Los árabes emplean el arma del petróleo, 1973

El arma del petróleo entra en la guerra. Los diez ministros de la O.P.E.A.P. (Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo) han decidido reducir en un 5 por 100 mensual sus ventas de crudo a todos los países compradores hasta que sean devueltos a los países árabes los territorios ocupados por Israel y se restablezcan los derechos del pueblo palestino sobre su propia tierra. Esta reducción, que sufriré aumentos mensuales de un 5 por 100, como ya se ha dicho, comenzará inmediatamente, continuando después la reducción hasta que obtengan satisfacción de todas sus demandas. — Efe.

La fuerza expedicionaria egipcia que por sorpresa atravesó el Canal de Suez el primer día de la guerra se ha podido mantener frente a los asaltos israelíes, entre otras razones, por la extraordinaria defensa de su fuego de retaguardia. Las unidades blindadas egipcias no han penetrado demasiado en el Sinaí, de forma que cuentan con la extraordinaria cobertura de misiles suelo-aire y su artillería, que hostigan a las vanguardias israelíes y sobre todo constituyen una verdadera cortina de fuego para los aviones que pretenden cruzar por encima. Esta operación ha sido completada con el desplazamiento de los SAM-6 a la orilla del Sinaí, que hasta hace doce días ocuparon los israelíes.

Beirut 17. (Crónica telefónica. de nuestro enviado especial) Cae el dólar imparablemente, día a día, en las cotizaciones de los cambistas —cientos y en cualquier parte— de Beirut. Desde hoy la gasolina está racionada en el Líbano; unos cargarán sus depósitos los días pares; otros, los nones. Es medida de precaución del Gobierno, que algunos censuran por innecesaria; como innecesario consideran otros suspender sus juegos con el esquí acuático en los limpios y cálidos mediodías de este otoño fenicio. Los hospitales libaneses se llenan, sin embargo, de heridos en la batalla de Siria: estabilizada a medias por el ardor que el vecino país árabe pone en la lucha, sacando fuerzas de donde no las tiene, y por la indeterminación israelí entre llevar o no la guerra hasta las puertas de Damasco.

Mientras en Washington son recibidos por el presidente Nixon los ministros de Asuntos Exteriores de Argelia —frenada en sus ardores por Breznef—, Marruecos, Arabia y Kuwait, en Kuwait están reunidos desde esta mañana los ministros árabes del petróleo. Arranca su diálogo de un prólogo de contundente dureza: esa elevación en un 17 por 100 del precio del crudo que anoche decidieron los Gobiernos árabes del Golfo. Prólogo que «erga ommes» escampa por si mundo, consecuencia de la guerra.

Junto al estallido de la guerra del petróleo, los jeques árabes abren las compuertas de sus embalses de dólares y comprometen con ello menos los intereses norteamericanos, al golpear contra la estabilidad de su divisa monetaria, que las economías de todos los países que giran en la órbita económica de Washington, con independencia de que ayuden o no ayuden a Israel.

Occidente, en su conjunto, recibe, pues, un doble rebote de esta guerra del Ramadán, cuyo frente económico acaba de abrirse junto a las aguas calientes del mar de los árabes, entre las jaimas beduinas y el aire acondicionado. Mucho más allá de la sed que, como el petróleo, mana de aquellos arenales infinitos.

Iraq, que hace diez días abrió el fuego nacionalizando los intereses norteamericanos en la Basora Petroleum Company; Egipto, que convoca a la nueva estrategia; Argelia, que sugiere la prioridad de la batalla contra Israel y sus amigos sobre las necesidades del desarrollo económico árabe; Siria, que tiene por la aviación israelí destruidas —como toda su industria— las terminales de Banias (700.000 barriles diarios), Tartus (500.000 barriles) y reducido al 50 por 100 la actividad en la de Saida —ilesa, quizá porque el petróleo que le llega lo hace desde Arabia, bendecido por sus dueños americanos— estos cuatro países son los llamados a llevar la voz más impaciente en este momento de definir el cómo y el cuándo debe ser integrado el oro negro de los árabes a la estrategia contra Israel y sus aliados.

Según fuentes informativas libanesas, en Kuwait se desarrolla de la siguiente manera el cuadro de opciones puesto sobre la mesa de la Conferencia: 1º Suspensión total de las exportaciones a los países acusados y mantenimiento para los demás del nivel de suministros de petróleo en que se encontraban al empezar la guerra del Ramadán; 2ºNacionalización general de las compañías extranjeras que explotan los yacimientos árabes o nacionalización selectiva: dirigida sólo a los cómplices de Israel; 3º Hacer norma general el acuerdo tomado ya por los países árabes del Golfo imponiendo tasas adicionales a todas las exportaciones de crudo para de tal forma repercutir los gastos de la guerra.

En el frente Norte, las fuerzas se han estabilizado en las últimas horas, has tropas israelíes tratan de forzar la ciudad de Sasa (me puede distinguirse en el mapa en la carretera Kuneitra - Damasco), donde sirios e iraquíes defienden sus posiciones

Las inversiones norteamericanas en el petróleo árabe componen el 60 por 100 del total de las extranjeras y alcanzan casi los 4.000 millones de dólares. En 1971 obtuvieron beneficios netos de 2.750 millones de dólares. Las inversiones británicas en este mismo sector —abrumadoramente mayoritarias antaño— representan únicamente ahora el 19 por 100.

Es lo más probable que de la Conferencia de Kuwait salga como resultado una combinación de las fórmulas consideradas; pesando en ella por igual el ataque contra los intereses norteamericanos y el respeto, digamos así, a las concretas relaciones económicas y políticas que determinados países árabes mantienen con los Estados Unidos. En cuanto a los riesgos en que los países árabes incurrirían caso de ir a una nacionalización total de las empresas petroleras, unos serían políticos, en tanto que bloquearían irreversiblemente la posibilidad misma de un acuerdo de paz en la actual guerra; otros, militares: por cuanto harían altamente probable una intervención militar extranjera en la región, y económicos, los de más allá.

Los árabes podrían verse sin saber dónde poner mucho de su petróleo nacionalizado, pues al tiempo que se intensificaría la explotación de yacimientos que no son los suyos, volverían a la actividad, como sucedáneos, los de otros recursos energéticos, sobrevenidamente rentables por la carestía y el alto precio a que llegaría el crudo si se siguiera la escalada de las tarifas.

Hay otro punto de no menor interés en lo tocante a los riesgos en que pueden haber incurrido los de la Conferencia de Kuwait, llevando sus conclusiones económicas a maximalismos que en lo político ya tienen abandonados. En el fondo último de la cuestión, efectivamente, están pesando las mismas limitaciones que en la guerra. Americanos y soviéticos, dispuestos a colaborar en soluciones para el transporte de petróleo que eviten el gravoso rodeo por el cabo de Buena Esperanza, están prestos también, con alemanes y japoneses, a explotar los yacimientos de Siberia. Yacimientos muy alejados, al igual que los de Alaska, de ese paralelo 20 sobre el que cabalgan las suras coránicas, la sed y los mástiles sin bandera del petróleo.

José Javaloyes: Los árabes emplean el arma del petróleo, ABC, 18 de octubre de 1973

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