Batista ha huido a Ciudad Trujillo

DESEMBARCA UN PUÑADO DE HOMBRES

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Fidel Castro, el abogado cubano, el rebelde barbudo, ha dado muestras de una tenacidad que ha dado, finalmente, sus frutos. Desembarcado clandestinamente en la provincia de Oriente, en diciembre de 1956, con una cuarentena de partidarios, ha visto, al cabo de dos años, el hundimiento del régimen que con tanto tesón ha combatido. Partiendo prácticamente de la nada, refugiado en la Sierra Maestra, en la parte más oriental de la isla, la rebelión ha pasado por momentos de tantas dificultades que es extraño haya persistido hasta alcanzar el triunfo. Desde el núcleo originario, el movimiento fue consolidándose, con el apoyo de la población en creciente mayoría, Pero, invencibles en su refugio, los «fidelistas» no habían conseguido salir de su castillo montañoso hasta las últimas semanas de 1958. Parece que la aparición entre los rebeldes de un jefe de operaciones con indudables dotes militares, un médico, el también barbudo Ernesto Guevara, ha sido determinante en el acto decisivo de extender la rebelión fuera de Sierra Maestra, y aun de la provincia de Oriente, e invadir las provincias centrales de Camagüey y Las Villas. Con ello, la suerte de Batista quedaba echada, en definitiva, porque con el corte de la Gran Antilla en dos, por la parte más estrecha, quedaba en manos de los rebeldes, o por lo menos fuera del poder de explotación, por el Gobierno, más de la mitad de la cosecha de la caña de azúcar, casi única gran fuente de ingresos para Cuba.

UN SARGENTO QUE «DIO UN GQLPE»

El hasta ahora Presidente, Fulgencio Batista, no ha podido ya seguir resistiendo. Su impopularidad había llegado a ser general y le han fallado los resortes del poder, por varias razones. Una de ellas, ha sido su error al no acceder a retirarse a tiempo. De una manera u otra. Batista dominaba la escena política cubana desde que, simple sargento de Infantería, dio su primer golpe de Estado, el 4 de septiembre de 1933, apoderándose del Gobierno. Después de varias vicisitudes, y ya general, desde luego, volvió a dar otro golpe de Estado -el 10 de marzo de 1953-, instalándose ya definitivamente y sin disimulo en el poder. Pero su error capital, ha sido, todavía, no acertar a dejar el mando, cuando ha terminado el mandato legal que la Constitución le respaldaba. En efecto, en vez de dejar libre paso a los acontecimientos, se empeñó en seguir dirigiendo al país por, persona interpuesta y dispuso la «elección», en junio de 1958, de Rivero Agüero, mero instrumento de la política batistiana. Esto ha colmado la medida, creando una situación que la brutalidad de los métodos de represión antirrebelde ha agravado, todavía, sobre todo en los últimos meses.

DECISIÓN MUY TARDÍA

fuga2bde2bbatista2b1En el último momento, y a través de la confusión de informaciones que nos llegan, parece que lo sucedido es que Batista se ha visto ya incapaz de seguir resistiendo y, sobre todo, que su último apoyo, el Ejército, ha comprendido que continuando al lado del dictador se vería peligrosamente envuelto en su ya inevitable caída. Así, poco a poco al principio, el movimiento de descontento ha ido ganando a cada vez más elementos militares: muchos se pasaban a los rebeldes; otros, cumplían blandamente su tarea de combatir al «fidelismo» armado, como lo demuestran las numerosas destituciones de jefes militares en campaña, en las últimas semanas sobre todo. Si el Ejército flaqueaba, ya no le quedaba a Batista otra solución que la huida, porque la brutalidad de los métodos empleados por la policía, según testimonios que parecen muy serios, no bastaban a mantener al Presidente en su puesto.

A última hora, pues, el Ejército ha tratado de desgajarse de Batista. Parece que la salida del ex Presidente del país —Batista salió de Cuba, en la madrugada de ayer, en un avión, trasladándose a Ciudad Trujillo (República Dominicana)— ha sido realizada de acuerdo con los principales jefes militares. Acto seguido, éstos han procedido a la constitución de una Junta Provisional, formada por tres personalidades: el presidente del Tribunal Supremo, doctor Piedra, a quien, de derecho, vacante la Presidencia de la República, corresponde ocupar provisionalmente el puesto; el general Cantillo, comandante en jefe de las fuerzas que combaten a la rebelión, y el general Pedraza. Pero todo hace suponer que la decisión de los altos jefes militares es demasiado tardía. Los «fidelistas», desde luego no aceptan este intento de un cierto «continuismo». Y, en estas condiciones, es muy difícil que la Junta tenga la suficiente autoridad para obligar a las fuerzas militares a seguir combatiendo, cuando la impresión inmediata que los hechos dan es la del triunfo de Fidel Castro. Incluso, uno de los miembros de la propia Junta, Pedraza, lo ha pensado mejor y se ha marchado al extranjero junto con Batista. Los «fidelistas», pues, por su parte, proponen como Presidente provisional a un magistrado de Santiago de Cuba, el doctor Urrutia, refugiado desde algún tiempo en los Estados Unidos, pero que recientemente había desembarcado en Cuba, uniéndose al cuartel general de la rebelión.

LA REVOLUCIÓN MÁS DIFÍCIL

Lo que el «fidelismo» afirma proponerse es no sólo la lucha «contra el 10 de marzo» (fecha del segundo golpe de Estado de Batista), sino también, según la expresión de Fidel Castro, «contra el 9 de marzo»: es decir, contra la corrupción de los regímenes de Grau San Martin y Prio Socarrás anteriores al último periodo del régimen de Batista. Entre uno y otro, parece que nadie tiene derecho a tirar la primera piedra contra la corrupción y en favor de la pureza administrativa…

El plan de Fidel Castro, de ser llevado a la práctica, al terreno de la política, representaría, en verdad, una revolución profundísima en Cuba, donde las costumbres políticas no parecen caracterizarse, desgraciadamente, por un exceso de escrupulosidad en el manejo de los caudales públicos. Este propósito purificador constituye, a la vez, la tuerza y la debilidad de la rebelión «fidelista». La fuerza, porque atrae a las banderas de los luchadores a todos los espíritus idealistas y entusiastas y a muchos que creen serlo, porque se encuentran en la oposición y no han llegado, todavía, a poder disponer del erario nacional; Ia debilidad, porque los ex gobernantes anteriores a Batista y sus partidarios no se sienten inclinados a apoyar las acciones políticas que, vencedora de hecho la rebelión, parecerían necesarias para instaurarla en el poder.

No hay que decir cuánto es de desear que la perla de las Antillas finalmente, encontrar el camino del orden y la paz non la justicia.

LA VANGUARDIA ESPAÑOLA. 2 de enero de 1959