El concepto “Pueblo”, según la Enciclopedia

Le Nain: Familia feliz, 1642

«Antaño, en Francia, el pueblo era considerado la parte más útil, la más preciosa y, por consiguiente, la más respetable de la nación. Entonces se creía que el pueblo podía ocupar un lugar en los Estados Generales y los Parlamentos del Reino hacían razón común de la del pueblo y de la suya propia. Las ideas han cambiado, y ahora hasta la clase de hombres que ha de formar el pueblo se reduce cada día más. Antaño era el pueblo el estado general de la nación, simplemente opuesto a los grandes y los nobles. Incluía a los labradores, los obreros, los artesanos, los negociantes, los financieros, las gentes de letras y las gentes de leyes. Pero un hombre de gran ingenio, que público hace cerca de veinte años una disertación sobre la naturaleza del pueblo piensa que ese cuerpo de la nación se reduce actualmente a los obreros y a los labradores. Refiramos sus propias reflexiones sobre esta materia que contribuyen a probar su sistema.

Las gentes de leyes, dice, han salido de la clase del pueblo ennobleciéndose sin ayuda de la espada, y las gentes de letras, al modo de Horacio, han considerado al pueblo como profano. No sería honesto llamar pueblo a quienes cultivan las bellas artes, ni siquiera dejar en la clase del pueblo a esos artesanos o, por mejor decir, artistas refinados que trabajan el lujo, unas manos que pintan divinamente un carruaje, que engarzan un diamante a la perfección, que arreglan una prenda de moda soberbiamente, tales manos no se parecen en nada a las manos del pueblo. Guardémonos también de mezclar a los negociantes con el pueblo desde que puede adquirirse la nobleza por medio del comercio, los financieros han tomado tan altos vuelos que se codean con los grandes del reino y se han mezclado y confundido con ellos, aliados de los nobles, a los que conceden pensiones, sostienen y sacan de la miseria. Pero para que puede juzgarse mejor cuán absurdo sería confundirlos con el pueblo bastará considerar un momento de la vida de los hombres de esos vuelos y la del pueblo […].

No quedan, pues, en la masa del pueblo, más que los obreros y los labradores. Yo contemplo con interés su modo de existir, y hallo que si el obrero vive en su choza o en algún reducto que nuestras ciudades le dejan es porque se tiene necesidad de su fuerza. Se levanta con el sol y sin mirar la fortuna que sonríe a lo alto, toma su ropa de todo el año y pica en nuestras minas y canteras, deseca nuestras marismas, limpia nuestras calles, levanta nuestras casas y fabrica nuestros muebles, llega el hambre y todo le parece bueno, y al terminar el día se acuesta duramente en brazos del cansancio.

El labrador, otro hombre del pueblo, está ya muy ocupado antes del alba, sembrando nuestras tierras, cultivando nuestros campos y regando nuestros huertos. Soporta el calor, el frío, la altanería de los grandes, la insolencia de los ricos, el despojo de los exactores, el pillaje de los oficiales y hasta los destrozos de los animales salvajes que no se atreve a alejar de sus cosechas por respeto a los placeres de los poderosos».

Jaucourt: Artículo “Pueblo”, en la Enciclopedia, 1751-52

Anuncios