Las condiciones de trabajo en la industria textil

Ilustración del interior de una fábrica textil

“La invención y el uso de la máquina de peinar lana, que tiene por efecto reducir la mano de obra de manera muy inquietante, inspira a los obreros y el temor serio y justificado de llegar a ser ellos y sus familias, una grave carga para el Estado.

Constatan que una sola máquina, atendida por una persona adulta y servida por cinco o seis niños, realiza tanto trabajo como treinta hombres trabajando a mano según el antiguo sistema…

La introducción de la citada máquina tendrá por consecuencias casi inmediata al privar de sus medios de existencia a la masa de obreros. Todos los negocios serán acaparados por algunos empresarios poderosos y ricos…Las máquinas cuyo uso lamentan los peticionarios, se multiplican rápidamente en todo el reino, experimentándose ya cruelmente sus; un gran número de obreros se encuentra sin trabajo y sin pan. Con dolor y en la más profunda angustia ven aproximarse el tiempo de miseria en el que cincuenta mil hombres, con sus familias, privados de todos los recursos, victimas del acaparamiento, lucrativo y para algunos, y de sus medios de existencia se verán reducidos a implorar caridad de las parroquias.

Petición de los obreros a Cámara de los Comunes “Diario de la Cámara de los Comunes”1794. Citado en López – Cordón y Martínez Carreras, Análisis y comentarios de textos II pág. 215.

El trabajo infantil en la industria textil

“A los comerciantes y a los fabricantes de paños y a todos aquellos que aman a la manufactura textil de este país (…) El número de máquinas para cardar que se están instalando por doquier a lo largo de 17 millas al suroeste de Leeds supera todo lo imaginable, pues ¡ya llega a un total de no menos de ciento sesenta! Dado que toda máquina puede hacer en doce horas el trabajo que pueden realizar diez hombres trabajando noche y dia (como mínimo), ello significa que una máquina podrá hacer en un día el trabajo para el que se requerirían veinte hombres.

Dado que no querermos afirmar nada que no pueda ser probado, calculamos que si se emplean cuatro hombres por cada máquina durante 12 horas y si esta trabaja día y noche, harán falta 8 hombres para las 24 horas; de esta manera (…) por cada máquina de cardar 12 hombres perderán su trabajo. Dado que se puede suponer que el número de máquinas que hay, conjuntamente, en todos los demás distritos, es similar al de las máquinas que hay en el suroeste, al menos 4.000 hombres se verán obligados a arreglárselas de otro modo para sobrevivir y probablemente terminarán en la lista de pobres, si no se soluciona en breve la situación: calculando que en cada una de las familias ahora sin trabajo un muchacho se podía colocar como prendiz, ocho mil personas se verán privadas de la oportunidad de procurarse sus medios de subsistencia.

Por tanto esperamos que los sentimientos de humanidad inducirán a quienes pueden impedir el uso de estas máquinas a hacer lo posible para frenar esa tendencia que tan negativos efectos tiene sobre sus semejantes. Y eso no es todo, ya que también estropea los paños, en cuanto que en lugar de dejar una pelusa, rasca la lana y daña el paño (…)

¿Y cómo podrán mantener a sus familias esos hombres a quienes se les quita su trabajo? ¿Cómo podrán enseñar a sus hijos de manera que la generación posterior pueda vivir de su trabajo y no se vean obligados a arrastrarse en el ocio como vagabundos? Alguien nos podría decir: “empezad a aprender otro oficio”. Imaginemos que así lo hacemos, ¿Y quien mantendrá a nuestras familias mientras acometemos tan dificil empeño? Y, además, durante nuestro segundo aprendizaje podría inventarse otra máquina que nos quitaría también este trabajo y nuestras familias, que ya estarían medio muertas de hambre mientras nosotros aprendíamos el modo de llevarles el pan, lo estarán del todo durante nuestro tercer aprendizaje (…)”.

Citado por Giorgio Mori en “La Revolución Industrial”, Barcelona, Grijalbo-Crítica, 1980.

Niños y niñas trabajando en el sector textil

“La población empleada en las fábricas de algodón se levanta a las cinco en punto por la mañana, trabaja en las hilanderías desde las seis de la mañana hasta las 8 y regresa a casa durante media hora o cuarenta minutos para desayunar. Esta comida consiste generalmente en té o café con un poco de pan. Algunas veces toma copos de avena, pero de tarde en tarde y principalmente los hombres; el té es preferido como estimulante, fundamentalmente por las mujeres. (…) los trabajadores vuelven a las hilanderías y fabrican hasta las 12, teniendo una hora para comer. Entre aquellos que tienen los más bajos salarios la comida consiste en patatas hervidas. La ración de patatas se coloca en un gran plato y se le añade manteca de cerdo derretida, a lo que se le agrega ocasionalmente, trozos de tocino frito; pero muy raramente carne. Aquellos que tienen mejores salarios, o familias en las que se reúnen varios sueldos, añaden una mayor proporción de carne, por lo menos tres veces por semana, pero la cantidad consumida por la población obrera no es grande. La familia se sienta alrededor de la mesa y cada uno rápidamente coge su ración o, por el contrario, todos meten su cuchara en una fuente común, satisfaciendo su apetito con ansia animal. Al término de la hora vuelven a las factorías hasta las siete o más tarde, volviendo a ingerir té, a menudo mezclado con licores, acompañándose de un poco de pan”.

J: P: Kay-Shutthworth: The moral an physical condición of the working classes employed in de cotton manufacture in Manchestter, Londres, 1832

Fuentes: Construye la Historia, 3 de marzo de 2010; Siempre Historia, 24 de agosto de 2010

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