El destino de María Antonieta

María Antonieta ante un Tribunal Revolucionario

Tras la decapitación de Luis XVI el 21 de enero, acusado de alta traición, le tocó el turno a su viuda María Antonieta de Habsburgo-Lorena, hija de los emperadores de Alemania (María Teresa de Austria y Francisco I) el 16 de octubre de 1793. Altamente impopular por su doble carácter de intrigante y extranjera, su condena y ejecución se entretejieron con la leyenda y la truculencia.

“El jurado, compuesto de la gente más dispar, pues hay entre ellos un ex marqués y un ex sacerdote, tiene instrucciones de condenarla, y la condena por unanimidad a pesar de que no se ha encontrado una sola prueba fehaciente contra ella […]

Maria Antonieta

A las diez llegó Sansón, el joven y gigantesco verdugo, y la viuda de Luis Capeto [Luis XVI] se dejó dócilmente cortar el pelo y atar las manos a la espalda. Una hora después, verdugo y condenada se subieron a la carreta, y esta se sentó en una tabla sin almohada entre los travesaños, muy distinta del mullido asiento de la carroza de corte, cerrada y con paredes de cristal, en la que su marido había ido a la guillotina ocho meses antes. En el aire frío y desapacible del otoño, la condenada se mantiene firme e impávida, aunque cada traqueteo de la pesada carreta le dolía en todos los huesos. No parece oír los sarcásticos clamores de las mujeres que aguardan junto a la iglesia de Saint Roch, ni ver al comandante Grammont que blande delante del pesado caballo, gritando:

—¡He aquí a la infame María Antonieta!

Con las manos atadas a la espalda, parece más erguida, y hasta el Père Duchesne, el furibundo periódico antimonárquico confiesa al día siguiente: «La muy bribona se mantuvo audaz e insolente hasta el final».

[…] En la esquina de Saint Honoré está al acecho uno de los mayores y más geniales oportunistas que dio el siglo XVIII: Luis David, azote de tiranos y adorador de Napoleón, vociferante enemigo de la aristocracia que acabó ostentando título de barón; bloc y lápiz en ristre, David apunta un rápido esbozo de María Antonieta camino del cadalso: afeada y avejentada, pero aún firme y orgullosa, boca soberbiamente cerrada, ojos indiferentes a cuanto la rodea, indecible desdén en cada uno de sus rasgos.

María Antonieta en su ejecución

La carreta se detiene en la Plaza de la Revolución, ahora de la Concordia. La condenada se levanta. Sansón, bien asida la cuerda que le ata las manos, la precede. Los zapatos negros de tacón alto de la ex reina suben los escalones de tabal [madera de barril] como si mármol de Versalles fueran.

[…] Sansón levanta la cabeza a los cuatro vientos y diez mil bocas gritan: «¡Viva la República!», dispersándose rápidamente, pues ya son las doce y cuarto, la hora de la comida.”

Jesús Pardo: «María Antonieta. Fulgor y muerte de la última reina de Francia», Magazine, octubre de 1993

(http://historiamc.files.wordpress.com/2010/10/rev_fran.pdf)

Anuncios

#revolucion-francesa