El problema del desarme, 1932

La fotografía muestra a Albert Einstein (Alemania, 1879-1955) y al Gobernador de California, James Rolph, Jr.; fue tomada en la casa de Einstein en Pasadena. 1932

Académico y físico de origen judío. Uno de los más influyentes científicos del siglo XX. Su propuesta conocida como “Teoría de la relatividad” marcó un hito en la ciencia moderna. Recibió el Premio Nobel de Física en 1921. Obras: La relatividad: la teoría especial y restringida (1916), Sobre el sionismo (1931), Los constructores del Universo (1932), ¿Por qué la guerra? (1933), con el famoso psicoanalista Sigmund Freud, El mundo como yo lo veo (1934), La evolución de la Física (1938), con el físico polaco Leopold Infeld, En mis últimos años (1950).

La realización de los planes para el desarme se ve obstaculizada especialmente por el hecho de que nadie, en general, se dio cuenta de la enorme dificultad del problema. La mayor parte de los objetivos son logrados con solo dar algunos pequeños pasos: así, se piensa en la supresión de la monarquía absoluta, mediante la democracia. Pero aquí se está frente a un problema que no se resuelve gradualmente, dando pequeños pasos.

Mientras no se haya anulado la posibilidad de las guerras, las naciones no permitirán que se les prive de la probabilidad de salir victoriosas de la próxima contienda y se prepararán de la mejor manera posible en el aspecto militar. Tampoco se podrá evitar que la juventud sea educada en medio de tradiciones militaristas y bélicas, ni se dejará de fomentar la vanidad nacional, de corazón mezquino combinándola con la adoración del modo de pensar y virtudes militaristas. Y ello sucederá mientras no se tome en consideración el hecho de tener en cuenta el modo de pensar y de sentir de los ciudadanos. Pues armarse no significa preparar la paz, sino afirmar y preparar la guerra. Resulta así, que no se podrá llegar al desarme mediante pasos pequeños, sino de una sola vez o no se conseguirá nada.

La realización de una modificación tan profunda en la vida del pueblo requiere, como condición previa, un enorme esfuerzo moral, la renuncia y el repudio de tradiciones fuertemente arraigadas. El que no se halla preparado para hacer que, en el caso de dificultades y controversias, la suerte de su país dependa incondicionalmente de las decisiones de un Tribunal de Arbitraje Internacional, fundamentándolo sin reservas en pactos y convenios interestatales, en realidad no está verdaderamente resuelto a la anulación de las guerras. Aquí es donde cabe la fórmula: todo o nada.

No se puede dejar de reconocer que todos los esfuerzos realizados hasta ahora para asegurar la paz se han malogrado debido a la insuficiencia de los compromisos que se perseguían.

El desarme y la seguridad solo se pueden alcanzar en mutua combinación. Solamente la obligación contraída por todas las naciones, de llevar a la realización y ejecución las decisiones del tribunal Internacional, puede proporcionar la seguridad apetecida.

Resulta así que nos encontramos frente a una disyuntiva. Está en nuestras manos hallar la senda hacia la paz, o seguir el mismo camino de la violencia brutal, indigno de nuestra civilización, por el que hemos marchado hasta ahora. Por un lado nos sonríe la libertad del individuo y la seguridad de las comunidades y, por el otro nos amenaza la esclavitud de la personalidad y la destrucción de la civilización. Nuestro destino será, precisamente, aquel que merezcamos.

Albert Einstein: Cómo veo el mundo. Buenos Aires: Siglo veinte, 1988. Discurso emitido en 1932, en la Conferencia sobre el desarme, Ginebra.

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