El nuevo orden mundial, 2011

Obama, tras anunciar la muerte de Bin Laden. | Efe

Diez años después, Estados Unidos ha iniciado la retirada de Irak y de Afganistán, está revisando su presencia en Pakistán tras la muerte de Bin Laden y se ve obligado a adaptar su estrategia de seguridad y defensa a unos presupuestos limitados por una deuda de más de 14 billones de dólares y por un déficit de casi tres billonesAunque intentarán mantener bases estratégicas y unidades especiales por tiempo indefinido en los países ocupados en el último decenio, el grueso de las fuerzas estadounidenses estará fuera de Irak a finales de 2011 y de Afganistán a partir de 2015. La Administración Obama corrige así algunos de los excesos y errores de su antecesor, George Bush, tras los atentados, que deterioraron gravemente la imagen e influencia de EEUU en el mundo y reconduce su acción exterior para hacer frente a desafíos mucho más importantes que Al Qaeda, como la competencia global de China y de otras potencias emergentes, la difusión incontrolable del poder a causa de la revolución informativa, la multiplicación de actores (legales e ilegales) no estatales, la proliferación de estados frágiles y la crisis económica y financiera más grave desde 1929.

Hillary Clinton, secretaria de Estado de EEUU, en Hong Kong en julio de 2011 durante su gira por Asia. | Efe

La gira de 11 días de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en julio por cinco países de Europa y Asia demostró la pérdida de influencia de EEUU en conflictos como la intervención de la OTAN en Libia, la crisis griega, la nuclearización de Irán y Corea del Norte, las revueltas de Siria, la crisis de Cachemira, la situación en Birmania, la tensión creciente en el Mar del Sur de China y el conflicto palestino-israelí. Más que a un declive de poder relativo o a la falta de una estrategia clara de seguridad, como señalan muchos críticos conservadores, esa pérdida de influencia se debe a la globalización y a una revisión de prioridades.

Prometiendo el cierre de Guantánamo y el fin de las torturas, ofreciendo diálogo a amigos y enemigos, retirando las fuerzas militares de Irak antes de enero de 2012 y empezando la retirada de Afganistán en julio de 2011, concentrando las operaciones en Afganistán en la persecución de Al Qaeda y eliminando a su líder principal, y sustituyendo el terrorismo por la crisis económica o la ciberseguridad como amenazas prioritarias para la seguridad nacional, Obama ha empezado a corregir el desastre heredado de Bush, pero está aún lejos de alcanzar sus objetivos.

Leon Panetta, secretario de Defensa de EEUU, visita a los soldados en Bagdad, el 11 de junio de 2011. | Efe

Frente a la avalancha de voces que niegan o critican la ausencia de una doctrina de seguridad en la Administración Obama, el profesor Daniel Drezner reconoce en Foreign Affairs no una sino dos estrategias paralelas: la primera, de retraimiento, para impulsar el multilateralismo, reducir los compromisos en el exterior, restablecer el prestigio perdido y transferir responsabilidades a los socios globales. Esta estrategia está perfectamente articulada en los principales discursos del presidente y de sus asesores desde 2009, aunque su aplicación en las relaciones con Rusia, China o Europa haya producido hasta hoy pobres resultados. De la segunda, que Drezner denomina ‘counterpunching’ (contragolpe), sólo estamos viendo la punta del iceberg en operaciones muy llamativas como la que acabó con Bin Laden el 2 de mayo, sin el menor escrúpulo por violar la legalidad internacional y la soberanía nacional de un país como Pakistán.

Aunque muy pocos se atreven a reconocerlo abiertamente, la opinión general en la Administración Obama es que el precio pagado por la seguridad de EEUU tras los atentados ha sido excesivo y no se corresponde, en absoluto, con los resultados.

Según el estudio del Grupo Eisenhower, del Instituto Watson, uno de los más completos realizados hasta la fecha,  hasta mediados de junio de 2011 las tres guerras han costado al menos 225.000 vidas (en su mayoría civiles iraquíes, afganos y pakistaníes), más de 6.000 militares estadounidenses, 1.200 militares de países aliados, 172 cooperantes y unos 200 periodistas. A ellos hay que añadir cerca de 400.000 heridos, 5 millones y medio de refugiados y más de 2 millones de desplazados. Cotejando los cálculos del  CRS (Congressional  Research Service), el Informe Stiglitz y los presupuestos oficiales, el costo total de las guerras de Bush, incluida la del terrorismo, se sitúa ya entre los 3’6 y los 4’4 billones de dólares.

Aunque ha habido elecciones tanto en Irak como en Afganistán, ambos países están en el Índice de Democracia de Freedom House en posiciones parecidas a las que ocupaban antes de la intervención estadounidense: Irak en el puesto 111 y Afganistán en el 150. En cuanto a corrupción, Transparencia Internacional da a Irak un 1,5 (la nota máxima es 10), el peor de Oriente Medio, y a Afganistán un 1,4.

Protestas contra EEUU en Pakistán en julio de 2011. | Efe

Tras dos años de investigación para el Washington Post, Dana Priest y William Arkin ofrecen otros datos relevantes en este décimo aniversario del 11-S (1):

  • En una década el Gobierno estadounidense ha establecido o reconstituido 263 organizaciones para hacer frente a algún aspecto de la mal llamada guerra contra el terror.
  • Los gastos en los servicios secretos en ese tiempo han aumentado un 250%, superando con creces los 75.000 millones de dólares anuales: más de lo que gasta el resto del mundo.
  • EEUU ha construido 33 edificios  o complejos de edificios sólo para burocracias viejas y nuevas de inteligencia, que ocupan más de 1 millón y medio de metros cuadrados: el equivalente de 22 Capitolios y 3 Pentágonos.
  • Para albergar a sus 230.000 funcionarios, a unos 8 kilómetros al sureste de la Casablanca se está construyendo, con un presupuesto de 3.400 millones de dólares, el nuevo departamento de Seguridad Interior.
  • El nuevo sistema de seguridad implantado produce unos 50.000 informes cada año, unos 136 cada día, lo que significa que la mayor parte, como ha sucedido siempre, no se leerán nunca. Muchos son banales y «podrían haberse escrito en una hora, consultando sólo Google», señala Fareed Zakaria en su resumen de la investigación del Post (2).
  • Cincuenta y un centros distintos, en 16 estados, vigilan el flujo de dinero que reciben las organizaciones terroristas y sale de ellas, pero la coordinación de la información entre ellos sigue dejando mucho que desear.
  • Unas 30.000 personas trabajan ya sólo en EEUU en los servicios de escucha telefónica y de seguimiento del terrorismo en otros medios de comunicación y, a pesar de ello, nadie anticipó lo que preparaba el comandante Nidal Malik Hasan en el Centro Médico Walter Reed del Ejército. Nadie escuchó ni transmitió a los superiores adecuados los avisos del padre del yihadista nigeriano sobre el atentado que preparaba su hijo en EEUU.

¿El hecho de que Al Qaeda no haya logrado golpear de nuevo a EEUU como en el 11-S justifica semejante esfuerzo? A diferencia de movilizaciones anteriores para la guerra, siempre acompañadas de leyes de emergencia y, en ocasiones, abusos de poder, el problema en esta campaña es, como sucedió con la Guerra Fría, que nadie conoce su final. Peor aún, el fin de la Guerra Fría estaba claro que desaparecía con la desaparición de la URSS. Nadie sabe, sin embargo, en qué momento se podrá cantar victoria contra el terrorismo y abolir los poderes excepcionales aprobados en los últimos diez años.

La detención o eliminación de la cúpula máxima de Al Qaeda, y la destrucción de su base operativa en Afganistán y Pakistán sin duda ayudarán, pero la amenaza terrorista no desaparecerá con la muerte de Osama Bin Laden.

Frente a los viejos y nuevos desafíos, el 11-S, Al Qaeda y las respuestas a los atentados seguramente serán un breve pie de página en la gran Historia del siglo XXI. En los próximos años, Estados Unidos seguirá siendo el actor dominante, pero cada día tendrá más dificultades  para controlar e imponer su agenda sin el apoyo de otros muchos Estados y actores no estatales.

(1) Los textos originales pueden consultarse en washingtonpost.com.
(2) ‘What America has Lost. Newsweek. September 13, 2010, p. 8.

Felipe Sahagún: Nuevo orden mundial, EL MUNDO / Especiales. 11-S, septiembre de 2011

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