Churchill: Sangre, Esfuerzo, Lagrimas y Sudor, 1940

Gobierno inglés, mayo de 1940, con W. Churchill como Primer Ministro

El viernes por la noche recibí de Su Majestad la misión de formar un nuevo gobierno. Era la evidente voluntad del Parlamento y de la nación el que fuera concebido sobre unas bases lo más amplias posibles y que incluyera a todos los partidos. Ya he completado la parte más importante de esta tarea. Se ha formado un gabinete de guerra de cinco miembros, representando, con la oposición Laborista y los Liberales, la unión de la nación. Fue necesario hacerlo en un día debido a la extrema urgencia y rigor de los eventos. Otras posiciones claves fueron cubiertas ayer. Esta noche le presento al rey una lista más amplia. Espero poder completar el nombramiento de los principales ministros en el día de mañana.

Normalmente, el nombramiento de ministros lleva mayor tiempo. Confío en que cuando el Parlamento se reúna de nuevo concluya esta parte de mi tarea y que el gobierno se halle, en todos sus aspectos, completo. Consideré útil para el bien público el sugerirle al Presidente que el Parlamento se debería reunir hoy. Al final de los procedimientos de la jornada, se propondrá el cese del parlamento hasta 21 de mayo, hecha la previsión de reuniones previas si fueran necesarias, en cuyo caso se notificará a los miembros del Parlamento lo más pronto posible. Ahora, invito al Parlamento a que, con una resolución, archive la aprobación de los pasos que se han tomado y declare su confianza en el gobierno. Ahora, invito al Parlamento que con una resolución archive la aprobación de los pasos que han tomado y declare su confianza en el gobierno.

Sir Winston Churchill sentado tras su escritorio en el número 10 de Downing Street. Londres. Mayo de 1940

La resolución “Este Parlamento le da la bienvenida a la formación de un gobierno que represente la unida e inflexible resolución de la nación de proseguir la guerra con Alemania hasta su victoriosa conclusión”. Formar un gobierno de esta complejidad y en esta escala es una responsabilidad seria en si misma. Pero nos hallamos en las fase preliminar de una de las más grandes batallas de la historia. Estamos actuando en muchos lugares de Noruega y Holanda, y debemos estar preparados en el Mediterráneo. La batalla aérea continúa, y se deben realizar muchos preparativos aquí y en el exterior. En esta crisis, espero que pueda perdonárseme si no me extiendo mucho al dirigirme a la Cámara hoy. Espero que cualquiera de mis amigos y colegas, o antiguos colegas, que están preocupados por la reconstrucción política, se harán cargo, y plenamente, de la falta total de ceremonial con la que ha sido necesario actuar. Yo diría a la Cámara, como dije a todos los que se han incorporado a este Gobierno: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor».

Tenemos ante nosotros una prueba de la más penosa naturaleza. Tenemos ante nosotros muchos, muchos, largos meses de combate y sufrimiento. Me preguntáis: ¿Cuál es nuestra política?. Os lo diré: Hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y lamentable catálogo de crímenes humanos. Esta es nuestra política.

Me preguntáis; ¿Cuál es nuestra aspiración?. Puedo responder con una palabra: Victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror; victoria por largo y duro que pueda ser su camino; porque, sin victoria, no hay supervivencia. Tened esto por cierto; no habrá supervivencia para todo aquello que el Imperio Británico ha defendido, no habrá supervivencia para el estímulo y el impulso de todas las generaciones, para que la humanidad avance hacia su objetivo. Pero yo asumo mi tarea con ánimo y esperanza.

Estoy seguro de que no se tolerará que nuestra causa se malogre en medio de los hombres. En este tiempo me siento autorizado para reclamar la ayuda de todas las personas y decir: «Venid, pues, y vayamos juntos adelante con nuestras fuerzas unidas.»

Discurso de Winston Churchill a la Cámara de los Comunes, 13 de mayo de 1940

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