La postura británica ante el Tratado de Versalles

David Lloyd George (Mánchester, 17 de enero de 1863 - Tŷ Newydd, Llanystumdwy, (Gales), 26 de marzo de 1945)

Las oposiciones de los antiguos aliados ante las condiciones que se debían aplicar a los vencidos después de la guerra fueron muy diferentes. Mientras Francia exigía un trato duro a Alemania, Estados Unidos y el Reino Unido adoptaron posturas menos drásticas. El documento muestra la postura del primer ministro británico.

«[…] En la situación presente, el mayor peligro que yo percibo es que Alemania puede asociar su destino al bolchevismo y poner sus recursos y su amplia potencia de organización a disposición de revolucionarios fanáticos, cuyo sueño es conquistar el mundo para el bolchevismo por la fuerza de las armas. Este peligro, actualmente, no tiene nada de quimérico. El actual gobierno alemán es débil, no tiene prestigio y su autoridad es contestada: si aún se mantiene es simplemente porque no hay otra alternativa que los espartaquistas y porque Alemania no está aún madura para el espartaquismo […].

Si somos prudentes, ofreceremos a Alemania una paz que, además de justa, sea, para toda persona sensata, una alternativa preferible al bolchevismo. Yo quisiera, pues, colocar en el frontispicio de la paz la idea siguiente: desde el momento en que Alemania acepte nuestras condiciones, especialmente la de las reparaciones, nosotros le abriremos el acceso a las materias primas y a los mercados de todo el mundo en plano de igualdad con nosotros y haremos todo lo que esté en nuestra mano para que el pueblo alemán pueda ser capaz de ponerse de nuevo en pie. Lo que no podemos hacer es destruirlo y esperar encima que nos pague. A fin de cuentas, hemos de proponer unas condiciones tales que un gobierno alemán consciente de sus responsabilidades pueda considerarse capaz de ejecutarlas. Si nosotros presentamos a Alemania unas condiciones injustas o excesivamente onerosas, ningún gobierno consciente de sus responsabilidades querrá firmarlas […].

Por consiguiente, mírese por donde se mire, me parece que hemos de esforzarnos por establecer el reglamento de la paz como si nosotros fuéramos unos árbitros imparciales, olvidados ya de las pasiones de la guerra. Este reglamento deberá tener tres objetivos: ante todo, debe hacer justicia a los Aliados teniendo en cuenta la responsabilidad de Alemania en los orígenes de la guerra y en los métodos bélicos que ha empleado; a continuación, ha de ser tal que un gobierno alemán consciente de sus responsabilidades puede firmarla estimando que podrá cumplir las obligaciones que suscribe; finalmente, ese reglamento no deberá encerrar cláusula alguna que puede provocar nuevas guerras y deberá ofrecer una alternativa al bolchevismo, presentándose ante la opinión de las personas razonables como una solución equitativa al problema europeo.

Creo, finalmente, que hasta que la autoridad y eficacia de la Sociedad de Naciones hayan sido demostradas, el Imperio Británico y los Estados Unidos deberían dar a Francia una garantía contra la posibilidad de una nueva agresión alemana. Francia tiene razones particulares para pedir esta garantía: en medio siglo ha sido dos veces atacada e invadida por Alemania. Y ha sido atacada porque era la principal defensora de la civilización liberal y democrática en el continente europeo, frente a la Europa central autocrática. Es, pues, justo que las restantes grandes democracias occidentales se pongan de acuerdo para darle la seguridad de que estarán a su lado, cuando ella quería, para protegerla de la invasión en caso de que Alemania la amenazase de nuevo y hasta que la Sociedad de Naciones haya demostrado ser capaz de preservar la paz y la libertad en el mundo».

Memorándum de Lloyd George (25 de marzo de 1919), recogido en Renouvin, El Tratado de Versalles, pp. 120-122

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