Una alternativa de solución a la crisis: el «New Deal»

Franklin D. Roosevelt

En un discurso de 1932, el futuro presidente Franklin D. Roosevelt, alma del -New Deal-, expone los fundamentos del mismo, haciendo hincapié, sobre todo, en la situación de los pequeños propietarios y empresas, a quienes se ofrece como solución la tarea dirigiste y fiscalizadora del Estado para corregir abusos y defectos.

«…Una mirada a la situación actual nos da idea con claridad de que la igualdad de oportunidades ya no existe. Nuestras estructuras industriales han sido definitivamente construidas, el problema, pues, es si en determinadas condiciones pueden ser reconstruidas. Nuestra última frontera ha sido alcanzada hace tiempo, y prácticamente ya no hay tierra libre. Más de la mitad de nuestro pueblo no vive en las granjas o en las tierras y no puede lograr un modo de vida cultivando su propiedad. No hay una válvula de seguridad para quienes se han lanzado a trabajar las praderas del oeste, porque las maquinarias económicas del norte pueden inventar una nueva salida. No estamos autorizados a invitar a la emigración de Europa para que comparta nuestra abundancia sin fin. Ahora nos preocupamos en buscar una vida segura para nuestro pueblo.

Nuestro sistema de elevar constantemente las tarifas se ha vuelto al fin contra nosotros, hasta el punto de cerrar nuestra frontera canadiense en el norte, nuestros mercados europeos en el este y varios de nuestros mercados latinoamericanos en el sur, y una buena parte de nuestros mercados del Pacífico en el oeste, por causa de las tarifas protectoras de esos países […] Esto ha producido la reducción de la actividad de las fábricas americanas y de las oportunidades de empleo.

Desde el momento en que ha cesado la libertad de la pequeña empresa, también la oportunidad en los negocios ha disminuido. Es aún cierto que los hombres pueden emprender pequeñas empresas, confiando en la astucia natural y en la capacidad de mantenerse al lado de los competidores; pero sector tras sector ha quedado ocupado casi totalmente por las grandes corporaciones, e incluso el campo, del que aún no se habían preocupado […] Últimamente se ha hecho un estudio cuidadoso de la concentración de negocios en los Estados Unidos. Demostró que nuestra vida económica estaba dominada por unas seiscientas compañías, que controlaban a los dos tercios de la industria americana. Diez millones de hombres de negocios de poca importancia, dividían el otro tercio […] Desdichadamente vamos inexorablemente hacia una economía oligárquica si no nos preocupamos de evitarlo.

Evidentemente, todo esto pide un reajuste de los valores. Un mero constructor de varias plantas industriales, un creador de varios sistemas de ferrocarriles, un organizador de varias corporaciones, es más un peligro que una ayuda. El día del gran promotor o bien del titán financiero, en quien se confía totalmente con tal que quiera construir o desarrollar, ha pasado. Nuestra tarea consiste ahora no en descubrir o explotar los recursos naturales, o producir necesariamente más mercancías. Es mucho más sobria y menos dramática, ya que consiste en administrar los recursos y las instalaciones que tenemos, o tratar de restablecer los mercados exteriores para nuestra producción excesiva, enfrentándonos con los problemas de la falta de consumo o bien adecuar la producción al consumo, distribuir la riqueza y los productos de modo más equitativo, adaptando las organizaciones económicas que existen al servicio del pueblo. El día de la administración ilustrada ha llegado».

Discurso de Franklin D. Roosevelt, en San Francisco (23 de septiembre de 1932)

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