La crisis del Antiguo Régimen en España, a finales del siglo XVIII

Goya: La familia de Carlos IV, 1800-1801

“Nuestra constitución está muy viciada; nuestros tribunales apenas sirven para lo que fueron creados; los cuerpos del derecho se aumentan visiblemente y visiblemente se disminuye la observancia de las leyes; la demasiada justificación hace retardar demasiado las providencias justas; la agricultura clama por la ley agraria, y sin embargo de lo ejecutivo de la enfermedad, van ya pasados diez y nueve años en consultas, y es de creer que la receta saldrá después de la muerte del enfermo; el Consejo está continuamente dándonos el espectáculo del parto de los montes; los abogados cunden como las hormigas, y los pleytos aumentan a proporción de los abogados;la libertad civil gime en la misera esclavitud y los ciudadanos no tienen ninguna representación; las capellanías, obras pías y mayorazgos crecen como mala yerba, y es de temer no quede un palmo de tierra libre en el reino; a cualquiera le es permitido encadenar sus bienes y cargarlos para siempre jamás; la mayor parte de las fincas están en mano muertas; el todo de las contribuciones de los pueblos, es decir, las contribuciones reales, eclesiásticas y dominicales… pasan de dos mil miliones, cantidad asombrosa, cuyo mayor peso carga sobre un millón escaso de agricultores medianos; los holgazanes… son más de seis millones, de los nueve y medio en que se regula nuestra población, careciendo los tres y medio restantes de infinitas proporciones y estímulpos para el trabajo;oficinas y empleados hay tres veces más de los que se necesitan… El erario está empeñadísimo… la suprema autoridad está repartida en una multitud de consejos, juntas y tribunales, que todos obran sin noticia unos de otros; y así lo que uno manda, otro desmanda, y todo a nombre del rey, por lo cual decía un amigo mío que la potestad regia está descuartizada.

Yo comparo nuestra monarquía en el estado presente a una casa vieja sostenida a fuerza de remiendos, que los mismos materiales que se pretende compner un lado, derriban el otro, y sólo se puede enmendar echándola a tierra y reedificándola de nuevo, lo cual enla nuestra es moralmente imposible, pues como un día me dijo el señor conde de Floridablanca: ‘Para hacer cada cosa buena, es necesario deshacer cuatrocientas malas’.

El primer paso que se debería dar para corregir la pobreza del Reino sería simplificar el gobierno cuanto fuera posible; alargar la libertad del pueblo cuanto dictase la prudencia; desencadenar todos los bienes raíces, aminorar o extinguir los privilegios heredables. Con esto espero que España mudaría de semblante.”

León de Arroyal, Cartas político-económicas al Conde de Lerena, 1785-1795.

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