Las crisis de subsistencia en el Antiguo Régimen

Las hambrunas en Francia a finales del siglo XVII (1694)

Recogiendo los difuntos de una epidemia

«La última de las desgracias es que la cosecha siguiente se perdió entera, lo cual fue causa de que el grano fuera de elevadísimo precio. Y como el pobre pueblo estaba agotado por las frecuentes demandas de Su Majestad (Luis XIV), tanto como por esas contribuciones exorbitantes, llegaron a tal pobreza que se le puede llamar hambre. ¡Felices los que pueden tener un havot [medida de capacidad de áridos] de centeno para mezclar con avena, garbanzos o habas para hacer pan y comer la mitad de lo que querrían! Hablo de los dos tercios de esta aldea, si no de más […].

Durante estos tiempos no se ha oído hablar más que de ladrones, de crímenes, de personas muertas de hambre[…] Yo no sé si honrará al cura de Rumégies reportar aquí una muerte que ocurrió en su parroquia durante ese tiempo: Había un tal Pierre de Gauquier, que vivía frente a la imagen de la Virgen, hacia las Howardries. El pobre hombre era viudo; nadie lo creía tan pobre; tenía tres hijos a su cargo. Se puso enfermo, o más bien se puso extenuado y débil, sin que sin embargo se hubiera advertido al cura; sino que un domingo, con la última campanada parroquial del día, una de sus hermanas vino a decir al cura que su hermano se moría de hambre. El párroco dio un pan para llevarle; pero no se sabe si la hermana lo necesitaba ella también, como era la apariencia. No se lo llevó a él, y con la segunda campanada de las vísperas, el pobre hombre murió de hambre. Y no sólo éste ha muerto de hambre por falta de pan, sino que muchos otros, aquí y en otras aldeas, han muerto también un poco al mismo tiempo, porque se ha visto este año gran mortandad. En nuestra parroquia solamente, han muerto este año más personas que las que han muerto en varios años […] Verdaderamente estaban cansados de estar en este mundo. La gente de bien tenía el corazón oprimido de ver las miserias del pobre pueblo, un pobre pueblo sin dinero, y el havot de trigo al precio de nueve libras a fin de año, y los garbanzos y las habas, en proporción […]”

No se puede olvidar aquí la ordenanza que hizo Su Majestad para el alivio de su pobre pueblo […]. Cada comunidad debía alimentar a sus pobres […]. En esta aldea, donde no hay ninguna justicia y todo el mundo hace lo que quiere, ya pudo el cura leer y releer esta ordenanza, los […] más ricos […] que debían ser tasados más alto, se opusieron con todas sus fuerzas».

Henri Platelle: Journal d’ un curé de campagne au XVII siècle, citado en Pierre Goubert: El Antiguo Régimen 1. La sociedad, Siglo XXI, Madrid, 1980

La hambruna de 1709 en Sevilla

«Hoy, 4 de marzo, la hogaza de pan cuesta cuatro reales. Por las calles caen muertas de hambre as personas sin que nadie pueda remediarlo […]; las personas parecen esqueletos, habiéndose llegado al extremo de guisarse públicamente, en la Plaza del Pan, alverjones que se venden a los pobres hambrientos […]. Los vecinos que tienen oficio y no encuentran dónde trabajar van al campo a coger vinagreras, espinacas, tagarninas y otras porquerías, y se las comen. La mucha necesidad en los lugares ha hecho venirse a Sevilla a innumerables hombres, mujeres y niños; pero la ciudad está tan escasa de medios que no hay en qué ganar un real; con que no pudiendo los vecinos sustentarse, menos lo pueden los forasteros. Así caen muertos de hambre por las calles diez o doce cada día.»

[El jornal ordinario de un peón era de 5 a 6 reales diarios, y el de un oficial apenas el doble]

Descripción del hambre de 1709, Memorias de Aldama

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