Hitler comunica la invasión de la URSS a Mussolini, 1941

Hitler y Mussolini

«Duce:

Os escribo esta carta en unos momentos en que meses enteros de ansiosas deliberaciones y una continuada y enervante espera terminan merced a la decisión que más me ha costado adoptar en mi vida. Después de examinar el último mapa sobre la situación en Rusia y después de sopesar muchos informes, creo que no puedo adoptar la responsabilidad de seguir esperando y, por encima de todo, creo que no existe otro medio de evitar este peligro …, a menos que continúe esperando, lo que de todos modos terminaría por conducir al desastre, si no este año, el próximo a lo sumo. La situación es la siguiente: Inglaterra ha perdido esta guerra. Con el derecho que asiste a los que se ahogan, se agarra a cualquier clavo ardiente que, en su fantasía le parece una tabla de salvación. Sin embargo, algunas de sus esperanzas no dejan de hallarse asistidas por una cierta lógica, como es natural. hasta el presente, Gran Bretaña siempre ha librado sus guerras contando con la ayuda del Continente. La destrucción de Francia -en realidad la eliminación de todas las posiciones occidentales europeas- atrae continuamente las miradas de los belicistas ingleses al lugar por donde trataron de comenzar la guerra: la Rusia soviética.

Ambas naciones, la Rusia soviética e Inglaterra, se hallan interesadas por igual en la existencia de una Europa arruinada y postrada por una larga guerra. Detrás de estos dos países se alzan los Estados Unidos de América, que los incita mientras observa y espera los acontecimientos. Desde la liquidación de Polonia, se ha hecho evidente la existencia en la Rusia soviética de una tendencia consistente que, si bien de una manera cauta y solapada, señala no obstante un firme regreso a la antigua teoría bolchevique de expansión del Estado soviético. La prolongación de la guerra, necesaria para alcanzar esta finalidad, se conseguiría reteniendo las fuerzas alemanas en el Este, para que el Alto Mando alemán ya no pueda garantizar un ataque en gran escala en el Oeste, en especial por lo que se refiere a la aviación. Recordáis que os manifesté recientemente, Duce, que fue precisamente el éxito del experimento de Creta lo que me demostró cuán necesario es utilizar hasta el último de los aviones de que disponemos para el proyecto más importante contra Inglaterra. Es muy probable que el triunfo en esta batalla decisiva dependiese para nosotros de la superioridad de sólo unas cuantas escuadrillas. No vacilaré ni un momento en asumir estar responsabilidad. Dejando aparte otras consideraciones, poseo al menos la certeza única de que no seré atacado entonces súbitamente, ni siquiera amenazando desde el Este. La concentración de fuerzas rusas es tremenda. A decir verdad, todas la fuerzas rusas disponibles se hallan en nuestras fronteras. Además, a partir de la proximidad del buen tiempo, han empezado a realizarse numerosas obras de defensa…

Por consiguiente, después de exprimirme constantemente el cerebro, he llegado a la decisión de cortar el nudo antes de que se apriete demasiado. Creo, Duce, que con esto brinco probablemente los mejores servicios posibles a nuestra dirección conjunta de la guerra en el año en curso …

Para concluir, permitidme añadir una cosa, Duce. Me ha constado una gran lucha alcanzar esta decisión, pero ahora vuelvo a sentirme espiritualmente libre. La alianza con la Unión Soviética, pese a la completa sinceridad de los esfuerzos realizados para alcanzar una conciliación final, me resultó con frecuencia muy irritante, pues de una manera u otra me pareció una renuncia a mis principios, mis conceptos y mis anteriores obligaciones. Ahora me siento muy dichoso de verme liberado de estas agonías mentales.

Con toda cordialidad y camaradería, Vuestro. […] Adolf Hitler»

Carta de Hitler a Mussolini, 21 de junio de 1941

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