La invasión de Francia, 1940

General Heinz Guderian (Kulm, Prusia Occidental, 17 de junio de 1888 – Schwangau (Baviera), 14 de mayo de 1954)

«Mientras que la línea Maginot estaba poco ocupada, el ejército francés, incluidas las divisiones blindadas, así como el cuerpo expedicionario británico en el Flandes francés, estaban concentrados entre el Mosa y el Canal de la Mancha, con el frente hacia el noroeste. Por el contrario, las tropas belgas y holandesas estaban articuladas para proteger a sus países de un ataque procedente del este.

Esta disposición de las fuerzas permitía concluir que el enemigo contaba con que los alemanes ejecutarían una vez más el Plan Schlieffen de 1914, y que el grueso de los ejércitos aliados se destinaba a prevenir un ataque envolvente avanzando a través de Holanda y Bélgica. Alrededor de la bisagra de tal movimiento hacia Bélgica no se apreciaba la preparación de ninguna cobertura, en forma de reservas situadas, por ejemplo, en la región de Charleville o de Verdún. Se diría que el mando francés no creía posible otra eventualidad que no fuera el viejo Plan Schlieffen…

En cuanto al Alto Mando, estábamos muy sorprendidos de que no hubiera aprovechado el momento favorable para atacar en el otoño de 1939, cuando el grueso del ejército alemán, y sobre todo el conjunto de sus fuerzas blindadas, se encontraba inmovilizado en Polonia…

De todo esto se podía deducir que un golpe por sorpresa, directamente contra el objetivo, por Sedán hacia Amiens y el Canal de la Mancha, con un fuerte componente de blindados, alcanzaría en profundidad el flanco del adversario, comprometido en un avance a través de Bélgica. Contra un ataque así, no dispondría más que de reservas insuficientes; la operación tenía, por tanto, muchas posibilidades de éxito; una explotación inmediata de los éxitos iniciales permitiría copar el grueso de las fuerzas enemigas estaciones en Bélgica».

H. Guderian, Recuerdos de un soldado, 1954.

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