Los inicios del movimiento obrero. El ludismo

Ned Ludd

«En la tarde del viernes, alrededor de las cuatro, un numeroso grupo de revoltosos atacó la fábrica de tejidos pertenecientes a los señores Wroe y Duncroft, en West Houghton (…), y, encontrándola desprotegida, pronto se apoderaron de ella. Inmediatamente la incendiaron y todo el edificio con su valiosa maquinaria, tejidos, etc., fue completamente destruido. Los daños ocasionados son inmensos, habiendo costado la fábrica sola 6.000 libras. La razón aducida para justificar este acto horrible es, como en Middleton, el “tejido a vapor”. A causa de este espantoso suceso, dos respetables familias han sufrido un daño grave e irreparable y un gran número de pobres han quedado sin empleo. Los revoltosos parecen dirigir su venganza contra toda clase de adelantos en las maquinarias. ¡Cuán errados están! ¿Qué habría sido de este país sin tales adelantos?»

Annual Register, 26 de abril de 1812

Anuncios

#ludismo

Las condiciones de vida de la clase trabajadora

Después de un examen tan detallado como me ha sido posible, les solicito hacer una recapitulación de las conclusiones principales que dicho examen me permite establecer:

Primero, en cuanto al grado y efectos de los males que son objeto de esta pregunta:

Que son frecuentes entre la población de muchos lugares del reino diversas formas de enfermedad epidémica, endémica, o cualquier otra causada, agravada o propagada principalmente entre las clases que trabajan entre impurezas atmosféricas producidas por la descomposición de sustancias animales y vegetales, por la humedad y la suciedad y cerca de viviendas atestadas; también están presentes en lugares donde las viviendas están separadas, en pueblos rurales, pequeñas o grandes ciudades, especialmente en los barrios más pobres de dichas ciudades.

Dicha enfermedad, en cualquier parte donde es común, siempre está relacionada con las circunstancias físicas antes señaladas, y cuando dichas circunstancias son eliminadas por un buen drenaje, limpieza apropiada, mejor ventilación u otro medio de disminuir la impureza atmosférica, la frecuencia y la intensidad de dicha enfermedad disminuye; y donde los agentes nocivos se eliminan, la citada enfermedad desaparece casi por completo.

Que la pérdida anual de vidas humanas a causa de la suciedad y la mala ventilación es mayor que la de muertos o heridos en cualquiera de las guerras en las que el país se ha comprometido en los últimos tiempos. De las 43.000 viudas y 112.000 huérfanos indigentes, aliviados por las ayudas de la beneficencia pública en Inglaterra y Gales, la mayor parte son causadas por la muerte de los jefes de familia debida a las razones ya señaladas. La edad media de estos no rebasaba los 45 años; es decir, 13 años por debajo de la esperanza de vida que tiene la población de Suecia.

Informe de Edwin Chadwick, miembro del Comisionado para las Leyes de Pobres, sobre una encuesta acerca de las condiciones sanitarias de la población trabajadora británica, 1842

#sociedad

El reglamento de una fábrica textil

En Tyldesley, cerca de Manchester, los hombres trabajan, incluida la hora de la comida, 14 horas por día, a una temperatura de 80° a 84° Fahrenheit (=26,6 a 28,8 ºC); la puerta permanece cerrada durante las horas de trabajo, salvo unos treinta minutos para la hora del té; a los trabajadores no se les autoriza a enviar por agua para refrescarse en medio de la atmósfera sofocante de la hilandería; aun el agua de lluvia está bajo candado, por orden del patrón; de lo contrario, los hilanderos estarían satisfechos de poder utilizarla. He aquí las multas que se les imponen:

Chelines
Todo hilandero que haya abierto una ventana 1
Todo hilandero que haya reparado la correa de su tambor y haya encendido el pico de gas 2
Todo hilandero que abandone su telar y deje el gas encendido 2
Todo hilandero que encienda el gas demasiado temprano 1
Todo hilandero que hile a la luz del gas demasiado tarde por la mañana 2
Todo hilandero que haya abierto demasiado su llave de gas 1
Todo hilandero que silbe durante su trabajo 1
Todo hilandero que tenga desperdicios sobre la banda del carro 1
Todo hilandero que llegue 5 minutos después del último toque de la campana 1

Political Register, 30 de agosto de 1823

#reino-unido, #sociedad-industria-textil

El destino de María Antonieta

María Antonieta ante un Tribunal Revolucionario

Tras la decapitación de Luis XVI el 21 de enero, acusado de alta traición, le tocó el turno a su viuda María Antonieta de Habsburgo-Lorena, hija de los emperadores de Alemania (María Teresa de Austria y Francisco I) el 16 de octubre de 1793. Altamente impopular por su doble carácter de intrigante y extranjera, su condena y ejecución se entretejieron con la leyenda y la truculencia.

“El jurado, compuesto de la gente más dispar, pues hay entre ellos un ex marqués y un ex sacerdote, tiene instrucciones de condenarla, y la condena por unanimidad a pesar de que no se ha encontrado una sola prueba fehaciente contra ella […]

Maria Antonieta

A las diez llegó Sansón, el joven y gigantesco verdugo, y la viuda de Luis Capeto [Luis XVI] se dejó dócilmente cortar el pelo y atar las manos a la espalda. Una hora después, verdugo y condenada se subieron a la carreta, y esta se sentó en una tabla sin almohada entre los travesaños, muy distinta del mullido asiento de la carroza de corte, cerrada y con paredes de cristal, en la que su marido había ido a la guillotina ocho meses antes. En el aire frío y desapacible del otoño, la condenada se mantiene firme e impávida, aunque cada traqueteo de la pesada carreta le dolía en todos los huesos. No parece oír los sarcásticos clamores de las mujeres que aguardan junto a la iglesia de Saint Roch, ni ver al comandante Grammont que blande delante del pesado caballo, gritando:

—¡He aquí a la infame María Antonieta!

Con las manos atadas a la espalda, parece más erguida, y hasta el Père Duchesne, el furibundo periódico antimonárquico confiesa al día siguiente: «La muy bribona se mantuvo audaz e insolente hasta el final».

[…] En la esquina de Saint Honoré está al acecho uno de los mayores y más geniales oportunistas que dio el siglo XVIII: Luis David, azote de tiranos y adorador de Napoleón, vociferante enemigo de la aristocracia que acabó ostentando título de barón; bloc y lápiz en ristre, David apunta un rápido esbozo de María Antonieta camino del cadalso: afeada y avejentada, pero aún firme y orgullosa, boca soberbiamente cerrada, ojos indiferentes a cuanto la rodea, indecible desdén en cada uno de sus rasgos.

María Antonieta en su ejecución

La carreta se detiene en la Plaza de la Revolución, ahora de la Concordia. La condenada se levanta. Sansón, bien asida la cuerda que le ata las manos, la precede. Los zapatos negros de tacón alto de la ex reina suben los escalones de tabal [madera de barril] como si mármol de Versalles fueran.

[…] Sansón levanta la cabeza a los cuatro vientos y diez mil bocas gritan: «¡Viva la República!», dispersándose rápidamente, pues ya son las doce y cuarto, la hora de la comida.”

Jesús Pardo: «María Antonieta. Fulgor y muerte de la última reina de Francia», Magazine, octubre de 1993

(http://historiamc.files.wordpress.com/2010/10/rev_fran.pdf)

#revolucion-francesa

La vida rural en una comarca francesa en el siglo XVIII

Caricatura: El campesino aplastado por los impuestos (finales del siglo XVIII)

“Noventa y dos fuegos [hogares] componen toda nuestra parroquia, que no tiene más de dos leguas de circunferencia; setecientas personas de todo sexo y edad; he aquí, más o menos, el número de sus habitantes, que están todos adscritos a la gleba [terreno]. Situados a siete leguas de distancia del río, alejados de las grandes rutas y de la ciudad en más de tres leguas, no pudiendo tener comunicaciones más que a través de caminos impracticables, nada puede excitar su industria, ni pueden iniciar ninguna empresa lucrativa; no hay entre ellos ningún tipo de comercio, ninguna exportación, ninguna importación. Privados por la escasez de forrajes de las ventajas que reporta el mantenimiento de animales, su único cuidado es el sacar el mejor partido del suelo que les ha visto nacer. ¡Y qué suelo!; un terreno pedregoso, estéril, incapaz incluso de producir sin cultivo la hierba más simple. Dieciséis labradores, si así se puede llamar a ocho o nueve de ellos, que tienen por todo atelaje [equipo] dos débiles caballos, aran todo el año con esfuerzo y riegan con su sudor una tierra ingrata, a la cual no pueden dar el abono necesario y cuyo producto anual ordinario es todo lo más de tres por uno.

Y es, sin embargo, de este débil y único producto, una parte del cual debe necesariamente volver a la tierra, de donde el cultivador está obligado a redimir todos sus censos [pagar sus cargas y tributos], a mantenerse, a alimentar a su familia. […]

Pero si la condición del labrador es tan dolorosa que es capaz de excitar la compasión del soberano, cuánto más penosa […] es la del jornalero, para el que cada día de lluvia es un día de hambre, que doblado sobre la tierra desde el amanecer hasta la puesta del sol no puede arrancar de su seno más que el trozo de pan negro que le sostiene hasta el día siguiente, en que está obligado a volver a empezar su trabajo si quiere obtener el mismo salario.”

«Cuaderno de quejas de la comarca de Bourges» en Análisis y comentarios de texto históricos. Edad Moderna y Contemporánea, Alhambra

#agricultura, #francia, #revolucion-francesa

La epidemia de peste en Londres (1722)

En 1665 los londinenses vivieron uno de sus años más negros. Fue el año de la Gran Plaga, el año en que la peste negra se adueño de las calles de la capital británica, se cree que proveniente de Holanda.

El escritor Daniel Defoe nació unos cinco años antes muy cerquita de Londres y sobrevivió a esa epidemia que diezmó la ciudad. En 1720 hubo otro brote de la enfermedad en la ciudad francesa de Marsella y Defoe, preocupado por una posible repetición del episodio en su querido Londres, se puso a escribir un libro que publicó en 1722: Diario del Año de la Peste.

“Al estar paralizados todos los ramos de actividad, los empleos cesaron, desapareciendo el trabajo y, con él, el pan de los pobres; y los lamentos de los pobres eran, ciertamente, muy desgarradores al principio, si bien el reparto de limosnas alivió su miseria en ese sentido. Cierto es que muchos escaparon al campo, mas hubo miles de ellos que permanecieron en Londres hasta que la pura desesperación les impulsó a salir de la ciudad, al solo fin de morir en los caminos y servir de mensajeros de la muerte, pues hubo quienes llevaron consigo la infección y la diseminaron hasta los confines más remotos del reino.

Muchos de ellos eran los miserables seres de objeto de la desesperación a que he aludido antes; y fueron aniquilados por la desgracia que sobrevino después, pudiendo decirse que perecieron, no por la peste misma, sino por sus consecuencias; señaladamente, de hambre y de escasez de todas las cosas elementales, sin alojamiento, sin dinero, sin amigos, sin medios para conseguir su pan de cada día ni nadie que se lo proporcionase, ya que muchos de ellos carecían de lo que llamamos residencia legal y por ello no podían pedir nada a las parroquias. (…).

Todo ello, si bien no deja de ser muy triste, representó una liberación, ya que la peste, que arreció de una manera horrorosa desde mediados de agosto hasta mediados de octubre, se llevó durante ese tiempo a unas treinta o cuarenta mil personas de estas, las cuales, de haber sobrevivido, hubieran sido una carga demasiado pesada debido a su pobreza.”

Daniel Defoe. Diario del año de la peste.

Fuente: http://www.retroklang.com/?m=201101

#demografia, #epidemias, #reino-unido