Las condiciones de trabajo en las minas

El descenso a la mina es una operación estremecedora: hay que pasar una pierna por un nudo situado en el extremo de la cuerda que sirve para extraer el carbón y sostenerse fuertemente a ella […], entonces quedas suspendido sobre un gran abismo completamente oscuro. Llegamos a la tierra a 378 pies de profundidad […]. Cubiertos con una capa de lana y con una vela en la mano avanzamos por una galería, caminando por encima de la roca y con un negro muro brillante a ambos lados […]. Por las galerías más estrechas y bajas, circulan […] vagonetas empujadas por niños […]. Las minas cuentan con un gran ingenio para hacer circular el aire por todas las galerías, pero cualquier error puede provocar grandes accidentes por la inflamación del hidrogeno […].

L. Simon, Viaje a Inglaterra durante 1810 y 1811

“Trabajo en el pozo de Gawber. No es muy cansado, pero trabajo sin luz y paso miedo. Voy a las cuatro y a veces a las tres y media de la mañana, y salgo a las cinco y media de la tarde. No me duermo nunca. A veces canto cuando hay luz, pero no en la oscuridad, entonces no me atrevo a cantar. No me gusta estar en el pozo. Estoy medio dormida a veces cuando voy por la mañana. Voy a escuela los domingos y aprendo a leer. (…) Me enseñan a rezar (…) He oído hablar de Jesucristo muchas veces. No sé por qué vino a la tierra y no sé por qué murió, pero sé que descansaba su cabeza sobre piedras. Prefiero, de lejos, ir a la escuela que estar en la mina.”

Declaraciones de la niña Sarah Gooder, de ocho años de edad.

Testimonio recogido por la Comisión Ashley para el estudio de la situación en las minas, 1842

“Una consecuencia interesante de la mayor profundidad alcanzada en los pozos ha sido el abandono de las escaleras que servían para descender y subir los obreros: En efecto el tiempo y la fuerza empleados en este penoso trayecto reducían el rendimiento que podía esperarse del minero (…)

“A partir de una cierta profundidad, los medios mecánicos se imponen, tanto para el transporte de hombres como para la extracción.

(…) Sin embargo, algo tan simple en apariencia, encontró fuertes resistencias. Mucho tiempo después de haberse generalizado el uso de cables y vagonetas, el privilegio de descender o subir por el cable de extracción todavía se reservaba generalmente a los jefes mineros, a los capataces y a algunos obreros especiales. …Pero la razón (mayor rendimiento) y el sentido humanitario terminaron por imponerse. Lo que fue privilegio llegó a ser un derecho común. Los mineros fueron autorizados tanto a utilizar las vagonetas como, especialmente en Inglaterra, a descender y a subir colgados del cable por unas cadenas en forma de racimos humanos”

“Betty Harrys, 37 años: Me casé a los 23 años y sólo después bajé a la mina. No sé leer ni escribir (…). Arrastro las vagonetas de carbón y trabajo desde las 6 de la mañana a las 6 de la tarde. Hay un descanso de una hora para almorzar y me dan para ello pan y mantequilla, pero nada de beber. Tengo dos niños que aún son muy pequeños para trabajar. (…)Tengo puesto un cinturón y una cadena que me pasa entre las piernas y avanzo con las manos y los pies. Y la galería es muy pendiente y nos debemos coger a una cuerda; cuando no la hay, nos agarramos a todo lo que podemos. En los pozos donde yo trabajo hay seis mujeres y media docena de niños y niñas.”
A. Picard: Bilán dú siècle, 1801-1900, París, 1906 tomado del
Dossier de la Documentation photographique, “La Première Révolution Industrielle”
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