Los catorce puntos de Wilson, 1918

Antes de que el final de la guerra se viera Cercano, el presidente norteamericano Woodrow Wilson había formulado algunas bases posibles para la paz a través de sus archiconocidos 14 puntos; serían la inspiración de los tratados que regularon las relacion es internacionales tras la contienda, el más importante de los cuales fue el de Versalles, donde se recogía la idea de fundación de una sociedad internacional y se fijaban las condiciones de paz a Alemania. Recogemos los puntos esenciales de ambos documentos.

Thomas Woodrow Wilson (Staunton, 28 de diciembre de 1856 – Washington, D.C., 3 de febrero de 1924)

«Nosotros hemos entrado en esta guerra porque el Derecho ha sido quebrado en una forma que nos ha herido profundamente. A nuestro pueblo se le ha hecho la vida imposible mientras el Derecho no esté restablecido, mientras el mundo no esté asegurado contra tales quebrantamientos del Derechos.

Lo que nosotros pedimos en esta guerra no es, pues, ningún provecho que nos beneficie a nosotros solos. El mundo debe ordenarse de manera que la vida en él esté asegurada; particularmente queremos que los pueblos que, como nosotros, aman la paz y quieren vivir su propia vida y desean decidir por si mismo su propia constitución, permanezcan intactos y puedan esperar de los otros pueblos justicia y respeto. Esos pueblos tiene que estar asegurados contra agresiones violentas y egoístas. Todos los pueblos del mundo tienen el mismo interés que nosotros en esta reclamación. Por lo que a nosotros se refiere, vemos claramente que mientras no se haga justicia a los demás pueblos, no podrá hacérsenos justicia tampoco a nosotros. Nuestro programa es pues el programa de la paz mundial, que a nuestro juicio es la única posible, y se compone de los siguientes puntos:

1. Todos los tratados de paz son públicos y se conciertan públicamente, y después de esos tratados no pueden concertarse ningunos acuerdos internacionales secretos de ninguna especie. La diplomacia debe ser siempre abierta y llevarse ante la publicidad del mundo entero.

2. Completa libertad de navegación en el mar fuera de las aguas territoriales, y tanto en paz como en guerra, con excepción de aquellos mares que, en todo o en parte, se hayan cerrado por acuerdo internacional con el fin de ejecutar tratados internacionales.

3. La mayor eliminación posible de todas las barreras económicas y el establecimiento de la igualdad en las relaciones comerciales entre aquellas naciones que se adhieran a la paz y se unan para su mantenimiento.

4. Garantías mutuas adecuadas para reducir los armamentos de cada país al mínimo compatible con la seguridad interior.

5. Libre, magnánima y absolutamente imparcial renuncia a todas las pretensiones coloniales. Esta renuncia se fundará en el estricto respeto al principio de que, al resolver sobre tales cuestiones de soberanía, los intereses de los pueblos alcanzados tendrán igual peso e importancia que las justificadas pretensiones de los gobiernos cuya pretensión jurídica se trate de fijar.

6. Evacuación de todo el territorio ruso y regulación de todas las cuestiones referentes a Rusia, de tal modo que asegure la mejor y más libre colaboración de los restantes pueblos de la tierra para dar a Rusia la posibilidad de lograr, sin obstáculos y sin errores, una resolución independiente sobre su propia evolución política y nacional y para asegurar a Rusia una recepción sincera en la Sociedad de las Naciones libres, con instituciones políticas elegidas por ella misma; y además toda clase de apoyos que necesite y desee. El trato que Rusia reciba por parte de las naciones hermanas en los meses venideros, será la piedra de toque que aquilate su voluntad, su comprensión para las necesidades rusas, por diferentes que éstas sean de las que sienten las demás naciones; será también testimonio de su simpatía comprensiva y altruista.

7. Bélgica debe -y en esto, coincide el mundo entero- ser evacuada y restaurada, sin que nunca se Intente por nadie limitar su soberanía, de la que disfruta por igual modo que todas las demás naciones libres. Ningún acto contribuirá tanto como éste a restablecer entre los pueblos la confianza en las leyes, que ellos mismos se han dado para regular sus mutuas relaciones. Si esta restauración no se llevase a cabo, quedaría menoscabado para siempre el vínculo del Derecho internacional.

8. Toda la región francesa debe ser evacuada, y las partes que han sufrido la guerra deben ser restauradas. La injusticia que Prusia cometió en el año 1871 para con la nación francesa en lo referente a Alsacia y Lorena, esa injusticia que desde hace casi cincuenta años ha puesto en peligro la paz del mundo, debe ser reparada para que pueda restaurarse la paz en el interés de todos.

9. La rectificación de las fronteras italianas debe acometerse según las líneas de separación que claramente circunscriben las nacionalidades.

10. A los pueblos de Austria-Hungría, cuyo puesto deseamos asegurar entre las demás naciones, debe dárseles la primera ocasión favorable para su desenvolvimiento autonómico.

11. Rumanía, Servia y Montenegro deben ser evacuados y las regiones ocupadas deben ser restauradas. Servia debe recibir un acceso libre y seguro al mar; las relaciones mutuas entre los Estados Balcánicos deben determinarse por tráfico amistoso, conformemente a las líneas fundamentales históricas de común pertenencia y nacionalidad; garantías internacionales deben ser creadas para la independencia política y económica y para la intangibilidad territorial de los distintos Estados Balcánicos.

12. Para las partes turcas del actual imperio osmanlí debe asegurarse una independencia absoluta; pero las otras nacionalidades que actualmente se hallan bajo la dominación turca deben tener su vida absolutamente asegurada y debe permitírsele un desarrollo completo autonómico, sin el menor obstáculo. Los Dardanelos deben abrirse permanentemente al Ubre paso bajo garantías internacionales para los barcos mercantes de todas las naciones.

13. Debe crearse un Estado polaco independiente que comprenda todas las regiones habitadas por población indiscutiblemente polaca; debe proporcionársele libre y seguro acceso al mar; por tratado internacional quedará garantizada la independencia política y económica y la intangibilidad territorial del nuevo Estado.

14. Debe crearse por conciertos particulares una unión general de las naciones, de suerte que se establezca una seguridad mutua para la independencia política y la intangibilidad territorial de las naciones grandes y pequeñas.»

Mensaje del presidente Wilson al Congreso, 8 de enero de 1918

Anuncios

#ee-uu

La postura británica ante el Tratado de Versalles

David Lloyd George (Mánchester, 17 de enero de 1863 - Tŷ Newydd, Llanystumdwy, (Gales), 26 de marzo de 1945)

Las oposiciones de los antiguos aliados ante las condiciones que se debían aplicar a los vencidos después de la guerra fueron muy diferentes. Mientras Francia exigía un trato duro a Alemania, Estados Unidos y el Reino Unido adoptaron posturas menos drásticas. El documento muestra la postura del primer ministro británico.

«[…] En la situación presente, el mayor peligro que yo percibo es que Alemania puede asociar su destino al bolchevismo y poner sus recursos y su amplia potencia de organización a disposición de revolucionarios fanáticos, cuyo sueño es conquistar el mundo para el bolchevismo por la fuerza de las armas. Este peligro, actualmente, no tiene nada de quimérico. El actual gobierno alemán es débil, no tiene prestigio y su autoridad es contestada: si aún se mantiene es simplemente porque no hay otra alternativa que los espartaquistas y porque Alemania no está aún madura para el espartaquismo […].

Si somos prudentes, ofreceremos a Alemania una paz que, además de justa, sea, para toda persona sensata, una alternativa preferible al bolchevismo. Yo quisiera, pues, colocar en el frontispicio de la paz la idea siguiente: desde el momento en que Alemania acepte nuestras condiciones, especialmente la de las reparaciones, nosotros le abriremos el acceso a las materias primas y a los mercados de todo el mundo en plano de igualdad con nosotros y haremos todo lo que esté en nuestra mano para que el pueblo alemán pueda ser capaz de ponerse de nuevo en pie. Lo que no podemos hacer es destruirlo y esperar encima que nos pague. A fin de cuentas, hemos de proponer unas condiciones tales que un gobierno alemán consciente de sus responsabilidades pueda considerarse capaz de ejecutarlas. Si nosotros presentamos a Alemania unas condiciones injustas o excesivamente onerosas, ningún gobierno consciente de sus responsabilidades querrá firmarlas […].

Por consiguiente, mírese por donde se mire, me parece que hemos de esforzarnos por establecer el reglamento de la paz como si nosotros fuéramos unos árbitros imparciales, olvidados ya de las pasiones de la guerra. Este reglamento deberá tener tres objetivos: ante todo, debe hacer justicia a los Aliados teniendo en cuenta la responsabilidad de Alemania en los orígenes de la guerra y en los métodos bélicos que ha empleado; a continuación, ha de ser tal que un gobierno alemán consciente de sus responsabilidades puede firmarla estimando que podrá cumplir las obligaciones que suscribe; finalmente, ese reglamento no deberá encerrar cláusula alguna que puede provocar nuevas guerras y deberá ofrecer una alternativa al bolchevismo, presentándose ante la opinión de las personas razonables como una solución equitativa al problema europeo.

Creo, finalmente, que hasta que la autoridad y eficacia de la Sociedad de Naciones hayan sido demostradas, el Imperio Británico y los Estados Unidos deberían dar a Francia una garantía contra la posibilidad de una nueva agresión alemana. Francia tiene razones particulares para pedir esta garantía: en medio siglo ha sido dos veces atacada e invadida por Alemania. Y ha sido atacada porque era la principal defensora de la civilización liberal y democrática en el continente europeo, frente a la Europa central autocrática. Es, pues, justo que las restantes grandes democracias occidentales se pongan de acuerdo para darle la seguridad de que estarán a su lado, cuando ella quería, para protegerla de la invasión en caso de que Alemania la amenazase de nuevo y hasta que la Sociedad de Naciones haya demostrado ser capaz de preservar la paz y la libertad en el mundo».

Memorándum de Lloyd George (25 de marzo de 1919), recogido en Renouvin, El Tratado de Versalles, pp. 120-122

#reino-unido