Reafirmación del desarrollo humano

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) inició la publicación del Informe sobre Desarrollo Humano en 1990. Vale la pena rememorar el contexto general del acontecimiento. El Muro de Berlín estaba a punto de caer y pronto se disolvería la Unión Soviética. El régimen del apartheid en Sudáfrica acababa de liberar a Nelson Mandela e Iraq se preparaba para invadir Kuwait. Augusto Pinochet había dejado el poder en Chile y era reemplazado por un gobierno democrático. Los Sandinistas perdieron los comicios en Nicaragua y la Liga Nacional para la Democracia de Aung San Suu Kyi ganó las elecciones nacionales en Myanmar. Los estudiantes se manifestaban a favor de reformas políticas en Beijing y se abrían las bolsas de Shanghai y Shenzhen. Margaret Thatcher llevaba más de 10 años a la cabeza del Reino Unido y se acababa de acuñar el término “Consenso de Washington”.

Ése era el ambiente en el que vio la luz el primer Informe del PNUD, haciendo un llamado elocuente y humanitario a abordar la economía y el desarrollo desde una perspectiva diferente. Esta convocatoria mantiene su vigencia en el mundo entero y ha cobrado renovada importancia gracias a las recientes investigaciones sobre mediciones del bienestar de las personas y los notables avances en cuanto a datos y conocimientos1. El Recuadro 1.1 revisa los antecedentes de estas recientes llamadas, remontándose hasta las décadas originales, y presenta a Mahbub ul Haq, el visionario economista paquistaní que fuera el líder del Informe.

Hoy  día,  20  años después, el  mundo enfrenta nuevos desafíos y otros de larga data. Cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) se ha vuelto más urgente. Los principales obstáculos para el avance a futuro incluyen el creciente daño ambiental que pone al planeta en peligro, cuyas consecuencias son muy perjudiciales para los pobres, y la incertidumbre imperante sobre la estabilidad económica  y la seguridad mundial. Del dominio de dos grandes poderes, el equilibrio político depende ahora de numerosas fuentes de influencia y una mayor complejidad.

Al igual que en 1990, comenzamos el primer capítulo de este informe con un análisis conceptual. Y hoy, como en 1990, el concepto de desarrollo humano tiene particular relevancia2 . Con la sabiduría que da la experiencia, examinamos sus motivaciones intelectuales y normativas, así como su evolución, con énfasis en la labor de Amartya Sen3. Analizamos también los cambios más amplios que ha registrado la reflexión sobre las políticas de desarrollo y reafirmamos el concepto de desarrollo humano, poniendo el acento en aspectos como sostenibilidad, equidad y empoderamiento. El objetivo es comprender los patrones del desarrollo humano y las formas a través de las cuales las sociedades permiten y posibilitan a las personas llevar una vida que ellas mismas valoren. Se trata de la mejor manera de concebir el progreso humano.

La declaración original

En el Informe de 1990 se expuso claramente el concepto de desarrollo humano. El primer capítulo, “Definición y medición del desarrollo humano”, comienza con la siguiente declaración que no deja lugar a dudas:

“La verdadera riqueza de una nación está en su gente. El objetivo básico del desarrollo es crear un ambiente propicio para que las personas disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa. Ésta puede parecer una verdad obvia, aunque con frecuencia se olvida debido a la preocupación inmediata de acumular bienes de consumo y riqueza financiera”.

No se trataba de un objetivo nuevo. Desde la época de Aristóteles, grandes pensadores han expresado ideas similares. En el Informe se planteaba renovar la atención en las personas a la luz del dispar progreso de los países en materia de desarrollo humano durante los años ochenta, una década de crisis económicas, estabilización y ajustes.

La breve sección titulada “Definición del desarrollo humano” se inició con lo que luego se transformaría en un planteamiento estándar:

“El desarrollo humano es el proceso de expansión de las oportunidades del ser humano, entre las cuales las tres más esenciales son disfrutar de una vida prolongada y saludable, adquirir conocimientos y lograr un nivel de vida decente. Otras oportunidades incluyen la libertad política, la garantía de los derechos humanos, el respeto a sí mismo y lo que Adam Smith llamó la capacidad de interactuar con otros sin sentirse “avergonzado de aparecer en público””.

El Informe de 1990 puso énfasis en que el desarrollo se vincula con la libertad, tanto de las opciones humanas (libertad de oportunidades) como de participación en los procesos (libertades de proceso). Además, pone el acento en el hecho de que el desarrollo humano, debido a su amplitud y generalidad, es aplicable a todos los países:

“El desarrollo humano conjuga la producción y distribución de artículos de consumo con la expansión y uso de las capacidades humanas. También se

concentra en las alternativas: qué debe tener la gente, qué debe ser y qué debe hacer para asegurar su propia subsistencia. Pero el desarrollo humano se refiere no solamente a la satisfacción de las necesidades básicas, sino también al desarrollo humano como un proceso dinámico de participación. Es aplicable tanto a los países menos desarrollados como a los altamente desarrollados”.

Como lo expresara elocuentemente Sen, “a partir del doble reconocimiento de que a los seres humanos les puede: (1) ir mucho mejor y (2) pueden hacer mucho más para que ello suceda, es razonable considerar que se trata de las dos tesis centrales del enfoque del desarrollo humano”. Desde el comienzo, este enfoque se orientó hacia el análisis práctico y hacia políticas para promover el bienestar, poniendo énfasis en debates públicos locales y nacionales de diversas opciones en materia de políticas públicas.

Algunos temas relacionados que se enuncian en las declaraciones originales abordan las privaciones, la desigualdad y el empoderamiento. En el Informe de 1990 se describen las enormes desigualdades al interior de las aciones que ocultan la permanente y grave privación en la que viven muchas personas. Además, se destacan las diferencias entre habitantes rurales y urbanos, hombres y mujeres y ricos y pobres, mientras que el planteamiento central pone un fuerte énfasis en la libertad política, la opinión, la rendición de cuentas y la práctica democrática6. Se trata de ejemplos tempranos del liderazgo que siempre ha caracterizado al Informe sobre Desarrollo Humano.

Informe sobre Desarrollo Humano, ONU, 2010

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