Relevancia de la división del trabajo en el capitalismo

Adam Smith

El progreso más importante en las facultades productivas del trabajo, y gran parte de la aptitud, destreza y sensatez con que ésta se aplica o dirige, por doquier, parecen ser consecuencia de la división del trabajo. […]

Los efectos de la división del trabajo en los negocios generales de la sociedad se entenderán más fácilmente considerando la manera como opera en algunas manufacturas […].

Tomemos como ejemplo una manufactura de poca importancia, pero a cuya división del trabajo se ha hecho muchas veces referencia: la de fabricar alfileres. Un obrero que no haya sido adiestrado en esa clase de tarea (convertida por virtud de la división del trabajo en un oficio nuevo) y que no esté acostumbrado a manejar la maquinaria que en él se utiliza (cuya invención ha derivado, probablemente, de  la división del trabajo), por más que trabaje, apenas podría hacer una alfiler al día, y desde luego no podría confeccionar más de veinte. Pero dada la manera que  hoy se práctica la fabricación de alfileres, no sólo la fabricación misma constituye un oficio aparte, sino que está dividida en varios ramos, la mayor parte de los cuales también constituyen otros tantos oficios distintos. Un obrero estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo va cortando el  trozos iguales, un cuarto hace la punta, un quinto obrero está ocupado en limar el extremo donde se va a colocar la cabeza: a su vez la confección de la cabeza requiere dos o tres operaciones distintas, las cuales son desempeñadas en algunas fábricas por otros tantos obreros diferentes, aunque en otras un sólo  hombre desempeñe a veces dos o tres operaciones. He visto una pequeña fábrica de esta especie que no empleaba más que diez obreros, donde, por consiguiente, algunos de ellos tenían a su cargo dos o tres operaciones; pero a pesar de que eran pobres y, por lo tanto, no estaban bien provistos de la maquinaria debida, podían, cuando se esforzaban, hacer entre todos, diariamente, unas doce libras de alfileres. En cada libra había más de cuatro mil alfileres de tamaño mediano. Por consiguiente, estas diez personas podían hacer cada día, en conjunto, más de 48.000 alfileres, cuya cantidad, dividida entre diez, correspondería a 4.800 por persona. En cambio si cada  uno hubiera trabajado separada e independientemente, y ninguno hubiera sido adiestrado en esa clase de tarea, es seguro que no hubiera podido hacer veinte, o, tal vez, ni un solo alfiler por día; es decir, seguramente no hubiera podido hacer la doscientas cuarentava parte de lo que son capaces de confeccionar en la actualidad gracias a la división y combinación de las diferentes operaciones en forma conveniente.

Este aumento considerable en la cantidad de productos que un mismo número de personas puede confeccionar, como consecuencia de la división trabajo, procede de tres circunstancias distintas: primera, de la mayor destreza de cada obrero en particular, segunda, del ahorro de tiempo que comúnmente se pierde al pasar de una ocupación a otra, y por ultimo, de la invención de un gran número de máquinas, que facilitan y abrevian el trabajo, capacitando a un hombre para hacer la labor de muchos. […]

La gran multiplicación de producciones en todas las artes, originada en la división del trabajo, da lugar,  en una sociedad bien gobernada, a esa opulencia universal que se derrama hasta las clases inferiores del pueblo. Todo obrero dispone de una cantidad mayor de  su propia obra, en exceso de sus necesidades, y como cualesquiera otro artesano se halla en la misma situación, se encuentra en condiciones de cambiar una gran parte de sus propios bienes por una gran cantidad de los creados por otros; o lo  que es lo mismo, por el precio de una gran cantidad de los suyos. El uno provee al otro de lo que necesita, y éste a su vez a aquél, con lo cual se difunde una difunde una general abundancia en todas las clases de la sociedad.

Si observamos las comodidades de que disfruta cualquier artesano o jornalero, en un país civilizado y laborioso, veremos cómo excede a todo cálculo el número de personas que  concurren a procurarle aquellas satisfacciones, aunque cada uno de ellos sólo  contribuya con una pequeña parte de su actividad. Por vasta que sea, la zamarra de lana, pongamos por caso, que lleva el jornalero, es producto de la labor conjunta de muchísimos operarios. El pastor, el que clasifica la lana, el  cardador, el amanuense, el tintorero, el hilandero, el tejedor, el batanero, el sastre, y otros muchos, tuvieron que conjugar sus diferentes oficios para completar una producción tan vulgar. […]

Realmente, comparada su situación con el lujo extravagante del grande, no puede por menos de aparecérsenos simple y frugal; pero sin embargo no es menos cierto que las comodidades de un príncipe europeo no exceden tanto las de un campesino económico y trabajador, como las de éste superan las de muchos reyes de África, dueños absolutos  de la vida y libertad de diez mil o más salvajes desnudos.

A. Smith: La riqueza de las naciones, 1776

División del trabajo y crecimiento, según Adam Smith

Fuente: Dpto. de Geografía e Historia del IES Humanejos.

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