además de que este hecho podría incidir explícitamente en las próximas negociaciones para que Turquía entre en la guerra:

4. Tomó nota de que la Operación OVERLORD se iniciría en mayo de 1944 [futuro desembarco de Normandía], en relación con una operación contra el sur de Francia. Esta última operación se llevaría a cabo en una fuerza tan grande como la disponibilidad de aterrizaje – las embarcaciones permitidas. La Conferencia tomó nota además de Mariscal Stalin en el sentido de que las fuerzas soviéticas pondrán en marcha una ofensiva casi al mismo tiempo con el objeto de impedir la transferencia de las fuerzas alemanas de la zona oriental a la occidental del Frente:

5. Convino en que el personal militar de las tres potencias en adelante debería mantener un estrecho contacto entre sí en lo que se refiere a las inminentes operaciones en Europa. En particular, se acordó un plan de cobertura para desmistificar y engañar al enemigo en lo que respecta a estas operaciones debiendo ser concertadas entre el personal en cuestión.

FRANKLIN D. ROOSEVELT
JOSEPH V. STALIN
S. WINSTON CHURCHILL

TEHRAN, 1 de diciembre de 1943

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Churchill: Sangre, Esfuerzo, Lagrimas y Sudor, 1940

Gobierno inglés, mayo de 1940, con W. Churchill como Primer Ministro

El viernes por la noche recibí de Su Majestad la misión de formar un nuevo gobierno. Era la evidente voluntad del Parlamento y de la nación el que fuera concebido sobre unas bases lo más amplias posibles y que incluyera a todos los partidos. Ya he completado la parte más importante de esta tarea. Se ha formado un gabinete de guerra de cinco miembros, representando, con la oposición Laborista y los Liberales, la unión de la nación. Fue necesario hacerlo en un día debido a la extrema urgencia y rigor de los eventos. Otras posiciones claves fueron cubiertas ayer. Esta noche le presento al rey una lista más amplia. Espero poder completar el nombramiento de los principales ministros en el día de mañana.

Normalmente, el nombramiento de ministros lleva mayor tiempo. Confío en que cuando el Parlamento se reúna de nuevo concluya esta parte de mi tarea y que el gobierno se halle, en todos sus aspectos, completo. Consideré útil para el bien público el sugerirle al Presidente que el Parlamento se debería reunir hoy. Al final de los procedimientos de la jornada, se propondrá el cese del parlamento hasta 21 de mayo, hecha la previsión de reuniones previas si fueran necesarias, en cuyo caso se notificará a los miembros del Parlamento lo más pronto posible. Ahora, invito al Parlamento a que, con una resolución, archive la aprobación de los pasos que se han tomado y declare su confianza en el gobierno. Ahora, invito al Parlamento que con una resolución archive la aprobación de los pasos que han tomado y declare su confianza en el gobierno.

Sir Winston Churchill sentado tras su escritorio en el número 10 de Downing Street. Londres. Mayo de 1940

La resolución “Este Parlamento le da la bienvenida a la formación de un gobierno que represente la unida e inflexible resolución de la nación de proseguir la guerra con Alemania hasta su victoriosa conclusión”. Formar un gobierno de esta complejidad y en esta escala es una responsabilidad seria en si misma. Pero nos hallamos en las fase preliminar de una de las más grandes batallas de la historia. Estamos actuando en muchos lugares de Noruega y Holanda, y debemos estar preparados en el Mediterráneo. La batalla aérea continúa, y se deben realizar muchos preparativos aquí y en el exterior. En esta crisis, espero que pueda perdonárseme si no me extiendo mucho al dirigirme a la Cámara hoy. Espero que cualquiera de mis amigos y colegas, o antiguos colegas, que están preocupados por la reconstrucción política, se harán cargo, y plenamente, de la falta total de ceremonial con la que ha sido necesario actuar. Yo diría a la Cámara, como dije a todos los que se han incorporado a este Gobierno: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor».

Tenemos ante nosotros una prueba de la más penosa naturaleza. Tenemos ante nosotros muchos, muchos, largos meses de combate y sufrimiento. Me preguntáis: ¿Cuál es nuestra política?. Os lo diré: Hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y lamentable catálogo de crímenes humanos. Esta es nuestra política.

Me preguntáis; ¿Cuál es nuestra aspiración?. Puedo responder con una palabra: Victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror; victoria por largo y duro que pueda ser su camino; porque, sin victoria, no hay supervivencia. Tened esto por cierto; no habrá supervivencia para todo aquello que el Imperio Británico ha defendido, no habrá supervivencia para el estímulo y el impulso de todas las generaciones, para que la humanidad avance hacia su objetivo. Pero yo asumo mi tarea con ánimo y esperanza.

Estoy seguro de que no se tolerará que nuestra causa se malogre en medio de los hombres. En este tiempo me siento autorizado para reclamar la ayuda de todas las personas y decir: «Venid, pues, y vayamos juntos adelante con nuestras fuerzas unidas.»

Discurso de Winston Churchill a la Cámara de los Comunes, 13 de mayo de 1940

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