Bombardeo de área y bombardeo estratégico

Albert Speer (Mannheim, 19 de marzo de 1905 – Londres, 1 de septiembre de 1981)

«Aquellos ataques aéreos llevaban la guerra al corazón de Alemania. En las ciudades devastadas y asoladas por las llamas experimentábamos la presión directa y cotidiana de la guerra, y eso nos estimulaba y nos incitaba a dar al máximo.

Los sufrimientos impuestos a la población no quebrantaron su resistencia. Mis visitas a las fábricas de armamento y mis contactos con el hombre de la calle me dieron la impresión de que, al contrario, nuestro pueblo estaba cada vez más enardecido. Es posible que la disminución de la producción, evaluada en un 9 por 100, fuera compensada ampliamente por la intensificación de los esfuerzos de los alemanes.

Los considerados medios que se dedicaron a la defensa del territorio fueron la causa de este descenso en la producción. En 1943 el territorio del Reich y los teatros de operaciones situados al oeste estaban erizados de 10.000 cañones antiaéreos pesados, que bien podrían haberse utilizado en Rusia contra los tanques o contra sus objetivos en tierra. Además, sin ese segundo frente, el frente aéreo desplegado a lo largo de todo el país, la cantidad de municiones necesarias para nuestra defensa anticarro podría haberse multiplicado por dos aproximadamente. Para colmo, cientos de miles de jóvenes soldados eran empleados para la defensa antiaérea. La industria óptica consagraba un tercio de su producción a visores para las baterías antiaéreas, la electrónica dedicaba cerca de la mitad de su producción a aparatos de radiogoniometría y de transmisión para la defensa antiaérea. Todo esto explica que, a pesar del elevado nivel de las industrias eléctricas y óptica de Alemania, nuestras tropas combatientes en el frente estuvieran mucho peor equipados en material moderno que los ejércitos occidentales.

Era un hecho, como me di cuenta muy pronto, que los bombardeos habrían podido de sobra decidir la guerra desde 1943, si se hubiera intentado aniquilar los centros de producción de armamento, en lugar de dedicarse al bombardeo masivo pero a ciegas. El 11 de abril de 1943 propuse a Hitler constituir una comisión formada por expertos de la industria, con la misión de escoger los objetivos estratégicos, que, para la economía energética de la URSS, eran de una importancia vital. En todo caso, no fue Alemania, sino la aviación británica, quien por primera vez intentó variar de forma determinante el rumbo de la contienda destruyendo uno de los centros vitales de nuestra economía de guerra, siguiendo en cierto modo el principio de paralizar sectores de producción determinados. Al igual que se puede detener el funcionamiento de un motor suprimiendo una sola de sus piezas, la RAF intentó el 17 de mayo de 1943 aniquilar el centro vital de nuestra producción de armamentos, enviado 19 bombarderos a destruir las presas del Rhur …

Bombardeos en Hamburgo, 1943

Mientras yo me esforzaba por llamar la atención de Hitler y del Estado Mayor de la Luftwaffe sobre objetivos importantes, nuestros enemigos occidentales lanzaron, en el espacio de ocho días, del 25 de julio al 2 de agosto, cinco ataques masivos sobre la misma ciudad, a saber, Hamburgo. Esta operación iba en contra de todas las consideraciones tácticas, pero por ello tuvo consecuencias menos desastrosas. Desde los primeros ataques las conducciones de agua fueron destruidas, aunque a partir de los ataques siguientes los bomberos ya no pudieron extinguir el fuego, se declararon incendios gigantescos, las llamas se arremolinaban furiosamente como verdaderos ciclones, el asfalto de las calles comenzó a quemarse, la genta quedaba asfixiada en sus sótanos o carbonizadas en plena calle. Los efectos de aquellos ataques no pueden compararse sino a los de un terremoto».

Albert Speer, En el corazón del Tercer Reich, 1969

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