La detonación nuclear más poderosa de la historia

El 30 de octubre de 1961, el mundo entero se conmocionó ante la noticia de que la URSS acababa de explosionar la bomba nuclear más poderosa jamás lanzada por el hombre, con una potencia 3.800 veces mayor que la de Hiroshima

Una de las puebas nucleares realizadas por la URSS. ABCSólo 16 años después de que las bombas de Hiroshima y Nagasaki pusieran el punto final a la Segunda Guerra Mundial –causando más de 220.000 muertos en apenas unas horas–, el mundo entero se conmocionaba ante la noticia de que la URSS acababa de provocar la detonación nuclear más poderosa de la historia. Con una potencia 3.800 veces mayor que la liberada por «Little boy» en 1945 y casi el doble de la energía solar que recibe la superficie de la Tierra en un segundo, la «bomba del Zar», como se conoció a aquel artefacto de 15 toneladas, 50 megatones, 15 metros de altura y tres de diámetro, fue lanzada sobre el archipiélago ruso de Nueva Zembla tal día como hoy de 1961. ¿El objetivo? Demostrar a Estados Unidos el poder armamentístico y tecnológico del «ejército rojo». «Cualquier arma de este tipo sería en primer lugar un asesinato en masa de personas durante una guerra, y la prueba de una superbomba de este tipo tiene por objeto principalmente sembrar el pánico en la Guerra Fría», decía el comunicado de la Casa Blanca, donde el presidente Kennedy tuvo que mostrase agresivo ante la desproporcionada demostración de fuerza de la URSS: «El actual arsenal nuclear norteamericano es superior, en cantidad y en calidad, al de cualquier otra nación. Los Estados Unidos tienen el suficiente poder militar para destruir a cualquier nación que deseara desencadenar una guerra termonuclear».

Pero esa no era la intención de ninguna de las dos superpotencias, enfrentadas en una guerra silenciosa cuyo aspecto más visible era una carrera de armamento atómico cada vez más frenética, donde finalmente las armas atómicas no se volvieron a usar contra las personas después de Hiroshima y Nagasaki. Nada más terminar la Segunda Guerra Mundial, la URSS no representaba ninguna amenaza inmediata para Estados Unidos. Se encontraba en ruinas, desangrada y exhausta, con una economía civil hecha trizas. Su postura de fondo tras la guerra no era ofensiva, sino defensiva. Además, los soviéticos habían conseguido la bomba atómica en 1949, y aunque ambas potencias dejaron de utilizar la guerra como arma política, sí que se valieron del recurso de las bombas atómicas con otras finalidades negociadoras.  «Cunde la impresión de que Moscú, al concluirse su actual serie de experiencias –contaba ABC–, propondrá un plan de desarme a sus intereses. En primer lugar, para explotar los recientes temores del mundo, acaso reclame la abolición de nuevas pruebas nucleares. Con ello, puede hacer cundir la idea de que la URSS es la más fuerte y que disfruta de mayor maestría en el empleo de aquellas armas de exterminio». Mayores hubieran sido las amenazas de un ataque real si, como dicen algunos autores, la URSS se hubiera enterado de que la junta de jefes de estado mayor de Estados Unidos trazó un plan para lanzar bombas atómicas sobre las veinte ciudades más importantes de la Unión Soviética, a las pocas semanas del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Tan pronto saltó a las portadas de los periódicos la explosión de la bomba nuclear rusa de 50 megatones, la mayor explosión causada jamás por el hombre, el fantasma de una nueva Hiroshima perturbó al Planeta. Universidades y observatorios de Francia, Inglaterra, Japón, Estados Unidos y otras zonas del mundo registraban movimientos sísmicos que podían ser achacables a esa explosión.  Miles de personas se manifestaban en señal de protesta en «casi todas las ciudades del mundo no sojuzgadas por el comunismo», como Ámsterdam, Bruselas, Copenhague, París o Londres, mientras las embajadas soviéticas tenían que ser reforzadas por policías para evitar las represalias.

El Gobierno inglés se reunía de urgencia y, en la sede de las Naciones Unidas, la Unión Soviética recibía duros ataques, pues la explosión se produjo tan sólo tres días después de que la Asamblea –por 37 votos a favor y 11 en contra– hiciese un «solemne llamamiento» al Kremlin para que no realizase la prueba.  «Un gran salto hacia la anarquía y la destrucción», la definieron los delegados estadounidenses. «Un acto de terror contra la humanidad», lo calificó el embajador de los Países Bajos. Otros hablaron de «la mayor explosión letal de la historia», de acto de «violencia sin precedentes», de «locura» o «crimen contra la humanidad que traerá graves consecuencias contra los hombres», mientras que el delegado soviético lanzaba sus cartas: «Para evitar un guerra nuclear y de cohetes, que cada vez está más cerca, deben tomarse todas las medidas posibles, y una de las que pueden impedir que ustedes lancen un cohete nuclear es aumentar el poderío de la Unión Soviética».

Aquella guerra nunca llegó, aunque las pruebas nucleares de la URSS y el resto de los países no se detuvieron. Sin embargo, aún hoy, 49 años después de aquella explosión, no se tiene registro de la construcción de ninguna otra bomba de potencia semejante a la del «Zar».

Israel Viana, Madrid: La detonación nuclear más poderosa de la historia, ABC, 30 de octubre de 2010

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