Los Pactos de Locarno, 1925

Los Tratados de Locarno fueron siete los acuerdos negociados en Locarno, Suiza, entre el 5 octubre y el 16 octubre de 1925 y formalmente firmados en Londres el 1 de diciembre del mismo año, en el que la Primera Guerra Mundial, Europa occidental las potencias aliadas y los nuevos estados de Europa central y oriental, se solicitó la después de la guerra arreglo territorial, a cambio de normalizar las relaciones con la Alemania derrotada (que era, en ese momento, la República de Weimar). Uno de estos acuerdos fue el Tratado de Garantía Mutua entre Alemania, Bélgica, Francia, Gran Bretaña e Italia, 16 de octubre de 1925 (a menudo denominado como “El Pacto de Locarno”)

De izquierda a derecha: Gustav Stresemann, Joseph Austen Chamberlain, Aristide Briand

«El Presidente del Reich Alemán, Su Majestad el Rey de los Belgas, el Presidente de la República Francesa, Su Majestad el Rey del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y los Dominios Británicos allende los mares, Emperador de la India, y su SM el Rey de Italia;

Ansiosos de satisfacer el deseo de seguridad y protección que anima a los pueblos sobre los cuales cayó el flagelo de la guerra de 1914-1918;

Tomando nota de la abrogación de los tratados para la neutralización de Bélgica, y consciente de la necesidad de asegurar la paz en el área que ha sido con frecuencia el escenario de los conflictos europeos;

Animado también con el sincero deseo de dar a todas las potencias signatarias se trate garantías suplementarias en el marco del Pacto de la Liga de las Naciones Unidas y los tratados en vigor entre ellos;

Han decidido celebrar un tratado con estos objetos, y han nombrado como plenipotenciarios:

[Los nombres de los Plenipotenciarios han sido omitido]

Quienes, habiéndose comunicado sus plenos poderes, hallados en buena y debida forma, han convenido en lo siguiente:

Artículo 1

Las altas partes contratantes garantizan individual y colectivamente, como se estipula en los artículos que siguen, el mantenimiento del statu-quo territorial, resultante de las fronteras entre Alemania y Bélgica, y entre Alemania y Francia, y la inviolabilidad de dichas fronteras tales como han sido fijadas por o en ejecución del Tratado de paz firmado en Versalles el 28 de junio de 1919, así como la observación de las disposiciones de los artículos 42 y 43 de dicho Tratado, concernientes a la zona desmilitarizada.

Artículo 2

Alemania y Bélgica y también Alemania y Francia se comprometen recíprocamente a no entregarse de una u otra parte a ningún ataque o invasión, y a no recurrir de una u otra parre en ningún caso a la guerra. Sin embargo, esta estipulación no se aplica, si se trata:

1) del ejercicio del derecho de legítima defensa, es decir, de oponerse a una violación del compromiso del párrafo precedente, o de una contravención flagrante de los artículos 42 ó 43 del citado Tratado de Versalles, cuando una tal contravención constituya un acto no provocado de agresión y que en razón de la concentración de las fuerzas armadas en la zona desmilitarizada una acción inmediata sea necesaria;

2) de una acción en aplicación del artículo 16 del Pacto de la Sociedad de Naciones;

3) de una acción en razón de una decisión tomada por la Asamblea o por el Consejo de la Sociedad de Naciones, o en aplicación del artículo 15, párrafo 7, del Pacto de la Sociedad de Naciones, siempre que en este último caso esta acción sea dirigida contra un Estado que en primer lugar se haya entregado a un ataque.

Artículo 3

Tomando en consideración los compromisos respectivamente adquiridos en el artículo 2 del presente Tratado, Alemania y Bélgica, y Alemania y Francia se comprometen a arreglar por vía pacífica y de la manera siguiente todas las cuestiones, de cualquier naturaleza que sean, que vengan a dividirlas y que no hayan podido ser resueltas por los procedimientos diplomáticos ordinarios […].

Artículo 4

1) Si una de las altas partes contratantes estima que ha sido o es cometida una violación del artículo 2 del presente Tratado o una contravención de los artículos 42 ó 43 del Tratado de Versalles, llevará inmediatamente la cuestión ante el Consejo de la Sociedad de Naciones.

2) En cuanto el Consejo de la Sociedad de Naciones haya constatado que una tal violación o contravención ha sido cometida, dará sin demora aviso a las potencias signatarias del presente Tratado, y cada una de ellas se compromete a prestar, en semejante caso, inmediatamente su asistencia a la potencia contra la cual el acto incriminado haya sido dirigido.

3) En caso de violación flagrante del artículo 2 del presente Tratado o de contravención flagrante de los artículos 42 ó 43 del Tratado de Versalles por una de las altas partes contratantes, cada una de las otras potencias contratantes se compromete, desde el presente, a prestar inmediatamente su asistencia a la parte contra la cual una tal violación o contravención haya sido dirigida desde que la dicha potencia haya podido constatar que esta violación constituye un acto no provocado de agresión y que en razón sea del paso de la frontera, sea de la apertura de las hostilidades o de la concentración de las fuerzas armadas en la zona desmilitarizada, una acción inmediata es necesaria. Sin embargo, el Consejo de la Sociedad de Naciones, sometida la cuestión conforme al primer párrafo del presente artículo, hará conocer el resultado de sus constataciones. Las altas partes contratantes se comprometen en semejante caso a actuar en conformidad con las recomendaciones del Consejo que habrán recogido la unanimidad de los votos, con exclusión de los votos de los representantes de las partes comprometidas en las hostilidades». […]

Artículo 10

El presente Tratado será ratificado y las ratificaciones serán depositadas en Ginebra en los archivos de la Liga de las Naciones Unidas tan pronto como sea posible.

El presente Acuerdo entrará en vigor tan pronto como todas las ratificaciones se han depositado y Alemania se ha convertido en un miembro de la Sociedad de Naciones.

El presente Tratado, hecho en un solo ejemplar, será depositado en los archivos de la Sociedad de Naciones, y el Secretario General le solicitará que remita copias certificadas de cada una de las Altas Partes Contratantes.

En fe de lo cual los Plenipotenciarios arriba mencionados han firmado el presente Tratado.

Stresemann, A.Chamberlain, B.Mussolini, Briand y Vandervelde

Firmado en Lucerna el 16 de octubre de 1925.

El documento fue publicado en el Libro de comandos británicos Parlamentaria 2525 en el año 1925 de acuerdo a la revista American Journal of International Law, vol. 20, No. 1, Suplemento: Archivo de Documentos (enero, 1926), pp 21-33.
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La enfermedad de los Estados democráticos

Otto Dix: Gran ciudad (panel central), Óleo y témpera sobre madera, 1927-1928

No fue por falta de poder, sino por carencia de dotes de gobierno, por lo que las democracias liberales fracasaron. No consiguieron restablecer el orden en la enorme extensión del mundo que, fuera de la Rusia revolucionaria, se hallaba aún bajo su influencia, dócil a sus directrices, sujeta a sus decisiones, trabajando en pro de idéntica economía, dentro de la misma  comunidad internacional y pensando de modo similar. […]

Al poner su veto a la reconciliación con Alemania, la opinión pública hizo imposible un arreglo completo. Y así, cuando una nueva generación de alemanes hubo surgido, éstos se rebelaron. Pero las democracias occidentales, que antes se habían mostrado belicistas al extremo de no querer concertar la paz con la desarmada República, se habían vuelto ahora demasiado pacíficas para correr los riesgos que hubieran impedido la guerra que Hitler anunciaba. Y tras haber desdeñado dichos riesgos, tampoco quisieron prepararse para la guerra. Las democracias europeas escogieron la doble negativa del apaciguamiento desarmado, mientras la democracia americana se inclinaba hacia el aislacionismo, también desarmado. […]

En los gabinetes gubernamentales, donde se percibe con claridad la vehemencia y la pasión de los sentimientos públicos, los estadistas no se sienten seguros. Sus vidas políticas se hallan sometidas a dura prueba, y su situación reclama de ellos una continua adulación de la inquieta masa de votantes que los eligió, lo cual les priva de independencia. Los políticos demócratas rara vez pueden permitirse el lujo de explicar la verdad a los pueblos.

[…] Los políticos demócratas triunfadores son, en realidad, hombres intimidados e inseguros. Progresan por el camino de la política aplacando, sobornando, seduciendo, embaucando, arreglándoselas para manipular a su antojo a los elementos más pedigüeños y amenazadores del electorado. Para ellos la consideración decisiva no estriba en si la propuesta hecha pública es buena, sino en si resulta popular; no en si logrará efectos perdurables, sino en si la masa de votantes la hallará inmediatamente de su agrado. Los políticos racionalizan dicha servidumbre afirmando que en una democracia los hombres públicos son servidores de la masa.

La debilitación del poder gubernativo es la enfermedad de los estados democráticos. Conforme dicha dolencia se agrava, los poderes ejecutivos se hacen altamente susceptibles de intrusión y usurpación por parte de las asambleas elegidas; se sienten presionados y obstaculizados por la constante pugna de los partidos, por los agentes de intereses organizados y por los portavoces de sectarios e ideólogos. […]

Con frecuencia se acepta, aunque sin garantía alguna, que las opiniones del pueblo, es decir, de la masa electoral, deben ser consideradas como expresión de los intereses del «pueblo» como comunidad histórica. El problema crucial de la democracia moderna tiene su raíz en el hecho de que dicha suposición es falsa.

LIPPMANN, W.: La crisis de la democracia occidental. Hacia una nueva democracia, I.E.E., Barcelona, 1956, pp. 32-43. (Tomado de: ARMESTO SÁNCHEZ, J.: Crónica. Textos y documentos de historia contemporánea, Ed. Vicens Vives, Barcelona, 1987, pp. 271-272.