Principios ideológicos del ayatolá Jomeini

Jomeini, saludando a sus seguidores- AFP

El gobierno islámico no puede ser totalitario ni despótico, sino constitucional y democrático. Así pues, en esta democracia las leyes no dependen de la voluntad del pueblo sino únicamente del Corán y de la Sunna del Profeta. La Constitución, el Código Civil y el Código Judicial no pueden inspirarse más que en las leyes islámicas contenidas en el Corán y transcritas por el Profeta y esas leyes deberán ser aplicadas escrupulosamente. EL gobierno islámico es el gobierno de derecho divino, y sus leyes no pueden ser cambiadas, ni modificadas, ni contestadas.

Es precisamente aquí donde reside la diferencia radical entre un gobierno islámico y los diferentes gobiernos monárquicos o republicanos donde son los elegidos, los representantes del pueblo o del Estado, quienes proponen y votan las leyes, mientras que en el islmam la única Autoridad competentes es el Todopoderoso y su voluntad divina. El poder legislativo está exclusivamente detentado por el Santo Profeta del islam y nadie más excepto él puede promover una ley; toda ley que no emane de él se debe rechazar. En un gobierno islámico que se respete, el poder legislativo (Parlamento), que es uno de los tres componentes de todo sistema constitucional junto al ejecutivo y el judicial, está reemplazado por un “Consejo religioso de planificación” que tramite a cada ministerio las leyes islámicas que le conciernen, le indica su programa conforme a la religión y establece en la base del conjunto de estos programas la política general de todo el país. […]

La guerra santa significa la conquista de los territorios no musulmanes. Podrá ser declarada por el imán, después de la formación de un gobierno islámico digno de este nombre. Es deber de todo hombre mayor de edad y útil acudir voluntario a esta guerra de conquista en la que la metal final no es otra que la de extender la ley coránica de un extremo al otro de la Tierra. El mundo entero debe saber que la supremacía universal del islam difiere considerablemente del sistemas de poder que motiva a otros conquistadores. Es necesario pues que el gobierno islámico se cree bajo la autoridad del imán a fin de que sea posible emprender esta conquista que se distinguirá de otras injustas y tiránicas guerras de conquista que hacen abstracción de los principios morales y civilizadores del islam. […]

¿Cuál es la ligazón entre la vida social y los principios religiosos? ¿Y en qué consiste esta vida social? ¿Está acaso en los antros de inmoradlidad llamados tetros, cines o salas de baile? ¿La podemos ver quizás en la presencia indiferente por las calles de jóvenes lujuriosos del brazo de mujeres que muestran sus pechos y piernas desnudos? ¿O también en la contemplación del ridículo aspecto que ofrece un sombrero europeo, o hasta en la imitación de la costumbre europea de beber vino? Estamos convencidos que a cambio de algunos aparatos de radio o de ridículos sombreros occidentales habéis renunciado a vuestra capacidad de distinguir entre el Bien y el Mal. Han degenerado vuestra atención hacia la contemplación de mujeres ligeras de ropas que fácilmente se pueden hallar tanto en las calles como en las piscinas. ¡Pongamos fin a estas vergonzosas prácticas para que pueda apuntar el alba de una nueva vida! […]

La fe y la justicia islámica exigen la erradicación, en el mundo musulmán, de los gobiernos anti islámicos o de aquellos que no se adapten enteramente a las leyes islámicas. La instauración de un orden político laico debe ser considerada como un escollo a la progresión del orden islámico. Todo poder laico, sin importar la forma en que se manifieste, es forzosamente un poder ateo, obra de Satanás. Nuestro deber consiste en luchar contra él y sus efectos. El poder satánico no puede engendrar más que la corrupción sobre la Tierra, mal supremo que debe ser implacablemente combatido, erradicado. Para ello no hay otra solución que derrocar todos los gobiernos cuyas bases no se asienten en los más puros principios islámicos y que, por lo tanto, son corrompidos y corruptores. Desmantelar los sistemas administrativos traidores, corrompidos, tiránicos e injustos y a sus servidores es deber de todo musulmán, tanto en Irán como en el resto de los países musulmanes del mundo. […]

Para asegurar la unidad del “pueblo mu]sulmán”, para liberar la “patria islámica” de la dominación o de la influencia de los imperialistas, no existe más solución que la de formar un verdadero gobierno islámico. Iniciar la lucha necesaria para derrocar al resto de gobiernos tiránicos seudo-musulmanes, títeres de extranjeros, y una vez alcanzada esta meta, instalar “El” gobierno islámico universal.

R. Ayatollah (Jomeini): Principios políticos, filosóficos, sociales y religiosos del ayatolá, Icaria, Barcelona, 1981, pp. 15-22.Recogido en Fernando Martínez Rueda, Mikel Urquijo Goitia: Materiales para la historia del mundo actual. II, Itsmo, Madrid, 2006, pp. 348-350.

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