Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea, 1957

SU MAJESTAD EL REY DE LOS BELGAS, EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA FEDERAL DE ALEMANIA, EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA FRANCESA, EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA ITALIANA, SU ALTEZA REAL LA GRAN DUQUESA DE LUXEMBURGO, SU MAJESTAD LA REINA DE LOS PAÍSES BAJOS

Firma del Tratado de Roma, 1957

RESUELTOS a sentar las bases de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos,

DECIDIDOS a asegurar, mediante una acción común, el progreso económico y social de sus respectivos países, eliminando las barreras que dividen Europa,

FIJANDO como fin esencial de sus esfuerzos la constante mejora de las condiciones de vida y de trabajo de sus pueblos,

RECONOCIENDO que la eliminación de los obstáculos existentes exige una acción concertada para garantizar un desarrollo económico estable, un intercambio comercial equilibrado y una competencia leal,

PREOCUPADOS por reforzar la unidad de sus economías y asegurar su desarrollo armonioso, reduciendo las diferencias entre las diversas regiones y el retraso de las menos favorecidas,

DESEOSOS de contribuir, mediante una política comercial común, a la progresiva supresión de las restricciones a los intercambios internacionales,

PRETENDIENDO reforzar la solidaridad de Europa con los países de Ultramar y deseando asegurar el desarrollo de su prosperidad, de conformidad con los principios de la Carta de las Naciones Unidas,

RESUELTOS a consolidar, mediante la constitución de este conjunto de recursos, la defensa de la paz y la libertad e invitando a los demás pueblos de Europa que participan de dicho ideal a asociarse a su esfuerzo,

DECIDIDOS a promover el desarrollo del nivel de conocimiento más elevado posible para sus pueblos mediante un amplio acceso a la educación y mediante su continua actualización,

HAN DECIDIDO crear una COMUNIDAD EUROPEA y han designado con tal fin como plenipotenciarios:

QUIENES, después de haber intercambiado sus plenos poderes, reconocidos en buena y debida forma, HAN CONVENIDO las disposiciones siguientes:

Artículo 1. Por el presente Tratado, las ALTAS PARTES CONTRATANTES constituyen entre sí una COMUNIDAD EUROPEA.

Artículo 2. La Comunidad tendrá por misión promover, mediante el establecimiento de un mercado común y de una unión económica y monetaria y mediante la realización de las políticas o acciones comunes contempladas en los artículos 3 y 3 A, un desarrollo  armonioso y equilibrado de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, un crecimiento sostenible y no inflacionista que respete el medio ambiente, un alto grado de convergencia de los resultados económicos, un alto nivel de empleo y de protección social, la elevación del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros.

Artículo 3.

1. Para alcanzar los fines enunciados en el artículo 2, la acción de la Comunidad implicará, en las condiciones y según el ritmo previstos en el presente Tratado:

  • a) la prohibición, entre los Estados miembros, de derechos de aduana y de restricciones cuantitativas a la entrada y salida de las mercancías, así como de cualesquiera otras medidas de efecto equivalente
  • b) una política comercial común,
  • c) un mercado interior caracterizado por la supresión, entre los Estados miembros, de los obstáculos a la libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales,
  • d) medidas relativas a la entrada y circulación de personas en el mercado interior,….
  • e) una política común en los ámbitos de la agricultura y de la pesca,
  • f) una política común en el ámbito de los transportes;
  • g) un régimen que garantice que la competencia no será falseada en el mercado interior;
  • h) la aproximación de las legislaciones nacionales en la medida necesaria para el funcionamiento del mercado común;
  • i) el fomento de la coordinación entre las políticas en materia de empleo de los Estados miembros, con vistas a aumentar su eficacia mediante el desarrollo de una estrategia coordinada para el empleo;
  • j) la política en el ámbito social que incluya un Fondo Social Europeo;
  • k) el fortalecimiento de la cohesión económica y social;
  • l) una política en el ámbito del medio ambiente;
  • m) el fortalecimiento de la competitividad de la industria de la Comunidad;
  • n) el fomento de la investigación y del desarrollo tecnológico;
  • o) el fomento de la creación y del desarrollo de redes transeuropeas;
  • p) una contribución al logro de un alto nivel de protección de la salud;
  • q) una contribución a una enseñanza y a una formación de calidad, así como al desarrollo de las culturas de los Estados miembros;
  • r) una política en el ámbito de la cooperación al desarrollo;
  • s) la asociación de los países y territorios de Ultramar, a fin de incrementar los intercambios y continuar en común el esfuerzo por el desarrollo económico y social;
  • t) una contribución al fortalecimiento de la protección de los consumidores;
  • u) medidas en los ámbitos de la energía, de la protección civil y del turismo.

2. En todas las actividades contempladas en el presente artículo, la Comunidad se fijará el objetivo de eliminar las desigualdades entre el hombre y la mujer y promover su igualdad.

Artículo 4.

1. Para alcanzar los fines enunciados en el artículo 2, la acción de los Estados miembros y de la Comunidad incluirá, en las condiciones y según el ritmo previsto en el presente Tratado, la adopción de una política económica que se basará en la estrecha coordinación de las políticas económicas de los Estados miembros, en el mercado interior y en la definición de objetivos comunes, y que se llevará a cabo de conformidad con el respeto al principio de una economía de mercado abierta y de libre competencia.

2. Paralelamente, en las condiciones y según el ritmo y procedimientos previstos en el presente Tratado, dicha acción implicará la fijación irrevocable de tipos de cambio con vistas al establecimiento de una moneda única, el ecu, la definición y la aplicación de una política monetaria y de tipos de cambio única cuyo objetivo primordial sea mantener la estabilidad de precios y, sin perjuicio de dicho objetivo, el apoyo a la política económica general de la Comunidad, de conformidad con los principios de una economía de mercado abierta y de
libre competencia.

3. Dichas acciones de los Estados miembros y de la Comunidad implican el respeto de los siguientes principios rectores: precios estables, finanzas públicas y condiciones monetarias sólidas y balanza de pagos estable.

Artículo 5. La Comunidad actuará dentro de los límites de las competencias que le atribuye el presente Tratado y de los objetivos que éste le asigna.

En los ámbitos que no sean de su competencia exclusiva, la Comunidad intervendrá, conforme al principio de subsidiariedad, sólo en la medida en que los objetivos de la acción pretendida no puedan ser alcanzados de manera suficiente por los Estados miembros, y, por consiguiente, puedan lograrse mejor, debido a la dimensión o a los efectos de la acción contemplada, a nivel comunitario. Ninguna acción de la Comunidad excederá de lo necesario para alcanzar los objetivos del presente Tratado.

Artículo 6. Las exigencias de la protección del medio ambiente deberán integrarse en la definición y en la realización de las políticas y acciones de la Comunidad a que se refiere el artículo 3, en particular con objeto de fomentar un desarrollo sostenible.

Artículo 10. Los Estados miembros adoptarán todas las medidas generales o particulares apropiadas para asegurar el cumplimiento de las obligaciones derivadas del presente Tratado o resultantes de los actos de las instituciones de la Comunidad. Facilitarán a esta última el cumplimiento de su misión.

Los Estados miembros se abstendrán de todas aquellas medidas que puedan poner en peligro la realización de los fines del presente Tratado.

TRATADO CONSTITUTIVO DE LA COMUNIDAD EUROPEA. ROMA. 25 DE MARZO DE 1957

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Estados Unidos, una larga lucha por delante

Norman Birnbaum

El compromiso alcanzado entre demócratas y republicanos en el reciente debate presupuestario se consiguió al precio de reducir todo tipo de programas que hacen de Estados Unidos una nación más civilizada. El drama se va a intensificar. ¿En qué tipo de país se convertirá Estados Unidos: uno en el que haya un mínimo decente de igualdad económica, o uno en el que los ciudadanos tengan que sobrevivir sin instituciones de solidaridad? Los dos partidos tendrán pronto que ponerse de acuerdo en un presupuesto para 2012 y en elevar el límite de la deuda gubernamental. Varios legisladores republicanos están dispuestos a permitir que la nación vaya a la quiebra si no se satisfacen sus demandas. Forman un frente con propuestas para eliminar el Estado de bienestar norteamericano, reducir el peso del Gobierno y garantizar al capital estadounidense un amplio margen de libertad respecto de regulaciones e impuestos.

Tal vez estén forzando al presidente a redescubrir su anterior identidad bienestarista. Tal vez este haya pensado que los déficits sociales del país (en educación, atención sanitaria, infraestructuras, ciencia y tecnología, y protección medioambiental) requieren más atención que su deuda monetaria. De ser así, se ha abstenido de decirlo en voz alta. Ha preferido evocar el potencial dinamismo de la economía de mercado norteamericana, a pesar de la evidencia de que haya perdido su capacidad de proporcionar empleo y prosperidad. Se ha quedado mudo, de forma bien audible, acerca de las tradiciones de su partido sobre planificación, cooperación entre el sector público y el privado, y ciudadanía económica y social. La mayoría de sus funcionarios, tecnócratas carentes de pasión, se sienten incómodos ante las grandes ideas de renovación social.

No obstante, tanto las ideas de renovación como las de reacción animan el debate nacional, si bien de modos convencionalmente retóricos e implícitos. Los republicanos están divididos entre quienes creen que el Estado es incapaz de administrar el mercado y quienes temen que sea más que competente para hacerlo. La sistemática negación de las funciones positivas de un sector público amplio en la economía (y en la regulación) es el resultado de una muy persistente campaña ideológica. La transformación, desde el keynesianismo al neoclasicismo, de la economía académica sin duda que no es un ejemplo del progreso de la investigación desinteresada. Las universidades siguen siendo el lugar de la indagación crítica, aunque engendran demandas de inmovilismo político. La doctrina de la soberanía de los mercados es considerada por muchos ciudadanos como un necesario axioma de fe nacional. La ignorancia ayuda: en los Estados que votan regularmente a los republicanos un flujo neto de fondos federales sostiene su economía, pero pocos son conscientes de ello.

El odio racial y xenófobo del que es objeto el presidente (expresado en la creencia de que no nació en Hawai o de que es extranjero) se extiende a la política económica. Muchos ciudadanos creen que pagan impuestos para subsidiar a los inmigrantes o a grupos étnicos y raciales que les disgustan. Franklin D. Roosevelt ganó la aprobación de los legisladores sureños a la Seguridad Social (las pensiones de jubilación que ahora están al alcance de todos los ciudadanos) excluyendo de ella a los trabajadores agrícolas y domésticos. Por entonces, la mayoría de los afroamericanos sureños ocupaban esos empleos. El prejuicio contra los inmigrantes asiáticos y latinos en extensas áreas de Estados Unidos sigue esa innoble línea de sucesión. La resistencia a proyectos de seguros sociales es, igualmente, el producto de un encallecido espíritu individualista. Refleja un creciente sentido de vulnerabilidad en un periodo de incertidumbre económica. La ira, incluso el fanatismo, del Tea Party es una evidencia de lo profundo de esa perturbación.

Sin embargo, los sondeos de opinión demuestran que la gente está más preocupada por el empleo (y por los servicios públicos como la educación y la asistencia sanitaria) que por el déficit. Las mayorías siguen teniéndole apego a Medicare (seguro de atención sanitaria para los jubilados) y a la Seguridad Social. Ello es especialmente cierto para aquellos grupos (jóvenes, mujeres, latinos y afroamericanos, los de mayor nivel de educación y trabajadores sindicados) cuya abstención en las elecciones de 2010 permitió a los republicanos obtener tan buenos resultados. A pesar de que aún no hay un candidato republicano sólido, la contienda presidencial de 2012 ya ha comenzado. El presidente cree que puede ganar con solo hacer incursiones entre los “independientes”, que, supuestamente, son ideológicamente neutros. La cuestión es si eso puede lograrse apartándose de las ideas sobre la economía y la sociedad que les impulsarían a votar a un convincente candidato republicano. El éxito del presidente en 2008 al movilizar al electorado no fue seguido por la concesión de una mayor voz en la configuración de su política a sus partidarios más comprometidos. En vez de a ellos escuchó a sus donantes del mundo de las finanzas y de la industria.

Quizá las protestas que han tenido lugar en Wisconsin ante los intentos de destruir los sindicatos de funcionarios, elementos indispensables en la política del Partido Demócrata, sean el comienzo de una movilización nacional de los defensores del progresismo norteamericano. Ello podría inducir al presidente a establecer menos compromisos con los defensores de un poder sin freno para el mercado.

Los herederos del New Deal, de la Nueva Frontera y de la Gran Sociedad, están de acuerdo sobre un programa a la defensiva (para preservar la Seguridad y Medicare), pero aún no sobre un nuevo proyecto social. Es llamativa la similitud con la situación de los partidos socialistas y socialdemócratas europeos. Algunos (léase Krugman, Reich, Stiglitz) han elaborado proyectos de renovación que no han llegado todavía al público en general. En Estados Unidos la oposición intelectual no está en la cárcel pero tampoco está en la televisión nacional muy a menudo. El presidente claramente ha decidido que no puede confiar en una coalición reformista todavía sin vigor o no formada del todo. Si prefiere desempeñar el papel de un monarca constitucional, tendrá que conformarse con un consuelo de monarca: puede que tenga influencia pero no poder.

Cualquiera que sea el resultado de la pugna presidencial, los muy agudos conflictos actuales proseguirán. Los demócratas pasarán muchos apuros para retener su reducida mayoría en el Senado, y sus actuales posibilidades de reconquistar el Congreso son un tanto inciertas. Estados Unidos ya no disfruta del privilegio de manejar sus asuntos independientemente del resto del mundo. El tipo de interrogantes que constituyen la agenda del G-8 y del G-20 no puede ser respondido en inglés americano. La gobernadora Palin no es una pensadora política que destaque por su perspicacia, pero cuando acusó al presidente de pensar en un mundo “posamericano” le pagó un involuntario tributo. Es inquietante que un presidente que contempla tantas nuevas posibilidades internacionales tenga una visión restringida de la capacidad de cambio de su propio país.

Norman Birnbaum, catedrático emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown: Una larga lucha por delante, EL PAÍS, 25 de abril de 2011 (traducción de Juan Ramón Azaola).

#democracia, #ee-uu