El terror de un campo de concentración nazi

Entrada de Auswitch

Auschwit fue liberado hace 50 años pero su horror aún atormenta Europa

Cuando los soldados de la 100 división de Infantería del Ejército Rojo rompieron la cerradura de la verja de hierro que, coronada por el lema “Arbeit macht frei” (el trabajo hace libre), daba entrada al campo de concentración de Auschwitz, se encontraron con los fantasmagóricos esqueletos semivivos de los siete mil prisioneros que no habían podido ser evacuados.

Los soldados no daban crédito a sus ojos. “Yo había visto muchos muertos —declara ahora el general soviético jubilado Vasily Petrenko, que estaba entonces al mando de la unidad—,  había visto gente colgada y gente quemada, pero ni yo ni mis soldados estábamos preparados para lo que nos encontramos en Auschwitz.”

En el campo de exterminio sólo quedaban unos 7.000 supervivientes, los más enfermos y débiles, refugiados en sus barracones. En el suelo enfangado, los rusos encontraron los restos de unos 700 prisioneros, asesinados poco antes de evacuar el campo. Unos habían sido muertos a tiros, otros quemados dentro de sus barracones en un pequeño campo “satélite”, Frestengrube. En el sótano del bloque 28 encontraron mil cuerpos amontonados que debían haber sido quemados. También aparecieron en los almacenes miles de pares de zapatos, ropas, gafas, maletas e incluso muñecas, objetos que habían pertenecido a niños de corta edad.

Prisioneros en Auschwitz

En las calles flanqueadas por las barracas de Auschwitz y Birkenau (Auschwitz II) ardían todavía los ficheros del campamento que los soldados de la SS habían intentado quemar antes de abandonar definitivamente el campo. Las cámaras de gas y los crematorios habían sido volados dos meses antes por los guardianes alemanes en un intento desesperado y vano de borrar las huellas de una barbarie que había durado casi cinco años.

Un cautivo polaco, Mieczyslaw Zawadzki, había escapado del campo unos días antes, cuando ante el avance del Ejército Rojo los nazis decidieron emprender la marcha hacia otros campos de prisioneros más al oeste. Zawadzki se encontró con una patrulla rusa en la noche del 26 de enero y condujo a los soldados hasta el campo, al que llegaron a las once de la mañana del día siguiente.

La mayor parte de los prisioneros liberados —unos 200 eran niños— tuvieron que ser internados en los hospitales de campaña rusos o en los hospitales cercanos de la zona, atendidos por la Cruz Roja polaca. Muchos padecían disentería y tuberculosis. Algunos de ellos, cuya ración había sido de menos de 500 calorías al día durante varios años, después de su liberación no resistieron la tentación de comer inmediatamente alimentos sólidos —de los que traían los soldados rusos— y murieron entre terribles dolores: su organismo fue incapaz de digerir aquella comida. Luego, en los hospitales, fueron alimentados con cucharadas de puré de patatas varias veces al día.

Víctimas de Auschwitz

Mientras los soviéticos se hacían con el control del campo de Auschwitz (que poco después continuaría siendo utilizado por la policía política soviética, el NKVD, para los presos políticos), otros 58.000 presos, vigilados por soldados de la SS, se arrastraban por diversas carreteras hacía el oeste camino de otros campos de concentración, a Sachsenhausen, a Buchenwald o a Mauthausen. Los que no podían andar eran arrojados a las cunetas y muertos de un disparo o a culatazos: se calcula que durante estas “marchas de la muerte” cayeron de 9.000 a 15.000 presos.

El campo de concentración fue creado en enero de 1940, es decir cuatro meses después del comienzo de la guerra. Su primer comandante fue el oficial de la SS Rudolf Hoss, que llegó al campamento en abril de 1940. El 30 de mayo llegaron los primeros presos: treinta criminales comunes alemanes que iban a ser los primeros “funktionshaftlinge” (presos con funciones auxiliares).

El preso número 31

Más tarde empezaron a llegar presos polacos: 29 del campo de concentración de Dachau y 728 hombres procedentes de la cárcel de Tarnów (Polonia). Recibieron los números 31 al 758. Uno de ellos es Stanislaw Ryniak, que tuvo el primer número dado a un prisionero polaco, el 31. Ryniak, entonces un estudiante de 24 años que había sido capturado en Jaroslaw por la Gestapo a causa de sus actividades conspirativas contra los ocupantes alemanes, consiguió sobrevivir y recuerda hoy día que “la muerte nos acechaba detrás de cada esquina”. El terror, recuerda Ryniak en Varsovia, empezó a la llegada: primero fueron sólo las patadas y golpes que les daba la escolta de la SS. Durante la primera noche los presos fueron obligados a hacer repetidas flexiones, a tirarse al suelo y a levantarse. Los lentos eran maltratados por los “instructores”. Cuando Ryniak fue destinado a trabajar como albañil en un matadero y robó carne para sus camaradas, el castigo fueron diez días de “stehbunker” —una especie de “cheka” de un metro cuadrado en la que debía pasar toda la noche de pie, mientras de día hacía trabajos forzados—. Ryniak fue utilizado asimismo para brutales “experimentos médicos”: después de que un “médico” de la SS le inyectara durante varios días una sustancia desconocida, estuvo a punto de perder una pierna. Cuando contrajo el tifus e iba a ser sacado de la llamada enfermería (una antesala a la cámara de gas) logró salvarse disfrazándose de enfermero.

Ryniak recuerda todavía las palabras con las que el “SS hauptscharführer”, Gerhard Palizsch, recibía los transportes de judíos: “No habéis venido a un sanatorio, sino a un campo de concentración alemán del que nadie sale más que por las chimeneas del crematorio”. Ryniak, que ahora tiene 79 años, estuvo presente en abril de 1947 en la ejecución del ex comandante del campo Rudolf Hoss, que fue ahorcado en abril de 1947 en uno de los patíbulos que él mismo ordenó construir.

Desde junio del año 1940 hasta septiembre de 1941 en Auschwitz sólo hubo prácticamente prisioneros polacos. Fue en aquella época cuando el franciscano polaco canonizado por el Papa Juan Pablo II, el padre MaximilianoKolbe, entregó su vida a cambio de la de otro preso, un padre de familia que hubiera tenido que morir de hambre en el “búnker de la muerte” como represalia por un presidiario fugado.

Teatro de ejecuciones

Mapa de Auswitch

Al inicio de 1941, el campo de concentración fue incorporado a una región industrial cuyo centro de gravedad era la fábrica de caucho sintético de la IG-Farbenindustrie, lo cual hizo necesario aumentar el número de presos y los campos de trabajo suplementarios, 28 en total. El mayor de ellos estaba a tres kilómetros de Auschwitz, en la aldea de Brzezinka (Birkenau: “la dehesa de los álamos”). Según los planes del “reichsfiihrer” de la SS, Himmler, Auschwitz 1 (el campo original) debía albergar 30.000 presos y Birkenau (Auschwitz II), 100.000. Aunque el programa para la liquidación sistemática de los judíos no fue aprobado hasta el 20 de enero de 1942 en Wannsee (Berlín), Auschwitz había sido desde el principio un campo de exterminio. El 14 de marzo de 1941 fueron fusilados 72 presos políticos en una cantera de grava, junto al llamado “teatro”. En abril diez presos fueron enviados al “búnker de la muerte” como represalia por la fuga de uno de los presos.

Cada vez aumentaba más el número de ejecuciones y asesinatos. En mayo empezaron los experimentos con mujeres para llevar a cabo una esterilización rápida y barata. En julio fueron seleccionados 573 hombres, la mayoría polacos, para ser gaseados en una ducha con óxido de carbón. Sucesivamente fueron empleados otros métodos para la exterminación masiva, como inyecciones intravenosas e inyecciones defenol directamente al corazón. Otro método fue la utilización de coches cerrados en los que se introducía gas. El comandante Hoss quería evitar en lo posible los fusilamientos masivos, para evitar “la carga psicológica” que ello suponía para sus soldados. Ya entonces las víctimas preferidas eran judíos y sacerdotes católicos. Más tarde, tras el comienzo de la operación Barbarroja (la agresión alemana contra la URSS) empezaron a llegar prisioneros de guerra rusos en grandes cantidades (fines de junio de 1941).

Fue Hoss quien tuvo la idea de emplear para la liquidación de presos el gas ciclón B, que se había empleado hasta entonces para desinfectar la ropa y los objetos del campo. Uno de los presos polacos supervivientes, Kazimierz Smolen, recuerda todavía sus primeras sospechas cuando observó que el bloque de la compañía de castigo, el bloque 11, era desalojado, mientras soldados de la SS tapiaban herméticamente los ventanucos del sótano. Los prisioneros rusos y los reclusos de la enfermería fueron los primeros en ser ejecutados. El primer “experimento” duró un día entero: el propio Smolen vio soldados de la SS con máscaras de gas alrededor del bloque. Más tarde Hoss narró que el “experimento” duró 24 horas porque algunos de los gaseados daban señales de vida.

Unos 200 niños sobrevivieron en Auschwitz

En la mencionada conferencia de Wannsee se decidió la “solución definitiva de la cuestión judía europea”, que afectaría a once millones de judíos. “Sin duda, una gran parte desaparecería por proceso biológico natural (…), pero las existencias restantes (sic) deberán ser sometidas a un tratamiento especial (‘sonder behandlung’)”, se decía en el documento secreto. Hoss trabajaba como un poseso para acelerar las labores de las empresas alemanas encargadas de suministrar las correspondientes instalaciones. La primera cámara de gas fue instalada en marzo de 1942 en una casa de campesinos de Birkenau y las primeras víctimas fueron judíos de Silesia. Los cadáveres eran echados a una fosa común y los presos encargados de enterrarlos, asesinados con inyecciones de fenol. A partir de entonces los transportes ferroviarios fueron dirigidos a Birkenau directamente.

El momento álgido de Birkenau fue la época comprendida entre mayo de 1943 y septiembre de 1944: tres cuartas partes de las víctimas del campo datan de ese periodo. En la primavera de 1944 llegaban diariamente a Birkenau alrededor de diez mil personas, prácticamente todos judíos: casi todos pasaban de la rampa ferroviaria a la cámara de gas. Los presos procedían de Polonia (300.000), Noruega (690), Alemania y Austria (23.000), Holanda (60.000), Bélgica (25.000), Francia (69.000), Chequia (46.000), Italia (7.500), Yugoslavia (10.000), Eslovaquia (27.000), Hungría (438.000) y Grecia (55.000). En marzo y abril de 1944 se construyeron cuatro crematorios con las correspondientes cámaras de gas. Cuando los crematorios no daban abasto, los cadáveres eran quemados al aire libre, formando pirámides de capas sucesivas de cadáveres y leña sostenidas por entramados de vías de tren. El desmontaje de la maquinaria del holocausto empezó ya en septiembre de 1944 y terminó un día antes de la llegada de las tropas soviéticas.

Ricardo Estarriol / Maciej Stasinki: Tan lejos y tan cerca, La Vanguardia, 26 de enero de 1995

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