De la influencia divina en las Constituciones políticas, en Maistre

Joseph de Maistre (Chambéry, 1 de abril de 1753 - Turín, 26 de febrero de 1821)

«[…] Todas las Constituciones libres conocidas en el Universo se han formado de una de estas dos maneras. Unas veces han germinado, por decirlo así, de una manera insensible, por la reunión de una multitud de circunstancias de esas que llamamos fortuitas, y algunas otras veces tienen un autor único que de improviso aparece y se hace obedecer.

En ambos casos se ve cómo Dios nos recuerda nuestra debilidad y el derecho que El mismo se ha reservado en el gobierno de los pueblos.

1. Ninguna Constitución es el resultado de una deliberación: los derechos de los pueblos no están nunca escritos, o al menos, las actas constituyentes o los derechos fundamentales escritos son sólo títulos declaratorios de derechos anteriores, de los que no puede decirse otra cosa sino que existen porque existen.

2. Ya que Dios no ha juzgado conveniente emplear en este orden de cosas medios sobrenaturales, circunscribe al menos la acción humana hasta el punto que, en la formación de Constituciones, las circunstancias lo son todo y los hombres no son mas que circunstancias […]

3. Los derechos del pueblo propiamente dicho parten muy a menudo de las concesiones de los soberanos y, en este caso, pueden constar históricamente; pero los derechos de los soberanos y de la aristocracia, al menos los derechos esenciales constitutivos y radicales, si se permite la expresión no tienen ni fecha ni autor. […]

7. Ninguna nación puede darse la libertad si no la tiene. Cuando comienza a reflexionar sobre sí misma va tiene filadas sus leyes. La influencia humana no se extiendo más allá del desarrollo de los derechos ya existentes, pero que eran despreciados o discutidos […]. De aquí resulta la necesidad de no hacer innovaciones sino raramente, v siempre con mesura y con temor.

8. Cuando la Providencia ha decretado la formación mas rápida de una Constitución política, aparece un hombre revestido de un poder indefinible; habla y es obedecido. Tal vez estos hombres maravillosos sólo pertenecen al mundo antiguo y a la juventud de las naciones; pero sea como quiera, puede señalarse una característica distinta de tales legisladores por excelencia; eran reyes o pertenecían a la alta nobleza.

9. Estos mismos legisladores, con todo su extraordinario poder, no hacen más que reunir elementos preexistentes en las costumbres y en el carácter de los pueblos; pero esta unión, esta formación rápida, que tiene algo de creación, sólo se ejecuta en nombre de la divinidad. La política y la religión se interpenetran, apenas se distingue al legislador del sacerdote, y las instituciones públicas consisten principalmente en ceremonias y cultos religiosos.

10. La libertad en cierto Sentido, fue siempre un don de los reyes, porque todas las naciones libres fueron instituidas por reyes […]

11. Jamás existió una Nación libre que no tuviera en su Constitución natural gérmenes de libertad tan antiguos como ella misma, y ninguna Nación ha logrado desarrollar, por medio de leyes fundamentales escritas, otros derechos que los existentes en su Constitución natural […]».

J. De Maistre, Consideraciones sobre Francia, 1796

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