Juicio de Churchill sobre el Pacto de Munich, 1938

Winston Leonard Spencer-Churchill (Palacio de Blenheim, 30 de noviembre de 1874 – Londres, 24 de enero de 1965)

«Verdaderamente no tenemos tiempo que perder después de este largo debate sobre los diferentes resultados obtenidos en Berchtesgaden, en Godesberg y en Munich. Pueden ser resumidos de forma muy simple si la Cámara quiere permitirse modificar la metáfora. El dictador ha reclamado primero una libra esterlina “con la pistola en la mano”. Cuando se le había dado, reclamó dos libras esterlinas “con la pistola en la mano”. Finalmente, ha querido contentarse con tomar una libra, 17 chelines y 6 peniques y el sueldo, con promesas de buena voluntad para el porvenir.

Nadie ha luchado jamás para salvaguardar la paz, con más resolución y empeño que el primer ministro. Cada cual lo sabe. Jamás he sido testigo de esfuerzos tan obstinados y tan intrépidos, con vistas a mantener y preservar la paz. Sin embargo, no veo muy bien que Gran Bretaña y Francia hayan corrido en esta ocasión, tan gran peligro de ser arrastadas a la guerra, puesto que, de hecho, siempre habían estado decididas a sacrificar a Checoslovaquia

Todo está consumado. Silenciosa, lúgubre, abandonada, rota Checoslovaquia se hunde en la sombra. Ha soportado desde todos los puntos de vista sus lazos de asociación con esta Francia que le servía de guía y de la que ella ha seguido tan largo tiempo su política.

No puedo admitir que nuestro país pueda caer bajo el poder de la Alemania nazi y bajo su influencia, que pueda ser arrastada a su órbita y que nuestra existencia dependa un día de su voluntad y de su capricho… Y no vayáis a creer que esto sea un final. No, esto no es más que el comienzo del ajuste de cuentas. No es más que el primer sorbo, el sabor anticipado de una copa amarga que se nos tenderá año tras año, a menos que, recobrando por un supremo esfuerzo nuestra salud moral y nuestra fuerza militar, nos pongamos en pie para defender la libertad como en otros tiempos».

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“Lo máximo que ha sido capaz de lograr… [le interrumpe gran parte de la cámara, gritando “es la paz”] (…) Lo máximo que ha sido capaz de conseguir para Checoslovaquia y en las cuestiones sobre las cuales todavía no se había llegado a ningún acuerdo ha sido que el dictador alemán, en lugar de agarrar la comida de la mesa, se conformase con hacer que se los sirvieran plato por plato (…) No puede existir nunca la certeza de que habrá una lucha, si una de las partes está decidida a ceder por completo (…) Después de la toma de Austria, en marzo, nos enfrentamos a ese problema en nuestros debates. Me aventuré a pedir al gobierno que fuera un poco más allá de lo que había ido el primer ministro y prometiera que, junto con Francia y otras potencias, garantizaría la seguridad de Checoslovaquia (…) No creo que sea justo acusar a los que deseaban que se siguiera ese camino (…) de haber deseado una guerra inmediata. Entre la sumisión y la guerra inmediata, había una tercera alternativa, que daba una esperanza no sólo de paz, sino también de justicia (…)

Se acabó todo. En silencio, triste, abandonada, destrozada, Checoslovaquia se hunde en la oscuridad (…) Los mineros de los Sudetes, que son todos checos y cuyas familias han vivido en esa región durante siglos, ahora deben huir a una zona en la que casi no quedan minas donde puedan trabajar. Es una tragedia (…) Verán que, en un período que tal vez se calcule por años, pero que tal vez se calcule sólo por meses, Checoslovaquia quedará envuelta por el régimen nazi.

En lo que respecta a este país [Reino Unido], la responsabilidad debe recaer en los que ejercen un control indiscutible sobre nuestros asuntos políticos, que ni evitaron que Alemania se rearmara, ni se rearmaron a su vez a tiempo. (…)

Y no supongan que aquí acaba todo. La hora de la verdad no ha hecho más que comenzar. Esto no es más que el primer sorbo, el primer anticipo de una copa amarga que nos ofrecerán año tras año, a menos que, mediante una recuperación suprema de la salud moral y el vigor marcial, volvamos a levantarnos y a adoptar nuestra posición a favor de la libertad, como en los viejos tiempos”.

Discurso de W. S. Churchill en la Cámara de los Comunes, con motivo del debate sobre los acuerdos de Munich, 1938

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