La monarquía absoluta en Bossuet

Jacques Bénigne Bossuet (Dijon, 1627-París, 1704)

“La majestad del rey es la imagen de la nobleza de Dios reflejada en su persona. El poder real tiene en sus manos todo el reino, de igual forma que Dios tiene entre las suyas el mundo entero. Considerad al príncipe en su gabinete. De allí parten las órdenes que hacen marchar concertadamente a los magistrados y a los capitanes, a los ciudadanos y a los soldados, a las provincias y a los ejércitos de mar y tierra. Es la imagen de Dios que, sentado en su trono en lo más alto de los cielos, hace marchar a toda la naturaleza […]. En fin, reunid las cosas tan grandes y augustas sobre la autoridad real. Ved un pueblo inmenso reunido en una sola persona; ved este poder sagrado, paternal y absoluto; ved la razón secreta que gobierna todo el cuerpo del Estado encerrada en una sola cabeza: estáis viendo la imagen de Dios en los reyes y tenéis la idea de la majestad real.”

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“Observad los mandatos que salen de la boca del rey y guardad el juramento que le habéis prestado… La palabra del rey es poderosa y nadie puede decirle: ¿Por qué obráis así? (Eclesiastés, 8, 2-5). Sin esta autoridad absoluta el rey no podría ni hacer el bien ni reprimir el mal: es preciso que su poder sea tal que nadie pueda escapar a él; la única defensa de los particulares contra el poder público debe ser su inocencia.

Cuando el príncipe ha juzgado, ya no hay otro juicio. Los juicios soberanos se atribuyen a Dios mismo. Cuando Josafat estableció jueces para juzgar al publo dijo: No juzguéis en nombre de los hombres, sino en nombre de Dios (II Crónicas, 19, 6)… Es preciso obedecer a los príncipes como a la justicia misma. Ellos son dioses y participan de algún modo de la independencia divina. Sólo Dios puede juzgar sus juicios y sus personas. El príncipe puede corregirse a sí mismo si se da cuenta de que ha obrado mal; pero contra su autoridad sólo puede haber remedio en su autoridad.

Sólo al príncipe pertenece el mandato legítimo; por tanto, sólo a él pertenece la fuerza coactiva… En un Estado sólo el príncipe debe estar armado; de otro modo todo está en confusión y el Estado cae en la anarquía.

El príncipe es, por su cargo, el padre del pueblo; por su grandeza está por encima de los pequeños intereses; más aún, toda su grandeza e interés natural consiste en que el pueblo permanezca, pues si falta, él ya no será príncipe. Por tanto, no hay mejor que dejar todo el pode del Estado a aquél que tiene más interés en la conservación y en la grandeza del propio Estado.”

Jacques Bossuet: Política sacada de las Sagradas Escrituras, 1679-1709

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