El Derecho, como expresión del carácter nacional

Friedrich Karl von Savigny fue un jurista alemán, nacido en Fráncfort del Meno el 21 de febrero de 1779 y fallecido en Berlín el 25 de octubre de 1861, fundador de la escuela histórica del derecho alemana.

“Preguntaremos ante todo a la historia cómo se ha desenvuelto realmente el derecho entre los pueblos primitivos, con el fin de procurar ver y juzgar qué es lo que hay en ese desenvolvimiento de necesario, de útil y de censurable.

En todas las naciones, cuya historia no ofrece duda, vemos al derecho civil revestir un carácter determinado, peculiar de aquel pueblo, del propio modo que su lengua y sus costumbres. Todas estas manifestaciones no tienen, en verdad, una existencia aparte, sino que son otras tantas fuerzas y actividades del pueblo, indisolublemente ligadas, y que sólo aparentemente se revelan a nuestra observación como elementos separados”.

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“En muchos países de Alemania se ha sentido en estos últimos tiempos el deseo de una mejor organización de la justicia civil; y este deseo, después de haber pasado inadvertido durante largo período para nuestros gobiernos, ha llegado al fin a ser secundado por el común consejo de los hombres de Estado y de las gentes doctas. Un motivo, sin embargo, más noble que la mera necesidad,  ha provocado esta adhesión; tal es el sentimiento de que, en virtud de la pasada opresión de la nacionalidad alemana, se ha producido en todos los ánimos no perezosos el deseo de mostrarse dignos de la época actual. Por eso no es una vana presunción, sino cosa justa y laudable, que quien sienta en su alma la vocación del siglo, lo proclame altamente, y que en esto los legistas se esfuercen, por no ser los últimos. Precisamente en el Derecho civil es donde la diferencia entre la edad pasada y la actual se ofrece más palmaria.

De las dos opiniones de que tengo noticia acerca de la ordenación  del Derecho civil, la una tiende a restablecer las antiguas condiciones, y la otra quiere la formación de un Código común para toda la Confederación Germánica. Para esclarecer la segunda, es menester hacer aquí algunas reflexiones, toda vez que suele ser considerada históricamente desde un doble punto de vista. Ante todo, se la encuentra estrechamente relacionada con muchas opiniones e investigaciones semejantes, de la última mitad del siglo XVIII. En aquel  tiempo surgiera en Europa un ciego ardor por la organización: se había perdido todo sentimiento y todo amor por cuanto había de característico y de grande en los demás siglos, al par que por el natural desenvolvimiento de los pueblos y de las instituciones, es decir, por todo aquello que la historia produce de más saludable y provechoso, fijando exageradamente la atención en la época actual, que se creía destinada nada menos que a la efectiva realización de una perfección absoluta. Este movimiento se manifestó en todas direcciones: es notorio cuánto por el se ha perdido en religión y en política, no pudiendo por lo demás desconocerse cómo por una natural reacción, hubo de provocarse en todas partes una nueva y más vigorosa tendencia. Semejante movimiento no dejó de obrar también en el Derecho civil. En su virtud se pedían nuevos Códigos, los cuales, con sus perfecciones, debían garantir una mecánica exactitud en la administración de la justicia; de modo que el magistrado, dispensado de todo juicio  propio,  debía  limitarse  a  una  simple  aplicación  literal  de la ley. Debían, además, estos Códigos estar completamente libres de toda histórica influencia, y por obra de una solemne y extraña, abstracción, debían adaptarse a todos los pueblos y a todos los tiempos. Sería, en verdad, injusto atribuir a meros e infatuados sofistas semejantes tendencias y aspiraciones sólo:  había entre sus mantenedoras no pocas excepciones honrosas,  que traducían fielmente el pensamiento del pueblo; no estando, por lo demás, en manos de los gobiernos impedir todas las aplicaciones, siendo bastante si se conseguía templar y restringir tan fogosa tendencia”.

F. C. Savigny: De la vocación de nuestro siglo para la legislación y la jurisprundencia, 1814

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